El cristiano no es vengativo porque en él triunfa siempre la misericordia, dice el Papa

octubre 10, 2017

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Jonás era un “testarudo” aunque más que eso, “era un rígido”, porque estaba “enfermo de rigidez” y tenía “el alma almidonada”

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El cristiano no es vengativo porque en él triunfa siempre la misericordia, dice el Papa

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 10 Oct. 17 / 05:16 am (ACI).- El Profeta Jonás fue el protagonista de la homilía del Papa Francisco en Santa Marta, donde el Pontífice aprovechó para denunciar a los rígidos de corazón y a los que se vengan cuando alguien les ha hecho mal.

Francisco recordó cómo Dios le pide convertir la ciudad de Nínive, pero la primera vez lo rechaza y la segunda acepta, aunque permanece “indignado”, “enfadado” por el perdón que Dios concede al pueblo.

Jonás era un “testarudo” aunque más que eso, “era un rígido”, porque estaba “enfermo de rigidez” y tenía “el alma almidonada”.

“Los testarudos del alma, los rígidos, no entienden lo que es la misericordia de Dios. Son como Jonás: ‘debemos predicar esto, que estos sean castigados porque han hecho mal y tienen que ir al infierno’. Los rígidos no saben alargar el corazón como el Señor”, señaló.

“Los rígidos son pusilánimes, con el pequeño corazón cerrado, apegados a la justicia desnuda. Y olvidan que la justicia de Dios se ha hecho carne en su Hijo, se ha hecho misericordia, se ha hecho perdón; que el corazón de Dios siempre está abierto al perdón”.

Y lo que olvidan los testarudos es que “la omnipotencia de Dios se hace ver, se manifiesta sobre todo en su misericordia y en el perdón”.

“No es fácil entender la misericordia de Dios, no es fácil. Se necesita mucha oración para entenderla porque es una gracia. Estamos acostumbrados al ‘me has hecho esto, yo te lo devuelvo’; a esa justicia de ‘lo has hecho, lo pagas’. Pero Jesús ha pagado por nosotros y continúa pagando”.

El Papa hizo notar que Dios había podido dejar a Jonás en su testarudez y su rigidez, sin embargo le habló y lo convenció. “Es el Dios de la paciencia, el Dios que da caricias, que sabe alargar los corazones”.

“Este es el mensaje de este libro profético”, aseguró. Es “un diálogo entre la profecía, la penitencia, la misericordia y la pusilanimidad o la testarudez”. Pero “siempre triunfa la misericordia de Dios, porque es su omnipotencia que se manifiesta justo en la misericordia”.

“Me permito aconsejarles que tomen la Biblia y lean este Libro de Jonás –es muy pequeño, son tres páginas– y miren cómo actúa el Señor, cómo es su misericordia, cómo el Señor transforma nuestros corazones”.

Lectura comentada por el Papa:

Primera lectura

Jonás 3:1-10
1 Por segunda vez fue dirigida la palabra de Yahveh a Jonás en estos términos:
2 «Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad y proclama el mensaje que yo te diga.»
3 Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra de Yahveh. Nínive era una ciudad grandísima, de un recorrido de tres días.
4 Jonás comenzó a adentrarse en la ciudad, e hizo un día de camino proclamando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.»
5 Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor al menor.
6 La palabra llegó hasta el rey de Nínive, que se levantó de su trono, se quitó su manto, se cubrió de sayal y se sentó en la ceniza.
7 Luego mandó pregonar y decir en Nínive: «Por mandato del rey y de sus grandes, que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben bocado ni pasten ni beban agua.
8 Que se cubran de sayal y clamen a Dios con fuerza; que cada uno se convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos.
9 ¡Quién sabe! Quizás vuelva Dios y se arrepienta, se vuelva del ardor de su cólera, y no perezcamos.»
10 Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta, y se arrepintió Dios del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo.

 


Murió de cáncer con 17 años y una sonrisa tras confiar a Dios su enfermedad: fue su «año más feliz»

octubre 10, 2017

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«Comprendí que Él solo quiere mi felicidad», dejó dicho Davide

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Murió de cáncer con 17 años y una sonrisa tras confiar a Dios su enfermedad: fue su «año más feliz»

Si yo soy feliz, ¿cómo es posible que tú no lo seas?, decía a los que le compadecían.

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Los ojos llenos de esperanza, la voz vibrante de entusiasmo, el corazón lleno de paz: Davide está lleno de luz, tiene una rara belleza. Tiene 17 años y nos cuenta con plácida urgencia su buena nueva: «He vivido el año más hermoso de mi vida, he encontrado la verdadera felicidad. Ahora no temo nada, ni siquiera la muerte, porque tengo siempre al Señor a mi lado».

Al poco tiempo de haber grabado su testimonio en vídeo, el 17 de junio de 2017, Davide subió al Padre tras sufrir indeciblemente por un tumor que le consumió en el arco de un año, ese año. A la mayoría de los que acudieron a su funeral les pareció una fiesta celestial y el sacerdote, en la homilía, lo saludó así: «Davide se entregó por la salvación eterna y la conversión de los jóvenes. Entregó su cuerpo, que se estaba deshaciendo, hasta el final, como un martirio libremente aceptado».

Pero, ¿quién es en realidad Davide?

El testimonio: los puros de corazón verán a Dios

«Soy Davide, un chico de Roma de 17 años»: así se presenta este joven que para hablar de sí mismo no utiliza adornos ni mediaciones, sino que llega a lo esencial como quien sabe que ha nacido para ser testigo. Por este motivo Davide nos habla inmediatamente de ese «Señor que ha venido a salvarme».

Un encuentro infantil, en edad pero sobre todo en el corazón, de una sencillez asombrosa y franca: «Cuando eres pequeño -cuenta- no comprendes por qué se te pide que hagas determinadas elecciones y, por consiguiente, la fe que tienes es una fe inmadura: así me pasó a mí. Al inicio de la adolescencia veía que mis amigos podían hacer muchas cosas que yo, como cristiano, no podía hacer y por esto me sentía limitado, como encerrado en una jaula.

»Pero el Señor vino a salvarme el verano que tenía 12 años. Ese año participé en un campamento de verano con la parroquia. Después de ese campamento me había inscrito en otro al que quería absolutamente ir por muchos motivos. El primero era porque sentía que mi ser cristiano me limitaba y por lo tanto, en este otro campamento, podría hacer lo que quisiera; había decidido que haría todo lo que pudiera».

Davide estaba decidido, pero confió esa decisión a un sacerdote de la parroquia que, libre del temor de no ser suficientemente moderno para este muchacho, con ímpetu le dijo la verdad: «¡No vayas! Confía en mí… aún no estás preparado para gestionar una situación de este tipo».

Davide no estaba en absoluto convencido de lo que el sacerdote le decía, pero éste, consciente de ello, insistió: «El Señor no te pide nunca que hagas un sacrificio sin devolverte cien veces más, verás que te recompensará abundantemente cada sacrificio que hagas».

Pero Davide estaba decidido: iría al campamento. Sin embargo, el padre no cede y le pide que haga una cosa: «Mañana coge la Biblia, reza y lee qué te dice el Señor sobre este hecho en particular de tu vida».

Davide, que aunque era muy joven era también muy serio, a la mañana siguiente abre el texto sagrado y del último capítulo del Libro de Judit lee: «Pasado ese tiempo, cada cual volvió a su casa. También Judit volvió a Betulia y se dedicó a administrar su hacienda. Mientras vivió, fue muy famosa en todo el país».

Al recordar estos episodios, basta mirar a los ojos de Davide para ver lo que realmente ocurrió en su alma en ese instante: «¡Me quedé atónito! ¡Eran las mismas idénticas palabras que me había dicho el sacerdote el día antes! Como Judit, tenía que permanecer en mi casa y, como Judit, por este motivo sería recompensado toda mi vida.

Fue una experiencia muy fuerte y la comprendí: el Señor existía verdaderamente y actuaba verdaderamente en mi vida. Y hablaba verdaderamente a mi vida en particular, a mí personalmente ¡ahora, en ese instante!».

La prueba: como esa noche en Getsemaní

«Hace aproximadamente un año», continúa Davide su testimonio, «recibí una mala noticia: tenía cáncer. Descubrir a la edad de 16 años que tienes cáncer es bastante duro, pero el Señor no me abandonó».

Un día el joven empezó a notar un entumecimiento en una pierna; pensó que era debido al exceso de deporte del último periodo. Sin embargo, el dolor aumenta cada vez más, por la noche no consigue dormir y los analgésicos no tienen casi efecto. «Me llamaron a casa desde el hospital para decirme que tenía que hacerme otra resonancia magnética: los médicos habían visto una especie de masa, creían que podía ser un hematoma, pero tenían que examinarla mejor».

Davide, junto a su familia, amigos y parroquianos empieza a rezar intensamente para que se trate sólo de un hematoma. No es así: el joven tiene un tumor. «Entonces, vale, encajas el golpe y sigues adelante. Y sigues rezando. Rezando siempre, porque sabes que el Señor está. Y entonces pides que el tumor sea benigno y no maligno».

Empiezan cadenas de oración, se ofrecen misas y penitencias. El diagnóstico médico es de los peores: osteosarcoma agresivo con un umbral de dolor máximo.

Pero el muchacho no cede: «Empiezo a rezar para que no haya metástasis, pero cuando recibo los resultados de la siguiente prueba descubro que tengo una metástasis en el pulmón».

A partir de ese momento el mal empieza a avanzar a gran velocidad: en un año lo consume entre dolores y sufrimientos indecibles. Junto a la infausta condena llega también la noche oscura: «Llego casi al punto de enfadarme con Dios -explica el joven-, y le pregunto: Pero, ¿por qué yo rezo por una cosa y Tú haces que suceda otra? ¿Por qué no me quieres ayudar? ¿Por qué me sucede precisamente a mí todo esto? ¿Qué sentido tiene rezar si después sucede exactamente lo contrario de lo que yo desearía que sucediera?”».

A pesar de las grandes dificultades, Davide sigue buscando el consuelo en la Iglesia y no cesa de pedir ayuda a distintos sacerdotes. Un día, uno de ellos lo desafía hasta el fondo: «Davide, confía tu enfermedad a Dios». El joven se niega categóricamente, en su corazón comprende de inmediato que esto significa aceptar la posibilidad de la muerte. Pero al mismo tiempo comprende que es también un desafío de amor: «No tengas miedo -me dice el sacerdote-, porque también Jesús tuvo miedo en Getsemaní: “Señor, si quieres, aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”».

La intercesión de la Madre celestial

«Una noche que estaba ingresado en el hospital para la quimioterapia no conseguía dormir. Mi corazón estaba turbado y sentí la necesidad de rezar. Entonces cogí el rosario que tenía junto a mí y empecé enseguida a sentir una emoción bellísima que me irradiaba el corazón, una emoción muy, muy fuerte.

Era una emoción concreta como puede ser la felicidad, la tristeza, el miedo, la rabia, pero era una emoción totalmente nueva, que no había sentido nunca antes, y era hermosísima: era como sentirse enamorado, en el séptimo cielo, pero más.

Empecé a llorar y no paré durante media hora mientras volvían a mi mente esas palabras: “Confía tu enfermedad a Dios”. E inmediatamente recordé otras palabras: si no consigues confiar la enfermedad reza para conseguirlo.

Comencé a rezar el rosario y, de nuevo, el Señor vino para sorprenderme porque, en cuanto acabé el rosario, cambié totalmente de idea y pasé de estar seguro de no querer confiar mi enfermedad a Dios, a estarlo de que era lo único que quería hacer.

Comprendí en un instante que todos mis proyectos, todas mis ganas de controlar mi vida, eran únicamente una manera de remar contracorriente: el Señor me estaba mostrando cómo mi vida no respondía a mi voluntad, sino a la Suya. Y me lo había mostrado desde el inicio de la enfermedad: yo quería un hematoma y fue un tumor, yo quería que fuera benigno y era maligno, etcétera. Mi vida no estaba en mis manos, mi vida estaba en las Suyas.

A partir de ese momento he vivido literalmente el año más bello de mi vida. Soy verdaderamente feliz y he dejado de temer a la muerte, porque he comprendido realmente que tengo un Dios que sólo quiere mi felicidad. Cualquier cosa, incluso la que pueda parecer más horrible, más fea, si es Su voluntad es la cosa más bella que puede sucedernos».

La Cruz es gloriosa

«El día del Via Crucis -cuenta Davide-, estábamos en casa mirando en directo desde el Coliseo el Via Crucis con el Papa. Cada vez que durante la función se recitaba un paso en el que Jesús caía bajo el peso de la Cruz, yo sentía unas fuertes punzadas de dolor hasta que, en el momento en que Jesús es crucificado y está muriendo, empecé a sentir un dolor muy, muy fuerte, realmente intenso, que desapareció en el momento en que Jesús muere».

El último periodo, sobre todo las últimas semanas, son terribles: el tumor ha cubierto todos los órganos vitales. El joven sufre  mucho, le cuesta respirar, no se queja nunca. Entrega todo su ser, derrama todo su dolor en la Cruz y ofrece su sacrificio cada instante a Dios Padre.

Entre dolores, poco antes de entrar en coma, tuvo algunos diálogos con el párroco que éste nos cuenta: «Cuidado, Davide, que el demonio volverá a crearte dudas sobre la existencia de Dios». Pero Davide replicaba seguro: «¡No sucederá!». «Cuidado, Davide, el demonio es sentimentalista… cuando entres en coma, que tu alma esté alerta… debes volver a ponerte de pie». La respuesta del joven, mientras boqueaba, se manifestó con una increíble sonrisa.

Davide nace en el Cielo el 17 de junio de 2017 y en su rostro parece estar grabada esa frase que repetía a quienquiera que encontrara: «Pero si yo soy feliz, ¿cómo es posible que tú no lo seas?».

Artículo de Costanza Signorelli en La Nuova Bussola Quotidiana.
Traducción de Helena Faccia Serrano.

https://www.religionenlibertad.com/murio-cancer-con-anos-una-sonrisa-tras-confiar-59828.htm


El maná de cada día, 10.10.17

octubre 10, 2017

Martes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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María ha escogido la mejor parte

María ha escogido la mejor parte

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PRIMERA LECTURA: Jonás 3,  1-10

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: «Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar allí el mensaje que te voy a indicar».

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla.

Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».

Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto:

«Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios, y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos».

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.


SALMO 129

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Desde el lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.

Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 11, 28

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.


EVANGELIO: Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Y Marta, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.»


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COMENTARIO

1. La Palabra sigue interpelando a Jonás y Dios no retira la primera finalidad de la vocación de Jonás: ser testigo de Dios en Nínive. A pesar de la infidelidad, Dios no se rinde. Sucede el episodio del mar embravecido y de la confesión de los marineros y Dios sigue llamando a Jonás. No desiste de su proyecto, de sus planes de salvación para Jonás y para Nínive.

2. Más todavía: Dios saca bien hasta del pecado de Jonás. Es admirable cómo todo concurre para el bien. La libertad del hombre y la actitud de rebeldía y de huida de Jonás son utilizadas por Dios para glorificarse en la evangelización de los gentiles que comparten la suerte de Jonás en el barco. Nada está perdido para Dios. Nada ni nadie puede contrarrestar la voluntad salvífica de Dios: él quiere que todos se salven. Al final, triunfa el Amor del Señor y su plan de salvación.

3. Mantengámonos en actitud de alabanza en todo momento. Nada está perdido. Es bueno, es justo y necesiario dar siempre gracias a Dios, por todo. Sólo él es el Señor. Todo va bien según sus planes. Amén.
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Dichosos los que pudieron hospedar al Señor
en su propia casa
San Agustín. Sermón 103

Marta y María eran dos hermanas, unidas no sólo por el parentesco, sino también por sus sentimientos de piedad; ambas estaban estrechamente unidas al Señor, y ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fervor. Marta lo hospedó, como se acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este caso, era una sirvienta que hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una criatura al Creador. Le dio hospedaje para alimentar corporalmente a aquel que le había de alimentar con su Espíritu.

Pero que nadie de nosotros diga: «Dichosos los que pudieron hospedar al Señor en su propia casa». No te sepa mal, no te quejes por haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

Marta, mientras disponía y preparaba la mesa del Señor, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; su hermana María prefirió ser alimentada por el Señor.

Abandonó en cierto modo a su hermana que se afanaba, ocupada en una multitud de servicios, se sentó a los pies del Señor, y escuchaba atenta su palabra.

Con oído fidelísimo había oído decir: Vacad, reconoced que yo soy Dios. Aquélla se turbaba, ésta se alimentaba; aquélla se afanaba en muchas cosas, ésta se concentraba en una sola.

Interpela Marta a su huésped y pone ante el juez la demanda de sus piadosas quejas: que su hermana la ha dejado sola con el servicio y no se ha dignado echarle una mano en el trabajo de la casa.

Como María, aunque presente, no responde, el Señor dicta la sentencia. ¿Y qué es lo que dice? Marta, Marta. La repetición del nombre es indicio de amor o también una invitación a prestar atención. De hecho, para que escuche con mayor atención, la llama dos veces. Marta, Marta, escucha: Tú te ocupas de tantas cosas, cuando basta con una, es decir, sólo una es necesaria, y es la que ha escogido María.

María ha escogido la parte mejor. La tuya no es mala, pero la suya es mejor. ¿Por qué es mejor? Porque no se la quitarán. Y esto es lo que ha elegido María: allí seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor, refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que los hará sentar a la mesa y pasará y les servirá.

¿Qué significa pasará y les servirá? Primero pasa y luego sirve. Pero ¿dónde? En aquel banquete celestial, del que dice: Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Allí es el Señor el que alimenta, pero antes pasa por aquí, pues como sabéis, Pascua significa tránsito.

Vino el Señor: hizo cosas divinas, padeció las humanas. Pasó. Pues así habla el evangelio, cuando Jesús celebró la Pascua con sus discípulos. ¿Qué es lo que dice el evangelio? Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre. Así pues, pasó él para alimentarnos; sigámosle nosotros para ser alimentados.

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HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO, EN SANTA MARTA, 6 de nov. 2015

(RV).- El Pontífice exhortó a no resistirse a la misericordia del Señor, creyendo más importantes los propios pensamientos o una lista de mandamientos que hay que observar.  

El profeta Jonás se resiste a la voluntad de Dios, pero al final aprende que debe obedecer al Señor. Francisco desarrolló su homilía partiendo de la Primera Lectura, tomada del Libro de Jonás y observó que la gran ciudad de Nínive se convierte, precisamente,  gracias a su predicación. 

“Verdaderamente hace el milagro, porque en este caso él ha dejado de lado su terquedad, ha obedecido a la voluntad de Dios y ha hecho lo que el Señor le había mandado”.

Nínive, por lo tanto, se convierte y ante esta conversión, Jonás, que es un hombre “no dócil al Espíritu de Dios, se enoja”: “Jonás  –dijo el Papa Bergoglio– experimentó gran dolor y fue desdeñado”. E, incluso, “reprocha al Señor”.

Si el corazón es duro, la misericordia de Dios no puede entrar

Por tanto, la historia de Jonás y Nínive –explicó Francisco– se articula en tres capítulos: el primero “es la resistencia a la misión que el Señor le encomienda”; el segundo “es la obediencia, y cuando se obedece se hacen milagros. La obediencia a la voluntad de Dios, y Nínive se convierte”.

En el tercer capítulo, “está la resistencia a la misericordia de Dios”: “Estas palabras, ‘Señor, ¿acaso no era esto lo que decía cuando yo estaba en mi país? Porque Tú eres un Dios misericordioso y piadoso’, y yo he hecho todo el trabajo de predicar, he hecho mi oficio bien hecho, ¿y Tú los perdonas?

Es el corazón con aquella dureza que no deja entrar la misericordia de Dios. Es más importante mi predicación, son más importantes mis pensamientos, es más importante todo ese elenco de mandamientos que debo observar, todo, todo, todo, que la misericordia de Dios”.

A Jesús no se lo entendía a causa de su misericordia

“Y este drama –recordó el Santo Padre Francisco– también Jesús lo ha vivido con los Doctores de la Ley, que no entendían por qué Él no dejó que lapidaran a aquella mujer adúltera, por qué Él iba a cenar con los publicanos y los pecadores: no entendían. No entendían la misericordia. ‘Tú eres misericordioso y piadoso’”.

El Salmo con el que hoy hemos rezado –añadió el Obispo de Roma– nos sugiere “esperar al Señor porque con el Señor está la misericordia, y grande es con Él la redención”.

No a los ministros de la rigidez, el Señor nos pide misericordia

“Donde está el Señor  –afirmó Francisco– está la misericordia. Y San Ambrosio añadía: ‘Y donde está la rigidez están sus ministros’. La testarudez que desafía a la misión, que desafía a la misericordia”:

“Cercanos al inicio del Año de la Misericordia, oremos al Señor para que nos haga comprender cómo es su corazón, qué significa ‘misericordia’, qué es lo que significa cuando Él dice: ‘¡Misericordia quiero, y no sacrificio!’.

Y por esto, en la oración Colecta de la Misa hemos rezado tanto con aquella frase tan bella: ‘Derrama sobre nosotros tu misericordia’, porque sólo se comprende la misericordia de Dios cuando  ha sido derramada sobre nosotros, sobre nuestros pecados, sobre nuestras miserias…”

(María Fernanda Bernasconi – RV).

(from Vatican Radio)


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