Papa Francisco: Por la esperanza sabemos que nuestros días más bellos están aún por venir

agosto 23, 2017

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Papa Francisco: Por la esperanza sabemos que nuestros días más bellos están aún por venir

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Papa Francisco: Por la esperanza sabemos que nuestros días más bellos están aún por venir

Por Miguel Pérez Pichel

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VATICANO, 23 Ago. 17 / 04:03 am (ACI).- En su catequesis en la Audiencia General de este miércoles en el Aula Pablo VI, el Papa Francisco animó a no dejarse arrastrar por la nostalgia y, en cambio, mirar con esperanza cristiana hacia la vida futura prometida por Jesús.

En su catequesis el Santo Padre afirmó: “Alguno piensa que la vida conserva toda su felicidad en la juventud y en el pasado, y que el vivir es una lenta decadencia. Otros todavía creen que nuestra alegría es tan solo un episodio pasajero, y que en la vida de los hombres está escrito el ‘sin sentido’. Pero nosotros, cristianos, no creemos eso”.

“Creemos, en cambio, que en el horizonte del hombre hay un sol que ilumina para siempre. Creemos que nuestros días más bellos aún están por venir“.

Somos gente más de primavera que de otoño: contemplamos los brotes de un nuevo mundo, en lugar de las hojas amarillentas de las ramas. Nosotros no lloramos con nostalgia, arrepentimiento y lamentaciones: sabemos que Dios quiere que heredemos una promesa y que cultivemos sueños de forma incansable”.

El Pontífice se dirigió a los asistentes a la audiencia y les invitó a preguntarse: “¿Soy un chico o una chica de primavera o de otoño? ¿Mi alma es un alma de primavera o de otoño? Que cada uno se responda. ¿Soy de primavera que espera las flores, los frutos, el sol, que es Jesús, o de otoño, que es andar con la mirada baja, amarillenta…, ir con la cara de ‘pimiento en vinagre’?”.

El Pontífice reflexionó sobre el fragmento del libro del Apocalipsis en el que se habla de la Jerusalén Celeste: “Esa Jerusalén Celeste se imagina como una inmensa tienda donde Dios acogerá a todos los hombres para vivir definitivamente con ellos”.

Francisco subrayó que “creemos y sabemos que la muerte y el odio no son la última palabra pronunciada sobre la parábola de la vida humana. Ser cristianos implica una nueva perspectiva: una mirada llena de esperanza”.

El Papa invitó a los fieles presentes a meditar la “Sagrada Escritura no de manera abstracta, sino después de haber leído una crónica de nuestros días, donde se nos informa de noticias tristes”.

“Probad a pensar en los rostros de los niños asustados por la guerra, el llanto de las madres, los sueños rotos de tantos jóvenes, los refugiados que sufren viajes terribles”, sugirió el Santo Padre.

“Desafortunadamente, la vida también es esto. Incluso, a veces, se diría que la vida es sobre todo esto”.

Sin embargo, “hay un Padre que llora lágrimas de infinita piedad por sus hijos. Un Padre que nos espera para consolarnos, porque conoce nuestros sufrimientos y ha preparado para nosotros un futuro diferente. Esta es la gran visión de la esperanza cristiana”.

Por ello, recordó que “no es cristiano caminar con la mirada baja, sin alzar los ojos en el horizonte, como si nuestro camino se hubiera acabado aquí, después de un palmo de pocos metros de viaje; como si en nuestra vida no tuviéramos ninguna meta y ningún fin, y estuviéramos destinados a un continuo vagar, sin ninguna razón para tanta fatiga”.

Por el contrario, “la esperanza cristiana se basa en la fe en Dios que siempre crea novedades en la vida del hombre, en la historia y en el cosmos. Novedad y sorpresa. Nuestro Dios es el Dios de la novedad porque es el Dios de las sorpresas”.

“Dios –continuó– nos ha creado porque nos quiere felices. Es nuestro Padre y si nosotros, aquí, ahora, experimentamos una vida que no es la que Él ha querido para nosotros, Jesús nos garantiza que Dios mismo está preparando su rescate”.

“El cristiano sabe que el Reino de Dios, su Señorío de amor, está creciendo como un gran campo de grano, aunque existan malas hierbas en medio. Al final, el mal será eliminado”, aseguró.

“El futuro no nos pertenece, pero sabemos que Jesucristo es la gracia más grande de la vida: es el abrazo de Dios que nos protege hasta el final, pero que ya ahora nos acompaña y nos consuela en el camino”.

“Él nos conduce hacia la gran tienda de Dios con los hombres, con tantos otros hermanos y hermanas, y llevaremos a Dios el recuerdo de nuestros días vividos aquí. Y será bello descubrir en ese instante que nada se ha perdido, ninguna sonrisa, ninguna lágrima”, concluyó.

 

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El maná de cada día, 23.8.17

agosto 23, 2017

Miércoles de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

Sexto día de la novena a Santa Mónica

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La palabra de Dios es viva y eficaz, y discierne los pensamientos e intenciones del corazón.

La palabra de Dios es viva y eficaz, y discierne los pensamientos e intenciones del corazón.



PRIMERA LECTURA: Jueces 9, 6-15

En aquellos días, los de Siquén y todos los de El Terraplén se reunieron para proclamar rey a Abimelec, junto a la encina de Siquén.

En cuanto se enteró Yotán, fue y, en pie sobre la cumbre del monte Garizín, les gritó a voz en cuello:
«¡Oídme, vecinos de Siquén, así Dios os escuche!

Una vez fueron los árboles a elegirse rey, y dijeron al olivo: “Sé nuestro rey.” Pero dijo el olivo: “¿Y voy a dejar mi aceite, con el que engordan dioses y hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?”

Entonces dijeron a la higuera: “Ven a ser nuestro rey.” Pero dijo la higuera: ¿Y voy a dejar mi dulce fruto sabroso, para ir a mecerme sobre los árboles?”

Entonces dijeron a la vid: “Ven a ser nuestro rey.” Pero dijo la vid: “¿Y voy a dejar mi mosto, que alegra a dioses y hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?”

Entonces dijeron a la zarza: “Ven a ser nuestro rey.” Y les dijo la zarza: “Si de veras queréis ungirme rey vuestro, venid a cobijaros bajo mí sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.”»


SALMO 20, 2-3. 4-5. 6-7

Señor, el rey se alegra por tu fuerza.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza, ¡y cuánto goza con tu victoria! Le has concedido el deseo de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito, y has puesto en su cabeza una corona de oro fino. Te pidió vida, y se la has concedido, años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama, lo has vestido de honor y majestad. Le concedes bendiciones incesantes, lo colmas de gozo en tu presencia.


Aclamación antes del Evangelio: Hb 4, 12

La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón.


EVANGELIO: Mateo 20, 1-16a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.”

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”

Le respondieron: “Nadie nos ha contratado.”

Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña.”

Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.”

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.”

Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?’

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»


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NOVENA A SANTA MÓNICA (6)

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Modelo de esposa y madre cristiana

Con textos bíblicos para la misa

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NOTA: Con esta novena nos unimos a todas las mujeres que desean sinceramente ser fieles a su vocación de esposas y de madres cristianas. Asumimos sus alegrías y sus penas y les animamos a seguir los ejemplos de Santa Mónica.

Que sus lágrimas y oraciones, unidas a su intercesión en el Cielo, hagan retornar a todos los esposos e hijos extraviados, como sucedió con Patricio y Agustín.

No lo olvidemos: Dios es capaz de hacer milagros, sobre todo milagros de conversión. Pues ¿acaso Dios se complace en la muerte del pecador? Por tanto, perseveremos en la oración y veremos las obras de Dios. Amén.

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Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en el hogar, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2. Textos bíblicos y agustinianos para el sexto día

Santa Mónica en Milán, siguiendo a su hijo Agustín

1.- Textos bíblicos para la misa

• 1ª Corintios, 9, 16-19.22-23. Me he hecho todo para todos.

• Salmo 118, 1.27.29-30.35.32. M. Ag. pág. 55.

• Lucas, 7, 11-17. Resucita al hijo de una viuda en Naín.

2.- Textos agustinianos

“Había llegado y se hallaba conmigo mi madre, siguiéndome por tierra y por mar, con su piedad llena de bríos, segura de ti en todos los peligros. Y esto, hasta tal punto que hasta en las borrascas del mar había infundido ánimo a la tripulación, cuando lo corriente es que sea ésta la que anime a los navegantes poco experimentados en medio del nerviosismo y del desconcierto. Les aseguró que llegarían sanos y salvos, porque tú se lo habías prometido en una visión.

A mí me encontró en una situación realmente crítica, cuando ya desesperaba de dar con la verdad. Sin embargo, cuando le comuniqué que ya no era maniqueo, aunque tampoco católico cristiano, no exteriorizó su alegría, como si la noticia no constituyera novedad alguna; como si ya estuviera segura de que iba a ocurrir así.

Desde hacía tiempo estaba tranquila respecto a este punto de mis desventuras, que le hacía llorarme en tu presencia (Dios mío), como a un muerto, pero como un muerto que iba a resucitar. Me presentaba a ti en las andas de tu pensamiento para que tú le dijeras al hijo de la viuda: ‘Joven, a ti te lo digo, levántate’, y él reviviera y comenzase a hablar, y tú se lo devolvieras a su afligida madre.

Estaba segura de que también le ibas a conceder todo lo demás; puesto que le habías prometido todo, me respondió, con toda la tranquilidad del mundo y con el pecho inundado de confianza, que estaba segura en Cristo de que antes de salir de esta vida iba a verme católico bautizado.

Ésa fue la respuesta que me dio a mí. Pero por otro lado, frente a ti, fuente de misericordias, intensificó sus oraciones y sus lágrimas, para que aceleraras tu ayuda y alumbraras mis tinieblas” (Confesiones 6, 1-2).

3. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por los predicadores del Evangelio, para que estén al servico de los hermanos que buscan con sinceridad la fe. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa).

4. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica
R. Ruega por nosotros.

V. Glorioso padre san Agustín
R. Ruega por nosotros.

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