La santidad, el rostro más bello de la Iglesia

abril 9, 2018

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Dios te saluda, María, porque eres la llena de gracia, y la bendita entre todas las mujeres: “La toda bella”

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La santidad, el rostro más bello de la Iglesia

Por Martin Gelabert, op

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“Alegría” es una palabra recurrente en los documentos del Papa Francisco. También aparece en el título de la exhortación apostólica que hoy mismo se ha hecho pública sobre la llamada a la santidad en el mundo actual, titulada: “Alegraos y regocijaos”. Aquí sólo puedo ofrecer algunas pinceladas que inviten a la lectura completa del texto.

Uno de los capítulos recuerda un reciente documento de la Congregación para la doctrina de la fe. Se trata del capítulo en el que habla de los dos enemigos actuales de la santidad, a saber: 1) una fe y una espiritualidad desencarnada, encerrada en el propio subjetivismo, que reduce el cristianismo a una doctrina, y olvida que la caridad es lo fundamental de la vida cristiana; y 2) el confiar sólo en las propias fuerzas, sintiéndose superior a los otros por cumplir determinadas normas, viviendo obsesionados por la ley o por los ritos, ignorando que la vida es frágil y sólo puede ser sanada por la gracia.

En otro capítulo el Papa hace un precioso comentario a las bienaventuranzas, en las que Jesús explica en qué consiste ser santos, aunque sea viviendo a contracorriente: felices los pobres, pues las riquezas no te aseguran nada, nada esencial al menos. Felices los mansos, en un mundo donde cada uno se cree con derecho a alzarse por encima de los otros. Felices los que lloran, en un mundo que mira hacia otra parte cuando hay problemas de enfermedad o de sufrimiento. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, en un mundo donde muchos optan por subirse al carro del vencedor.

Felices los misericordiosos, que saben dar y perdonar, reflejando así la perfección de Dios. Felices los limpios de corazón, un corazón sencillo que sabe amar. Felices los que trabajan por la paz, la paz evangélica que no excluye a nadie. Felices los perseguidos por causa de la justicia, por haber vivido sus compromisos con Dios y con los demás. Las persecuciones no son cosa del pasado: calumnias, falsedades, desfiguraciones de la fe, burlas por ser cristiano.

Hay algunas perlas en el texto que vale la pena notar: cuando dice que la santidad es el rostro más bello de la Iglesia, o que no te hace menos humano. O cuando dice que una de las notas de la santidad en el mundo actual es la alegría y el sentido del humor. O cuando recuerda la pregunta que se hacía santo Tomás de Aquino sobre cuáles son las obras externas que mejor manifiestan nuestro amor a Dios. Él respondió sin dudar que son las obras de misericordia con el prójimo, más que los actos de culto.

Una última perla: “me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo”.

http://nihilobstat.dominicos.org/articulos/la-santidad-el-rostro-mas-bello-de-la-iglesia/


Pelagianismo y gnosticismo, esos “sutiles enemigos” de la santidad: Gaudete et exsultate

abril 9, 2018

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La nueva Exhortación Apostólica del Papa Francisco

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Pelagianismo y gnosticismo, esos “sutiles enemigos” de la santidad

Intervención de Valente durante la presentación de la exhortación “Gaudete et exsultate”

Por Giannini Valente

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En el segundo capítulo de la Exhortación Apostólica “Gaudete et Exsultate”, el Papa reflexiona sobre esas que define «dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo».

Una vez más, pues, el Papa se refiere a estas dos herejías «que surgieron en los primeros siglos cristianos, pero que siguen teniendo alarmante actualidad» (35).

Para tratar de explicar qué tienen que ver el gnosticismo y el pelagianismo con la llamada universal a la santidad en un texto papal, es conveniente partir precisamente de la naturaleza de la santidad, cómo es vivida y cómo es considerada en la Iglesia y en su enseñanza.

Santidad y gracia 

También esta exhortación repite, de muchas maneras y en varios pasajes, que la santidad proviene de Dios. Es un fruto y don de la gracia en la vida de la Iglesia.

Esto quiere decir que la santidad no es el resultado de un esfuerzo proprio, no es una montaña que hay que escalar con las propias fuerzas. Quiere decir que no se pueden hacer estrategias o programas pastorales para “producir” santidad. Quiere decir, principalmente, que es Cristo mismo el que inicia y perfecciona la santidad.

Por ello, la santidad es el tesoro de la Iglesia: porque, si existen santos, quiere decir que Cristo está vivo y que sigue operando en ellos, acariciando y cambiando sus vidas, y nosotros podemos ver sus efectos. Y por ello es verdadero también que las «propuestas engañosas» del pelagianismo y del gnosticismo representan un obstáculo para la llamada universal a ser santos.

Estas, efectivamente, proponen en diferentes formas los antiguos engaños pelagiano o gnóstico: es decir ocultan o cancelan la necesidad de la gracia de Cristo, o bien vacían la dinámica real y gratuita de su acción.

Pelagianismo: Jesús como “buen ejemplo” 

San Agustín escribió que el error venenoso de los pelagianos de su época era la pretensión de identificar la gracia de Cristo en «su ejemplo, y no en el don de su presencia».

Según Pelagio, el monje del siglo V cuyo nombre dio pie a la antigua herejía, la naturaleza de todos los seres humanos no había sido herida por el pecado de Adán, por lo que todos siempre habrían sido capaces de elegir el bien y evitar el pecado ejerciendo simplemente la propia fuerza de voluntad.

Para Pelagio, Cristo vino sobre todo para dar un buen ejemplo, y había que seguirlo como a un maestro de vida para aprender a cultivar la propia virtud moral. Pero este camino podía ser recorrido contando con las propias fuerzas y prescindiendo de Él, del don de la ayuda de su gracia.

Al respecto, la Exhortación Apostólica “Gaudete et Exsultate” se sitúa en la lista de todas las declaraciones con las que el magisterio eclesial ha repetido siempre que en la condición real en la que se encuentran todos los seres humanos no es posible ser santos y ni siquiera se puede vivir una vida justa siguiendo solamente las huellas de Jesús sin la intervención de la gracia de Cristo, sin ser abrazados misteriosa, pero realmente, por su Espíritu.

El Papa Francisco, entre otras cosas, cita el segundo Sínodo de Orange, que en 529 indicó que «aun el querer ser puros se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo». Cita también el Catecismo de la Iglesia Católica, para recordar que el reconocimiento de la absoluta necesidad de la gracia debería ser «una de las grandes convicciones definitivamente adquiridas por la Iglesia», puesto que «bebe del corazón del Evangelio» (55).

En cambio, es necesario hacer cuentas con manifestaciones de la actitud pelagiana que se infiltra incluso en las prácticas más ordinarias de la vida eclesial.

La Exhortación Apostólica identifica una huella pelagiana en todos los que «solo confían en sus propias fuerzas», e incluso cuando quieren demostrarse fieles a «cierto espíritu católico» (46), en realidad expresan «la idea de que todo se puede con la voluntad humana», incluso encauzada «por normas y estructuras eclesiales» (59).

El Papa, por el contrario, escribe que la llamada universal a la santidad se dirige precisamente a quienes reconocen que en cada paso de la vida y de la fe se necesita siempre de la gracia. Porque, como se lee en el texto, «en esta vida las fragilidades humanas no son sanadas completa y definitivamente por la gracia» (49).

Y el trabajo de la gracia no convierte a los hombres en superhombres, sino que «actúa históricamente y, de ordinario, nos toma y transforma de una forma progresiva» (50).

Gnosticismo: “desencarnar” el cristianismo 

También la otra «propuesta engañosa» indicada por el Papa es asimilada a una antigua desfiguración de la novedad cristiana, la de las antiguas doctrinas gnósticas que a menudo absorbían palabras y verdades de la fe cristiana en sus sistemas conceptuales, pero al hacerlo vaciaban desde dentro el evento cristiano en su historicidad.

Para las teorías gnósticas, la salvación consistía en un proceso de auto-divinización, un camino de conocimiento en el que el sujeto debía cobrar conciencia de lo divino que actuaba dentro de sí. Mientras la fe cristiana reconoce que la salvación y la felicidad para los seres humanos son un don gratuito de Dios, que alcanza al hombre desde el exterior, desde fuera de sí mismo.

Por ello también las historias de quienes están llamados a la santidad, así como las de los santos ya beatificados y canonizados, están llenas de hechos, de encuentros, de circunstancias concretas en las que la acción de la gracia se hace perceptible y toca y cambia sus vidas. Análogamente a lo que le sucedió a los primeros discípulos de Cristo, que en el Evangelio pudieron incluso indicar la hora de su primer encuentro con Jesús.

En cambio, escribe el Papa, la mentalidad gnóstica siempre elige la vía de los razonamientos abstractos y formales, y así pretende dominar, «domesticar el misterio» (40).

Y este, también en la Iglesia, es el camino que emprenden a menudo los que no tienen paciencia, los que no esperan con humildad a que se revele el misterio, porque, como se lee en la Exhortación Apostólica, no soportan que «Dios nos supera infinitamente, siempre es una sorpresa y no somos nosotros los que decidimos en qué circunstancia histórica encontrarlo, ya que no depende de nosotros determinar el tiempo y el lugar del encuentro» (41).

La Exhortación Apostólica advierte que un espíritu gnóstico puede insinuarse también en la actualidad en la vida de la Iglesia cada vez que se quiere prescindir de los hechos concretos y gratuitos con los que opera la gracia, y se toma la vía de la abstracción, que procede «desencarnando el misterio».

Por ejemplo, sucede cuando prevalece la pretensión de reducir la pertenencia eclesial a «una serie de razonamientos y conocimientos» que hay que dominar (36), o a la «capacidad de comprender la profundidad de determinadas doctrinas» (37).

Y, si el cristianismo es reducido a una serie de mensajes, de ideas, aunque fueran la idea de Cristo o la idea de la gracia, prescindiendo de su acción real, entonces, inevitablemente la misión de la Iglesia se reduce a una propaganda, a un mercadeo, es decir a la búsqueda de métodos para difundir esas ideas y convencer a los demás para que las sostengan.

La Exhortación Apostólica señala también otras huellas de la mentalidad gnóstica que pueden encontrarse incluso en círculos eclesiales, como el elitismo de quienes se sienten superiores a las multitudes de bautizados, o el desprecio por los imperfectos, por los que caen, por los que los antiguos gnósticos habrían llamado “los carnales”.

Como sea, frente a estos fenómenos de auto-repliegue eclesial, la Exhortación Apostólica no llama a batallas culturales en contra de neognósticos y neopelagianos. El Papa reza para que sea el Señor mismo quien libre a la Iglesia de las nuevas formas de gnosticismo y de pelagianismo que pueden frenar el camino de tantos «hacia la santidad» (62).

El documento entero pretende, no estigmatizar las nuevas formas de pelagianismo o de gnosticismo, sino solamente invitar a todos a buscar cada día el rostro de los santos desperdigados entre el pueblo de Dios, y a reconocerlos como signo real y eficaz de la presencia de la misericordia de Cristo.

http://www.lastampa.it/2018/04/09/vaticaninsider/es/vaticano/pelagianismo-y-gnosticismo-esos-sutiles-enemigos-de-la-santidad-WOMT15IB7xjqaG1jt9uBxI/pagina.html


Anunciación del Señor. Solemnidad

abril 9, 2018

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maria

He aquí la esclava del Señor: Hágase en mí, de mí…


NOTA:

El 25 de marzo se celebra la Anunciación del Señor: Solemnidad de la Encarnación del Señor y de la Anunciación de la Virgen.

Pero este año, esa fecha coincidió con el Domingo de Ramos, y no se pudo celebrar. Después se continuó con la Semana Santa y la Octava de Pascua que también impedían la celebración. Por fin, hoy día, 9 de abril, lunes de la segunda segunda semana de Pascua la Iglesia celebra la Anunciación del Señor. 

Hoy se suelen organizar vigilias o jornadas de Oración por la Vida, la Familia, la Paz. A continuación los textos propios de la Solemnidad. 

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Antífona de entrada: Hb 10, 5. 7

Cuando el Señor entró en el mundo dijo: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.


Oración colecta

Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 7, 10-14;8,10

En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»

Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.»

Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»


SALMO 39,7-8a.8b-9.10.11

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.»

«Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.

No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea.


SEGUNDA LECTURA: Hebreos 10, 4-10

Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.”»

Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.»

Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 1, 14ab

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria.


EVANGELIO: Lucas 1, 26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.


Antífona de comunión: Is 7, 14

Mirad: la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Dios-con-nosotros.


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25 de Marzo
La Anunciación del Señor

La Anunciación del Plan Salvífico y Encarnación del Verbo en la Virgen María: Comienzo de la salvación.

La Anunciación del Plan Salvífico de Dios Trinidad y Encarnación del Verbo en el seno de la Virgen María: Comienzo de la salvación

https://www.facebook.com/unidosenelamoraJesus/videos/vb.201605493221421/1228348193880474/?type=2&theater.

EL MISTERIO DE NUESTRA RECONCILIACIÓN
De las cartas de san León Magno, papa

La majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invul­nerable se une a la naturaleza pasible; de este modo, como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, pudo ser a la vez mortal e inmortal, por la conjunción en él de esta doble condición.

El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza huma­na, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y, al decir nuestra esencia humana, nos referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla.

Esta naturaleza nuestra quedó viciada cuando el hombre ­se dejó engañar por el maligno, pero ningún vestigio de este vicio original hallamos en la naturaleza asumida por el Salvador. Él, en efecto, aunque hizo suya nuestra misma debilidad, no por esto se hizo partícipe de nues­tros pecados.

Tomó la condición de esclavo, pero libre de la sordidez del pecado, ennobleciendo nuestra humanidad sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo –por el cual, él, que era invisible, se hizo visible, y él, que es el Creador y Señor de todas las cosas, quiso ser uno más entre los mortales– fue una dignación de su misericor­dia, no una falta de poder. Por tanto, el mismo que, perman­eciendo en su condición divina, hizo al hombre es el mismo que se hace él mismo hombre, tomando la condición ­de esclavo.

Y, así, el Hijo de Dios hace su entrada en la bajeza de este mundo, bajando desde el trono celestial, sin dejar la gloria que tiene junto al Padre, siendo engendrado en un nuevo orden de cosas.

En un nuevo orden de cosas, porque el que era invisible por su naturaleza se hace visible en la nuestra, el que era inaccesible a nuestra mente quiso hacerse accesible el que existía antes del tiempo empezó a existir en el tiempo, el Señor de todo el universo, velando la inmensidad de su majestad, asume la condición de esclavo, el Dios impasible e inmortal se digna hacerse hombre pasible y sujeto a las leyes de la muerte.

El mismo que es Dios verdadero es también hombre verdadero, y en él, con toda verdad, se unen la pequeñez del hombre y la grandeza de Dios.

Ni Dios sufre cambio alguno con esta dignación de su piedad, ni el hombre queda destruido al ser elevado a esta dignidad. Cada una de las dos naturalezas realiza sus actos propios en comunión con la otra, a saber, la Palabra realiza lo que es propio de la Palabra, y la carne lo que es propio de la carne.

En cuanto que es la Palabra, brilla por sus milagros; en cuanto que es carne, sucumbe a las injurias. Y así cómo la Palabra retiene su gloria igual al Padre, así también su carne conserva la naturaleza propia de nuestra raza.

La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de Dios y verdaderamente hijo del hombre. Es Dios, porque en el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios; es hombre, porque la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.


Maná y Vivencias Pascuales (9), 9.4.18

abril 9, 2018

Lunes de la 2ª semana de Pascua

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Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

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TEMA CENTRAL: El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre, aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo.


ANTÍFONA DE ENTRADA: Romanos 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.


PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 23-31

En aquellos días, puestos en libertad, Pedro y Juan volvieron al grupo de los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los Jefes de los sacerdotes y los Ancianos.

Cuando lo oyeron, todos a una voz oraron a Dios diciendo: “Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. Tú por el Espíritu Santo pusiste en boca de David, tu siervo, estas palabras: ¿Por qué se agitan las naciones y los pueblos traman planes vanos? Los reyes de la tierra se reúnen y los jefes se unen en alianza contra el Señor y contra su Mesías.

Porque verdaderamente en esta ciudad se unieron Herodes y Poncio Pilato con las naciones y la muchedumbre de Israel contra Jesús, tu santo siervo, a quien ungiste; realizando así lo que en tu poder y sabiduría habías dispuesto en tus planes.

Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos anunciar tu palabra con toda valentía. Manifiesta tu poder, realizando curaciones, señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús”.

Cuando terminaron su oración tembló el lugar donde estaban reunidos y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar con valentía la palabra de Dios.

SALMO 2, 1-3. 4-6. 7-9

¿Para qué meten ruido las naciones, y los pueblos se quejan sin motivo? Se levantan los reyes de la tierra, y sus jefes conspiran en contra del Señor y su elegido. ¡Vamos, rompamos sus cadenas y su yugo quebremos!

Aquel que es rey del cielo sonríe, mi Dios se burla de ellos. Luego les habla con enojo, y los asusta con su rabia: “Ya tengo consagrado yo a mi rey en Sión, mi monte santo”.

Anunciaré el decreto del Señor pues él me ha dicho: “Tú eres hijo mío; hoy te he dado a la vida. Pídeme y serán tu herencia las naciones, tu propiedad los confines de la tierra. Las podrás aplastar con vara de hierro y romperlas como cántaro de greda”.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Colosenses 3, 1

Así pues, si han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha de Dios; piensen en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Aleluya.

Nota: A partir de hoy, durante todo el tiempo pascual, se proclamará el evangelio de san Juan. Todos los días, exceptuando algunos evangelios de los domingos. A los interesados me atrevería a recomendarles el comentario del P. Secundino Castro Sánchez, ocd., profesor de la Universidad Pontificia Comillas: Evangelio de Juan. DDB, 2008.

EVANGELIO: Juan 3, 1-8

Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Éste fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Rabbí, nosotros sabemos que has venido de parte de Dios como Maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él”.

Jesús le contestó: “En verdad te digo, nadie puede ver el reino Dios si no nace de nuevo, de arriba”. Nicodemo le dijo: “¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre para nacer de nuevo?”

Jesús le contestó: “En verdad te digo; el que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu.

No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo, de arriba. El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así le sucede al que ha nacido del Espíritu”.


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ESTIMADO HERMANO, APRECIADA HERMANA,

tómate un tiempo hoy para orar el mensaje precedente: Hay que nacer de nuevo. En efecto, gracias al bautismo hemos nacido de arriba: Desde entonces somos una nueva criatura en Cristo.

El Padre nos ha recreado en Cristo, el nuevo Adán, por el poder del Espíritu creador y vivificador. Somos, por tanto, una creación nueva en Cristo, para alabanza de su gloria. Nos ha hecho hijos suyos, nos ha marcado en la frente; ya no podemos pecar.

Somos nación santa, pueblo de su propiedad, pueblo sacerdotal. Tenemos que ser sal de la tierra y luz del mundo. Nada más, pero tampoco nada menos que eso. Porque así lo dispuso Dios.

¿Qué podemos hacer para que se cumplan los planes de Dios manifestados en Cristo en los últimos tiempos?

Sencillamente creer en Cristo y dejar actuar a Dios en nosotros. Ofrecerle nuestro barro para que él lo moldee, entregarle nuestra vasija para que la rompa si es necesario y la haga nueva. Dejarnos empapar del agua viva como tierra reseca que recibe agradecida la lluvia del Espíritu.

¿Qué más?

Disponernos para ver las obras que Dios quiere realizar en nosotros, y bendecirlo por los prodigios que ha hecho, por los que hace y por lo que hará. El gozo en Dios y la alabanza a su gloria serán nuestra fortaleza. Vino nuevo, en odres nuevos. Debemos permanecer en la espera contemplativa de Dios para ver cómo el desierto se transforma en vergel.

¿No lo notáis? Mirad que hago nuevas todas las cosas.

Ven, Señor Jesús. Ven, Espíritu divino, padre amoroso del pobre; ven, en tus dones espléndido. Mira nuestra poquedad si tú nos dejas. Ven, dulce huésped del alma. Ven, y habita en nosotros. Amén. Aleluya.

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De los sermones de san Agustín, obispo
Cantemos al Señor el cántico del amor

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. Se nos ha exhortado a cantar al Señor un cántico nuevo. El hombre nuevo conoce el cántico nuevo. Cantar es expresión de alegría y, si nos fijamos más detenidamente, cantar es expresión de amor.

De modo que quien ha aprendido a amar la vida nueva sabe cantar el cántico nuevo. De modo que el cántico nuevo nos hace pensar en lo que es la vida nueva.

El hombre nuevo, el cántico nuevo, el Testamento nuevo: todo pertenece al mismo y único reino. Por esto, el hombre nuevo cantará el cántico nuevo, porque pertenece al Testamento nuevo.

Todo hombre ama; nadie hay que no ame; pero hay que preguntar qué es lo que ama. No se nos invita a no amar, sino a que elijamos lo que hemos de amar. ¿Pero, cómo vamos a elegir si no somos primero elegidos, y cómo vamos a amar si no nos aman primero?

Oíd al apóstol Juan: Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Trata de averiguar de dónde le viene al hombre poder amar a Dios, y no encuentras otra razón sino porque Dios le amó primero. Se entregó a sí mismo para que le amáramos y con ello nos dio la posibilidad y el motivo de amarle.

Escuchad al apóstol Pablo que nos habla con toda claridad de la raíz de nuestro amor: El amor de Dios, dice, ha sido derramado en nuestros corazones. Y, ¿de quién proviene este amor? ¿De nosotros tal vez? Ciertamente no proviene de nosotros. Pues ¿de quién? Del Espíritu Santo que se nos ha dado.

Por tanto, teniendo una gran confianza, amemos a Dios en virtud del mismo don que Dios nos ha dado. Oíd a Juan que dice más claramente aún: Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. No basta con decir: El amor es de Dios. ¿Quién de vosotros sería capaz de decir: Dios es amor? Y lo dijo quien sabía lo que se traía entre manos.

Dios se nos ofrece como objeto total y nos dice: “Amadme, y me poseeréis, porque no os será posible amarme si antes no me poseéis”.

¡Oh, hermanos e hijos, vosotros que sois brotes de la Iglesia universal, semilla santa del reino eterno, los regenerados y nacidos en Cristo! Oídme: Cantad por mí al Señor un cántico nuevo. “Ya estamos cantando”, decís. Cantáis, sí cantáis. Ya os oigo. Pero procurad que vuestra vida no dé testimonio contra lo que vuestra lengua canta.

Cantad con vuestra voz, cantad con vuestro corazón, cantad con vuestra boca, cantad con vuestras costumbres: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Preguntáis qué es lo que vais a cantar de aquel a quién amáis? Porque sin duda queréis cantar en honor de aquel a quien amáis; preguntáis qué alabanzas vais a cantar de él. Ya lo habéis oído: Cantad al Señor un cántico nuevo.

¿Preguntáis qué alabanzas debéis cantar? Resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. La alabanza del canto reside en el mismo cantor.

¿Queréis rendir alabanzas a Dios? Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Vosotros mismos seréis su alabanza, si vivís santamente.

(Sermón 34, 1-3, 5-6: CCL 41, 424-426)


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