Confesiones de san Agustín. I. 5.5; 5.6

diciembre 1, 2017

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¿Que soy yo para ti, Dios mío? ¿Qué eres tú para mí…?

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¿Qué soy yo para ti, Dios mío? ¿Qué eres tú para mí?  (Conf. Libro I, 5.5; 5.C6)

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5. ¿Quién me dará descansar en ti? ¿Quién me dará que vengas a mi corazón y le embriagues, para que olvide mis maldades y me abrace contigo, único bien mío? ¿Qué es lo que eres para mí? Apiádate de mí para que te lo pueda decir.

¿Y qué soy yo para ti para que me mandes que te ame y si no lo hago te aíres contra mí y me amenaces con ingentes miserias?14  ¿Acaso es ya pequeña la misma de no amarte? ¡Ay de mí! Dime por tus misericordias, Señor y Dios mío, qué eres para mí. Di a mi alma: «Yo soy tu salud»15. Dilo de forma que yo lo oiga.

Los oídos de mi corazón están ante ti, Señor; ábrelos y di a mi alma: «Yo soy tu salud». Que yo corra tras esta voz y te dé alcance. No quieras esconderme tu rostro. Muera yo para que no muera y pueda así verle16.

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6. Angosta es la casa de mi alma para que vengas a ella: sea ensanchada por ti. Ruinosa está: repárala. Hay en ella cosas que ofenden tus ojos: lo confieso y lo sé; pero ¿quién la limpiará o a quién otro clamaré fuera de ti: De los pecados ocultos líbrame, Señor, y de los ajenos perdona a tu siervo?17

Creo, por eso hablo18. Tú lo sabes, Señor. ¿Acaso no he confesado ante ti mis delitos contra mí, ¡oh Dios mío!, y tú has remitido la impiedad de mi corazón?19 No quiero contender en juicio contigo, que eres la verdad, y no quiero engañarme a mí mismo, para que no se engañe a sí misma mi iniquidad20.

No quiero contender en juicio contigo, porque si miras a las iniquidades, Señor, ¿quién, Señor, subsistirá?21

http://www.augustinus.it/spagnolo/confessioni/index.htm


El maná de cada día, 1.12.17

diciembre 1, 2017

Viernes de la 34ª semana del Tiempo Ordinario

Tercer día de la novena a la Inmaculada Concepción
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Cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.



PRIMERA LECTURA: Daniel 7, 2-14

Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: los cuatro vientos del cielo agitaban el océano. Cuatro fieras gigantescas salieron del mar, las cuatro distintas.

La primera era como un león con alas de águila; mientras yo miraba, le arrancaron las alas, la alzaron del suelo, la pusieron de pie como un hombre y le dieron mente humana.

La segunda era como un oso medio erguido, con tres costillas en la boca, entre los dientes. Le dijeron: «¡Arriba! Come carne en abundancia.»

Después vi otra fiera como un leopardo, con cuatro alas de ave en el lomo y cuatro cabezas. Y le dieron el poder.

Después tuve otra visión nocturna: una cuarta fiera, terrible, espantosa, fortísima; tenía grandes dientes de hierro, con los que comía y descuartizaba, y las sobras las pateaba con las pezuñas. Era diversa de las fieras anteriores, porque tenía diez cuernos.

Miré atentamente los cuernos y vi que entre ellos salía otro cuerno pequeño; para hacerle sitio, arrancaron tres de los cuernos precedentes. Aquel cuerno tenía ojos humanos y una boca que profería insolencias.

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes.

Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Yo seguía mirando, atraído por las insolencias que profería aquel cuerno; hasta que mataron a la fiera, la descuartizaron y la echaron al fuego. A las otras fieras les quitaron el poder, dejándolas vivas una temporada.

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.


SALMO: Dn 3, 75.76.77.78.79.80.81

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor.

Cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor.

Mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor.

Aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 21, 28

Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.



EVANGELIO: Lucas 21, 29-33

En aquel tiempo, expuso Jesús una parábola a sus discípulos:

«Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que el verano está cerca. Pues, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

Os aseguro que antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.»
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PENSAMIENTO LIBRE

Papa Francisco en Casa Santa Marta
Viernes 29 de noviembre de 2013

Una invitación a «pensar en cristiano», porque «un cristiano no piensa sólo con la cabeza, piensa también con el corazón y con el espíritu que tiene dentro», dirigió el Papa Francisco el viernes 29 de noviembre. Una invitación especialmente actual en un contexto social donde —destacó el Pontífice— se insinúa cada vez más «un pensamiento débil, un pensamiento uniforme, un pensamiento pret-à-porter».

El Papa centró su reflexión en el pasaje evangélico de Lucas (21, 29-33) propuesto durante la liturgia, donde el Señor «con ejemplos sencillos enseña a los discípulos a comprender lo que sucede». En este caso, Jesús invita a observar «la planta de higo y todos los árboles», porque cuando brotan se comprende que el verano está cerca.

En otros contextos el Señor usa ejemplos análogos para reprender a los fariseos que no quieren comprender «los signos de los tiempos»; quienes no ven «el paso de Dios en la historia», en la historia del pueblo de Israel, en la historia del corazón del hombre, «en la historia de la humanidad».

La enseñanza, según el Santo Padre, es que «Jesús con palabras sencillas alienta a pensar para comprender». Y es una invitación a pensar «no sólo con la cabeza», sino también «con el corazón, con el espíritu», con todo nosotros mismos. Es esto, precisamente, “pensar en cristiano”, para poder «comprender los signos de los tiempos». Y a quienes no comprenden, como sucede en el caso de los discípulos de Emaús, Cristo les define «necios y tardos de corazón».

Porque —explicó— quien «no comprende las cosas de Dios es una persona así», necia y dura de entendimiento, mientras que «el Señor quiere que comprendamos lo que sucede en nuestro corazón, en nuestra vida, en el mundo, en la historia»; y entendamos «el significado de lo que sucede ahora». En efecto, en las respuestas a estas preguntas es donde podemos individuar «los signos de los tiempos».

Sin embargo, no siempre las cosas suceden así. Hay un enemigo al acecho. Es «el espíritu del mundo», que —recordó el Papa— «nos hace otras propuestas». Porque «no nos quiere como pueblo, nos quiere masa. Sin pensamiento y sin libertad». El espíritu del mundo, en esencia, nos empuja a lo largo de «un camino de uniformidad, pero sin ese espíritu que forma el cuerpo de un pueblo», tratándonos «como si no tuviésemos la capacidad de pensar, como personas sin libertad».

Al respecto el Papa Francisco clarificó expresamente los mecanismos de persuasión oculta: existe un determinado modo de pensar que debe ser impuesto, «se hace publicidad de este pensamiento» y «se debe pensar» de ese modo. Es «el pensamiento uniforme, el pensamiento homogéneo, el pensamiento débil»; lamentablemente, un pensamiento «muy difundido», comentó el Obispo de Roma.

En la práctica «el espíritu del mundo no quiere que nos preguntemos delante de Dios: ¿por qué sucede ésto?». Y para distraernos de las preguntas esenciales, «nos propone un pensamiento pret-à-porter, según nuestros gustos: yo pienso como me gusta». Este modo de pensar «es correcto» para el espíritu del mundo; mientras que lo que él «no quiere es lo que nos pide Jesús: el pensamiento libre, el pensamiento de un hombre y de una mujer que son parte del pueblo de Dios». Por lo demás, «la salvación ha sido precisamente ésta: hacernos pueblo, pueblo de Dios. Tener libertad». Porque «Jesús nos pide que pensemos libremente, pensar para comprender lo que sucede».

Cierto, advirtió el Papa Francisco, «solos no podemos» hacer todo: «necesitamos la ayuda del Señor, necesitamos al Espíritu Santo para comprender los signos de los tiempos». En efecto, es precisamente el Espíritu quien nos dona «la inteligencia para comprender». Se trata de un regalo personal realizado a cada hombre, gracias al cual «yo debo comprender por qué me sucede esto a mí» y «cuál es el camino que el Señor quiere» para mi vida.

De aquí la exhortación conclusiva a «pedir al Señor Jesús la gracia que nos envíe su espíritu de inteligencia», para que «no tengamos un pensamiento débil, un pensamiento uniforme, un pensamiento según nuestros gustos», para tener, en cambio, «sólo un pensamiento según Dios». Y «con este pensamiento —de mente, de corazón y de alma— que es don del Espíritu», buscar comprender «qué significan las cosas, comprender bien los signos de los tiempos».

http://www.vatican.va

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NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

milagrosa

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DÍA TERCERO

La Anunciación


Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” (Lc 1,38)

Oración

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Reflexión

Los teólogos sostienen que seguramente María sería una adolescente cuando el Ángel Gabriel le transmitió el anuncio de salvación de parte de Dios. Ese día, Dios reveló a María su vocación y el papel que jugaría en la salvación del mundo. Le reveló que él tenía un Hijo que vendría al mundo para salvar a todos los hombres del pecado, la muerte y el dominio de Satanás.

Dios le pidió a María, la nueva Eva, que fuera la madre virgen de su Hijo eterno. Su plan dependía del “Sí” de María. Dios quería abrir las compuertas de la misericordia a la humanidad a través del consentimiento de María para ser la Madre virgen de Dios hecho hombre. Dios, que no necesita a nadie para hacer lo que se propone, quiso enviarnos a su Hijo a través del asentimiento de fe de María.

María ofició ante Dios de representante del Pueblo de Israel, y más aún, de todo el género humano. En ese momento, todo dependió de su fiat, de su hágase en mí según tu palabra. En el Concilio Vaticano II, la Iglesia enfatizó la idea de la participación activa de María en la redención del mundo. Los Padres conciliares recordaron las palabras de San Ireneo de Lyon, obispo del siglo II.

Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con El y bajo El, con la gracia de Dios omnipotente.

Con razón, pues, piensan los Santos Padres que María no fue un instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres. Como dice San Ireneo, “obedeciendo, se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano.” Por eso no pocos Padres antiguos afirman gustosamente con él en su predicación que “el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por la virgen María mediante su fe;” y comparándola con Eva, llaman a María «Madre de los vivientes,” afirmando aún con mayor frecuencia que “la muerte vino por Eva, la vida por María” (Lumen Gentium, 56).

A través del poder del Altísimo que la cubrió con su sombra, María abrazó a Cristo, primero con su mente por la fe, luego con su corazón por medio de la esperanza y la caridad, y finalmente con su cuerpo mediante el milagro que sólo Dios podía realizar. Ella consintió con todo su ser su maternidad virginal con la plena conciencia de que su hijo se llamaría Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1,21). Con su fiat, María nos dio a Jesús, por lo cual en los planes de Dios, es la humana causa de nuestra salvación. Todo lo bueno en nuestras vidas, lo debemos a María, la Causa de nuestra alegría.


Oración

Dios, Padre Todopoderoso, cuando María se entregó a tu Palabra, concibió a Cristo primero en su mente por la fe, después en su corazón por la esperanza y el amor, y finalmente en su cuerpo por obra de tu Espíritu Santo. Gracias a su deseo de ser la madre de tu Hijo, María abrió para todos los hombres las compuertas de tu amor misericordioso. Que ella ayude a todos los hombres a vivir en fe, esperanza y caridad, obedeciendo tu voluntad. Que ella nos recuerde siempre que lo que Tú quieres es dar la salvación a nuestros hermanos por medio de nuestra fe y buenas obras. Ayúdanos a aceptar plenamente nuestra responsabilidad en la lucha contra la cultura de la muerte y la promoción de la cultura de la vida en nuestra sociedad. Te lo pedimos por Cristo, Nuestro Señor. Amén.


V. Oh María, sin pecado concebida.
R. Ruega por nosotros que recurrimos a Ti.


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