El maná de cada día, 22.7.18

julio 21, 2018

Domingo XVI del Tiempo Ordinario, Ciclo B

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Tuvo lástima de ellos, y se puso a enseñarles con calma



Antífona de entrada: Sal 53, 6. 8

Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario dando gracias a tu nombre, que es bueno.


Oración colecta

Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos los dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor Jesucristo


PRIMERA LECTURA: Jeremías 23, 1-6

Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño –oráculo del Señor–.

Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel: «A los pastores que pastorean mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis; pues yo os tomaré cuentas, por la maldad de vuestras acciones –oráculo del Señor–.

Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen; ya no temerán ni se espantarán, y ninguna se perderá –oráculo del Señor–.

Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: El-Señor-nuestra-justicia.»


SALMO 22

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.



SEGUNDA LECTURA: Efesios 2, 13-18

Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio.

Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio.

Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.


ALELUYA: Jn 10, 27

Mis ovejas escuchan mi voz –dice el Señor–, y yo las conozco, y ellas me siguen.


EVANGELIO: Marcos 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.»

Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.


Antífona de comunión: Sal 110, 4-5

Ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente: él da alimento a sus fieles.
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COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO

durante al Ángelus en la Plaza de San Pedro, 19 de julio 2015

VATICANO, 19 Jul. 15 / 08:36 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco reflexionó hoy sobre los “verbos del Pastor”, en sus palabras previas al rezo del Ángelus frente a los miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro.

En su explicación, el Papa habló de tres verbos: ver, tener compasión y enseñar, que están asociados a la actitud de Jesús y a los que llamó “los verbos del Pastor”.

“El Evangelio de hoy nos dice que los Apóstoles, después de la experiencia de la misión, están contentos pero también cansados. Y Jesús, lleno de comprensión, quiere darles un poco de alivio; entonces los lleva aparte, a un lugar apartado para que puedan descansar un poco”, recordó.

El Papa explicó que en este punto, San Marcos “nos ofrece una imagen de Jesús singular e intensa, ‘fotografiando’, por decir así, sus ojos y acogiendo los sentimientos de su corazón”. Jesús, indicó, observa que la gente que les seguía “eran como ovejas sin pastor” y se puso a enseñarles.

Francisco distinguió aquí “los verbos del Pastor: Ver, tener compasión, enseñar”.

El Papa señaló que ver y tener compasión “están siempre asociados a la actitud de Jesús: de hecho su mirada no es la mirada de un sociólogo o de un foto-reportero, porque él mira siempre con ‘los ojos del corazón’”.  Por tanto, “ver y tener compasión configuran a Jesús como Buen Pastor”.

Respecto a la compasión dijo que “no es solo un sentimiento humano, sino la conmoción del Mesías en el que se ha hecho carne la ternura de Dios”. Nace además “del deseo de Jesús de nutrir a la muchedumbre con el pan de su Palabra”.

“Y de esta compasión nace el deseo de Jesús de nutrir a la gente con el pan de su Palabra, es decir, de enseñar la palabra de Dios a la gente. Jesús ve, Jesús tiene compasión, Jesús enseña. ¡Esto es hermoso!”, aseguró.

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MIENTRAS VIVAS ENTRE LOS HOMBRES,
NO PODRÁS
SEPARARTE DEL GÉNERO HUMANO

San Agustín (Comentario al salmo 54, 9)

¿A qué pensáis, hermanos, que se debe el que los desiertos se hayan llenado de siervos de Dios? ¿Se hubiesen apartado de los hombres, si les hubiese ido bien entre ellos? Y, sin embargo, ¿qué hacen ellos mismos? He aquí que en su fuga se alejan y establecen su morada en el desierto; pero ¿acaso cada uno aislado de los demás? La caridad los retiene, para que se queden en compañía de otros muchos. Y entre esos muchos hay quienes someten a prueba a los demás, pues en toda asamblea multitudinaria se halla inevitablemente gente mala.

Dios que sabe que nosotros hemos de ser sometidos a prueba, mezcla con nosotros a otros que no han de perseverar, o tan hábiles en la simulación que ni siquiera han entrado en el camino en el que deberían perseverar. Él sabe que es necesario para nosotros el soportar a los malos, para que así progrese nuestro ser buenos. Amemos a los enemigos, corrijámoslos, castiguémoslos, excomulguémoslos y separémoslos de nosotros con amor.

Ved lo que dice el Apóstol: Si alguno no obedece a nuestra palabra manifestada en esta carta, señaladle y no os mezcléis con él. Mas, para que no se introduzca por eso en ti la ira y turbe tu vista, añadió: No lo consideréis como enemigo; antes bien, corregidle como a un hermano, para que sienta vergüenza (2 Tes 3, 14). No cortó el amor a aquel de quien ordenó la separación. Vive aquel ojo, vive tu vida. En efecto, el perder el amor significa la muerte para ti. Este amor temió perder quien dijo: Me sobrevino el miedo a la muerte (Sal 54, 5).

En consecuencia, para no perder el camino del amor, ¿quién me dará alas como de paloma y volaré y descansaré? (Sal 54, 8). ¿Adónde has de ir? ¿Adónde has de volar? ¿Dónde descansarás? He aquí que en mi fuga me alejé y establecí mi morada en el desierto. ¿En qué desierto? Adondequiera que vayas, se te unirán los demás, se encaminarán contigo al desierto, simularán vivir tu misma vida, sin que tú puedas rechazar la compañía de los hermanos; se mezclarán contigo también los malos; aún debes ser sometido a prueba. He aquí que en mi fuga me alejé y establecí mi morada en el desierto (Sal 54, 9).

¿En qué desierto? Quizá en la conciencia, adonde no entra hombre alguno, donde nadie está contigo, donde estás tú y Dios. Pues si entiendes por desierto algún lugar, ¿qué harás de aquellos que se reúnen contigo? Mientras vivas entre los hombres, no podrás vivir separado del género humano. Fíjate más bien en aquel consolador, nuestro Señor y rey, nuestro emperador y creador, hecho criatura también entre nosotros; fíjate que entre los doce mezcló uno a quien tuvo que tolerar.


El maná de cada día, 21.7.18

julio 21, 2018

Sábado de la 15ª semana del Tiempo Ordinario

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Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto

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PRIMERA LECTURA: Miqueas 2, 1-5

¡Ay de los que meditan maldades, traman iniquidades en sus camas; al amanecer las cumplen, porque tienen el poder! Codician los campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al hombre y a su casa, al varón y a sus posesiones.

Por eso, dice el Señor: «Mirad, yo medito una desgracia contra esa familia. No lograréis apartar el cuello de ella, no podréis caminar erguidos, porque será un tiempo calamitoso.

Aquel día entonarán contra vosotros una sátira, cantarán una elegía: “Han acabado con nosotros, venden la heredad de mi pueblo; nadie lo impedía, reparten a extraños nuestra tierra.” Nadie os sortea los lotes en la asamblea del Señor.»


SALMO 9, 22-23.24-25.28-29.35

No te olvides de los humildes, Señor.

¿Por qué te quedas lejos, Señor, y te escondes en el momento del aprieto? La soberbia del impío oprime al infeliz y lo enreda en las intrigas que ha tramado.

El malvado se gloría de su ambición, el codicioso blasfema y desprecia al Señor. El malvado dice con insolencia: «No hay Dios que me pida cuentas.»

Su boca está llena de maldiciones, de engaños y de fraudes; su lengua encubre maldad y opresión; en el zaguán se sienta al acecho para matar a escondidas al inocente.

Pero tú ves las penas y los trabajos, tú miras y los tomas en tus manos. A ti se encomienda el pobre, tú socorres al huérfano.


Aclamación antes del Evangelio: 2Co 5, 19

Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.


EVANGELIO: Mateo 12, 14-21

En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron.

Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.»


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APRENDED DE MÍ QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN

Beata Teresa de Calcuta (El amor más grande)

Para ser santos necesitamos humildad y oración. Jesús nos enseñó el modo de orar y también nos dijo que aprendiéramos de Él a ser mansos y humildes de corazón. Pero no llegaremos a ser nada de eso a menos que conozcamos lo que es el silencio.

La humildad y la oración se desarrollan de un oído, de una mente y de una lengua que han vivido en silencio con Dios, porque en el silencio del corazón es donde habla Él.

Impongámonos realmente el trabajo de aprender la lección de la santidad de Jesús, cuyo corazón era manso y humilde. La primera lección de ese corazón es un examen de conciencia; el resto, el amor y el servicio, lo siguen inmediatamente.

El examen no es un trabajo que hacemos solos, sino en compañía de Jesús. No debemos perder el tiempo dando inútiles miradas a nuestras miserias sino emplearlo en elevar nuestros corazones a Dios para dejar que su luz nos ilumine.

Si la persona es humilde nada la perturbará, ni la alabanza ni la ignominia, porque se conoce, sabe quién es. Si la acusan no se desalentará; si alguien la llama santa no se pondrá sobre un pedestal.

Si eres santo dale gracias a Dios; si eres pecador, no sigas siéndolo.

Cristo nos dice que aspiremos muy alto, no para ser como Abraham o David ni ninguno de los santos, sino para ser como nuestro padre celestial. No me elegisteis vosotros a Mí, fui Yo quien os eligió a vosotros… (Juan 15:16)



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