La respuesta de los obispos de Estados Unidos ante la masacre de Las Vegas: 59 muertos y 515 heridos

octubre 3, 2017

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Los obispos de Estados Unidos han pedido oraciones y “cuidar a los que sufren”

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La respuesta de los obispos de Estados Unidos ante la masacre de Las Vegas: 59 muertos y 515 heridos

Por Jaime Septién

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Estados Unidos se encuentra en estado de shock, 24 horas después del ataque de Las Vegas. El número de fallecidos se elevó a 59 y los heridos, varios de ellos de extrema gravedad, llegan a poco más de 515.

Los obispos del país del norte, comenzando por el cardenal y arzobispo de Galveston-Houston, Daniel N. Di Nardo, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), han pedido oraciones y “cuidar a los que sufren”.

En un comunicado de prensa, el cardenal Di Nardo dijo que los estadounidenses se habían despertado (por la mañana del lunes) enterándose “de otra noche llena de terror indescriptible”, por el ataque masivo más letal en la historia de Estados Unidos.

“Mi corazón y mis oraciones, así como las de mis hermanos obispos y de todos los miembros de la Iglesia, se dirigen a las víctimas de esta tragedia y a la ciudad de Las Vegas”, expresó Di Nardo, quien resaltó que “la oscuridad jamás vencerá a la luz”.

No obstante, las investigaciones siguen en curso, los móviles por los que Stephen Craig Paddock, de 64 años, disparó ráfagas de ametralladora a 22,000 personas que participaban en un festival de música country al aire libre, siguen siendo desconocidas.

Nadie, ni entre sus vecinos en Orlando, Florida, ni entre los de la comunidad de Mesquite, a 80 millas al noroeste de Las Vegas, ni siquiera entre los miembros de su familia, parece reconocer en este asesino solitario al hombre cuya vida de jugador de alto riesgo era ampliamente conocida en los casinos del país.

El obispo de Las Vegas, Joseph A. Pepe, convocó a la celebración de un servicio de oración interreligiosa que se llevó a cabo el lunes por la noche en la Catedral de los Ángeles de la Guarda, en donde invitó a todos a unirse para pedir el fin de la violencia cotidiana.

Los obispos católicos y otros líderes católicos de todo el país emitieron declaraciones expresando su tristeza ante los terribles acontecimientos en Las Vegas. El cardenal Blase J. Cupich de Chicago reafirmó el compromiso de la Iglesia católica y urgió a cambiar la cultura “que ha permitido que tales eventos se conviertan en un lugar común”.

Como gran cantidad de estadounidenses, el cardenal Cupich pidió “leyes de control de armas más fuertes y sensatas” y un mayor acceso de la población a los servicios de salud mental.

El respeto a la vida

Por su parte, el presidente de la Universidad de Notre Dame, John I. Jenkins, dijo: “Oramos para que llegue un día en que la violencia insensata que ha azotado a la nación durante tanto tiempo, termine para siempre”.

“La violencia nos horroriza una vez más como nación y nos llena de tristeza. Todos nosotros, gente de fe, así como aquellos sin ninguna afiliación religiosa particular, estamos aturdidos por la pérdida de vidas de manera trágica, insensata e incomprensible en Las Vegas “, dijo el arzobispo de Atlanta, Wilton D. Gregory.

Mientras que el obispo de Pittsburgh, David A. Zubik, fue contundente: “Jesús está llorando con nosotros y por nosotros”.

Zubik tocó, también, el tema central de la discusión que habrá de sobrevenir al tiroteo: “Es tiempo para nosotros, como nación, de exigir al menos tantos requisitos de aquellos que compran armas como de quienes solicitan una licencia de conducir: la seguridad pública siempre debe ser lo primero”.

Zubik pidió a los legisladores que hagan “mucho más difícil” a personas con características criminales o terroristas comprar un arma. Es la única forma, dijo, “de construir una sociedad en la que el derecho a la vida sea el estándar contra el cual se miden todos los demás derechos”.

Un informe de la policía de Las Vegas indicó que en la casa-habitación del asesino serial –quien se hospedaba desde el pasado 28 de septiembre en el hotel Mandalay Bay Resortel– se encontraron 18 armas, explosivos y cientos de cartuchos útiles, lo cual indica que Paddock tenía potencial para haber asesinado a muchas más personas. El hotel donde se hospedaba posee 3,000 habitaciones. El asesino pudo seguir de no haber sido detectado por las fuerzas del orden a través del detector de humo de la habitación.

Finalmente, el obispo Edward C. Malesic, de Greensburg, Pensilvania, señaló la “trágica ironía” de que los disparos en masa habían tenido lugar en Respect Life Sunday (el Domingo del Respeto a la Vida), al comienzo de la semana dedicada a este fin por la Iglesia católica de Estados Unidos.

Con información de la USCCB y de CNS

https://es.aleteia.org/

 


El maná de cada día, 3.10.17

octubre 3, 2017

Martes de la 26ª Semana del Tiempo Ordinario

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El Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos.


PRIMERA LECTURA: Zacarías 8, 20-23

Así dice el Señor de los Ejércitos: Todavía vendrán pueblos y habitantes de grandes ciudades, y los de una ciudad irán a otra diciendo:

«Vayamos a implorar al Señor, a consultar al Señor de los Ejércitos. – Yo también voy contigo.»

Y vendrán pueblos incontables y numerosas naciones a consultar al Señor de los Ejércitos en Jerusalén y a implorar su protección.

Así dice el Señor de los Ejércitos:

Aquel día diez hombres de cada lengua extranjera agarrarán a un judío por la orla del manto, diciendo:

«Queremos ir con vosotros, pues hemos oído que Dios está con vosotros.»


SALMO 86, 1-3.4-5.6-7

Dios está con nosotros.

Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí.» Se dirá de Sión: «Uno, por uno todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado.»

El Señor escribirá en el registro de los pueblos: «Éste ha nacido allí.» Y cantarán mientras danzan: «Todas mis fuentes están en ti.»


Aclamación antes del Evangelio: Mc 10, 45

El Hijo del hombre ha venido para servir y a dar su vida en rescate por todos.


EVANGELIO: Lucas 9, 51-56

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.

Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?»

Él se volvió y les regañó y dijo: «No sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos.»

Y se marcharon a otra aldea.

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Del orgullo de imponer mi criterio, líbrame, Jesús

Nuestro egoísmo y nuestro «yo» soberbio nos hacen vivir en la tiranía de nuestro propio criterio. Imponemos nuestra forma de ver las cosas, nuestra opinión, nuestros planes, sólo porque necesitamos reafirmar ante los demás eso que, en el fondo, sabemos que no somos.

A veces, incluso, ayudamos a imponer el criterio que más nos conviene o interesa, según la lógica de las componendas humanas, sólo porque así no nos arriesgamos a quedar mal ante nadie.

Cuántas veces escondemos la verdad de las cosas o de las personas, incluso en nombre del Evangelio, por conseguir esos intereses personales que tanto nos benefician ante los hombres, o por entrar en el juego de las políticas humanas.

Nos cuesta mucho escuchar a otros, contrastar con ellos esa idea, o ese parecer, que, por ser mío, siempre me parecerá el mejor y el que ha de imponerse a otros.

Entre las cosas que más nos enamoran de Cristo está su deseo de agradar siempre al Padre, viviendo sólo para hacer su voluntad. Siendo Dios, no impuso la Verdad sino con la fuerza del amor, humillando su propio criterio y voluntad hasta el extremo de la Cruz.

No llegarás muy lejos, ni en las cosas de los hombres, ni en las cosas de Dios, si haces de tu propio juicio el pedestal sobre el que asentar tu propio monumento.

Entras en la lógica de la insatisfacción y la infelicidad cuando haces de tu soberbio «yo» el bastón sobre el que apoyar tus pasos.

Quizá los demás terminen haciendo lo que tú digas, te alaben por tus brillantes ideas, o se inclinen contentos ante tus insuperables ocurrencias, porque también a ellos les beneficia tu parecer; pero, corres el riesgo de quedarte solo, acompañado sólo por la ponzoña de tu egoísmo altivo, cuando ellos encuentren a otro que les ofrezca halagos mejores y mayores.

Lañas diarias en www.mater-dei.es

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En septiembre de 2013 se publicó una larga entrevista al Papa Francisco. Entresaco estas frases dirigidas particularmente a los responsables de la animación y renovación de la Iglesia.  Creo que no tienen desperdicio para nosotros sacerdotes y religiosos.

“¿Cómo estamos tratando al pueblo de Dios? Yo sueño con una Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo.

Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después. La primera reforma debe ser la de las actitudes.

Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse.

El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios ‘clérigos de despacho’. Los obispos, especialmente, han de ser hombres capaces de apoyar con paciencia los pasos de Dios en su pueblo, de modo que nadie quede atrás, así como de acompañar al rebaño, con su olfato para encontrar veredas nuevas” (Papa Francisco).

 


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