Audacia y fervor, según Gaudete et exsultate, 129-139, (10)

noviembre 23, 2018

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El Amor del Padre siempre es novedad en Jesús por la acción del Espíritu, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras. Jesús va más allá de nuestros esquemas y no les teme a las periferias porque él mismo se hizo periferia (cf. Flp 2,6-8; Jn 1,14).

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Audacia y fervor

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Al mismo tiempo, la santidad es parresía: es audacia, es empuje evangelizador que deja una marca en este mundo. Para que sea posible, el mismo Jesús viene a nuestro encuentro y nos repite con serenidad y firmeza: «No tengáis miedo» (Mc 6,50). «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20).

Estas palabras nos permiten caminar y servir con esa actitud llena de coraje que suscitaba el Espíritu Santo en los Apóstoles y los llevaba a anunciar a Jesucristo.

Audacia, entusiasmo, hablar con libertad, fervor apostólico, todo eso se incluye en el vocablo parresía, palabra con la que la Biblia expresa también la libertad de una existencia que está abierta, porque se encuentra disponible para Dios y para los demás (cf. Hch 4,29; 9,28; 28,31; 2 Co 3,12; Ef 3,12; Hb 3,6; 10,19).

El beato Pablo VI mencionaba, entre los obstáculos de la evangelización, precisamente la carencia de parresía: «La falta de fervor, tanto más grave cuanto que viene de dentro».

¡Cuántas veces nos sentimos tironeados a quedarnos en la comodidad de la orilla! Pero el Señor nos llama para navegar mar adentro y arrojar las redes en aguas más profundas (cf. Lc 5,4).

Nos invita a gastar nuestra vida en su servicio. Aferrados a él nos animamos a poner todos nuestros carismas al servicio de los otros. Ojalá nos sintamos apremiados por su amor (cf. 2 Co 5,14) y podamos decir con san Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16).

Miremos a Jesús: su compasión entrañable no era algo que lo ensimismara, no era una compasión paralizante, tímida o avergonzada como muchas veces nos sucede a nosotros, sino todo lo contrario. Era una compasión que lo movía a salir de sí con fuerza para anunciar, para enviar en misión, para enviar a sanar y a liberar.

Reconozcamos nuestra fragilidad pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión. Somos frágiles, pero portadores de un tesoro que nos hace grandes y que puede hacer más buenos y felices a quienes lo reciban. La audacia y el coraje apostólico son constitutivos de la misión.

La parresía es sello del Espíritu, testimonio de la autenticidad del anuncio. Es feliz seguridad que nos lleva a gloriarnos del Evangelio que anunciamos, es confianza inquebrantable en la fidelidad del Testigo fiel, que nos da la seguridad de que nada «podrá separarnos del amor de Dios» (Rm 8,39).

Necesitamos el empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a caminar solo dentro de confines seguros. Recordemos que lo que está cerrado termina oliendo a humedad y enfermándonos.

Cuando los Apóstoles sintieron la tentación de dejarse paralizar por los temores y peligros, se pusieron a orar juntos pidiendo la parresía:

«Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía» (Hch 4,29). Y la respuesta fue que «al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios» (Hch 4,31).

Como el profeta Jonás, siempre llevamos latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas. Tal vez nos resistimos a salir de un territorio que nos era conocido y manejable.

Sin embargo, las dificultades pueden ser como la tormenta, la ballena, el gusano que secó el ricino de Jonás, o el viento y el sol que le quemaron la cabeza; y lo mismo que para él, pueden tener la función de hacernos volver a ese Dios que es ternura y que quiere llevarnos a una itinerancia constante y renovadora.

Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras. Nos lleva allí donde está la humanidad más herida y donde los seres humanos, por debajo de la apariencia de la superficialidad y el conformismo, siguen buscando la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida.

¡Dios no tiene miedo! ¡No tiene miedo! Él va siempre más allá de nuestros esquemas y no les teme a las periferias. Él mismo se hizo periferia (cf. Flp 2,6-8; Jn 1,14).

Por eso, si nos atrevemos a llegar a las periferias, allí lo encontraremos, él ya estará allí. Jesús nos primerea en el corazón de aquel hermano, en su carne herida, en su vida oprimida, en su alma oscurecida. Él ya está allí.

Es verdad que hay que abrir la puerta del corazón a Jesucristo, porque él golpea y llama (cf. Ap 3,20). Pero a veces me pregunto si, por el aire irrespirable de nuestra autorreferencialidad, Jesús no estará ya dentro de nosotros golpeando para que lo dejemos salir.

En el Evangelio vemos cómo Jesús «iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios» (Lc 8,1).

También después de la resurrección, cuando los discípulos salieron a predicar por todas partes, «el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban» (Mc 16,20). Esa es la dinámica que brota del verdadero encuentro.

La costumbre nos seduce y nos dice que no tiene sentido tratar de cambiar algo, que no podemos hacer nada frente a esta situación, que siempre ha sido así y que, sin embargo, sobrevivimos. A causa de ese acostumbrarnos ya no nos enfrentamos al mal y permitimos que las cosas «sean lo que son», o lo que algunos han decidido que sean.

Pero dejemos que el Señor venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los oídos, y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado.

Nos moviliza el ejemplo de tantos sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que se dedican a anunciar y a servir con gran fidelidad, muchas veces arriesgando sus vidas y ciertamente a costa de su comodidad. Su testimonio nos recuerda que la Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida.

Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante.

Pidamos al Señor la gracia de no vacilar cuando el Espíritu nos reclame que demos un paso adelante, pidamos el valor apostólico de comunicar el Evangelio a los demás y de renunciar a hacer de nuestra vida cristiana un museo de recuerdos.

En todo caso, dejemos que el Espíritu Santo nos haga contemplar la historia en la clave de Jesús resucitado. De ese modo la Iglesia, en lugar de estancarse, podrá seguir adelante acogiendo las sorpresas del Señor.

 


Fernando Prado: “El Papa es un hombre con sentido de humor que gana más todavía en las distancias cortas”

noviembre 23, 2018

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El Papa Francisco es un hombre con sentido del humor que gana más todavía en las distancias cortas.

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Fernando Prado: “El Papa es un hombre con sentido de humor que gana más todavía en las distancias cortas”

EL NUEVO LIBRO-ENTREVISTA DEL CLARETIANO CON EL SANTO PADRE VERÁ LA LUZ EL 3 DE DICIEMBRE

“No rehusó abordar algunas cuestiones candentes y quizá algo incómodas que le fui planteando”

Por Publicaciones Claretianas

 

‘Papa Francisco. La fuerza de la vocación. La vida consagrada hoy. Una conversación con Fernando Prado‘, Publicaciones Claretianas, es el título del nuevo libro-entrevista con el papa Francisco que verá la luz, en lanzamiento internacional simultáneo, el día 3 del próximo mes de diciembre. En España, el libro será presentado ese día a la prensa por la mañana y por la tarde al público.

El libro, que consta de 120 páginas, es el fruto de un largo y vivo encuentro mantenido entre el director de la editorial claretiana de Madrid, padre Fernando Prado y el Papa Francisco.

Un encuentro que, según confesaba el entrevistador en la cadena COPE hace unas semanas, tuvo lugar en las estancias papales de la casa Santa Marta la tarde del pasado día 9 de agosto y “se prolongó por más de cuatro horas”, tiempo suficiente para abordar con el Papa las más de sesenta preguntas y cuestiones que aparecen plasmadas en el libro.

La entrevista, aunque centrada fundamentalmente en cuestiones sobre la vida consagrada, aborda temas candentes que van más allá de ella y afectan, sin duda, a la actualidad de la vida de toda la Iglesia. La conversación, afirma el claretiano, “transcurrió en un clima de libertad, confianza y cordialidad”.

El entrevistador cree que esto se debe, sin duda, “al buen carácter de Francisco”. El Santo Padre “es un hombre con un sano sentido del humor, que gana más todavía en las distancias cortas”. En el transcurso de la conversación, no obstante, “Francisco no rehusó abordar algunas cuestiones candentes y quizá algo incómodas que le fui planteando”.

Según Fernando Prado, la conversación tiene un estilo muy vivo y cree que suscitará interés en el lector. En el transcurso de la conversación, “el Santo Padre habla muchas veces desde sus recuerdos, compartiendo historias concretas reales que él ha vivido y que sirven para ilustrar las cuestiones y los temas que ahí se abordan. Sin duda, el Papa es un gran comunicador que responde incluso a las cuestiones más espinosas con una sabiduría, mesura y claridad admirables”.

Cuestiones como la selección de candidatos al ministerio ordenado y a la vida consagrada, la formación en los seminarios y en las casas de formación de los religiosos y religiosas; el clericalismo, la homosexualidad del clero y de las personas consagradas, así como muchas otras cuestiones de viva actualidad, son abordadas con claridad y valentía por el papa Francisco.

El clericalismo, ha declarado Francisco, es “una de las cuestiones que, junto con la autorreferencialidad, más me preocupan de la Iglesia”. Igualmente, en la conversación aparece una vez más la preocupación del Papa por el diálogo entre los jóvenes y los ancianos y la importancia de las raíces para que las jóvenes generaciones construyan un nuevo futuro. Una entrevista que, a juicio del entrevistador, “no dejará indiferente a quien la lea”.

Impacto internacional

El libro-entrevista fue presentado a diferentes editores internacionales a comienzos del mes de octubre, con motivo de la Feria Internacional del Libro de Frankfurt.

La editorial está sorprendida por el interés que ha adquirido la obra, que será traducida incluso al chino. A fecha de hoy, comunica la editorial, “son al menos catorce sellos editoriales de diferentes países los que han adquirido los derechos de traducción y publicación”.

El libro saldrá a la luz, al menos, en diez lenguas diferentes, algunas de ellas en distintas versiones, según áreas geográficas, como son los casos del español, el inglés y el portugués.

“Las diferentes editoriales están haciendo un gran esfuerzo -señala la editorial claretiana- por tener preparadas sus traducciones y poder realizar de forma simultánea el lanzamiento internacional el próximo día 3 de diciembre. Esperamos que, de esta forma, el impacto de la entrevista tenga un carácter global”.

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El maná de cada día, 23.11.18

noviembre 23, 2018

Viernes de la 33ª semana de Tiempo Ordinario

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expulsion-mercaderes

Mi casa es casa de oración

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PRIMERA LECTURA: Apocalipsis 10, 8-11

Yo, Juan, oí cómo la voz del cielo que había escuchado antes se puso a hablarme de nuevo, diciendo: «Ve a coger el librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra. »

Me acerqué al ángel y le dije: «Dame el librito.»

Él me contestó: «Cógelo y cómetelo; al paladar será dulce como la miel, pero en el estómago sentirás ardor.»

Cogí el librito de mano del ángel y me lo comí; en la boca sabía dulce como la miel, pero, cuando me lo tragué, sentí ardor en el estómago.

Entonces me dijeron: «Tienes que profetizar todavía contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.»

SALMO 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131

¡Qué dulce al paladar tu promesa!

Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas.

Tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros.

Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.

¡Qué dulce al paladar tu promesa: más que miel en la boca!

Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón.

Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 10, 27

Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; y yo las conozco y ellas me siguen.

EVANGELIO: Lucas 19, 45-48

En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa es casa de oración”; pero vosotros la habéis convertido en una “cueva de bandidos.”»

Todos los días enseñaba en el templo.

Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.
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Quien escandaliza al pueblo
Papa Francisco en Casa Santa Marta
Viernes 21 de noviembre de 2014

Párrocos y laicos que tienen responsabilidades pastorales deben «mantener limpio el templo» y «acoger a cada persona como si fuera María», cuidando de no «dar escándalo al pueblo de Dios» y evitando transformar a la iglesia en un intercambio de dinero, «porque la salvación es gratuita». Es esta la recomendación que dio el Papa Francisco el viernes, 21 de noviembre, fiesta de la presentación de la bienaventurada Virgen María en el templo, durante la misa en Santa Marta.

«El gesto de Jesús en el templo» —que como escribe san Lucas en su Evangelio (19, 45-48) «se puso a echar a los vendedores»— según el Papa «es precisamente una ceremonia de purificación del templo». El pueblo de Israel «conocía estas ceremonias: muchas veces tuvo que purificar el templo al ser profanado».

Basta pensar, recordó, «en los tiempos de Nehemías en la reconstrucción del templo». Estaba «siempre ese celo por la casa de Dios, porque el templo para ellos era precisamente la morada de Dios, era lo “sagrado”, y cuando era profanado, tenía que ser purificado».

Así, pues, «Jesús, en ese momento, hace una ceremonia de purificación» afirmó el Papa, confesando: «hoy pensaba cuánta diferencia entre este Jesús, celoso de la gloria de Dios, con látigo en mano, y ese Jesús de doce años, que hablaba con los doctores: ¡cuánto tiempo pasó y cómo cambiaron las cosas!».

En efecto, «Jesús, movido por el celo de la gloria del Padre, realiza este gesto, esta ceremonia de purificación: el templo había sido profanado». Pero «no sólo el templo: con el templo, el pueblo de Dios profanado con el pecado tan grave del escándalo».

Al hacer nuevamente referencia al pasaje evangélico, el Pontífice destacó que «la gente era buena, iba al templo, no miraba estas cosas: buscaba a Dios, oraba». Sin embargo, «tenía que cambiar las monedas para realizar la ofrenda, y lo hacía allí». Es precisamente para buscar a Dios que «el pueblo de Dios iba al templo; no por esos que vendían». La gente «iba al templo por Dios». Y «allí estaba la corrupción que escandalizaba al pueblo».

Al respecto, el Papa recordó «una escena de la Biblia muy hermosa» que tiene también relación con la fiesta de la presentación de María: «Cuando la mamá de Samuel fue al templo, oraba para obtener la gracia de un hijo. Y murmuraba en silencio sus oraciones. El sacerdote, anciano, pobrecito, pero muy corrupto» le dijo «que era una borracha». En ese momento «sus dos hijos sacerdotes explotaban a la gente, explotaban a los peregrinos, escandalizaban al pueblo: el pecado del escándalo».

Pero la mujer, «con mucha humildad, en vez de decirle alguna que otra palabra fuerte a este sacerdote, le explicó su angustia». Así, «en medio de la corrupción, en ese momento» estaba «la santidad y la humildad del pueblo de Dios».

Pensemos, prosiguió el obispo de Roma, en «cuánta gente miraba a Jesús que limpiaba el templo con el látigo». Escribe san Lucas: «Todo el templo estaba pendiente de Él, escuchándolo». Precisamente a la luz del gesto de Jesús, «pienso en el escándalo —afirmó el Papa— que podemos dar a la gente con nuestra actitud, con nuestras costumbres no sacerdotales en el templo: el escándalo del comercio, el escándalo de las mundanidades».

En efecto «cuántas veces vemos que al entrar en una iglesia, aun hoy, está la lista de los precios: bautismo, tanto; bendición, tanto; intenciones de misa, tanto…». Y «el pueblo se escandaliza».

El Papa Francisco contó también un hecho que vivió de cerca: «Una vez, recién ordenado sacerdote, estaba con un grupo de universitarios y una pareja de novios que quería casarse. Habían ido a una parroquia, querían hacerlo con la misa. Y ahí, el secretario parroquial dijo: No, no: no se puede —¿Por qué no se puede con la misa? ¿Si el concilio recomienda hacerlo siempre con la misa? —No, no se puede, porque más de veinte minutos no se puede —¿Por qué? —Porque hay otros turnos —¡Pero nosotros queremos la misa! —Pero pagáis dos turnos».

Así que «para casarse con la misa tuvieron que pagar dos turnos». Esto, destacó el Papa, «es pecado de escándalo». Y «sabemos lo que Jesús dice a los que son causa de escándalo: mejor ser arrojados al fondo del mar».

Es un hecho: «cuando los que están en el templo —sean sacerdotes, laicos, secretarios que tienen que gestionar en el templo la pastoral del templo— se convierten en especuladores, el pueblo se escandaliza». Y «nosotros somos responsables de esto, también los laicos: todos». Porque, explicó, «si veo que en mi parroquia se hace esto, debo tener el valor de decirlo en la cara al párroco», de lo contrario «la gente sufre ese escándalo».

Y «es curioso», añadió el Papa, que «el pueblo de Dios sabe perdonar a sus sacerdotes, cuando tienen una debilidad, caen en un pecado». Pero «hay dos cosas que el pueblo de Dios no puede perdonar: un sacerdote apegado al dinero y un sacerdote que maltrata a la gente. No logran perdonar» el escándalo de la «casa de Dios» que se convierte en una «casa de negocios». Precisamente como ocurrió a «ese matrimonio: se alquilaba la iglesia» para «un turno, dos turnos…».

En el Evangelio, san Lucas no dice que «Jesús está enfadado». Jesús más bien «es el celo por la casa de Dios, aquí: es más que el enfado». Pero, se preguntó el Pontífice, «¿por qué actúa Jesús así? Él lo había dicho y lo repite de otra manera aquí: no se puede servir a dos señores. O das culto a Dios o das culto al dinero».

Y «aquí la casa del Dios vivo es una casa de negocios: se daba precisamente culto al dinero». Jesús, en cambio, dice : «Está escrito: mi casa será casa de oración; pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos». De este modo, «distingue claramente las dos cosas».

Así que «no se puede servir a dos señores: Dios es absoluto». Pero hay otra cuestión: «¿Por qué Jesús se molesta con el dinero?». Porque —respondió el Pontífice— «la redención es gratuita: la gratuidad de Dios». Jesús, en efecto, «vino a traernos la gratuidad total del amor de Dios».

Por ello «cuando la Iglesia o las iglesias se convierten en negocios, se dice que la salvación no es tan gratuita». Y es justo «por eso que Jesús toma el látigo en la mano para hacer este rito de purificación en el templo».

http://www.vatican.va

Evangelio del día: Que nuestra fe no sea un negocio ni especulación

Reflexión del Papa: Debemos pedirle al Señor que nos ayude a hacer muchas cosas buenas, pero con fe

La expulsión de los mercaderes del templo y el complot de los fariseos:

En aquel tiempo, cuando Jesús entró al Templo, se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: “Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones”. Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras”.

Reflexión del Papa Francisco

Los explotadores, los especuladores del templo, explotan incluso el lugar sagrado de Dios para hacer negocios: cambian las monedas, venden los animales para el sacrificio, también entre ellos tienen como un sindicato para defenderse.

Y esto no sólo era tolerado, sino incluso permitido por los sacerdotes del templo. Son aquellos que hacen de la religión un negocio.

En la Biblia está la historia de los hijos de un sacerdote que inducían a la gente a dar ofertas y ganaban tanto, incluso con los pobres. Y Jesús no ahorra sus palabras:

“Mi casa será llamada casa de oración. ¡Ustedes, en cambio, han hecho de ella una cueva de ladrones!”

La gente que iba en peregrinación allí a pedir la bendición del Señor, a hacer un sacrificio: ¡allí, aquella gente era explotada! Los sacerdotes allí no enseñaban a rezar, no les daban la catequesis… Era una cueva de ladrones. Paguen, entren… Hacían ritos vacíos, sin piedad.

No sé si nos hará bien pensar si entre nosotros sucede algo de este tipo en algún lugar. No lo sé. Esto es utilizar las cosas de Dios para beneficio propio.

[…] Pídele al Señor que te ayude a hacer cosas buenas, pero con fe. Sólo con una condición: cuando ustedes se pongan a rezar pidiendo esto, si tienen algo contra alguien, perdonen. Es la única condición, para que también su Padre que está en los cielos les perdone a ustedes sus culpas.

Pidamos hoy al Señor que nos enseñe este estilo de vida de fe y que nos ayude a no caer jamás, a nosotros, a cada uno de nosotros, a la Iglesia, en la esterilidad y la especulación (Homilía en Santa Marta, 29 de mayo de 2015)
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Oración de Sanación

Mi Señor, quiero hoy entregar en tus manos mi vida entera para que me moldees a tu manera y me libres de todas mis fragilidades que me quitan las ganas de seguir luchando y me van desencantando de tu amistad dulce y generosa.

Mi experiencia cristiana debe estar fundamentada en conocerte, amarte, seguirte y concretar actos de amor en mi vida cotidiana. Cuando dejo de hacer todo eso, tú lloras por mí, te lamentas.

Cuando elijo otros caminos que no son los tuyos, sientes como una tristeza de muerte porque sabes que abandono la casa de amor que el Padre, en su infinita bondad, ha construido para mí.

Quiero comprender, en este día, todos los gestos y acciones que me llevan a abordar el tren de la fe, el tren de la esperanza y la caridad, y no perder el tiempo en ocupaciones inútiles que me aparten de tu alegría.

¡No quiero que vuelvas a llorar por mí!, no quiero que llores por mis pecados y apatías a tu Palabra. Quiero más bien, que sientas el gozo de que yo haya recobrado mi dignidad de Hijo de Dios

Ayúdame, oh Dios de amor, a redescubrirte y encontrarme contigo en la Eucaristía, sacramento bendito con el cual me fortaleces el alma y me haces valiente para dar la batalla a las tentaciones del mundo.

Te ofrezco mi vida y todos mis proyectos. Haz de mí, un discípulo amado que nunca te rechace ni te cause tristezas o pena alguna. Confío en tu divino amor y en la bendición que ahora recibo de ti.

Ven a mi corazón, Santísima Trinidad, pues soy templo habitado por tu divina majestad.

Padre Santo, te adoro y te bendigo porque tú todo lo has dispuesto para mi bien, a través de tu bendito Hijo Jesús que vive en mí por la fe, el amor y la esperanza que el Espíritu Santo suscita y alimenta en mi corazón.

Ven a mi vida, ven a mi corazón, Santa Trinidad, y glorifícate en todos mis pensamientos, palabras y acciones. Ven, aduéñate de mí durante todo este día, y nunca te apartes de mi lado. Amén

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