El maná de cada día, 13.6.17

Martes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

San Antonio de Padua
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Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?



PRIMERA LECTURA: 2 Corintios 1, 18-22

Hermanos: ¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no». Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí».

Y por él podemos responder «Amén» a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. El nos ha ungido, El nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.


SALMO 118,129.130.131.132.133.135

Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.

Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma. La explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes.

Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos. Vuélvete a mí y ten misericordia, como es tu norma con los que aman tu nombre.

Asegura mis pasos con tu promesa, que ninguna maldad me domine. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, enséñame tus leyes.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 16

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.


EVANGELIO: Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

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COMENTARIO del Papa Francisco a las lecturas de la misa celebrada en Santa Marta

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VATICANO, 13 Jun. 17 / 04:47 am (ACI).- Una de las principales misiones que tiene el cristiano es ser luz y sal para el mundo, y el Papa Francisco se refirió precisamente a ello en la Misa que celebró en Santa Marta al recordar lo que es capaz de hacer Dios en la vida de las personas.

El Pontífice invitó a no buscar las “seguridades artificiales” sino a tener como objetivo el anuncio del Evangelio que es “decisivo”.

“En Jesús se cumple todo lo que ha sido prometido y por esto Él es la plenitud”, aseguró. “En Jesús no hay un ‘no’: siempre ‘sí’, por la gloria del Padre. Pero también nosotros participamos de este ‘sí’ de Jesús, porque Él nos ha conferido la unción, nos ha puesto el sello, nos ha dado el ‘depósito’ del Espíritu”.

“Nosotros participamos porque somos ungidos, sellados, y tenemos en la mano la seguridad. El Espíritu que nos llevará al ‘sí’ definitivo, también a nuestra plenitud. También, el mismo Espíritu nos ayudará a ser luz y sal, es decir, el Espíritu que nos lleva al testimonio cristiano”.

El Papa afirmó que “el testimonio cristiano” es “sal y luz”. “Luz para iluminar, y quien esconde la luz hace un contra-testimonio”. “Tiene luz, pero no la dona, no la hace ver, y si no la hacer ver no glorifica al Padre que está en los cielos”. Y “tiene la sal, pero la toma para sí mismo y no la dona para que se evite la corrupción”.

Así, destacó que “lo superfluo proviene del maligno” y, al contrario, “la actitud de la seguridad y del testimonio es lo que el Señor ha confiado a la Iglesia y a todos nosotros bautizados”.

“Seguridad en la plenitud de las promesas en Cristo: en Cristo todo se ha cumplido. Testimonio hacia los demás; don recibido de Dios en Cristo, que nos ha dado la unción del Espíritu por el testimonio. Y esto es ser cristiano: iluminar, ayudar a que el mensaje y las personas no se corrompan, como hace la sal; pero si se esconden, la luz y la sal se convierten en insípidas, sin fuerza, se debilita. El testimonio será débil. Pero esto sucede cuando yo no acepto la unción, no acepto el sello, no acepto ese ‘depósito’ del Espíritu que está en mí. Y esto se hace cuando no acepto el ‘sí’ en Jesucristo”.

La propuesta cristiana “es decisiva y hermosa, y da mucha esperanza”. “¿Yo soy luz –podemos preguntarnos– para los otros?, ¿soy sal para los demás, que da sabor a la vida y la defiende de la corrupción?”.

El Santo Padre observó que “cuando una persona está llena de luz, decimos que ‘es una persona soleada’. Esto nos puede ayudar a entenderlo”.

“Pidamos esta gracia de estar aferrados, radicados en la plenitud de las promesas en Cristo Jesús que es ‘sí’, totalmente ‘sí’, es llevar esta plenitud con la sal y la luz de nuestro testimonio a los otros para dar gloria al Padre que está en los cielos”.
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SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO

San Juan Crisóstomo
Homilías sobre el evangelio de san Mateo 15, 6.7

Vosotros sois la sal de la tierra. Es como si les dijera: «El mensaje que se os comunica no va destinado a vosotros solos, sino que habéis de transmitirlo a todo el mundo. Porque no os envío a dos ciudades, ni a diez, ni a veinte; ni tan siquiera os envío a toda una nación, como en otro tiempo a los profetas, sino a la tierra, al mar y a todo el mundo, y a un mundo por cierto muy mal dispuesto».

Porque, al decir: Vosotros sois la sal de la tierra, enseña que todos los hombres han perdido su sabor y están corrompidos por el pecado. Por ello, exige sobre todo de sus discípulos aquellas virtudes que son más necesarias y útiles para el cuidado de los demás.

En efecto, la mansedumbre, la moderación, la misericordia, la justicia son unas virtudes que no quedan limitadas al provecho propio del que las posee, sino que son como unas fuentes insignes que manan también en provecho de los demás.

Lo mismo podemos afirmar de la pureza de corazón, del amor a la paz y a la verdad, ya que el que posee estas cualidades las hace redundar en utilidad de todos.

«No penséis –viene a decir– que el combate al que se os llama es de poca importancia y que la causa que se os encomienda es exigua: Vosotros sois la sal de la tierra».

¿Significa esto que ellos restablecieron lo que estaba podrido? En modo alguno. De nada sirve echar sal a lo que ya está podrido. Su labor no fue ésta; lo que ellos hicieron fue echar sal y conservar, así, lo que el Señor había antes renovado y liberado de la fetidez, encomendándoselo después a ellos.

Porque liberar de la fetidez del pecado fue obra del poder de Cristo; pero el no recaer en aquella fetidez era obra de la diligencia y esfuerzo de sus discípulos.

¿Te das cuenta de cómo va enseñando gradualmente que éstos son superiores a los profetas? No dice, en efecto, que hayan de ser maestros de Palestina, sino de todo el orbe.

«No os extrañe, pues –viene a decirles–, si, dejando ahora de lado a los demás, os hablo a vosotros solos y os enfrento a tan grandes peligros. Considerad a cuántas y cuán grandes ciudades, pueblos, naciones os he de enviar en calidad de maestros.

Por esto, no quiero que seáis vosotros solos prudentes, sino que hagáis también prudentes a los demás. Y muy grande ha de ser la prudencia de aquellos que son responsables de la salvación de los demás, y muy grande ha de ser su virtud, para que puedan comunicarla a los otros. Si no es así, ni tan siquiera podréis bastaros a vosotros mismos.

«En efecto, si los otros han perdido el sabor, pueden recuperarlo por vuestro ministerio; pero, si sois vosotros los que os tornáis insípidos, arrastraréis también a los demás con vuestra perdición.

Por esto, cuanto más importante es el asunto que se os encomienda, más grande debe ser vuestra solicitud». Y así, añade: Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Para que no teman lanzarse al combate, al oír aquellas palabras: Cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo, les dice de modo equivalente: «Si no estáis dispuestos a tales cosas, en vano habéis sido elegidos. Lo que hay que temer no es el mal que digan contra vosotros, sino la simulación de vuestra parte; entonces sí que perderíais vuestro sabor y seríais pisoteados.

Pero, si no cejáis en presentar el mensaje con toda su austeridad, si después oís hablar mal de vosotros, alegraos. Porque lo propio de la sal es morder y escocer a los que llevan una vida de molicie.

«Por tanto, estas maledicencias son inevitables y en nada os perjudicarán, antes serán prueba de vuestra firmeza. Mas si, por temor a ellas, cedéis en la vehemencia conveniente, peor será vuestro sufrimiento, ya que entonces todos hablarán mal de vosotros y todos os despreciarán; en esto consiste el ser pisoteado por la gente».

A continuación, propone una comparación más elevada: Vosotros sois la luz del mundo. De nuevo se refiere al mundo, no a una sola nación ni a veinte ciudades, sino al orbe entero; luz que, como la sal de que ha hablado antes, hay que entenderla en sentido espiritual, luz más excelente que los rayos de este sol que nos ilumina.

Habla primero de la sal, luego de la luz, para que entendamos el gran provecho que se sigue de una predicación austera, de unas enseñanzas tan exigentes. Esta predicación, en efecto, es como si nos atara, impidiendo nuestra dispersión, y nos abre los ojos al enseñarnos el camino de la virtud. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín.

Con estas palabras, insiste el Señor en la perfección de vida que han de llevar sus discípulos y en la vigilancia que han de tener sobre su propia conducta, ya que ella está a la vista de todos, y el palenque en que se desarrolla su combate es el mundo entero.
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13 de Junio

San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia

San Antonio de Padua

San Antonio de Padua

Nació en Lisboa a finales del siglo XII. Primero formó parte de los canónigos regulares de san Agustín, y, poco después de su ordenación sacerdotal, ingresó en la Orden de los frailes Menores­, con la intención de dedicarse a propagar la fe cristiana en África.

Sin embargo, fue en Francia y en Italia donde ejerció con ­gran provecho sus dotes de predicador, convirtiendo a muchos herejes. Fue el primero que enseñó teología en su Orden. E­scribió varios sermones llenos de doctrina y de unción. Murió en Padua el año 1231.


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La palabra tiene fuerza
cuando va acompañada de las obras


De los sermones de san Antonio de Padua, presbítero

El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimo­nios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas ­en nuestra conducta.

La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen.

Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y, por esto, el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto, sino hojas tan sólo.

«La norma del predicador –dice san Gregorio– es poner por obra lo que predica». En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.

Pero los apóstoles hablaban según el Espíritu les sugería. ¡Dichoso el que habla según le sugiere el Espíritu Santo y no según su propio sentir! Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndoselas a sí mismos.

De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas –oráculo del Señor– que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos –oráculo del Señor–, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso, son inútiles a mi pueblo –oráculo del Señor–.

Hablemos, pues, según nos sugiera el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, tú que has dado a tu pueblo en la persona de san Antonio de Padua un predicador insigne y un intercesor poderoso, concédenos seguir fielmente los principios de la vida cristiana, para que merezcamos tenerte como protector en todas las adversidades. Por nuestro Señor Jesucristo.

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