43 consejos del Papa Francisco para ser santos hoy: Extractos de la “Gaudete et Exsultate”

abril 11, 2018

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Selfi del Papa Francisco con niños

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“Gaudete et Exsultate”, es el título de la nueva exhortación apostólica sobre el “Llamado a la Santidad en el Mundo Actual”

Por Ary Waldir Ramos Díaz

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Después de dos mil años de historia, la Iglesia católica sigue marcando la pauta para que haya hombres y mujeres “felices” verdaderamente, “sin conformarse” con “una existencia mediocre, aguada, licuada”. 

Pero, en nuestros días, ¿qué significa ser santo?, ¿cómo se logra esa santidad?. A esto responde el papa Francisco en la exhortación apostólica “Gaudete et exsultate”, [‘Alégrense y muéstrense contentos’ (Mt 5,12)], publicada el 9 de abril de 2018 y cuyo título parafrasea a Jesús que se dirige a los que son perseguidos o humillados por su causa.

Francisco nos dice que desde el principio la Biblia, de diversas maneras, hace un llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1). 

Advierte que no es un tratado sobre la santidad. “Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad” en el contexto actual, “con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4)”. 

CAPITULO I 

1. Los santos nos alientan y acompañan

Cap 1. El Llamado a la Santidad. Los santos nos alimentan y acompañan. 4. “Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión”. El Papa presenta la santidad en una “dinámica popular, en la dinámica de un pueblo”. Y habla de la Iglesia militante. “La santidad ‘de la puerta de al lado’; «la clase media de la santidad”. 11. “No se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables”. 

2. La Santidad es para ti

La santidad es para todos. ¿Consagrados y consagradas? “Sé santo viviendo con alegría tu entrega”. “¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa… ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales”. 

Francisco asegura en el punto 15: “En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad”. Y cita a Benedicto XVI: «La santidad no es sino la caridad plenamente vivida» (21). Cada santo encarna “en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio” (19).

3. La Santidad no es pasividad: ¡Más vivos!

El papa Francisco saca del sopor y de la pasividad a los fieles. “26. No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. 29. Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios”. 

Instó a no tener miedo, como Juan Pablo II. 32. “No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó”. Y agrega una santa ambición: “No tengas miedo de apuntar más alto, no tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo en la vida”. Y citó a Léon Bloy: «Existe una sola tristeza, la de no ser santos»”. 

CAPITULO II

4. Hay enemigos de la santidad

En el capítulo segundo, el Papa advierte de dos sutiles enemigos de la santidad. El Agnosticismo (Una mente sin Dios y sin carne) y el Pelagianismo actual (Una voluntad sin humildad). Sobre el agnosticismo, el uso del Dios spray, advierte que se trata de una “superficialidad vanidosa: mucho movimiento en la superficie de la mente, pero no se mueve ni se conmueve la profundidad del pensamiento”. 

5. Salir de una lógica fría y de dominio

Advierte que (39) esto “puede ocurrir dentro de la Iglesia: pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y dura que busca dominarlo todo”.  El Papa sostiene que Dios está en todos y exhorta en favor de una doctrina que viva el misterio en cada persona. “42. Aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida”.

Escribió sobre los límites de la razón y de una soberbia que se viste de santidad, pero no lo es. “45. San Juan Pablo II les advertía de la tentación de desarrollar «un cierto sentimiento de superioridad respecto a los demás fieles». 

6. La voluntad humana no es suficiente 

Respecto al pelagianismo actual, expresión de una voluntad sin humildad. “49. Cuando algunos de ellos se dirigen a los débiles diciéndoles que todo se puede con la gracia de Dios, en el fondo suelen transmitir la idea de que todo se puede con la voluntad humana; Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas: «Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras» (San Agustín)”. 

7. No son suficientes nuestras obras o esfuerzos

Reiteró una enseñanza de la Iglesia muchas veces olvidada: “52. […] no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa”. Nombró a los nuevos pelagianos: “58. Muchas veces, en contra del impulso del Espíritu, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. Es quizás una forma sutil de pelagianismo”. En este sentido, resume la Ley: “60. «Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Ga 5,14)”. 

CAPÍTULO III

8. Ser un buen cristiano significa seguir las Bienaventuranzas

En el capítulo III, titulado “A la luz del Maestro”, el papa Francisco en el punto 63 responde a «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?». “Es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las Bienaventuranzas”. 

9. Para ser santo hay que ir contracorriente

De ahí que Jesús propone: “Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.  “69. Esta pobreza de espíritu está muy relacionada con aquella «santa indiferencia» que proponía san Ignacio de Loyola, en la cual alcanzamos una hermosa libertad interior. (70.) Ser pobre en el corazón, esto es santidad”. 

10. Un santo soporta los defectos de los demás

Como indica Jesús: «Felices los mansos, porque heredarán la tierra». Francisco explica que (72.) para santa Teresa de Lisieux, «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades». 74. Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad”. 

11. Un santo sabe llorar

“Felices los que lloran, porque ellos serán consolados”. El Papa insta (75) a salir de la lógica del mundo que nos hace gastar “muchas energías por escapar de las circunstancias donde se hace presente el sufrimiento”. E invita a (76) “saber llorar con los demás, esto es santidad”. 

12. Un santo defiende a los indefensos”

«Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados”. El Pontífice en el punto 79 explica que la palabra “justicia” puede ser sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios, pero si “le damos un sentido muy general olvidamos que se manifiesta especialmente en la justicia con los indefensos”. “Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad”. 

13. Un santo es misericordioso 

“Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Francisco recuerda que el Catecismo invita a aplicar esta ley «en todos los casos», de manera especial cuando alguien «se ve a veces enfrentado con situaciones que hacen el juicio moral menos seguro, y la decisión difícil». 

14. El corazón mueve al santo: mantenerlo limpio 

El Papa doblega la racionalidad al corazón, que está guiado por la fe en Dios. “85. En las intenciones del corazón se originan los deseos y las decisiones más profundas que realmente nos mueven”. “86. Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad”.

15. Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad

«Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». En el punto 89, el Papa indica que no es fácil construir esta paz evangélica que no excluye a nadie sino que integra también a los que son algo extraños, a las personas difíciles y complicadas. Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad”. 

16. Aceptar el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas

“«Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios». «Felices los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» 94. Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades. Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad”. 

17. Ver a Jesús en los extranjeros, en los enfermos 

“95. «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme»”. 

18. Ser cristiano es reconocer la dignidad del pobre

El Papa pide fidelidad al Maestro y cuestiona: “98. Cuando encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto para mi conciencia, un problema que deben resolver los políticos, y quizá hasta una basura que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre. ¡Eso es ser cristianos!”. 

19. No dejar que la ideología te separe de Jesús 

“Las ideologías que mutilan el corazón del Evangelio”, expresó Francisco.  Y lamenta dos errores nocivos: “100. Por una parte, el de los cristianos que separan estas exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia”. 

20. No sospechar siempre de los demás

El Papa considera nocivo e ideológico estar siempre sospechando (101)  “del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista”. 

21. Defender al no nacido, pero también al nacido en miseria 

“La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria”. 

22. Defender a los migrantes 

El papa Francisco explicó que defender a los migrantes o los extranjeros no es “un invento de un Papa o de un delirio pasajero”. “102. Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas «serios» de la bioética”. 

23. Ser santo es cansarse para vivir las obras de misericordia 

“107. Quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia”. 

24. Hedonismo y virtualidad nos alejan de quien sufre 

“108. El consumismo hedonista puede jugarnos una mala pasada. También el consumo de información superficial y las formas de comunicación rápida y virtual pueden ser un factor de atontamiento que se lleva todo nuestro tiempo y nos aleja de la carne sufriente de los hermanos”. 

25. Inspirarse en el testimonio de los santos 

“109. La fuerza del testimonio de los santos está en vivir las bienaventuranzas y el protocolo del juicio final. Recomiendo vivamente releer con frecuencia estos grandes textos bíblicos, recordarlos, orar con ellos, intentar hacerlos carne. Nos harán bien, nos harán genuinamente felices”. 

CAPÍTULO IV

En el capítulo cuarto, el papa Francisco presenta algunos puntos importantes de la santidad en el mundo actual, además de los tradicionalmente conocidos: “oración”,“Eucaristía y la Reconciliación”, sacrificios, entre otros. En el punto 111, destaca que existen riesgos en la cultura de hoy para atender las manifestaciones del amor de Dios y del prójimo.

En ella se manifiestan: “la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual”. 

26. Aguante, paciencia y mansedumbre

En este caso, el Papa invita al aguante, la paciencia y la mansedumbre (112). Se trata de la fidelidad al amor de Dios y la fidelidad al amor del prójimo. 113. Como pide San Pablo a los cristianos, no devolver el mal que los demás te hagan. 114. Insta a estar atentos a las propias manifestaciones de agresividad y egoísmo. 

27. Nada de violencia en las redes e Internet

El Papa habla de una santidad que pasa por evitar la violencia verbal en Internet y en los diversos espacios digitales. Y advierte a los medios católicos para que se pongan limites porque es intolerable la difamación y la calumnia. 

28. Un santo alegre y con sentido del humor

Francisco insiste en que un santo que se respete tiene mucha alegría y sentido del humor. Un santo aleja de sí la tristeza, la nostalgia. Ser cristianos es “alegría en el Espíritu Santo” porque al amor de la caridad sigue necesariamente la alegría”.  

29. Audacia y fervor 

En el punto 129. El Papa indica que vivir con honestidad y transparencia necesita audacia. Por ello, Jesús insiste en que el cristiano no debe tener miedo. 

30. Vivir y amar la comunidad 

En el punto 140, enseña que luchar solo no tiene mucho sentido. Se necesita de la comunidad para salir airoso en Cristo de las insidias y de las tentaciones. “Si estamos muy solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos”. 

31. Vivir en oración constante

El Papa expresó que parecería obvio y, en cambio, no lo es: rezar es importante para estar todos los días abiertos a la trascendencia. El Santo es una persona del “espíritu” en oración que tiene necesidad de “comunicarse con Dios”. 

Capítulo V 

En el capítulo V, el Papa insta a combatir, vigilar y discernir. 

32. Luchar siempre 

“158. La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida”.  

33. Salir de la mediocridad

“159. No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones. Es también una lucha constante contra el diablo. Jesús mismo festeja nuestras victorias”. 

34. Ser santos no es un mito 

“161. Entonces, no pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades”.  

35. Ser despiertos y confiados en Dios 

162. Nuestro camino hacia la santidad es también una lucha constante. Quien no quiera reconocerlo se verá expuesto al fracaso o a la mediocridad. Para el combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero. 

36. Salir de la corrupción espiritual 

“164. «No nos entreguemos al sueño». Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento”. 

37. Dividir las cosas malas de las buenas 

“166. ¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo? La única forma es el discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo; seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual.

38. No ser marionetas a merced del mal

“167. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento”. 

39: Siempre a la luz del Señor 

“169. El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves. Nos hace falta siempre: muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante”.

40: Un don sobrenatural 

“171. Si bien el Señor nos habla de modos muy variados en medio de nuestro trabajo, a través de los demás, y en todo momento, no es posible prescindir del silencio de la oración detenida para percibir mejor ese lenguaje, para interpretar el significado real de las inspiraciones que creímos recibir.” 

41. Escuchar a Dios

“172. Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas. 173. No se trata de aplicar recetas o de repetir el pasado”.  

42. La lógica del don y de la cruz 

175. Hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada en algunos aspectos de la propia vida.

Esto nos hace ver que el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos. 

43. La Virgen María, modelo y ayuda 

“176. Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada.

Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos.

Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…».”

43 consejos del Papa Francisco para ser santos hoy


Claves para comprender el nuevo documento del Papa sobre la llamada a la santidad

abril 11, 2018

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Claves para comprender el nuevo documento del Papa sobre la llamada a la santidad

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¿QUÉ ES?

Se trata de una “Exhortación Apostólica”, un tipo de documento magisterial que a diferencia de las encíclicas se dirige especialmente a los católicos.

Se titula “Alegraos y regocijaos”, o con su título en latín “Gaudete et Exultate”. Trata sobre la llamada a la santidad en el mundo actual.

Es el quinto gran documento del Papa Francisco.

¿CUÁLES SON LAS NOVEDADES?

La gran novedad es el tema: recordar que los católicos pueden y deben aspirar a ser santos.

El Papa explica que quiere “hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades”.

Con este documento, Francisco recoge toda la tradición de nuevas instituciones que surgieron en el siglo XX y que reconoció el Concilio Vaticano II, y da un paso más explicando cómo vivir la propuesta cristiana en el contexto actual.

Dice que “para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Todos estamos llamados a ser santos, viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”.

Recuerda que cada uno tiene su propio “camino de santidad” para sacar a la luz lo mejor de sí, y no hay que desgastarse intentando imitar algo que ha sido pensado para otros.

EJEMPLOS DE SANTIDAD

Francisco propone mirar a “los santos de la puerta de al lado”.

Por ejemplo, “los padres y madres que crían con tanto amor a sus hijos, hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, enfermos, religiosas ancianas que siguen sonriendo”.

O la señora que no habla mal de las amigas; escucha con paciencia y cariño a los hijos; reza ante los problemas; y trata con afecto a los pobres.

EL CAMINO DE LA SANTIDAD

El Papa dice que la vía de la santidad son las Bienaventuranzas y el protocolo sobre el cual seremos juzgados según San Mateo: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme».

Recuerda que las persecuciones no son una realidad del pasado, como ocurre con “las burlas que intentan desfigurar nuestra fe y hacernos pasar como seres ridículos”.

Avisa del peligro de quedarse con las exigencias del Evangelio sin vivir una relación personal con Dios, y “convertir el cristianismo en una especie de ONG”; como también de “sospechar del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, comunista, populista (…) como si solo interesara una determinada ética o defender una causa”.

ESTILO DE VIDA DE LOS CATÓLICOS

El Papa cierra el documento proponiendo cinco manifestaciones del amor a Dios y al prójimo. Se trata de: Aguante, paciencia y mansedumbre.

Por ejemplo, lamenta que los cristianos usen violencia verbal en Internet o que en medios se difame y se calumnie.

Alegría y sentido del humor

Audacia y fervor

Contar con los demás (En comunidad)

En oración constante

EL ENEMIGO

En el último capítulo recuerda explícitamente que el diablo existe y que es algo más que un mito.

“No pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades, porque «como león rugiente, ronda buscando a quién devorar»”.

Concluye recordando que con la santidad “está en juego el sentido de mi vida ante Dios que me conoce y me ama, el verdadero para que dé mi existencia que nadie conoce mejor que él”.

Para leerla completa 

https://www.romereports.com/2018/04/09/claves-para-comprender-el-nuevo-documento-del-papa-sobre-la-llamada-a-la-santidad/


Las Confesiones de san Agustín. II, 5.10-11

abril 11, 2018

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Alicientes del pecado (Conf. II, 5.10-11)

10. Todos los cuerpos que son hermosos, como el oro, la plata y todos los demás, tienen, en efecto, su encanto. En el tacto físico interviene por mucho la congruencia de las partes, y cada uno de los demás sentidos percibe en los cuerpos cierta modalidad propia. También el honor temporal y el poder mandar y dominar tiene su atractivo, de donde nace la avidez de venganza.

Sin embargo, para conseguir todas estas cosas no es necesario abandonarte a ti, ni desviarse un ápice de tu ley. También la vida que aquí vivimos tiene sus encantos, por cierta manera suya de belleza y por la correspondencia que tiene con las inferiores. Cara es, finalmente, la amistad de los hombres por la unión que hace de muchas almas con el dulce nudo del amor.

Por todas estas cosas y otras semejantes se peca cuando por una inclinación inmoderada a ellas —no obstante que sean bienes ínfimos— son abandonados los mejores y sumos, como eres tú, Señor, Dios nuestro; tu Verdad y tu Ley.

Cierto que también estos bienes ínfimos tienen sus deleites, pero no como los de Dios, hacedor de todas las cosas, porque en él se deleita el justo y hallan sus delicias los rectos de corazón8.

11. Ésta es la razón por que cuando se inquiere la causa de un crimen no descansa uno hasta haber averiguado qué apetito de los bienes que hemos dicho ínfimos o qué temor de perderlos pudo moverle a cometerlo. Hermosos son, sin duda, y apetecibles, aunque comparados con los bienes superiores y beatíficos son viles y despreciables.

Uno comete un homicidio; ¿por qué habrá sido? Porque amó la esposa del muerto o su finca, o porque quiso robar para tener con qué vivir, o temió sufrir de él otro tanto, o bien, herido, ardió en deseos de venganza. ¿Acaso hubiera cometido el crimen sin motivo, por sólo el gusto de matar? ¿Quién lo podrá creer?

Porque aun de cierto hombre sin entrañas y excesivamente cruel, de quien se dijo que era malo y cruel de balde, se añadió, sin embargo, el motivo: «Para que la ociosidad no embotara su mano o el sentimiento».

Mas si todavía indagares por qué esto es así, te diré que para con aquel ejercicio de crímenes, tomada la ciudad, consiguiese honores, poderes y riquezas y careciese del miedo a las leyes y de los apremios de la vida, causados por la escasez de su patrimonio y de la conciencia de sus crímenes.

Así, pues, ni aun el mismo Catilina amaba sus crímenes, sino otra cosa, por cuyo motivo los cometía.

http://www.augustinus.it/


Maná y Vivencias Pascuales (11), 11.4.18

abril 11, 2018

Miércoles de la 2ª semana de Pascua

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La adoración del Cordero de Dios

La adoración del Cordero de Dios



TEMA: Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga Vida Eterna.

ORACIÓN COLECTA: Al revivir nuevamente este año el misterio pascual, en el que la humanidad recobra la dignidad perdida y adquiere la esperanza de la resurrección futura, te pedimos, Señor de clemencia, que el misterio celebrado en la fe se actualice siempre en el amor. Por nuestro Señor.

ANTÍFONA DE ENTRADA: Sal 17, 50; 21.23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 5, 17- 26

El jefe de los sacerdotes y todos los suyos que formaban el partido de los saduceos se pusieron muy envidiosos, y tomando presos a los apóstoles los metieron en la cárcel pública.

Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles: “Preséntense en el Templo y anuncien al pueblo todo el Mensaje de Vida”. Obedecieron y entrando en el Templo al amanecer se pusieron a enseñar.

Mientras tanto, llegó el jefe de los sacerdotes con sus partidarios, reunieron al Sanedrín y a todo el Senado israelita, y mandaron a buscarlos a la cárcel. Cuando los guardias llegaron allá, no los encontraron.

Volvieron y contaron: “Encontramos la cárcel cuidadosamente cerrada y los centinelas montando guardia en las puertas, pero cuando abrimos, no encontramos a nadie dentro”.

El jefe de la guardia y los jefes de los sacerdotes, al oír esto, quedaron desconcertados, preguntándose qué podría haber sucedido. En esto llegó uno que les dijo: “Los hombres que encarcelaron están en el Templo enseñando al pueblo”.

Entonces el jefe de la guardia fue con sus ayudantes y los trajeron, pero sin violencia, porque tenían miedo de ser apedreados por el pueblo.

SALMO 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.

Bendigo al Señor, en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Mi ser se gloría en el Señor, que los humildes lo oigan y se alegren.

Engrandezcan conmigo al Señor, ensalcemos juntos su nombre. Busqué al Señor y él me respondió, me libró de todos mis temores. Miren hacia él: quedarán radiantes, y la vergüenza no cubrirá sus rostros.

Cuando el humilde invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de todas sus angustias. El Ángel del Señor viene a acampar en torno a sus fieles y los protege. Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia en él.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 3, 16

Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que el que crea en él tenga vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 3, 16-21

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga Vida Eterna.

Dios no mandó a su Hijo a este mundo para condenar al mundo sino para salvarlo. El que cree en él no se pierde; pero el que no cree ya se ha condenado, por no creerle al Hijo Único de Dios.

La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas: Ahí está la condenación. El que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, no sea que su maldad sea descubierta y condenada.

Pero el que camina en la verdad busca la luz para que se vea claramente que sus obras son hechas según Dios”.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Juan 15, 16.19

Ustedes no me escogieron a mí. Soy yo quien los escogí a ustedes y los he puesto para que produzcan fruto, y ese fruto permanezca. Entonces todo lo que pidan al Padre en mi nombre, se lo dará. Aleluya.


De la homilía de Melitón de Sardes, obispo, sobre la Pascua

El cordero inmaculado nos sacó de la muerte a la vida

Muchas predicciones nos dejaron los profetas en torno al misterio de Pascua, que es Cristo; a Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Él vino desde los cielos a la tierra a causa de los sufrimientos humanos; se revistió de la naturaleza humana en el vientre virginal y apareció como hombre; hizo suyas las pasiones y sufrimientos humanos con su cuerpo, sujeto al dolor, y destruyó las pasiones de la carne, de modo que quien por su espíritu no podía morir acabó con la muerte homicida.

Se vio arrastrado como un cordero y degollado como una oveja, y así nos redimió de idolatrar al mundo, como en otro tiempo libró a los Israelitas de Egipto y nos salvó de la esclavitud diabólica, como en otro tiempo a Israel de la mano del Faraón; y marcó nuestras almas con su propio Espíritu, y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre.

Éste es el que cubrió a la muerte de confusión y dejó sumido al demonio en el llanto, como Moisés al Faraón. Éste es el que derrotó a la iniquidad y a la injusticia, como Moisés castigó a Egipto con la esterilidad.

Éste es el que nos sacó de la servidumbre a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de la tiranía al recinto eterno, e hizo de nosotros un sacerdocio nuevo y un pueblo elegido y eterno. Él es la Pascua de nuestra salvación.

Éste es el que tuvo que sufrir mucho y en muchas ocasiones: el mismo que fue asesinado en Abel y atado de pies y manos en Isaac, el mismo que peregrinó en Jacob y fue vendido en José, expuesto en Moisés y sacrificado en el cordero, perseguido en David y deshonrado en los profetas.

Éste es el que se encarnó en la Virgen, fue colgado del madero y fue sepultado en tierra, y el que, resucitado de entre los muertos, subió al cielo.

Éste es el cordero que enmudecía y que fue inmolado; el mismo que nació de María, la hermosa cordera; el mismo que fue arrebatado del rebaño, empujado a la muerte, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; aquel que no fue quebrantado en el leño, ni se descompuso en la tierra; el mismo que resucitó de entre los muertos e hizo que el hombre surgiera desde lo más hondo del sepulcro (Núms. 65-71: SCh 123, 94-100).

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PINCELADAS DE ESPIRITUALIDAD PASCUAL

Podríamos arriesgarnos a centrar la espiritualidad pascual en esta exclamación de fe: ¡Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo!

La Pascua es la recreación de todas las cosas en Cristo; la restauración total y definitiva de los planes de Dios sobre la humanidad. Podemos decir que en la Pascua Dios ha dado la talla: se ha remangado los brazos para hacer algo nuevo, inaudito y para siempre, definitivo.

En efecto, la Trinidad culmina su obra común de las tres personas divinas: la creación, atribuida sin embargo a Dios Padre; culmina la redención realizada por Cristo, pero con la colaboración del Padre y del Espíritu.

Y comienza la obra específica del Espíritu, la santificación o divinización definitiva del hombre en Cristo de acuerdo con los designios inescrutables del Padre; porque a él le pareció bien; es lo que más le gustó.

La Pascua es la manifestación palpable de la Trinidad salvífica o económica. El hijo del carpintero ha resultado ser en verdad el Hijo de Dios, igual al Yahvé del Antiguo Testamento.

El Espíritu eterno, del que ha sido revestido Cristo, de manera singular y plena en su glorificación, ha sido derramado sobre los discípulos a manos llenas: ellos han sido bautizados, bañados, anegados… hasta ser tenidos por borrachos; es decir, embriagados del poder de Dios, llevados de acá para allá por una energía poderosa y santa, no caprichosa, loca o arbitraria.

¡Éste es el día en que actuó el Señor! Dios, uno y trino, nos ha mostrado todo su amor poderoso, maravilloso. Nos ha dado al nuevo Adán, al nuevo Mesías y Salvador. No hay otro.

Los creyentes han recibido sin medida el Espíritu de Cristo, que los capacita para hablar, vivir, sentir y actuar como habló, vivió, sintió y actuó el Señor. Son otros “Cristo”. Han llegado los últimos tiempos. La hora del Espíritu, creador y renovador, que hace nuevas todas las cosas. Cristo les aseguró: mayores cosas que yo haréis.

Por eso, Jesús había dicho también respecto al Espíritu: Os conviene que yo me vaya, pues si no me voy no vendrá a vosotros el Espíritu Santo, el Consolador, paráclito, abogado defensor, intérprete. Cuando me vaya os lo enviaré; o le pediré al Padre que lo envíe en mi nombre. Cuando él venga os lo enseñará todo. Y se quedará siempre con vosotros.

Ahora os digo: todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra; id por todo el mundo, y dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente. Son los últimos tiempos. El Reino padece violencia. Sólo los esforzados lo arrebatan. El que no está conmigo, está contra mí. No hay tiempo que perder.

El Reino no puede esperar más. Buscadlo por encima de todo; y el resto se os dará por añadidura. No tengáis miedo, pues yo he vencido al mundo. Todo me lo ha entregado el Padre.

El Apóstol nos lo recordará: todo es vuestro; vosotros, de Cristo; y Cristo, de Dios. Id, os doy este mandato. No llevéis túnica de repuesto, no os detengáis… El que mire para atrás no es digno de mí. El mundo, los pobres, los pecadores no pueden esperar.

Es tiempo de sembrar a discreción. Ha llegado la hora de Dios. El Banquete está preparado. No se puede desairar a Dios; es lo que ha preparado desde toda la eternidad, ha volcado todo lo suyo, lo ha empeñado todo. Nada se ha reservado Dios, todo su riqueza está invertida en esta historia de salvación.

La primitiva Iglesia vive estas realidades últimas con sorpresa, con fe, con alegría, con creatividad y total abandono en manos de Dios Padre, que todo lo dispone para nuestro bien; viven confiados en el poder de Dios y sintiéndose discípulos de Cristo y testigos de su resurrección, de que está vivo y es Señor; se sienten arrebatados e impulsados por el Espíritu para realizar las obras de Dios en Cristo Jesús.

Los apóstoles y los primeros cristianos dan testimonio de Jesús públicamente y con mucha seguridad, convicción y valentía, “parresía”. Todos quedaban admirados… Dios iba agregando a la comunidad a todos los que creían y se bautizaban en el nombre del Señor Jesús.

Tres, podríamos decir, son los protagonistas de la fundación de la Iglesia y de su crecimiento y desarrollo imparable: Los planes de Dios, la comunidad eclesial y los personajes concretos y animadores de la comunidad.

El encarcelamiento de Pedro y Juan y la persecución contra la Iglesia son ocasión para que ésta se ponga en manos de Dios, relea las Escrituras, las interprete en función de las nuevas circunstancias, y experimente el poder de Dios que le envía su Espíritu: retembló la casa, y todos fueron llenos del Espíritu. Estaban alegres y daban gloria a Dios; y el pueblo estaba de su parte.

La persecución contra Esteban provoca la diáspora de los discípulos; éstos se ven obligados a salir de Jerusalén; pero no pueden dejar de anunciar el Evangelio de Cristo a cuantos encuentran en el camino. Muchos se convierten. Van surgiendo personas con nombre y rostro definidos, como el diácono Felipe, como Bernabé, hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe.

El Espíritu está vivo y suelto: los discípulos sienten su acción, perciben claramente que les habla, siguen sus avisos y pasan de una aventura de fe a otra y a otra… La Palabra no está encadenada.

Pedro sale de Jerusalén, visita las comunidades, hace milagros porque vive en sintonía con el celo de Cristo manifestado ahora por el Espíritu. Oro y plata no tengo, pero te doy lo que tengo, la fe en Cristo: en su nombre levántate y anda; se levantó y glorificaba a Dios.

La presencia del Espíritu es tan real y perceptible para la primera comunidad como lo era la humanidad de Cristo cuando caminaba por Palestina. Casi podríamos decir que el Espíritu tiene más influencia, más fuerza persuasiva que el mismo Jesús en carne mortal.

El Espíritu es el testigo interior. Él se junta a nuestro espíritu hasta confundirse. Dirá san Pablo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí, es el Espíritu de Cristo quien vive en mí, quien me inspira, me mueve, me consuela, me dirige, me confirma en todo lo que siento y hago, me plenifica, me hace feliz en Dios.

Qué bueno es el Seño. Cómo no alabarlo… Es digno de toda bendición.

El Espíritu transforma a los discípulos según el modelo del Maestro. Así, Bernabé, persona acogedora, fiel a Dios, descubre la acción de Dios en la comunidad, incluso en los paganos, y se alegra por ello, acoge a los nuevos convertidos, los acompaña, los impulsa a que se sometan a la acción del Espíritu…

Es lo que hace con Pablo: lo acoge, valora la gracia de Dios en él, lo busca, lo inicia en el seguimiento del Señor, le socorre en el proceso de su integración en la comunidad y en la proclamación del Evangelio.

Admiramos los planes de Dios sobre la comunidad y sobre cuantos creen en Cristo, pues él no hace acepción de personas. Quiere que todos tengan vida, pues son sus hijos. Y lo dispone todo sobre algunas personas “elegidas” por él para ser sus testigos, como Pablo. Nada es casual. Nada es desperdiciable.

De esta manera, según los Hechos de los Apóstoles, Dios va cumpliendo sus designios de salvación acompañando a los apóstoles, a la primitiva comunidad, a judíos y gestiles para que experimenten el poder de Dios.

Han llegado los últimos tiempos. Es la hora del Espíritu que hace nuevas todas las cosas; ahora todos serán enseñados por el Señor; ellos serán su pueblo, y el Señor será su Dios; y lo verán todas las naciones.

Está brotando el desierto, lo imposible se hace posible. Dichosos los que oyen. Dios está actuando con todo su poder, porque Dios es Dios. Está abriendo nuestra mente para que todos entendamos, por fin.

Nos asegura: Yo no soy como los humanos. Yo lo digo y pongo por obra. Está brotando, se siente… ¿Es que no lo notáis?

Oremos: Ah, Señor, ten paciencia conmigo. Habla, Señor, que tu siervo escucha. No pases de largo. Quédate con nosotros alimentando nuestra experiencia pascual, pues atardece y se debilita la fe. Alabado seas, Señor, en tus santos designios. Amén.



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