A la luz del Maestro, según Gaudete et exsultate, 63-79, (5)

septiembre 14, 2018

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Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23).

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A la luz del Maestro 

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Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, abundantes explicaciones y distinciones.

Esa reflexión podría ser útil, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23).

Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas.

En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas.

La palabra «feliz» o «bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha.

A contracorriente

Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, en realidad el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida.

Las bienaventuranzas de ninguna manera son algo liviano o superficial; al contrario, ya que solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo.

Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida.

De otro modo, la santidad será solo palabras. Recordamos ahora las distintas bienaventuranzas en la versión del evangelio de Mateo (cf. Mt 5,3-12).

«Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos»

El Evangelio nos invita a reconocer la verdad de nuestro corazón, para ver dónde colocamos la seguridad de nuestra vida. Normalmente el rico se siente seguro con sus riquezas, y cree que cuando están en riesgo, todo el sentido de su vida en la tierra se desmorona.

Jesús mismo nos lo dijo en la parábola del rico insensato, de ese hombre seguro que, como necio, no pensaba que podría morir ese mismo día (cf. Lc 12,16-21).

Las riquezas no te aseguran nada. Es más: cuando el corazón se siente rico, está tan satisfecho de sí mismo que no tiene espacio para la Palabra de Dios, para amar a los hermanos ni para gozar de las cosas más grandes de la vida.

Así se priva de los mayores bienes. Por eso Jesús llama felices a los pobres de espíritu, que tienen el corazón pobre, donde puede entrar el Señor con su constante novedad.

Esta pobreza de espíritu está muy relacionada con aquella «santa indiferencia» que proponía san Ignacio de Loyola, en la cual alcanzamos una hermosa libertad interior: «Es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás».

Lucas no habla de una pobreza «de espíritu» sino de ser «pobres» a secas (cf. Lc 6,20), y así nos invita también a una existencia austera y despojada. De ese modo, nos convoca a compartir la vida de los más necesitados, la vida que llevaron los Apóstoles, y en definitiva a configurarnos con Jesús, que «siendo rico se hizo pobre» (Co 8,9).

Ser pobre en el corazón, esto es santidad.

«Felices los mansos, porque heredarán la tierra»

Es una expresión fuerte, en este mundo que desde el inicio es un lugar de enemistad, donde se riñe por doquier, donde por todos lados hay odio, donde constantemente clasificamos a los demás por sus ideas, por sus costumbres, y hasta por su forma de hablar o de vestir.

En definitiva, es el reino del orgullo y de la vanidad, donde cada uno se cree con el derecho de alzarse por encima de los otros.

Sin embargo, aunque parezca imposible, Jesús propone otro estilo: la mansedumbre. Es lo que él practicaba con sus propios discípulos y lo que contemplamos en su entrada a Jerusalén: «Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica» (Mt 21,5; cf. Za 9,9).

Él dijo: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas» (Mt 11,29).

Si vivimos tensos, engreídos ante los demás, terminamos cansados y agotados. Pero cuando miramos sus límites y defectos con ternura y mansedumbre, sin sentirnos más que ellos, podemos darles una mano y evitamos desgastar energías en lamentos inútiles.

Para santa Teresa de Lisieux «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades».

Pablo menciona la mansedumbre como un fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,23). Propone que, si alguna vez nos preocupan las malas acciones del hermano, nos acerquemos a corregirle, pero «con espíritu de mansedumbre» (Ga 6,1), y recuerda: «Piensa que también tú puedes ser tentado» (ibíd.).

Aun cuando uno defienda su fe y sus convicciones debe hacerlo con mansedumbre (cf. 1 P 3,16), y hasta los adversarios deben ser tratados con mansedumbre (cf. 2 Tm 2,25). En la Iglesia muchas veces nos hemos equivocado por no haber acogido este pedido de la Palabra divina.

La mansedumbre es otra expresión de la pobreza interior, de quien deposita su confianza solo en Dios. De hecho, en la Biblia suele usarse la misma palabra anawin para referirse a los pobres y a los mansos.

Alguien podría objetar: «Si yo soy tan manso, pensarán que soy un necio, que soy tonto o débil». Tal vez sea así, pero dejemos que los demás piensen esto. Es mejor ser siempre mansos, y se cumplirán nuestros mayores anhelos: los mansos «poseerán la tierra», es decir, verán cumplidas en sus vidas las promesas de Dios.

Porque los mansos, más allá de lo que digan las circunstancias, esperan en el Señor, y los que esperan en el Señor poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz (cf. Sal 37,9.11). Al mismo tiempo, el Señor confía en ellos: «En ese pondré mis ojos, en el humilde y el abatido, que se estremece ante mis palabras» (Is 66,2).

Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad.

«Felices los que lloran, porque ellos serán consolados»

El mundo nos propone lo contrario: el entretenimiento, el disfrute, la distracción, la diversión, y nos dice que eso es lo que hace buena la vida. El mundano ignora, mira hacia otra parte cuando hay problemas de enfermedad o de dolor en la familia o a su alrededor.

El mundo no quiere llorar: prefiere ignorar las situaciones dolorosas, cubrirlas, esconderlas. Se gastan muchas energías por escapar de las circunstancias donde se hace presente el sufrimiento, creyendo que es posible disimular la realidad, donde nunca, nunca, puede faltar la cruz.

La persona que ve las cosas como son realmente, se deja traspasar por el dolor y llora en su corazón, es capaz de tocar las profundidades de la vida y de ser auténticamente feliz.

Esa persona es consolada, pero con el consuelo de Jesús y no con el del mundo. Así puede atreverse a compartir el sufrimiento ajeno y deja de huir de las situaciones dolorosas. De ese modo encuentra que la vida tiene sentido socorriendo al otro en su dolor, comprendiendo la angustia ajena, aliviando a los demás.

Esa persona siente que el otro es carne de su carne, no teme acercarse hasta tocar su herida, se compadece hasta experimentar que las distancias se borran. Así es posible acoger aquella exhortación de san Pablo: «Llorad con los que lloran» (Rm 12,15).

Saber llorar con los demás, esto es santidad.

«Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados»

«Hambre y sed» son experiencias muy intensas, porque responden a necesidades primarias y tienen que ver con el instinto de sobrevivir. Hay quienes con esa intensidad desean la justicia y la buscan con un anhelo tan fuerte.

Jesús dice que serán saciados, ya que tarde o temprano la justicia llega, y nosotros podemos colaborar para que sea posible, aunque no siempre veamos los resultados de este empeño.

Pero la justicia que propone Jesús no es como la que busca el mundo, tantas veces manchada por intereses mezquinos, manipulada para un lado o para otro. La realidad nos muestra qué fácil es entrar en las pandillas de la corrupción, formar parte de esa política cotidiana del «doy para que me den», donde todo es negocio.

Y cuánta gente sufre por las injusticias, cuántos se quedan observando impotentes cómo los demás se turnan para repartirse la torta de la vida. Algunos desisten de luchar por la verdadera justicia, y optan por subirse al carro del vencedor. Eso no tiene nada que ver con el hambre y la sed de justicia que Jesús elogia.

Tal justicia empieza por hacerse realidad en la vida de cada uno siendo justo en las propias decisiones, y luego se expresa buscando la justicia para los pobres y débiles.

Es cierto que la palabra «justicia» puede ser sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios con toda nuestra vida, pero si le damos un sentido muy general olvidamos que se manifiesta especialmente en la justicia con los desamparados: «Buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda» (Is 1,17).

Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad.

(NOTA: Lo resaltado con letra cursiva es iniciativa de un servidor)

 

 

 


Respuestas desde el Vaticano a nuevas acusaciones de Viganò contra el Papa Francisco

septiembre 14, 2018

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El Señor nos dé la gracia de discernir cuándo tenemos que hablar y cuándo debemos callar. Y esto en toda la vida […]. Así seremos imitadores de Jesús”.

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Respuestas desde el Vaticano a nuevas acusaciones de Viganò contra el Papa Francisco

En medio de una tormenta mediática de intrigas, el Pontífice respondió a su modo al escándalo que busca sólo la “división”, asimismo dos colaboradores vaticanos replican una segunda carta del ex nuncio en Washington que esta vez involucra a Kim Davis

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“La verdad es humilde, la verdad es silenciosa”, “con las personas que buscan sólo el escándalo, que buscan sólo la división”, el único camino que se debe recorrer es el del “silencio” y la “oración”, dijo el papa Francisco este lunes 3 de septiembre de 2018 en la pequeña capilla de Santa Marta, en la residencia donde vive en el Vaticano. 

El Señor nos dé la gracia de discernir cuándo tenemos que hablar y cuándo debemos callar. Y esto en toda la vida […]. Así seremos imitadores de Jesús”, agregó el Pontífice en su homilía matutina, mientras se cumplen 2000 días del inicio del pontificado (13 de marzo de 2013).

Así, el Papa retomó las celebraciones de la Misa en Santa Marta interrumpidas durante el verano y reflexionó sobre el evangelio del día en el que Jesús, vuelto a Nazaret, es acogido con sospecha.

Por tanto, fue ocasión para “reflexionar sobre cómo actuar en la vida cotidiana, cuando hay malentendidos” y comprender “cómo el padre de la mentira, el acusador, el diablo, actúa para destruir la unidad de una familia, de un pueblo”, sostuvo.

El Papa había dicho en su viaje de retorno de Irlanda a la prensa sobre las acusaciones de Viganò : “No diré una palabra” y, cuando sea el momento, “hablaré” (26.08.2018). 

A su modo pastoral, la predicación del Papa respondió de alguna manera al ataque frontal del arzobispo Carlo Maria Viganò, ex nuncio en Washington (2011-2016), autor de dos cartas, la primera para pedir la renuncia del Sucesor de Pedro tras acusarlo de encubrimiento de abuso sexual del cardenal Thodore McCarrick, suspendido por el propio Francisco quitándole la púrpura cardenalicia debido a una investigación de la Iglesia de Estados Unidos.

Asimismo, en la segunda misiva Viganò continúa desprestigiando al equipo más intimo del pontífice desde la Secretaría de Estado hasta su aparato de comunicación con motivo de una polémica durante su visita apostólica a EE.UU.

La historia se complica además porque involucra a un personaje tóxico en la guerra cultural interna en ese país: la señora Kim Davis, activista anti homosexualidad.

Y las fuentes se enfrentan entre otros datos por la razón que tuvo Francisco de enfurecerse con el entonces Nuncio Apostólico por facilitar la reunión con Davis sin tener en cuenta las consecuencias, y motivo por el cual el nuncio fue convocado ‘urgentemente’ a venir a Roma para dar explicaciones.

Así delante está la primera respuesta de fuentes vaticanas a la segunda carta del arzobispo Viganó y que se ha dado a conocer este domingo 2 de septiembre de 2018.  Viganò asegura que escribió un memorándum para el papa Francisco explicando la situación de Davis y la importancia del encuentro. 

El ex director de la Oficina de Prensa, padre Federico Lombardi y su auxiliar para el idioma inglés, Thomas Rosica, que colaboraron durante el viaje apostólico del Papa a los Estados Unidos (23-28 de septiembre), emitieron un comunicado conjunto para responder a las afirmaciones de monseñor Viganó.

Lombardi y Rosica refirieron su versión de los hechos de cómo se realizó el encuentro del Papa con la activista anti gay Kim Davis en septiembre de 2015, viaje apostólico a EE.UU., que tuvo un balance muy positivo por parte de los fieles, el público en general, los medios de comunicación y que, por poco, peligró de ser ofuscado debido a la polémica levantada por ese encuentro facilitado por el ex Nuncio en el país. 

El asunto Davis vuelve a la crónica, luego de que Juan Carlos Cruz, ex víctima chilena de los abusos del sacerdote Fernando Karadima, en sus recientes declaraciones al New York Times, comentó la posición xenófoba de Viganó e indicó que éste fue el motivo por el cual Francisco no le hubiera confirmado a Viganò en su cargo diplomático, se acabara su carrera y sucesivo ascenso en la cúpula vaticana hasta llegar a cardenal.

Cruz cita el encuentro entre el Papa y Kim Davis. Las declaraciones de Cruz echaron gasolina al fuego encendido por Viganó y las mismas nunca fueron confirmadas por fuentes vaticanas por tratarse de un encuentro privado al final de abril en Santa Marta entre Francisco y una víctima de abusos, también declaradamente homosexual, abusado y denigrado por la opinión publica y la jerarquía eclesial, en medio del escándalo y los abusos prolongados por más de tres décadas en Chile.

Volviendo al caso, Kim Davis, recordamos que se trata de una empleada del registro civil que se había negado unos meses antes de la visita del Papa a conceder el matrimonio a parejas del mismo sexo en Rowan, Kentucky.  Al mismo tiempo, la crónica había puesto en paralelo ese encuentro del Papa en la nunciatura con una audiencia privada en la que Francisco saludó a un antiguo alumno suyo, un hombre homosexual y su pareja. 

La noticia en ese momento causó clamor porque Davis, aplicó la objeción de conciencia y esto le valió unos días en la cárcel.  

El ex director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Lombardi y su colaborador, Rosica, negaron que Davis y el Papa tuvieran una audiencia privada, sino un encuentro junto con más personas que venían a saludar al Sucesor de Pedro a la Nunciatura y mucho menos que se tratara de un respaldo a las posiciones de la empleada estatal.

Se considera la reunión del 24 de septiembre de 2015 y la consiguiente polémica como una prueba de la batalla que Viganó lanzó contra el Papa el pasado 26 de agosto

Viganó volvió a hablar a través de un comunicado posterior el 30 de agosto que Francisco sabía quién era Davis y que la jerarquía del Vaticano aprobó el encuentro de antemano. Expresó que, no obstante, lo convocaron de urgencia a Roma cuando se filtró la noticia de la reunión, pero que Francisco solo tuvo elogios para él por la manera como organizó el viaje cuando se reunieron el 9 de octubre de 2015.

En la declaración conjunta de Rosica y Lombardi, se transcribieron los apuntes manuscritos de una reunión que ellos tuvieron con Viganó. En esas notas, según Rosica, Viganó les dijo que el papa Francisco lo había regañado por “engañarlo” con el encuentro con Davis y por haber ocultado el hecho de que Davis se había casado cuatro veces y el fondo que había detrás de su historia de rebelión civil.

Por su parte, Lombardi manifestó que Viganó tomó la iniciativa para el encuentro con Davis, que debería haber sabido que provocaría un gran rechazo y que si bien funcionarios del Vaticano lo aprobaron, no estaban bien informados sobre la repercusión que tendría dicho encuentro.

Rosica expresó también que ningún jerarca del Vaticano participó de la redacción de su declaración con Lombardi, pero que se la dio a conocer al secretario de estado. 

Las polémicas no se aplacan, especialmente en Estados Unidos, luego de que el arzobispo Viganó provocara una ‘tormenta perfecta’  publicando la primera carta (de 11 páginas) casi al final del viaje apostólico del Papa a Irlanda para acusar al líder de la Iglesia Católica de encubrimiento y sostener que funcionarios del Vaticano sabían desde 2000 que existían denuncias de abusos sexuales contra McCarrick, abiertamente homosexual, pero que las desconocieron.

Todo en medio de la noticia de que un jurado en Pensilvania denunciara recientemente que 300 sacerdotes abusaron de más de 1000 niños en una línea de tiempo de 70 años y que involucra a seis diócesis. 

En Irlanda el papa Francisco pidió perdón por los abusos y daños causados por los miembros del clero, especialmente a niños y mujeres.

Y días antes había escrito una carta al Pueblo de Dios comprometiéndose una vez más en buscar justicia y reparación para las víctimas de abuso y evitar nuevos crímenes y para ello exhortó a todos los fieles del mundo a ser parte activa de este proceso denunciando a la justicia civil y eclesial cualquier tipo de abuso (sexual, conciencia o de poder), siempre respetando la base jurídica de inocencia hasta prueba contraria, así como ocurrió con un grupo de sacerdotes en Granada, España, que luego de un linchamiento mediático fueron absueltos por las leyes españolas, como mencionó en el viaje de regreso de Irlanda. 

En este contexto, Viganò lanzó la bomba mediática asegurando que Francisco sabía que Benedicto XVI había suspendido privadamente (no oficialmente) al cardenal McCarrick, a quien se le demostró recientemente el abuso de un menor y que enfrenta otros cargos, igualmente se suma el testimonio de un hombre que entonces tenía 11 años y que fue víctima de abuso por parte del entonces sacerdote norteamericano. Entretanto, ex seminaristas acusan de abusos al ex cardenal.

Sin embargo, fotos demuestran que McCarrick durante el pontificado de Benedicto XVI se movía libremente por el Vaticano y en misiones diplomáticas.

Viganó dijo haber informado a Francisco sobre los abusos de McCarrick el 23 de junio de 2013, pero sostiene que el líder de la Iglesia, lo rehabilitó de las sanciones que supuestamente había impuesto el papa Benedicto XVI en 2009 ó 2010. Por lo pronto, no existen pruebas de que se hubieran aplicado esas sanciones, ya que en esos años McCarrick realizaba su oficio de manera pública.

Viganó dijo que Francisco debería renunciar por su presunta complicidad en el encubrimiento de los abusos de McCarrick, que se prolongó durante dos décadas.

Por el momento, en medio del apoyo de varias conferencias episcopales y cardenales, movimientos y fieles de todo el mundo, Francisco sigue manteniendo silencio.

Y en este contexto, hoy afirmó que “el silencio que vence” pasa a través “de la Cruz. El silencio de Jesús”. Subrayando que las discusiones “destruyen”, y es “en estas discusiones en las que se ve que el diablo está allí y quiere destruir… Silencio. Dice la suya y después calla. Porque la verdad es mansa, la verdad es silenciosa, la verdad no es ruidosa. No es fácil lo que ha hecho Jesús, pero está la dignidad del cristiano que está anclada en la fuerza de Dios”.

Respuestas desde el Vaticano a nuevas acusaciones de Viganò contra el Papa Francisco 


El maná de cada día, 14.9.18

septiembre 14, 2018

La Exaltación de la Santa Cruz, fiesta

 

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Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único



Antífona de entrada: Ga 6, 14

Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección; él nos ha salvado y libertado.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Números 21, 4b-9

En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.»

El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas.

Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.»

Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: «Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.»

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.


SALMO 77, 1-2.34-35.36-37.38

No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi boca: que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado.

Cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el Dios Altísimo su redentor.

Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían: su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza.

Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor.


Aclamación antes del Evangelio

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu cruz has redimido el mundo.


EVANGELIO: Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»


Antífona de comunión: Jn 12, 32

Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí -dice el Señor.


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LA CRUZ ES LA GLORIA Y EXALTACIÓN DE CRISTO

De los sermones de san Andrés de Creta, obispo

Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la cruz y, junto con el Crucificado, nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro.

Y, al decir un tesoro, quiero significar con esta expresión a aquel que es, de nombre y de hecho, el más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original.

Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado.

Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los muertos.

Por esto, la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos, cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación.

Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte.

En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en sal­vación universal para todo el mundo.

La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante, de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice:

Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo glorificará. Y también: Padre, glorifícame con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese.

Y asimismo dice: «Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo», palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz.

También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.



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