Sarah pide silencio sagrado y actitud de adoración para renovar la liturgia tras ser «devastada»

octubre 23, 2017

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Silencio, Adoración y Formación: el trípode del nuevo movimiento litúrgico, según el cardenal Robert Sarah.

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Sarah pide silencio sagrado y actitud de adoración para renovar la liturgia tras ser «devastada»

Silencio, Adoración y Formación: el trípode del nuevo movimiento litúrgico, según el cardenal Robert Sarah.

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El próximo 7 de julio se cumplen diez años del motu proprio Summorum Pontificum, con el cual Benedicto XVI, tras aclarar definitivamente que el rito de la misa anterior a la reforma de 1969, “nunca se ha abrogado” (art. 1), liberalizó su uso para toda la Iglesia latina, regulando su uso como “forma extraordinaria” del rito romano.

El cardenal Robert Sarah, prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, es un decidido impulsor de la aplicación de Summorum Pontificum. Y también de su interpretación (más allá de su aplicación específica a la misa tradicional) como criterio general orientador de un nuevo movimiento litúrgico que, tanto en la forma extraordinaria como en la ordinaria, se fundamente en la centralidad de Cristo en el sacrificio del Altar y en la sacralidad de la liturgia.

En ese sentido se pronunció en una importante intervención (no presencial por razones de agenda) en los XVIII Encuentros Litúrgicos de Colonia que organizó el padre Guido Rodheudt del 29 de marzo al 1 de abril en Herzogenrath (al norte de Aquisgrán), donde es párroco de la iglesia de Santa Gertrudis.

En el mensaje enviado a estos Encuentros, el cardenal Sarah dejó algunas ideas clave que destacamos (ver al final el texto íntegro de la conferencia):

1. “En las parroquias donde el Motu proprio ha sido puesto en marcha, los párrocos testimonian de un mayor fervor entre los fieles y los sacerdotes… Se ha observado también una repercusión y una evolución espiritual positiva en la manera de vivir las celebraciones eucarísticas según la forma ordinaria, sobre todo el redescubrimiento de actitudes de adoración hacia el Santísimo Sacramento: arrodillarse, genuflexión y, también, un mayor recogimiento caracterizado por ese silencio sagrado que debe marcar los momentos importantes del Santo Sacrificio de la misa para permitir a los sacerdotes y a los fieles interiorizar el misterio de la fe que se está celebrando”.

2. “La liturgia debe reformarse siempre para ser más fiel a su esencia mística. Pero la mayor parte del tiempo esta ‘reforma’, que ha sustituido a la verdadera ‘restauración’ deseada por el Concilio Vaticano II, se ha realizado con un espíritu superficial y basándose en un único criterio: suprimir a toda costa una herencia que es percibida como totalmente negativa y superada, con el fin de abrir un abismo entre el antes y el después del Concilio”.

3. “El cardenal Joseph Ratzinger ha repetido incansablemente que la crisis que sacude a la Iglesia, cincuenta años después, sobre todo después del Vaticano II, está vinculada a la crisis de la liturgia y, por consiguiente, a la falta de respeto, a la desacralización y la eliminación de los elementos esenciales del culto divino“.

4. “No podemos cerrar los ojos ante el desastre, la devastación y el cisma que los promotores modernos de una liturgia viva han provocado al remodelar la liturgia de la Iglesia según sus propias ideas. Se han olvidado de que el acto litúrgico es no sólo una oración, sino también y sobre todo un misterio en el que se realiza, para nosotros, algo que nosotros no podemos comprender plenamente, pero que debemos aceptar y recibir con fe, amor, obediencia y un silencio adorante. Es éste el verdadero significado de la participación activa de los fieles. No se trata sólo de una actividad únicamente externa, de un repartir papeles o funciones dentro de la liturgia, sino más bien de una receptividad intensamente activa: la recepción es, en Cristo y con Cristo, la ofrenda humilde de sí mismo en la oración silenciosa y con una actitud plenamente contemplativa”.

5. “La grave crisis de fe, no sólo a nivel de los fieles cristianos, sino también y sobre todo de muchos sacerdotes y obispos, nos ha hecho incapaces de comprender la liturgia eucarística como un sacrificio, como el acto idéntico, llevado a cabo una vez por todas por Jesucristo, haciendo presente el Sacrificio de la Cruz de manera incruenta, en toda la Iglesia… A menudo tenemos la tendencia sacrílega a reducir la Santa Misa a una simple comida “comunitaria”, a la celebración de una fiesta profana y a una autocelebración de la comunidad”.

6. “La grave y profunda crisis que afecta a la liturgia y a la Iglesia desde el Concilio es debida al hecho de que su centro ya no es Dios y su adoración, sino los hombres y su pretendida capacidad de ‘hacer’ algo para estar ocupados durante las celebraciones eucarísticas“.

7. “Se reprocha a la Europa política el haber abandonado o negado sus raíces cristianas. Pero la primera que ha abandonado sus raíces y su pasado cristiano es, sin duda alguna la Iglesia católica post-conciliar“.

8. “No son de extrañar las devastaciones, las destrucciones y la guerra que vinieron a continuación y que persisten actualmente a nivel litúrgico, doctrinal y moral: la pretensión es que ninguna época como la nuestra ha sido capaz de comprender el ‘ideal evangélico’. Muchos se niegan a mirar a la cara la obra de autodestrucción que la propia Iglesia está llevando a cabo mediante la demolición planificada de sus fundamentos doctrinales, litúrgicos, morales y pastorales”.

9. “Lo más importante, ya sea que se celebre según la forma ordinaria o la extraordinaria, es proporcionar a los fieles lo que necesitan: la belleza de la liturgia, su sacralidad, el silencio, el recogimiento, la dimensión mística y la adoración. La liturgia tiene que ponernos cara a cara con Dios en una relación personal y de intensa intimidad. Debe favorecer que nos sumerjamos en la intimidad de la Santísima Trinidad”.

10. “Sin esta dimensión mística del silencio y sin un espíritu contemplativo, la liturgia seguirá siendo ocasión de rupturas causadas por el odio, de enfrentamientos ideológicos y de humillaciones públicas de los débiles por parte de quienes pretenden tener la autoridad, en lugar de ser el lugar de nuestra unidad y de nuestra comunión en el Señor”.

11. Me permito proponerles tres pistas que resumo en estas tres letras: SAF, es decir, Silencio-Adoración-Formación. Ante todo, el silencio sagrado, sin el cual no podemos encontrar a Dios.(…) Después, la adoración. (…) Por último, la formación litúrgica partiendo del anuncio de la fe o la catequesis, teniendo como referencia el Catecismo de la Iglesia Católica, lo que nos protege de posibles elucubraciones más o menos sabias de ciertos teólogos deseosos de ‘novedades'”.

12. “En este contexto global y en un espíritu de fe y de profunda comunión en obediencia a Cristo en la Cruz por lo que, humildemente, les pido aplicar con gran atención Summorum Pontificum; no como una medida negativa o retrógrada, que mira hacia el pasado, o como algo que construye muros y crea un gueto, sino como una contribución importante y verdadera para la vida litúrgica actual y futura de la Iglesia, así como para el movimiento litúrgico de nuestra época, por parte de un número cada vez mayor de personas, sobre todo jóvenes, que aportan tantas cosas verdaderas, buenas y hermosas”.

Sarah pide silencio sagrado y actitud de adoración para renovar la liturgia tras ser «devastada»

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El maná de cada día, 23.10.17

octubre 23, 2017

Lunes de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

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Guardaos de toda clase de codicia



PRIMERA LECTURA: Romanos 4, 20-25

Hermanos:
Ante la promesa de Dios Abrahán no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación.

Y no sólo por él está escrito: «Le valió», sino también por nosotros, a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.


SALMO: Lucas 1, 69-70.71-72.73-75

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.

Nos ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.


ALELUYA: Mt 5, 3

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.


EVANGELIO: Lucas 12, 13-21

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»

Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»

Y dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.»

Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.” Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.” Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?” Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»
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Del afán de poseer y de crearme necesidades, líbrame, Jesús

Nos creamos necesidades como consecuencia de frustraciones personales, que no logramos colmar. Nos agarramos a la aparente seguridad de tener cosas, esas que envidiamos a otros, sólo porque creemos compensar así tantas carencias interiores que no sabemos, o no queremos, llenar de Dios.

Acostumbrados como estamos a lo caduco y a lo material, sustituimos a Dios, a quien no podemos ver ni tocar, por esos otros sucedáneos, que nos dan un poco de comodidad y bienestar, aunque sepamos que se acabarán pronto.

Y, de la misma forma que, en el orden material, almacenamos y necesitamos cosas, así también creemos que, en el orden de lo espiritual, nuestra santidad está en proporción a nuestros méritos y esfuerzos.

Sólo en la medida en que vayas haciendo de Dios tu única y mayor necesidad, sabrás usar y calibrar las cosas y actividades del mundo con la libertad que pide tu vocación cristiana. Si no necesitas de Dios para vivir, es que aún no has encontrado la verdadera vida. Y, si lo que necesitas es vivir sin Dios, es que aún no has empezado a conocerle, aunque lleves, quizá, mucho tiempo cumpliendo con tu cristianismo ramplón.

El Verbo se hizo carne porque quería necesitar del Padre. En su corazón humano y divino abrazó la pobreza radical de nuestra condición, que, siendo tremendamente menesterosa y necesitante, no sabe colmar su carencia sino con la propia ambición de nuestro «yo». Cuánta libertad en ese corazón de Cristo, que sólo buscaba al Padre.

No quieras ambicionar lo que, un día, habrás de dejar aquí en la tierra. Ambiciona sólo ese amor de Dios, capaz de llenar y saciar los rincones más necesitados de tu alma. Dios no tiene necesidad de ti, pero quiere ser tu única posesión.

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