Las Confesiones de san Agustín. IV, 9.14

agosto 29, 2018

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La verdadera amistad en Dios y por Dios (Conf. IV, 9.14)

14. Esto es lo que se ama en los amigos; y de tal modo se ama, que la conciencia humana se considera rea de culpa si no ama al que le ama o no corresponde al que le amó primero, sin buscar de él otra cosa exterior que tales signos de benevolencia.

De aquí el llanto cuando muere alguno, y las tinieblas de dolores, y el afligirse el corazón, trocada la dulzura en amargura; y de aquí la muerte de los vivos, por la pérdida de la vida de los que mueren.

Bienaventurado el que te ama a ti, Señor; y al amigo en ti, y al enemigo por ti, porque sólo no podrá perder al amigo quien tiene a todos por amigos en aquel que no puede perderse. ¿Y quién es éste sino nuestro Dios, el Dios que ha hecho el cielo y la tierra y los llena, porque llenándoles los ha hecho?

Nadie, Señor, te pierde, sino el que te deja. Mas porque te deja, ¿adónde va o adónde huye, sino de ti plácido a ti airado? Pero ¿dónde no hallará tu ley para su castigo? Porque tu ley es verdad, y la verdad, tú16.

http://www.augustinus.it/


agosto 29, 2018

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Trinidad León Martín, de Órgiva (Alpujarras de Granada), escritora, teóloga, autora de una propuesta de “iglesias de mujeres”, acaba de morir en Granada, dejando una estela de luz en su partida:

‒ Ingresó en la Congregación de Mercedarias de la Caridad, por comunión faterna (sororidad) y por compromiso cristiano de servicio liberador.

‒ Fue “misionera” ocho años en Perú y dos en Argentina, realizando una obra social de encarnación y presencia animadora radical, entre mujeres.

‒ Volvió para “formarse” mejor, y algunos le dijimos que quizá su vocación podía pasar por la teología. Yo tuve la audacia amistosa de decirle que escogiera el tema de fondo más fuerte (la antropología integral de X. Zubiri), ofreciéndole materiales entonces inéditos. Presentó la mejor tesis de ese tema en la Gregoriana y de inmediato le ofrecieron una cátedra (Dios Uno, Mariología) en la Facultad de Teología de Granada

‒ Ha escrito muchas obras de narrativa literaria y social, pero sobre todo un libro de memoria y utopía eclesial titulado “La Comunidad de Magdala” EFETA-Arcibel, Sevilla, 2007, en la que propone una visión muy sugerente y rompedora sobre el origen esencia femenina de la iglesia, con una tesis de fondo que ella me quiso resumir de esta manera:

‒ O el conjunto de la Iglesia acepta y despliega el principio femenino del evangelio, en todos sus planos (espiritual y social, organizativo y ministerial), con sus exigencias, dones y tares… o esta iglesia actual (con su estructura dominante) dejará pronto de existir, por agotamiento interno…

‒ Morirá esta iglesia clerical de jerarquía por vieja y poco evangélica, pero nacerá por obra de mujeres, herederas de María de Magdala, una iglesia más cercana a lo que quiso y puso en marcha Jesús.

Algo así lo ha dicho y dice mucha gente… Pero no es fácil encontrar personas que lo digan y escriban con la autoridad de Trini León, de la Facultad de Teología de Granada, que nurió ayer a la mañana (28-7-17) tras una larga enfermedad, vivida con envidiable y santa entereza. Descansa Trini querida. Mabel se siente cerca de ti y te “reza”, yo estoy conmocionado, pero quiero escribir algo de tu vida y obra.

LA COMUNIDAD DE MAGDALA


Empiezo por el libro más significativo. Trini León lo escribió siendo profesora de Dios en la Universidad de los Jesuitas de Granada, con un seudónimo, que por otra parte resulta transparente. Ella es “Dolores” (por familia), y Lemar por las primeras sílabas de sus apellidos: Le-ón y Mar-tín.

Escribe con pseudónimo, porque no quiso hurgar en la herida de la facultad de teología donde acababan de “juzgar” y “expulsar” a dos de sus colegas (Castillo y Estrada), y porque no quería plantear el tema de frente (a lo duro), desde una Congregación Religiosa de mujeres, vigiladas por la Jerarquía masculina, sino que lo hace manera más sutil, y en el fondo más intensa.

Así buscó un pseudónimo y escribió, como saber hacer ella, autora de algunos de los libros más hermosos publicados en España para adolescentes, una mujer que conoce bien los tema de la mujer y de vida, desde su tierra de las Alpujarras, desde su Congregación mercedaria, desde América Latina, donde ha animado a las mujeres del altiplano en su deseo de libertad, dignidad y autonomía social y religiosa.

Y todo eso lo piensa y escribe como profesora de unas de las facultades de teología más prestigiosas de España y de todo el mundo, bajo la dirección de sus amigos jesuitas, empeñados en una búsqueda fuerte de verdad evangélica… Escribe tras haber estudiado y comentado la más honda antropología filosófico/teológica del mundo hispano, la que inspiró la obra y compromiso de hombres como Ignacio Ellacuría.

La obra se titula, como he dicho, La comunidad de Magdala, y se mueve entre la historia del siglo I d.C., la ficción y la utopía liberadora, relacionada con las mujeres, con su papel de agentes indiscutibles, silenciadas e invisibles, dentro de las culturas y las religiones (y en especial en el entorno de la Iglesia Católica). La obra tiene dos protagonistas:

‒ La primera es María de Magdala, discípula y apóstol de Jesús de Nazaret; ella es como “papa” de una iglesia animada por mujeres que han entendido mejor a Jesús; y a ella le sigue otra mujer, Raquel de Al-Laban, y después un buen grupo de mujeres, y algunos hombres, miembros de una Comunidad muy importante y casi ignorada de cristianos antiguos. Esas mujeres (que forman laComunidad de Magdala), fueron al principio marginadas, luego perseguidas y, finalmente, olvidadas y desconocidas, logrando sobrevivir a pesar de ello hasta el día de hoy, en espacios que parecen marginales (¡pero no lo son!) dentro la Gran Iglesia.

‒ La segunda protagonista es Elvira Valero Acosta, una mujer de nuestro tiempo, andaluza por más señas, que entre el siglo XX y XXI recibe el encargo de tomar el relevo en la dirección de esa Iglesia de Mujeres, que han vivido hasta ahora en ocultamiento (¡el silencio nos hace fuertes!), para redescubrir un elemento fundamental de la palabra y mensaje de Jesús que había permanecido latente, para introducirlo de nuevo en la Gran Iglesia, que sólo así alcanzará su verdad.

Se trata, pues, de retomar el impulso de la comunidad de Magdala (=Magdalia) en las nuevas condiciones de la historia de la Iglesia, animada en esa línea, hoy (año 2018), por el Papa Francisco, algo que casi no podía ni soñarse el año 2007, cuando D. Lemar escribió su propuesta (=su apuesta de Iglesia).

a. D. Lemar (=Trini León) ha presentado un programa de actualización de la Iglesia, desde María Magdalena. No se trata de crear una nueva jerarquía (de ordenar a las mujeres sacerdotes al estilo actual, compitiendo en ese plano con los varones ordenados), sino de cambiar desde María de Magdala (con el Discípulo amado) el tipo de estructura y misión de la Iglesia actual.

b. D. Lemar (=Trini León) ha querido abrir su “programa” a otras muchas mujeres y varones que se sienten implicados en la tarea de renovación de la Iglesia, no sólo para mujeres, sino para todos, varones y mujeres, aunque apoyándose ahora, en este momento, por situación económica y social, de un modo más intenso en las mujeres.

Un libro del que me siento de algún modo responsable

No sólo yo, seguro que hay otros… pero yo de un modo especial, porque le di algunas ideas con mis libros anteriores, y porque tuvimos ocasión de conversar sobre algunas ideas de fondo, aunque ella, como brillante narradora, supo tejerlas después de un modo sorprendente.

Ella estaba contenta con la forma en que había salido su libro, pero quería también relanzarlo, en plano literario y “teológico” (de organización de Iglesia). Confiaba en que Mabel, mi mujer, correctora de estilo, le ayudara a precisar algunos rasgos narrativos de la obra… Quería también (y así me dijo varias veces) que algunos teólogos como yo (con oficio algo más largo, pero menos creador que el suyo) pudiéramos valorar y quizá presentar en otro plano las ideas de fondo del libro, respondiendo a preguntas como las que siguen (para aclararlas y precisarlas, me decía…):

a. ¿Existe en la iglesia una tradición propia de mujeres, que ha sido marginada, manipulada y en el fondo ocultada por las iglesias oficiales? ¿Cómo se puede lograr que esa tradición de mujer salga a luz de un modo creador, sin acritud, pero con decisión?

b. ¿Quiénes pueden y deben actualizar y recrear esa tradición de mujeres…? ¿Qué significa eso en un plano orante y caritativo/social, en un plano de transformación/negación de la jerarquía actual?

Yo le solía decir que no sé si existe hay una tradición “propia” y exclusiva de mujeres, que la tradición y tarea de fondo es la misma para hombres y mujeres… pero no lo sé, ni sé si estoy convencido de ello, aunque el tema me viene ocupando desde hace al menos veinte años.

Me he sentido muy unido a Trini, y sé que ella me ha estimado también…, pero en los últimos años de su dura enfermedad nos habíamos comunicado menos, aunque Mabel y yo hemos ido a verla algunas veces a Granada (muchas menos que las que ellas merecía), nos hemos llamado alguna vez, pero menos también de lo que hubiera sido conveniente.

Pero ahora que acaba de morir he prometido a nuestro Dios, al de Trini, al de Mabel, al mío… que seguiré pensando en lo que ella me había pedido: ¡reformular desde mi perspectiva las ideas de fondo de su libro! Esa es ciertamente una tarea de mujeres, del grupo de Mujeres y Teología al que ella ha pertenecido … Pero estoy convencido de que no es sólo cosas de mujeres, sino de cristianos, de todos los cristianos.


OTRAS OBRAS DE TRINI LEÓN

‒Donde quiero estar. El amor que libera (Ediciones Claretianas, Madrid 2012, 294 págs).

Es un libro ejemplarmente escrito, la narración de la vida una mujer que va descubriendo el camino de la vida religiosa (en las mercedarias de la caridad), y penetrando en ella, de un modo vital, descubriendo y asumiendo las diversas tareas de la Congregación, al servicio de la pobres y excluidos, en varios lugares del mundo, en España, América y África.

a) En línea de narración. Trinidad León va presentando la vida de una muchacha que se decide a ser mercedarias, pasando por las varias etapas de formación e inserción en el carisma y en la vida de la Congregación, en diversas comunidades, con servicios varios, en clave de caridad redentora.

b) En línea de reflexión encuentro En la segunda parte de cada capítulo, el libro va evocando los temas básicos de reflexión que definen el sentido de la vida religiosa (mercedaria) para unas mujeres que creen en Dios, viven en comunidad porque se aman, y despliegan su amor al servicio de los pobres.

Entre sus obras de creación, en varias editoriales como PPC-SM y BRUÑO:

— Un amigo por un par de tomates (Madrid 2006);
— Esta noche me escapo de casa: la aventura de Clara de Asís (Jerez y Pamplona 2001);
— La estirpe del Cóndor Blanco (Madrid 1997).

Entre sus producciones más teológica:

Escribe en revistas como –teología y mundo actual-; Ephemerides Mariologiac; Caminos de Liberación; Vida religiosa; Antena Misionera

Ha colaborado en varios diccionarios como: “Nuevo Diccionario de Pastoral” y “Nuevo Diccionario de Teología”
Además:
Orar desde Las Relaciones Humanas (ed. de I. Gómez Acebo, Bilbao 2002);
Muerte y teología en perspectiva de mujeres (ed. de M. Navarro, Madrid 2005);
Dios, presencia ineludible: Proyeccion 196 (2000) 3-18;
Silencios “incómodos” y lugares “inadecuados” para María: Ephemerides Mariologicae 57 (2007) 219-238.

Pensar y nombrar Dios en perspectiva feminista: Proyección 236 (2010) 25-40; cf. Selecciones de teología, 196 (2010) 243-254

“Experiencias de Dios” en la vida cotidiana, Proyección,217, 2005, 159-173 y Selecciones de teología, 181, 2007, 3-11

El primado evangélico: una reflexión acerca de la memoria olvidada,
Proyección 219, 2005, . 371-387

María, arquetipo de lo femenino en la iglesia, Proyección: 210, 2003, 275-288; Selecciones de teología, 170, 2004, págs. 150-160

La “inclusión” antropológica de los dogmas marianos: una mirada dentro de nuestro entorno teológico, Proyección 2002, 311-322

Dios, presencia ineludible, Proyección 196, 2000,-18 y en Selecciones de teología, I 2001,. 21-32

Sobre sus últimas colaboraciones:

Presentación del libro “Donde quiero estar” por J. Larraga, Hermana General de las Mercedarias de la Caridad

Cf. también:

Trinidad León Martín: https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=136345
www. Asociación de teólogas.org/blog (primera semblanza tras su muerte, día 28. 7. 18)


El maná de cada día, 29.8.18

agosto 29, 2018

Martirio de San Juan Bautista

 

San Juan Bautista-Zurbaran

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos



Antífona de entrada: Sal 118, 46-47

Comentaré tus preceptos ante los reyes, Señor, y no me avergonzaré; serán mi delicia tus mandatos, que tanto amo.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, tú has querido que san Juan Bautista fuese el precursor del nacimiento y de la muerte de tu Hijo; concédenos, por su intercesión, que, así como él murió mártir de la verdad y la justicia, luchemos nosotros valerosamente por la confesión de nuestra fe. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 2 Tesalonicenses 3, 6-10. 16-18

En nombre del Señor Jesucristo, os mandamos, hermanos, que os apartéis de todo hermano que lleve una vida desordenada y no conforme con la tradición que recibió de nosotros.

Ya sabéis vosotros cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: No vivimos entre vosotros sin trabajar, no comimos de balde el pan de nadie, sino que con cansancio y fatiga, día y noche, trabajamos a fin de no ser una carga para ninguno de vosotros. No porque no tuviéramos derecho, sino para daros en nosotros un modelo que imitar.

Además, cuando estábamos entre vosotros, os mandábamos que si alguno no quiere trabajar, que no coma.

Que el mismo Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros.

El saludo va de mi mano, Pablo; esta es la contraseña en toda carta; esta es mi letra.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.



SALMO 127, 1bc-2. 4-5

Dichosos los que temen al Señor.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.



Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 10

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos, dice el Señor.


EVANGELIO: Marcos 6, 17-29

En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.

El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.

Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.

La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.

La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»

Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»

Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»

La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»

Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»

El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.

Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.


Antífona de comunión: Jn 3, 27. 30

Contestó Juan: Él tiene que crecer y yo tengo que menguar.


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PRECURSOR DEL NACIMIENTO Y DE LA MUERTE DE CRISTO

De las homilías de san Beda el Venerable, presbítero

El santo Precursor del nacimiento, de la predicación y de la muerte del Señor mostró en el momento de la lucha suprema una fortaleza digna de atraer la mirada de Dios, ya que, como dice la Escritura, la gente pensaba que cumplía una pena, pero él esperaba de lleno la inmortalidad.

Con razón celebramos su día natalicio, que él ha solemnizado con su martirio y adornado con el fulgor purpúreo de su sangre; con razón veneramos con gozo espiritual la memoria de aquel que selló con su martirio el testimonio que había dado del Señor.

No debemos poner en duda que san Juan sufrió la cárcel y las cadenas y dio su vida en testimonio de nuestro Redentor, de quien fue precursor, ya que, si bien su perseguidor no lo forzó a que negara a Cristo, sí trató de obligarlo a que callara la verdad; ello es suficiente para afirmar que murió por Cristo.

Cristo, en efecto, dice: Yo soy la verdad; por consiguiente, si Juan derramó su sangre por la verdad, la derramó por Cristo; y él, que precedió a Cristo en su nacimiento, en su predicación y en su bautismo, anunció también con su martirio, anterior al de Cristo, la pasión fuera del Señor.

Este hombre tan eximio terminó, pues, su vida derramando su sangre, después de un largo y penoso cautiverio.

Él, que había evangelizado la libertad de una paz que viene de arriba, fue encarcelado por unos hombres malvados; fue encerrado en la oscuridad de un calabozo aquel que vino a dar testimonio de la luz y a quien Cristo, la luz en persona, dio el título de «lámpara que arde y brilla»; fue bautizado en su propia sangre aquel a quien fue dado bautizar al Redentor del mundo, oír la voz del Padre que resonaba sobre Cristo y ver la gracia del Espíritu Santo que descendía sobre él.

Mas, a él, todos aquellos tormentos temporales no le resultaban penosos, sino más bien leves y agradables, ya que los sufría por causa de la verdad y sabía que habían de merecerle un premio y un gozo sin fin.

La muerte –que de todas maneras había de acaecerle por ley natural– era para él algo apetecible, teniendo en cuenta que la sufría por la confesión del nombre de Cristo y que con ella alcanzaría la palma de la vida eterna. Bien dice el Apóstol: A vosotros se os ha concedido la gracia de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él.

El mismo Apóstol explica, en otro lugar, por qué sea un don el hecho de sufrir por Cristo: Los su­frimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.

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