El maná de cada día, 20.8.17

agosto 19, 2017

Domingo XX del Tiempo Ordinario, Ciclo A

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Tercer día de la novena a Santa Mónica

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Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas

Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas



Antífona de entrada: Sal 83, 10-11

Fíjate, oh Dios en nuestro Escudo; mira el rostro de tu Ungido. Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa.


Oración colecta

Oh Dios, que has preparado bienes inefables para los que te aman, infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 56,1.6-7

Así dice el Señor:

«Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria.

A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos».


SALMO 66, 2-3.5.6.8

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.


SEGUNDA LECTURA: Romanos 11, 13-15.29-32

Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos.

Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 23

Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo.


EVANGELIO: Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mi, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada.

Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme».

Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos».

Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.


Antífona de comunión: Sal 129, 7

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

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DOMINGO 2O del TIEMPO ORDINARIO
Lectura Orante del Evangelio

Paso 1. Disponerse: Abre tu Biblia y tu corazón a la escucha del Señor. Piénsalo: El Señor habla en la Palabra, porque nos ama. Todos encontramos tiempo para lo que queremos. Pide al Espíritu el deseo de conocer más a Jesús en esta Palabra. Conocer y sentir vivamente su cercanía para poder hablar con él como se habla con un amigo.

DOMINGO 2O del Tiempo Ordinario, Ciclo A. Mt 15, 21-28

Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.

Contexto de esta lectura: Jesús es perseguido por las autoridades judías; él huye, llega hasta la frontera, y pisa tierra extranjera; para mayor seguridad, Jesús quiere pasar desapercibido entre la gente, en descampado y en la ciudad. Y en esas circunstancias una mujer extranjera lo reconoce como hijo de David y le clama desde su necesidad.

Paso 2. Leer: No dejes de hacer pausas de silencio durante la lectura que relata el encuentro de esa mujer con Jesús. ¿Qué sabes de las normas religiosas que impedían atender a esta mujer? ¿Qué ocurre entre Jesús y esta mujer extranjera?

Paso 3. Escuchar: Para escuchar al Señor hay que abrir los oídos del corazón. ¿Cómo te suenan el dolor y los gritos de esta madre de su hija enferma? ¿Qué hace que Jesús le atienda? Trata de imaginar el proceso y la secuencia de los sentimientos del corazón bondadoso de Jesús hacia esta mujer incómoda -inoportuna para Jesús-,  necesitada y persistente. Gracias a la paciencia y la apertura de Jesús a la voluntad del Padre que quiere que todos se salven, esta mujer se convierte en la “castequista” de Jesús: Le ayuda a profundizar en su vocación como Mesías enviado no sólo a Israel sino a todas las naciones.

Paso 4. Orar: Responde al Señor lo que esta lectura te hace decirle. Admira la transformación interior que supone para Jesús el encontrarse con esta mujer, su “catequista” providencial… enviada por el Padre, atraída por el Padre hacia Jesús… ¿Qué te enseña esta mujer para tu forma de orar? ¿Qué significa para ti “que se cumpla lo que deseas”?

Paso 5. Vivir: ¿Qué tiene que ver tu vida con lo que lees en este texto? Busca obedecer la voz del Señor: las expectativas y planes del Padre, las “ampliaciones” de las decisiones del Hijo en la profundización de su vocación mesiánica; y las insinuaciones del Espíritu. ¿Qué te enseña el hecho de que la fe en el poder de Jesús mueve a esta mujer más allá de lo establecido?

NOTA: San Agustín era un gran admirador de la Cananea. Aquella mujer le recordaba a su madre, Mónica. También ella había seguido al Señor durante años, pidiéndole la conversión de su hijo. No se había desalentado por ningún rechazo. Había seguido al hijo, por tierra y por mar, hasta Italia, hasta Milán, hasta que vio que regresaba al Señor.

En uno de sus discursos, recuerda las palabras de Cristo: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; tocad y se os abrirá”, y termina diciendo: “Así hizo la Cananea: pidió, buscó, tocó a la puerta y recibió”. Hagamos nosotros también lo mismo y también se nos abrirá (Comentario del P. Raniero Cantalamessa).

San Millán de la Cogolla, La Rioja, España, agosto de 2014; Miraflores, Lima, 2017.

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UNA MUJER CANANEA SE PUSO A GRITAR

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Si Jesús hubiera escuchado a la mujer cananea a la primera petición, sólo habría conseguido la liberación de la hija. Habría pasado la vida con menos problemas. Pero todo hubiera acabado en eso y al final madre e hija morirían sin dejar huella de sí.

Sin embargo, de este modo su fe creció, se purificó, hasta arrancar de Jesús ese grito final de entusiasmo: “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas”.

Desde aquel instante, constata el Evangelio, su hija quedó curada. Pero, ¿qué le sucedió durante su encuentro con Jesús? Un milagro mucho más grande que el de la curación de la hija. Aquella mujer se convirtió en una “creyente”, una de las primeras creyentes procedentes del paganismo. Una pionera de la fe cristiana. Nuestra predecesora.

¡Cuánto nos enseña esta sencilla historia evangélica! Una de las causas más profundas de sufrimiento para un creyente son las oraciones no escuchadas. Hemos rezado por algo durante semanas, meses y quizá años. Pero nada. Dios parecía sordo. La mujer Cananea se presenta siempre como maestra de perseverancia y oración.

Quien observara el comportamiento y las palabras que Jesús dirigió a aquella pobre mujer que sufría, podía pensar que se trataba de insensibilidad y dureza de corazón. ¿Cómo se puede tratar así a una madre afligida?

Pero ahora sabemos lo que había en el corazón de Jesús y que le hacía actuar así. Sufría al presentar sus rechazos, trepidaba ante el riesgo de que ella se cansara y desistiera. Sabía que la cuerda, si se estira demasiado, puede romperse.

De hecho, para Dios también existe la incógnita de la libertad humana, que hace nacer en él la esperanza. Jesús esperó, por eso, al final, manifiesta tanta alegría. Es como si hubiera vencido junto a la otra persona.

Dios, por tanto, escucha incluso cuando… no escucha. En él, la falta de escucha es ya una manera de atender. Retrasando su escucha, Dios hace que nuestro deseo crezca, que el objeto de nuestra oración se eleve; que de lo material pasemos a lo espiritual, de lo temporal a lo eterno, de los pequeño a lo grande.

De este modo, puede darnos mucho más de lo que le habíamos pedido en un primer momento.

Con frecuencia, cuando nos ponemos en oración, nos parecemos a ese campesino del que habla un antiguo autor espiritual. Ha recibido la noticia de que será recibido en persona por el rey. Es la oportunidad de su vida: podrá presentarle con sus mismas palabras su petición, pedirle lo que quiere, seguro de que le será concedido.

Llega el día, y el buen hombre, emocionadísimo, llega ante la presencia del rey y, ¿qué le pide? ¡Un quintal de estiércol para sus campos! Era lo máximo en que había logrado pensar.

A veces nosotros nos comportamos con Dios de la misma manera. Lo que le pedimos comparado a lo que podríamos pedirle no es más que un quintal de estiércol, nimiedades que sirven de muy poco, es más, que a veces incluso pueden volverse contra nosotros.

San Agustín era un gran admirador de la Cananea. Aquella mujer le recordaba a su madre, Mónica. También ella había seguido al Señor durante años, pidiéndole la conversión de su hijo. No se había desalentado por ningún rechazo. Había seguido al hijo hasta Italia, hasta Milán, hasta que vio que regresaba al Señor.

En uno de sus discursos, recuerda las palabras de Cristo: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; tocad y se os abrirá”, y termina diciendo: “Así hizo la Cananea: pidió, buscó, tocó a la puerta y recibió”. Hagamos nosotros también lo mismo y también se nos abrirá.

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina]

www.homiletica.org

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NOVENA A SANTA MÓNICA (3)


Modelo de esposa y madre cristiana

Con textos bíblicos para la misa

NOTA: Con esta novena nos unimos a todas las mujeres que desean sinceramente ser fieles a su vocación de esposas y de madres cristianas. Asumimos sus alegrías y sus penas y les animamos a seguir los ejemplos de Santa Mónica.

Que sus lágrimas y oraciones, unidas a su intercesión en el Cielo, hagan retornar a todos los esposos e hijos extraviados, como sucedió con Patricio y Agustín.

No lo olvidemos: Dios es capaz de hacer milagros, sobre todo milagros de conversión. Pues ¿acaso Dios se complace en la muerte del pecador? Por tanto, perseveremos en la oración y veremos las obras de Dios. Amén

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Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en el hogar, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2. Textos bíblicos y agustinianos para el tercer día

Santa Mónica, sembradora de comprensión y reconciliación

1.- Textos bíblicos para la misa

• Del libro del Eclesiástico 26, 1-4; 16-21. El sol brilla en el cielo; la mujer bella en su casa bien arreglada. M. Ag. p. 72.
• Salmo 137, 1.3.8. M. Ag. p. 73
• Marcos 3, 32-35. ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?

2.- Textos agustinianos

“A esta tu buena sierva, en cuyo seno me creaste, Dios mío y misericordia mía, le habías regalado también este hermoso don: siempre que le era posible, se las ingeniaba para poner en juego sus dotes pacificadoras entre cualquier tipo de personas que estuviesen en discordia o disidencia.

Del cúmulo de recriminaciones ácidas que suele respirar la desavenencia tensa, cuando desahoga al exterior la crudeza de los odios con un lenguaje lleno de amargura frente a la amiga, mi madre no refería de la otra lo que no sirviera para reconciliarlas a ambas.

Por último, también conquistó para ti a su marido, que se hallaba en los últimos días de su vida temporal. Bautizado ya, no tuvo que llorar en él las ofensas que se vio obligada a tolerar en su persona antes del bautismo. Además, era sierva de tus siervos. Todos cuantos la conocían hallaban en ella motivos sobrados para alabarte, honrarte y amarte. Sentía tu presencia en su corazón por el testimonio de los frutos de una conducta santa.

Había sido mujer de un solo hombre, había rendido a sus padres los debidos respetos, había gobernado su casa piadosamente y contaba con el testimonio de las buenas obras. Había criado a sus hijos, dándolos a luz tantas veces cuantas los veía apartarse de ti” (Confesiones 9, 9).

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa).

3. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por la paz, serenidad y la mutua unión y comprensión en las familias entre maridos y esposas, entre padres e hijos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

4. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica
R. Ruega por nosotros.
V. Glorioso padre san Agustín
R. Ruega por nosotros.

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Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal Peruana por la Visita del Papa Francisco al Perú

agosto 19, 2017

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Visita del Papa Francisco al Perú – Enero 2018

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C A R T A   P A S T O R A L de la CEP – VISITA PAPAL

 Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…

Lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos

y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos (Mt 16, 18-20).

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A todos los fieles y personas de buena voluntad

Queridos hermanos: Paz en el Señor.

Les escribimos esta carta con ocasión de la próxima visita apostólica que va a realizar el Papa Francisco al Perú los días 18 al 21 de enero del próximo año 2018. Y lo hacemos con el propósito de orientar a todos sobre su sentido y el espíritu con que debemos prepararnos para recibir al Santo Padre y acoger el testimonio de fe y esperanza que nos trae en nombre del Señor Jesús.

El anuncio de la visita nos llena de alegría al pueblo cristiano y es motivo de esperanza para todo el Perú. El gozo que sentimos nos compromete a prepararnos adecuadamente para que esos días sean de gracia y bendición y ocasión de siembra generosa, llamada a dar frutos de renovación en nuestra vida cristiana y de fortalecimiento de los valores de convivencia cívicos, de los que estamos tan urgidos en el momento presente.

  1. “Vayan y hagan discípulos a todas las gentes… y enséñenles a guardar todo lo que yo les he mandado (Mt 28, 19-20)

¿Por qué viene el Papa al Perú? ¿A qué obedece esta decisión suya?

La visita del Papa Francisco la entendemos a la luz del testamento de Jesús a los apóstoles. Este mandato misionero es un imperativo siempre actual y debe estar permanentemente presente en la vida de la Iglesia. “Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar”, en feliz expresión del beato Pablo VI (En 14). Así ha sido a lo largo de los siglos y lo es en la actualidad. En esta clave hemos de entender toda la actividad de la Iglesia y la de cada uno de nosotros.

La responsabilidad del anuncio del evangelio compete en primer lugar a todos los obispos unidos al Papa. Este, como sucesor de Pedro y piedra sobre la que Cristo edifica su Iglesia, cumple su deber de muchas maneras; una de ellas son las visitas apostólicas que realiza a los diversos países. En estas procura que el encuentro con los distintos grupos de personas favorezca el encuentro de los creyentes con Jesucristo vivo y la transmisión de la fe a cuantos no lo conocen o se han alejado de Él.

Con las visitas el Papa siempre busca la cercanía con los fieles y personas de buena voluntad, para llevarlos al encuentro con Jesucristo vivo y hacer posible la transmisión de la fe a cuantos no lo conocen o se han alejado de Él. Igualmente promueve la unión de todos los cristianos, el respeto entre todos los grupos de creyentes, la convivencia entre los pueblos y el cuidado responsable de la creación. Con su cercanía, su anuncio gozoso de Jesús Salvador, su humilde servicio de evangelizador y el aroma evangélico que desprende su persona atrae a todos al encuentro con Jesús.

  1. “Confirma a tus hermanos” (Lc 22, 32)

¿Para qué viene el Papa?

Sabiendo Jesús que el apóstol Pedro le negaría por tres veces, le dice: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no flaquee, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos en la fe” (Lc 22, 32). A esto viene el Papa al Perú. El Pedro de hoy viene a confirmarnos en la fe en Cristo para que seamos testimonio de unidad y coherencia.

La fe de los creyentes siempre necesita ser fortalecida, porque el pecado presente en la sociedad y en la vida de los cristianos, incluidos aquellos de quienes debiera esperarse siempre un testimonio más claro de coherencia, pone en peligro la fe de los más débiles.

Tenemos la firme esperanza de que la presencia del Papa, su mensaje claro y estimulante de puro sabor evangélico, su testimonio de vida, su cercanía, especialmente con los últimos de la sociedad, su lenguaje franco y directo… contribuirán a que la fe de nuestro pueblo sea sacudida por el viento fuerte del Espíritu Santo, de suerte que a todos nos impulse a una renovada y más rica vivencia de la misma.

  1. ¡Ay de mí, si no anuncio el evangelio! (1 Cor 9, 16) 

La urgencia evangelizadora que experimentó el apóstol Pablo nos empuja a una renovada vivencia de fe, que nos anime a hacer el camino de cada día en la humilde escucha y fiel seguimiento de la Palabra del Señor, en unión de todos los hermanos. Esta actitud nos tiene que impulsar a hacer llegar la Palabra de salvación a todas las personas, ambientes, grupos humanos… a los que todavía no ha llegado o adonde ha dejado de ser escuchada.

Hoy ya no es suficiente un cristianismo recibido principalmente por tradición o herencia. Nadie nace cristiano, nos hacemos cristianos por una decisión personal. El que ha optado por seguir a Jesús ha de tener muy presente que “la evangelización es tarea de la Iglesia”, y que todo el pueblo cristiano es sujeto de evangelización (Cf Eg 111). De ahí deriva la necesidad de ser testigos del Señor Jesús, que se ha hecho hombre y ha muerto y resucitado para que en Él tengamos vida, ahora y en la eternidad.

Conclusión

Una vez recibido con gran alegría el anuncio de la llegada del Papa, la Iglesia en el Perú hemos comenzado a orar por los frutos espirituales y la renovada convivencia entre todo nuestro pueblo. Encomendamos a la intercesión de la Virgen María, Estrella de la evangelización, a los beatos mártires de Chimbote y a nuestros santos: Toribio, Rosa, Martín, Francisco Solano, Juan Macías… los frutos espirituales de esta visita apostólica del Papa Francisco a nuestra querida Patria, el Perú.

Con nuestro afecto y bendición.

Agosto 2017.

Los Obispos del Perú

 


El maná de cada día, 19.8.17

agosto 19, 2017

Sábado de la 19ª semana del Tiempo Ordinario

San Ezequiel Moreno Díaz, obispo, agustino recoleto

Segundo día de la novena a Santa Mónica
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San Ezequiel Moreno, de Juan Barba. Convento, Marcilla

San Ezequiel Moreno, de Juan Barba. Convento de Marcilla, Navarra



Antífona de entrada Sal 104, 1

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos.


Oración colecta

Oh Dios, que nos ofreces en san Ezequiel, obispo, un modelo de fidelidad al Evangelio y de pastor según el Corazón de tu Hijo; concédenos, por su intercesión, que, viviendo con alegría nuestro testimonio cristiano, estemos plenamente dirigidos hacia ti y consagrados al servicio de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Josué 24, 14-29

En aquellos días, Josué continuó hablando al pueblo: «Pues bien, temed al Señor, servidle con toda sinceridad; quitad de en medio los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río y en Egipto; y servid al Señor.

Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros padres al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor.»

El pueblo respondió: «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos.

El Señor expulsó ante nosotros a los pueblos amorreos que habitaban el país. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!»

Josué dijo al pueblo: «No podréis servir al Señor, porque es un Dios santo, un Dios celoso. No perdonará vuestros delitos ni vuestros pecados. Si abandonáis al Señor y servís a dioses extranjeros, se volverá contra vosotros y, después de haberos tratado bien, os maltratará y os aniquilará.»

El pueblo respondió: «¡No! Serviremos al Señor.»

Josué insistió: «Sois testigos contra vosotros mismos de que habéis elegido servir al Señor.»

Respondieron: «¡Somos testigos!»

Josué contestó: «Pues bien, quitad de en medio los dioses extranjeros que conserváis, y poneos de parte del Señor, Dios de Israel.»

El pueblo respondió: «Serviremos al Señor, nuestro Dios, y le obedeceremos.»

Aquel día, Josué selló el pacto con el pueblo y les dio leyes y mandatos en Siquén. Escribió las cláusulas en el libro de la ley de Dios, cogió una gran piedra y la erigió allí, bajo la encina del santuario del Señor, y dijo a todo el pueblo:

«Mirad esta piedra, que será testigo contra vosotros, porque ha oído todo lo que el Señor nos ha dicho. Será testigo contra vosotros, para que no podáis renegar de vuestro Dios.» Luego despidió al pueblo, cada cual a su heredad.

Algún tiempo después murió Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, a la edad de ciento diez años.


SALMO 15, 1-2a.5.7-8.11

Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.



EVANGELIO: Mateo 19, 13-15

En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban.

Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.»

Les impuso las manos y se marchó de allí.

Antífona de comunión

El Señor mandó a los discípulos que anunciasen a las ciudades: está cerca de vosotros el Reino de Dios.


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CELEBRAMOS HOY

LA FIESTA DE SAN EZEQUIEL MORENO

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Con este motivo nos unimos a tantas personas devotas y comunidades que en este día se alegran por las obras que Dios realizó en la vida de san Ezequiel y por las que sigue realizando gracias a su intercesión.

Nos acordamos en especial de las personas devotas que han rezado durante estos días la novena al Santo. Que el Señor les conceda cuanto le han pedido poniendo a san Ezequiel como intercesor.

DATOS BIOGRÁFICOS

San Ezequiel Moreno nació en Alfaro, La Rioja, España, en 1848. Profesó en la Orden de Agustinos Recoletos y terminó los estudios eclesiásticos en Filipinas. Se ordenó sacerdote en 1871 y ejerció allí el ministerio durante quince años.

Volvió a España, y a los tres años pasó a Colombia como superior en 1889. Renovó las comunidades religiosas. Trabajó varios años en Bogotá y restauró las misiones de Casanare, de las que fue nombrado primer Vicario y Obispo.

En 1896 se le confió la diócesis de Pasto. Aquejado por un cáncer al paladar viaja a España en diciembre de l905. En Madrid se somete a dos operaciones, en febrero y marzo de 1906. Sin poder atajar el mal, en mayo se retira al convento de Monteagudo, Navarra, donde fallece el 19 de agosto del mismo año.

Fue beatificado en noviembre de 1975 y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 11 de octubre de 1992 en Santo Domingo, República Dominicana, dentro de las celebraciones de los 500 años de la Evangelización de América.

Se destacó toda su vida por la observancia religiosa, el apostolado con los enfermos, su espíritu misionero, la dirección espiritual y por su generosidad con los pobres. Su fiesta se celebra el 19 de agosto.

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De las cartas pastorales de san Ezequiel Moreno, obispo

Tú eres mi fortaleza y mi refugio

Bien sabemos que vosotros, amados hijos, habéis orado sin intermisión al Padre celestial por vuestro obispo y habéis hecho dulce violencia al Sagrado Corazón de su divino Hijo con vuestros ruegos para que volviéramos (a la diócesis).

Dios nos ha oído y ha querido nuestra vuelta; vosotros lo habéis celebrado de un modo extraordinario, y Nos viviremos siempre agradecidos a vuestras oraciones y demostraciones de afecto, que es lo que queremos manifestar en este escrito para que quede memoria perpetua de nuestra gratitud.

Tal es la recompensa que deseamos para todos vosotros, amados hijos, y que pediremos a Dios nuestro Señor con insistencia todos los días de nuestra vida. Vuestra eterna salvación es el deseo ardiente de nuestro corazón de obispo y de padre; pero no sólo os ofrecemos como recompensa a vuestros obsequios ese buen deseo, sino que os ofrecemos también duplicar nuestros esfuerzos en bien de vuestras almas.

Confesamos nuestra flaqueza y debilidad; pero bien sabéis que nuestro escudo de armas es la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y que a esa imagen preciosa rodean estas palabras: Tú eres mi fortaleza y mi refugio.

Colocamos de intento esas palabras alrededor del divino corazón para que fueran una confesión constante de nuestra propia debilidad, acto continuo de nuestra confianza en él, y perpetua jaculatoria que le mueva a protegernos.

No hay momento en que no hablen esas palabras al Corazón de Jesús, porque ésa es nuestra intención de siempre, ni instante en que no le repitamos con ellas: Tú eres mi fortaleza y mi refugio, y nos parece que ese divino Corazón nos contesta diciendo: “Yo estaré contigo”.

Esto nos anima en medio de nuestra propia debilidad, y, confiando en el Corazón del Omnipotente, es como os prometemos seguir luchando por su gloria y por la salvación de vuestras almas hasta el último suspiro de nuestra vida.

Bien sabemos lo que nos espera en esa lucha, y demasiado lo sabéis vosotros también, amados hijos, porque ya lo habéis visto: burlas, ultrajes, calumnias, persecución, continuo sufrir; pero ¿qué cosa puede haber más dulce para Nos que sufrir por la gloria de Dios y por vuestro bien, por vosotros, que tan acreedores os habéis hecho a eso y a más que pudiéramos daros?

¿De qué otro modo pudiera corresponder mejor a vuestro afecto que sufriendo por vuestras almas y salud eterna? ¿A qué mayor bien, además, podemos aspirar que a sufrir por aquel que sufrió por nosotros hasta la muerte, y muerte de cruz?

De esa manera, y con la gracia de Dios, quisiéramos pasar el poco tiempo que nos quede de vida temporal, como la mejor preparación para pasar a la vida eterna y feliz de la gloria, único fin positivo al que todos debemos aspirar con toda nuestra alma y procurar con todas nuestras fuerzas (T. Minguella, O.A.R., Cartas Pastorales, Circulares y otros Escritos del Ilmo. y Rvmo. Sr. D. Fr. Ezequiel Moreno y Díaz, Madrid, 1908, 171.173-174).

NOTA

Estimados hermanos y hermanas: Muchos devotos han rezado en estos días la novena a san Ezequiel, o con otras oraciones y súplicas han solicitado favores y curaciones a Dios por intercesión de nuestro Santo.

Sabemos que la oración nunca cae en el vacío. Siempre la escucha Dios. Lo que pasa es que no siempre nos concede, exactamente, lo que le pedimos.

Si algún hermano o hermana ha sentido que Dios le ha concedido algún favor, ordinario o extraordinario, puede comunicarlo a esta dirección del blog en forma de comentario o como le parezca más práctico; y también a este correo personal: parroquia@parroquiasantarita.org.pe

Les suplico, por favor, que den testimonio de lo que el Señor ha hecho con ustedes, de cómo han notado su poder salvador, porque es justo dar a conocer las obras de Dios a fin de que todos alabemos su gran bondad y misericordia y la protección de nuestro Santo. Gracias anticipadas.


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NOVENA A SANTA MÓNICA (2)


Modelo de esposa y madre cristiana

Con textos bíblicos para la misa

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NOTA: Con esta novena nos unimos a todas las mujeres que desean sinceramente ser fieles a su vocación de esposas y de madres cristianas. Asumimos sus alegrías y sus penas y les animamos a seguir los ejemplos de Santa Mónica.

Que sus lágrimas y oraciones, unidas a su intercesión en el Cielo, hagan retornar a todos los esposos e hijos extraviados, como sucedió con Patricio y Agustín.

No lo olvidemos: Dios es capaz de hacer milagros, sobre todo milagros de conversión. Pues ¿acaso Dios se complace en la muerte del pecador? Por tanto, perseveremos en la oración y veremos las obras de Dios. Amén

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Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre…

  1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en la familia, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

  1. Textos bíblicos y agustinianos para el día segundo

Santa Mónica, paciente esposa

  1. – Textos bíblicos para la misa: Génesis 24, 1-53. Abrahán busca esposa para su hijo Isaac; o bien, Tobías 7, 9-16; 8, 1-9. Matrimonio de Tobías y Sara.• Salmo 128 (127). Bendición del hombre fiel en la esposa y los hijos.• Mateo, 1, 1-12. Indisolubilidad del matrimonio.
  2. – Textos agustinianos: “Educada en honestidad y templanza, y sujeta más por ti (Dios) a sus padres que por sus padres a ti, llegada a la plenitud de los años de la nubilidad, entregada a su marido, le sirvió como a su señor y se afanó en ganarlo para ti predicándole de ti con sus costumbres, con las que la alimentabas y hermoseabas, haciéndola reverenciable y ejemplar para su marido.

Y de tal manera soportó las injurias del tálamo, que nunca tuvo contienda por ello con el marido desleal. Esperaba ella que vuestra misericordia descendiese sobre él, dándole a la vez la fe y la fidelidad.

Era él, por una parte, extraordinariamente afectuoso y, por otra, sumamente fulminante y enojadizo. Mas ella sabía no resistir al marido encolerizado, no sólo con hechos, pero ni siquiera con palabras. Pero después que se le había pasado el enojo, viéndole ella quieto y sosegado, buscaba el momento favorable para explicarle lo que había hecho, si acaso se había irritado más de lo justo.

Al principio de su casamiento, su suegra, por los chismes de unas malas criadas, se mostró irritada con ella; pero luego, con su perseverante y obsequiosa afabilidad, con su paciencia y con su mansedumbre, la desarmó hasta tal punto que la suegra espontáneamente denunció a su hijo la lengua de las intrigantes que perturbaron la paz doméstica entre ella y su nuera, y exigió que las castigase… Y no osando ya ninguna acercarse a ella con chismes, vivieron suegra y nuera en buena amistad mutua y contento ejemplares” (Confesiones 9, 9).

  1. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por las esposas cristianas, para que con su paciencia y fidelidad sean verdaderos ángeles del hogar. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa).

  1. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica

R. Ruega por nosotros.

V. Glorioso padre san Agustín

R. Ruega por nosotros.

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