Credibilidad a prueba, Papa Francisco

septiembre 5, 2018

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Espiritu Santo, Vitral Del Altar De La Cátedra De San Pedro, En El Vaticano (Foto ZENIT Cc)

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Credibilidad a prueba

“Oremos al Espíritu Santo, para que conceda al Papa discernimiento y fortaleza”

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

VER

Lo que faltaba: “¡Fuego amigo!”. Un arzobispo italiano, ya jubilado, ex-Nuncio en los Estados Unidos, violando gravemente su obligación, por respeto a las personas, de mantener informaciones en secreto, sugiere que el Papa Francisco debería renunciar, por haber tolerado las graves fallas de un ex-cardenal norteamericano. Esto va a ser usado por descreídos y por desconfiados hacia el Papa, para ahondar motivos de perderle credibilidad a él y a la Iglesia.

No tengo bases para afirmar que el denunciante miente; pero estoy plenamente seguro de que el Papa Francisco no exculpó al acusado, sino que quiso tener más seguridad, más datos perentorios, más testimonios contra el delincuente. Cuando los tuvo, lo suspendió de toda actividad ministerial y le quitó el cardenalato. Es de justicia proceder de esta manera.

Recuerdo un caso que debí atender. Me llegaban rumores de que un sacerdote estaba faltando gravemente al celibato, conviviendo con una mujer, pero no tenía pruebas seguras. No era un caso de pederastia. Le llamé en dos o tres ocasiones, para hacerle ver las denuncias que había en su contra. Siempre negaba lo que le achacaban. Yo no podía proceder en su contra, mientras no tuviera pruebas fehacientes, pues podría cometerle una injusticia, ya que se podría tratar de calumnia.

Llegó el día en que tuve pruebas, irrefutables y comprobables, y le suspendí de inmediato. Aún así, me amenazó con hacerme un juicio eclesiástico, alegando razones improcedentes. Yo quería destruir las pruebas, que eran vergonzosas; pero las conservamos por lo que se pudiera necesitar. Algunos me criticaron por esta decisión, pues no conocían las pruebas, y por respeto a él yo no debía mostrarlas a todo público. Es muy complicado proceder con justicia y con verdad, cuando está en juego una persona, cuyos derechos hay que cuidar y respetar.

En los motivos que tuvo el ex–Nuncio para hacer esta denuncia, se puede percibir la oposición que ha encontrado el Papa Francisco en algunos ambientes clericales, incluso de altos rangos, que no aceptan la reforma integral que él está proponiendo. No quieren dejar la vida principesca que han llevado; no aceptan la vida sencilla y austera del Papa; no toleran que hable tanto de la opción por los pobres y que la viva, ni que defienda tanto a los migrantes y a las mujeres. Le achacan errores doctrinales e imprudencias pastorales, porque su estilo les choca, les parece populista y casi comunista.

Hay ambientes, sobre todo en Europa y Estados Unidos, que no toleran el nuevo modo de ser Iglesia que alienta, más cercana al pueblo, más comprometida y misericordiosa con los pobres, más preocupada por la ecología y por el ecumenismo; todo ello en base a una fidelidad profunda al Evangelio de Jesucristo. Ya quisieran que se terminara este papado y que llegara otro más acorde a lo que el Papa Francisco ha calificado como “un cierto estilo católico propio del pasado” (EG 94).

PENSAR

Las denuncias reiteradas que el Papa Francisco acaba de hacer en Dublín, Irlanda, con ocasión del Encuentro Mundial de la Familia, nos demuestran que está dispuesto a proceder con “tolerancia cero” ante los abusos clericales. Entre otras cosas, dijo:

“No puedo dejar de reconocer el grave escándalo causado en Irlanda por los abusos a menores por parte de miembros de la Iglesia encargados de protegerlos y educarlos. El fracaso de las autoridades eclesiásticas —obispos, superiores religiosos, sacerdotes y otros— al afrontar adecuadamente estos crímenes repugnantes ha suscitado justamente indignación y permanece como causa de sufrimiento y vergüenza para la comunidad católica. Yo mismo comparto estos sentimientos. Mi predecesor, el Papa Benedicto, no escatimó palabras para reconocer la gravedad de la situación y solicitar que fueran tomadas medidas «verdaderamente evangélicas, justas y eficaces» en respuesta a esta traición de confianza. Su intervención franca y decidida sirve todavía hoy de incentivo a los esfuerzos de las autoridades eclesiales para remediar los errores pasados y adoptar normas severas, para asegurarse de que no vuelvan a suceder. Más recientemente en una Carta al Pueblo de Dios he renovado el compromiso, más aún, un mayor compromiso para eliminar este flagelo en la Iglesia” (25-VIII-2018).

Este es su compromiso y estoy seguro de que ha procurado ser fiel y coherente. Lo ha remarcado en la audiencia general de la semana pasada:

“Mi visita a Irlanda tenía que hacerse cargo del dolor y la amargura por los sufrimientos causados en el país por los varios tipos de abuso, también por parte de miembros de la Iglesia, y por el hecho de que las autoridades eclesiásticas del pasado no hayan sabido afrontar de manera adecuada estos crímenes. El encuentro con los sobrevivientes ha dejado un signo profundo, y en varias ocasiones he pedido perdón al Señor por estos pecados, por el escándalo y el sentido de traición causados. He pedido a la Virgen que interceda por la curación de las víctimas y nos dé la fuerza de proseguir con firmeza la verdad y la justicia” (29-VIII-2018).

ACTUAR

Oremos al Espíritu Santo, para que conceda al Papa discernimiento y fortaleza para afrontar el momento que estamos viviendo. No nos dejemos apabullar por comentarios que insistan en debilitar la credibilidad hacia la Iglesia y el Papa. Mantengamos nuestra confianza en que Dios lo puso precisamente para enderezar muchas cosas que deben vivirse con más fidelidad al Evangelio. ¡Cuenta con nuestro apoyo y nuestra confianza!

https://es.zenit.org/articles/credibilidad-a-prueba/

El maná de cada día, 5.9.18

septiembre 5, 2018

Miércoles de la 22ª Semana del Tiempo Ordinario

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El que planta no significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios



PRIMERA LECTURA: 1 Corintios 3, 1-9

Hermanos, no pude hablaros como a hombres de espíritu, sino como a gente carnal, como a niños en Cristo. Por eso os alimenté con leche, no con comida, porque no estabais para más.

Por supuesto, tampoco ahora, que seguís los instintos carnales. Mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, es que os guían los instintos carnales y que procedéis según lo humano.

Cuando uno dice «yo soy de Pablo» y otro, «yo de Apolo», ¿no estáis procediendo según lo humano? En fin de cuentas, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Ministros que os llevaron a la fe, cada uno como le encargó el Señor. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; por tanto, el que planta no significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios.

El que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada uno recibirá el salario según lo que haya trabajado. Nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros campo de Dios, edificio de Dios.


SALMO 32, 12-13. 14-15. 20-21

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres.

Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: él modeló cada corazón, y comprende todas sus acciones.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 4, 18

El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad.


EVANGELIO: Lucas 4, 38-44

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella.

Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles.

Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.

De muchos de ellos sallan también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»

Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.

Al hacerse de día, salió a un lugar solitario.

La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.

Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»

Y predicaba en las sinagogas de Judea.

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