Estos son los personajes católicos que marcaron el 2017

diciembre 28, 2017

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Estos son los personajes católicos que marcaron el 2017 (ACI Prensa).

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Estos son los personajes católicos que marcaron el 2017

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REDACCIÓN CENTRAL, 28 Dic. 17 / 01:10 pm (ACI).- El año 2017 llega a su fin y por tal motivo ACI Prensa ha preparado un especial con los personajes católicos que marcaron el año gracias a su importante testimonio de vida cristiana.

1. P. Tom Uzhunnalil

El 12 de septiembre fue liberado el sacerdote salesiano P. Tom Uzhunnalil, secuestrado el 4 de marzo de 2016 por terroristas de Estado Islámico en Yemen.

A los pocos días fue recibido por el Papa Francisco en el Vaticano, quien le dijo: “He rezado todos los días por usted, ofreciendo los sufrimientos por su misión y por el bien de la Iglesia”.

2. P. Jürgen Daum

Este año falleció a los 57 años el P. Jürgen Daum Vetter, sacerdote fundador de “La Opción V”, un reconocido proyecto con el que se dedicó a promover la castidad entre los jóvenes.

Murió el 17 de mayo tras una dura lucha contra el cáncer. En su agonía, el P. Jürgen escribió unas sencillas palabras en la pizarra que usaba para comunicarse: “Perdónense. Ámense. Gracias por todo. Dios sea bendito”. Sus amigos y hermanos de comunidad ahora las atesoran como el último mensaje que quiso dejar.

3. Agustín Laje

El politólogo argentino Agustín Laje es el coautor del bestseller de Amazon “El Libro Negro de la Nueva Izquierda”, que desmiente los principales postulados de la ideología de género, como que la identidad sexual de la persona es una construcción social y que, por ejemplo, un hombre que se cree mujer debe ser considerado como tal por el resto de la sociedad.

En el mes de diciembre, en Panamá, cerró su intensa gira 2017 que constó de aproximadamente 150 charlas en más de 10 países con un aproximado de 100 mil espectadores.

4. Dr. John Bruchalski

Este médico estadounidense recibió el 27 de mayo el máximo galardón en defensa de la vida de la Federación One of Us en una ceremonia realizada en Budapest (Hungría).

John Bruchalski es un ex abortista converso al catolicismo que dirige actualmente uno de los centros médicos provida más importantes de Estados Unidos.

5. Eduardo Verástegui

Este año el nombre de Eduardo Verástegui estuvo en boca de todos luego de que medios de comunicación mexicanos anunciaran en noviembre que el actor y productor católico podría ser un candidato de peso en las elecciones presidenciales del 2018.

La especulación nació de las declaraciones del presidente del Partido Encuentro Social (PES), Hugo Eric Flores, quien dijo que se encuentra en “conversaciones” con Verástegui para un puesto “importante” en su lista de candidatos.

6. Hna. María Guadalupe Rodrigo

En un conmovedor video la hermana María Guadalupe Rodrigo se despidió, con lágrimas en los ojos, de la ciudad de Alepo (Siria), luego de permanecer seis años acompañando la tarea pastoral encomendada a sacerdotes y religiosas del Instituto del Verbo Encarnado (IVE).

La religiosa argentina estuvo 18 años en Medio Oriente. Primero en Tierra Santa, luego en Egipto y desde enero de 2011 en Siria, donde le dieron la posibilidad de irse cuando estalló la guerra, pero que rechazó para quedarse con las víctimas.

7. Joaquín Navarro-Valls

El miércoles 5 de julio falleció a los 80 años el español Joaquín Navarro-Valls, quien fuera durante más de 20 años Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede.

Navarro-Valls sirvió en este cargo entre 1984 y 2006. En total, trabajó 22 años durante el Pontificado de San Juan Pablo II y 15 meses en el de Benedicto XVI. Lo sucedió el sacerdote jesuita P. Federico Lombardi.

8. Obianuju Ekeocha

El trabajo de la fundadora y presidenta de Culture of Life Africa se popularizó en varios países luego de que se viralizara un video en el que con valentía denunció la colonización ideológica pro aborto en África.

El video fue grabado originalmente durante la conferencia “Mejores prácticas para el cuidado de la salud materna”, organizada el 17 de marzo de 2016 por la Misión de la Santa Sede ante las Naciones Unidas.

9. Ignacio Echevarría

Ignacio Echeverría es el abogado católico español de 39 años que murió acuchillado por terroristas musulmanes el sábado 3 de junio, al intentar proteger a una joven durante el ataque perpetrado en Londres y que dejó siete personas muertas.

Ignacio iba en bicicleta por el Puente de Londres, tras patinar en el Borough Market con unos amigos y, alrededor de las 10:00 p.m. se enfrentó con tres atacantes golpeándolos con su patineta para defender a la mujer que hirieron los terroristas. En el enfrentamiento los atacantes lo acuchillaron, causándole la muerte.

10. Jim Caviezel

Jim Caviezel, el actor que interpretó a Jesús en “La Pasión de Cristo”, el famoso filme producido y dirigido por Mel Gibson, habló de la posibilidad de volver a encarnar al Hijo de Dios en la anunciada secuela que girará sobre la resurrección.

“Quiero trabajar con Gibson de nuevo. Esta vez será una película sobre la resurrección. Si ‘La Pasión de Cristo’ inspiró a tanta gente a hacer el bien, ¿por qué no lo intentamos de nuevo? Siento que hay un propósito en mi vida otra vez”, dijo el actor en una entrevista realizada en Polonia por el periodista y crítico de cine Lukasz Adamski.

 


El maná de cada día, 28.12.17

diciembre 28, 2017

Los Santos Inocentes

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santos inocentes 1

Quienes ofrecen su dolor son corredentores con Cristo



Antífona de entrada

Los niños inocentes murieron por Cristo, son el cortejo del Cordero sin mancha, a quien alaban diciendo: Gloria a ti, Señor.


Oración colecta

Los mártires Inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor, no de palabra, sino con su muerte; concédenos, por su intercesión, testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 1 Juan 1, 5–2,2

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras.

Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.


SALMO 123, 2-3.4-5.7b-8

Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.

La trampa se rompió, y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

ALELUYA

A ti, oh Dios te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos. A ti te ensalza el blanco ejército de los mártires.


EVANGELIO: Mateo 2, 13-18

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»

José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos.

Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.»


Antífona de comunión: Apocalipsis 14, 4

Ellos son los rescatados como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero; ellos son el cortejo del Cordero adondequiera que vaya.

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EL MARTIRIO NECESARIO DE LOS SANTOS INOCENTES

Herodes rechazó la visita de Dios

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Vino a los suyos, a su propia casa

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La Navidad junto con la Pascua constituye el centro de nuestra fe. La Navidad, el comienzo; y la Pascua, la culminación.

En la Navidad, la Iglesia rebosa de gozo y admiración ante la manifestación plena de los designios divinos, guardados en la intimidad de la familia divina durante toda la eternidad. Es un acontecimiento que sobrecoge totalmente a la criatura, al sentirse y verse anegada por el Amor de Dios.

El Creador se desposa con la criatura. Dios se hace hombre para que éste llegue a ser Dios. Se trata de un “admirable intercambio”, algo totalmente impensable para la mente del hombre.

Por eso la Iglesia exulta de gozo, canta y danza para su Señor: como una novia se viste de fiesta y se adorna con sus joyas. Y celebra este desposorio en “el día que hizo el Señor”, prolongado por el espacio de una octava. ¡Qué menos! También la Pascua tiene su octava.

La Navidad permite al creyente renovar su amor al Señor desde lo más profundo de su ser. La contemplación de la pequeñez del Niño de Belén y la ternura de María y de José no pueden menos de avivar las ascuas del primer amor en cada creyente. Dios mismo por su Palabra invita a la Iglesia entera a despojarse del velo de tristeza y a vestirse de fiesta.

Todos los hombres y la creación entera deben saltar de júbilo y felicidad ante la maravillosa aparición del amor de Dios: algo que ni ojo vio, ni oído escuchó ni pudo imaginar jamás mente humana. Por si hacía falta, el Padre Dios acredita a su Hijo de manera inapelable: Y se oye la voz del Padre que grita: “Tratadlo bien; escuchadle, es el Maestro, mi hijo querido es”.

Adviento, desear a Dios

Muchos lo recibieron con alegría: Comenzando por su madre la Virgen María, y san José; y siguiendo por Isabel, los ángeles, los pastores, los sabios de Oriente, el anciano Simeón y la profetisa Ana en el templo.

Y una multitud de creyentes de todos los tiempos hasta nuestros días. Algunos dando la vida por él, como los Niños Inocentes, o como testigos suyos hasta derramar su sangre como san Esteban protomártir, y tantos y tantos, hasta hoy.

Pero otros, tristemente, rechazaron la visita de Dios y su amistad, comenzando por Herodes y siguiendo por otros contemporáneos suyos hasta llegar a nuestros días. Según el evangelio de Juan, La Palabra de Dios, que era la Vida de los hombres, vino a su propia casa, pues todo fue pensado en ella y por ella realizado.

El Creador visitó a su criatura, pero ésta “no lo reconoció” como su Hacedor. Incomprensiblemente el hombre no se dejó seducir por la ternura y la debilidad de Dios, no se admiró de su humildad, se resistió, y, finalmente no adoró a su Señor. Hasta intentó matarlo. Y al no alcanzarlo, se ensañó con sus testigos. He ahí la cara trágica de la Navidad, que también se prolonga hasta nuestros días.

Dios en la persona del Verbo vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. ¿Por qué?

Por las sinrazones del libre albedrío del hombre: porque rehuyeron que sus vidas fueran iluminadas por La Luz; porque temían que sus obras malas fueran reprobadas, al igual que sus mentiras y desnudez; porque estaban ocupados en sus cosas; porque no querían cambiar y menos perder su poder y sus placeres; porque les dominó la pereza, la cobardía y se hicieron los desentendidos; porque tenían sus riquezas y creían no necesitar de Dios.

En fin, porque pensaron que Dios era su enemigo y temieron perder lo que tenían.

Cuando Herodes escuchó de los sabios de Oriente que había nacido “el rey de los judíos”, se sobresaltó, y toda Jerusalén con él. Tanto le perturbó la noticia que decidió matar al niño anunciado como rey. Pero al sentirse burlado por los sabios, se enfureció mucho y mandó matar a todos los niños de Belén y alrededores que tuvieran menos de dos años.

He aquí cómo la Navidad, la noticia gozosa de la llegada de aquel que trae la Vida al mundo, se convierte en terrible noticia y trágica realidad cuando algunos hombres prefieren seguir en las tinieblas y se niegan a venir a la Luz. Los que no reconocen a su Señor prefieren vivir al margen de Dios menospreciando su invitación y entonces, no sólo se lastiman a sí mismos, sino que necesariamente dañarán también a los demás, aunque sólo en el cuerpo, por más que los masacren.

De esta manera, el Niño de Belén provoca contradictorias reacciones y actitudes entre los hombres. El anciano Simeón tomando al Niño en sus brazos dijo a María, su madre: “Mira, este niño va a ser motivo de que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón: así quedarán al descubierto las intenciones de todos” (Lc 2, 34-35).

Con esta actitud de rechazo el hombre se autocondena a vivir radicalmente desequilibrado, se daña a sí mismo en el núcleo de su ser: que es su condición de “religado” con Dios su Creador, condición “religiosa”. Consiguientemente, todo queda desordenado y violentado.

La increencia y el laicismo constituyen, objetivamente considerados, la mayor desgracia del hombre y su mayor empobrecimiento en el orden del ser: que se proyectará de manera negativa en el orden moral y en el orden afectivo y trascendental. Por el contrario, la mayor riqueza del hombre será conocer y adorar a Dios entrando en una relación gozosa con él, comenzada en el tiempo y prolongada en la eternidad.

Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, y su mayor dignidad y valía radican en la capacidad de relacionarse con Dios entrando a su misma familia. El hombre está llamado a ser hijo del Padre Dios, hermano de Cristo y templo del Espíritu Santo. No será más, pero tampoco menos que eso. Así lo determinó Dios porque sí, porque le pareció bien. No nos consultó. No obró buscando de manera egoísta su provecho. Él es amor. Decirle a Dios que se ha equivocado amándonos demasiado constituye nuestra mayor equivocación.

Por el contrario, agradecer ese designio santo es entrar en la vida para siempre. San Agustín lo reconoció agradecido: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta descansar en ti”. Lo confesó con humildad y alabó a Dios diciendo “tarde te amé, hermosura, tan antigua y tan nueva, tarde te amé”.

Si no os hacéis como niños…

La liturgia de la Madre Iglesia nos enseña que para llegar a la Navidad hay que pasar por el Adviento. Es decir, por un ejercicio del deseo de Dios. Toda persona en el fondo aspira a Dios y busca a Dios siempre, aunque a tientas.

Ante la increencia, nosotros deberíamos especializarnos en el arte del deseo, primero en nuestra propia casa y después ofreciendo nuestra experiencia al entorno laicista y ateo que nos envuelve.

Podríamos preguntarnos: ¿Qué buscan nuestros coetáneos cuando hacen turismo y viajan a veces de manera compulsiva, cuando juegan la lotería, luchan por el poder, vibran con el deporte y recurren con avidez a todo género de experiencias placenteras y gratificantes? Quizás han elegido mal el objeto de su satisfacción, buscando la felicidad allá donde no está.

Cuando uno observa cómo muchos hombres de nuestro tiempo, aparentemente al menos, se alejan de Dios y no les interesa conocerlo y menos adorarlo, no puede quedar indiferente.

¿Quedará Dios indiferente ante este fenómeno del ateísmo y del laicismo? ¿Cómo verá Dios nuestro mundo, qué sentirá?

Quizás decepción infinita… pero a la vez compasión infinita, porque, de hecho, cada año, cada Navidad, vuelve a repetir su apuesta por el hombre, y sigue viniendo en debilidad e indefensión. Pongo ante ti, la vida y la muerte, elige la vida y vivirás. ¿Cuál es tu respuesta, cuál está siendo? “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, recuerda san Agustín.

Es tu oportunidad. Aprovéchala y compra tu felicidad de una vez por todas. ¡Sería tu mejor Navidad, la que no pasa!

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