En el mes del “orgullo gay” Facebook censura a experto en ideología de género

junio 12, 2017

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Agustín Laje, politólogo argentino y crítico de la ideología de género

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En el mes del “orgullo gay” Facebook censura a experto en ideología de género

Por David Ramos

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REDACCIÓN CENTRAL, 12 Jun. 17 / 05:02 pm (ACI).- La red social Facebook bloqueó el acceso al politólogo argentino Agustín Laje, crítico de la ideología de género, por un periodo de 30 días.

La sanción se produce en medio de las celebraciones de Facebook por el “orgullo gay” y la implementación de un ícono y calcomanías especiales con distinta simbología homosexual en la popular red social.

En declaraciones a ACI Prensa, Laje explicó que la censura se dio por publicar en su cuenta de Facebook una respuesta a una serie de difamaciones como “homófobo” y “misógino” publicadas en el diario argentino de izquierda Página 12.

Página 12 fue financiado con millones de dólares durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El director de Página 12, Horacio Verbitsky, ex miembro del violento grupo guerrillero Montoneros y luego colaborador de la dictadura argentina, difamó años atrás al Papa Francisco.

En un artículo de Página 12 titulado “El discurso del odio” del 9 de diciembre de 2016, la periodista Marta Platía calificó a Agustín Laje de “misógino”, “homófobo” e “inquisidor”. Todo esto luego de que la Bolsa de Comercio de Córdoba lo reconociera como Joven Sobresaliente del Año.

Laje respondió en su cuenta de Facebook con un extenso texto, acompañado de una foto del artículo de Página 12, recordando la relación de Verbitsky con los Montoneros, con la dictadura, y criticando las falacias.

En esa ocasión, el politólogo argentino señaló que mientras las feministas radicales “dicen que yo tengo un ‘discurso de odio’, ellas en sus movilizaciones evidencian “con sus típicas consignas y pintadas, dónde está el odio: ‘muerte al macho’, ‘matá a tu novio’, ‘machete al machote’, ‘Jesús era gay’, ‘Si la Virgen María viviera sería tortillera’, ‘La única Iglesia que ilumina es la que arde’, ‘Abortá al macho’, ‘Abortá la heterosexualidad’, ‘Muerte a la gorra’, y un inacabable etcétera”.

Este texto fue eliminado por Facebook poco después. Laje publicó luego una versión editada, retirando la mención a Verbitsky, que fue finalmente censurada hoy.

“Hoy cuando llego a Córdoba lo primero que quiero hacer es ver mi Facebook y me dice que esa publicación mía infringe las normas comunitarias”, dijo a ACI Prensa este lunes 12 de junio.

Las normas comunitarias de Facebook, recordó, implican “no publicar pornografía, no publicar actos de violencia, no instigar a la violencia, ese tipo de cosas. Esto era una réplica a una nota de Página 12 donde yo iba marcando las falacias lógicas una por una, o sea que no violentaba en verdad ninguna norma comunitaria”.

“Y como sanción me impusieron 30 días de bloqueo. Lo que significa 30 días sin poder usar mi principal red social para difundir. Lo cual significa que no puedo invitar a nadie a los próximos eventos de los  próximos 30 días”, lamentó.

La primera vez que Facebook lo bloqueó, “me censuraron una semana”, recordó. En esa ocasión, dijo, “alegaban que ese posteo había violentado las normas comunitarias porque me refería expresamente al director de Página 12, lo cual es absurdo porque uno puede hacer ese tipo de críticas y porque aparte es un dato histórico que esa persona perteneció a una organización armada terrorista aquí en Argentina”.

“Volví a publicar el mismo posteo pero sin ninguna referencia a esta persona puntual, al director del diario Página 12, para no recibir de nuevo una censura, pero para que la respuesta a la nota del diario quedara publicada en mi Facebook”, explicó.

Precisamente por esta nueva publicación, indicó, “me vienen a censurar no por una semana sino por un mes entero el Facebook”.

Laje, que volvía a Argentina de participar en un congreso de La Opción V en Perú, ha sido víctima de distintos ataques mediáticos y ha denunciado repetidamente ser víctima de amenazas de muerte.

El 7 de junio en Mendoza, durante la presentación del libro que escribió junto al también argentino Nicolás Márquez -“El Libro Negro de la Nueva Izquierda: Ideología de género o subversión cultural”-, un pequeño grupo de manifestantes feministas protagonizó una amenaza de bomba que obligó a las autoridades a desalojar el Teatro de la Compañía hasta que lograron descartar el peligro.

A pesar del bloqueo en su cuenta personal, aún se puede contactar a Agustín Laje a través de su página oficial de Facebook https://www.facebook.com/agustinlajearrigoni/ y ha creado una nueva cuenta personal https://www.facebook.com/lajeagustin.

 

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¿Buscas consuelo? Esto es lo que tienes que hacer según el Papa Francisco

junio 12, 2017

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El Papa Francisco predica durante la celebración eucarística en Santa Marta

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¿Buscas consuelo? Esto es lo que tienes que hacer según el Papa Francisco

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 12 Jun. 17 / 04:57 am (ACI).- El “consuelo de Dios” fue el centro de la homilía que el Papa Francisco pronunció este lunes en la Misa que celebró en Santa Marta, donde también explicó cómo pasar de recibir este don a compartirlo con los demás y así ser felices.

El Santo Padre invitó a dejar al menos abierta “un poquito” la puerta del corazón porque de esta manera “Él se las arregla para entrar”.

“La experiencia del consuelo, que es una experiencia espiritual, tiene necesidad siempre de una alteridad para ser plena: ninguno puede consolarse a sí mismo, ninguno”, explicó el Papa.

“Quien busca hacerlo –continuó– termina mirándose al espejo, se mira al espejo, busca maquillarse a sí mismo, aparentar. Se consuela con estas cosas cerradas que no lo dejan crecer y el aire que respira es ese aire narcisista de la autorreferencialidad. Este es el consuelo maquillado que no deja crecer. Y esto no es el consuelo, porque está cerrado, le falta una alteridad”.

Una vez más, Francisco puso de ejemplo de este comportamiento a los doctores de la ley “llenos de su propia suficiencia” o al rico Epulón que iba de fiesta en fiesta pensando ser así consolado.

“Estos se miraban al espejo” y “miraba su propia alma maquillada por ideologías y daba gracias al Señor”. Pero Jesús hacía ver que con este modo de vivir “jamás llegarían a la plenitud, como máximo llegarían a la vanagloria”.

El consuelo se recibe porque “es Dios quien consuela” y da este “don”. Pero “el consuelo es un estado de paso del don recibido al servicio donado”, explicó.

“El verdadero consuelo tiene esta doble alteridad: es don y servicio. Y así si yo dejo entrar el consuelo del Señor como don es porque tengo necesidad de ser consolado. Estoy necesitado: para ser consolado es necesario reconocer que se tiene necesidad. Solamente así el Señor viene, nos consuela y nos da la misión de consolar a los otros. Y no es fácil tener el corazón abierto para recibir el don y hacer el servicio, las dos alteridades que hacen posible el consuelo”.

El Papa comentó también el Evangelio del día, el Sermón de la Montaña, y afirmó que “quienes son felices tienen un corazón abierto”.

“A los pobres, el corazón se les abre con una actitud de pobreza, de pobreza de espíritu. Aquellos que saben llorar, los mansos, la mansedumbre de corazón; los hambrientos de justicia, que luchan por la justicia; aquellos que son misericordiosos, que tienen misericordia hacia los demás; los puros de corazón; los que obran la paz y los que son perseguidos por la justicia, por amor a la justicia. Así el corazón se abre y el Señor viene con el don del consuelo y la misión de consolar a los otros”.

Pero también están los que tienen el corazón “cerrado” y se sientes “ricos de espíritu, es decir, autosuficientes”. “No tienen necesidad de llorar porque se sientes justos”, añadió. Son, por ejemplo, los “sucios de corazón”, los “obradores de guerras”.

Evangelio comentado por el Papa: Mateo 5:1-12
1 Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.
2 Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
3 «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4 Bienaventurados los mansos , porque ellos poseerán en herencia la tierra.
5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
11 Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

 


El maná de cada día, 12.6.17

junio 12, 2017

Lunes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

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Y tomando la palabra, les enseñaba

Y tomando la palabra, les enseñaba

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PRIMERA LECTURA: 2 Corintios 1, 1-7

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo, a la Iglesia de Dios que está en Corinto y a todos los santos que residen en toda Acaya: os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo.

Si nos toca luchar, es para vuestro aliento y salvación; si recibimos aliento, es para comunicaros un aliento con el que podáis aguantar los mismos sufrimientos que padecemos nosotros. Nos dais firmes motivos de esperanza, pues sabemos que si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo.


SALMO 33,2-3.4-5.6-7.8-9

Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloria en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 12a

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


EVANGELIO: Mateo 5, 1-12

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos , porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

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LOS MUCHOS MODOS DE LLEGAR A LA VIDA FELIZ

San Agustín (Sermón 53,1-6)

La solemnidad de la santa virgen (Inés) que dio testimonio de Cristo y mereció que Cristo lo diera de ella, virgen públicamente martirizada y ocultamente coronada, nos invita a hablar a vuestra caridad de aquella exhortación que poco ha nos hacía el Señor en el evangelio, exponiendo los muchos modos de llegar a la vida feliz, cosa que todos desean.

No puede encontrarse, en efecto, quien no quiera ser feliz. Pero ¡ojalá que los hombres que tan vivamente desean la recompensa no rehusaran la tarea que conduce a ella! ¿Quién hay que no corra con alegría cuando se le dice: «Vas a ser feliz»? Mas ha de oír también de buen grado lo que se dice a continuación: «Si esto hicieres».

No se rehúya el combate si se ama el premio. Enardézcase el ánimo a ejecutar alegremente la tarea ante la recomendación de la recompensa. Lo que queremos, lo que deseamos, lo que pedimos vendrá después. Lo que se nos ordena hacer con vistas a lo que vendrá después, hemos de realizarlo ahora.

Comienza, pues, a traer a la memoria los dichos divinos, tanto los preceptos como los galardones evangélicos. Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos. El reino de los cielos será tuyo más tarde; ahora sé pobre de espíritu.

¿Quieres que sea tuyo el reino de los cielos más tarde? Considera de quién eres tú ahora. Sé pobre de espíritu. Nadie que se infla es pobre de espíritu; luego el humilde es el pobre de espíritu. El reino de los cielos está arriba, pero quien se humilla será ensalzado (Lc 14,11).

Pon atención a lo que sigue: Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra. Ya estás pensando en poseer la tierra. ¡Cuidado, no seas poseído por ella! La poseerás si eres manso; de lo contrario, serás poseído. Al escuchar el premio que se te propone: el poseer la tierra, no abras el saco de la avaricia, que te impulsa a poseerla ya ahora tú solo, excluido cualquier vecino.

No te engañe el pensamiento. Poseerás verdaderamente la tierra cuando te adhieras a quien hizo el cielo y la tierra. En esto consiste el ser manso: en no poner resistencia a Dios, de manera que en lo bueno que haces sea él quien te agrade, no tú mismo; y en lo malo que sufras no te desagrade él, sino tú a ti mismo. No es poco agradarle a él, desagradándote a ti mismo, pues agradándote a ti le desagradarías a él.

Presta atención a la tercera bienaventuranza: Dichosos los que lloran, porque serán consolados. El llanto significa la tarea; la consolación, la recompensa. En efecto, ¿qué consuelos reciben los que lloran en la carne? Consuelos molestos y temibles.

El que llora encuentra consuelo allí donde teme volver a llorar. A un padre, por ejemplo, le causa tristeza la pérdida de un hijo, y alegría el nacimiento de otro; perdió aquél, recibió éste; el primero le produce tristeza, el segundo temor; en ninguno, por tanto, encuentra consuelo. Verdadero consuelo será aquel por el que se da lo que nunca se perderá ya. Quienes lloran ahora por ser peregrinos, luego se gozarán de ser consolados.

Pasemos a lo que viene en cuarto lugar, tarea y recompensa: Dichosos quienes tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Ansías saciarte. ¿Con qué? Si es la carne la que desea saciarse, una vez hecha la digestión, aunque hayas comido lo suficiente, volverás a sentir hambre. Y quien bebiere -dijo Jesús- de este agua, volverá a sentir sed (Jn 4,13).

El medicamento que se aplica a la herida, si ésta sana, ya no produce dolor; el remedio, en cambio, con que se ataca al hambre, es decir, el alimento, se aplica como alivio pasajero. Pasada la hartura, vuelve el hambre. Día a día se aplica el remedio de la saciedad, pero no sana la herida de la debilidad.

Sintamos, pues, hambre y sed de justicia, para ser saturados de ella, de la que ahora estamos hambrientos y sedientos. Seremos saciados con aquello de lo que ahora sentimos hambre y sed. Sienta hambre y sed nuestro hombre interior, pues también él tiene su alimento y su bebida. Yo soy -dijo Jesús- el pan que ha bajado del cielo (Jn 6,41).

He aquí el pan adecuado al que tiene hambre. Desea también la bebida correspondiente: En ti se halla la fuente de la vida (Sal 35,10).

Pon atención a lo que sigue: Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos. Hazla y se te hará; hazla tú con otro para que se te haga contigo, pues abundas y escaseas. Oyes que un mendigo, hombre también, te pide algo; tú mismo eres mendigo de Dios. Te piden a ti y pides tú también.

Lo que hagas con quien te pide a ti, eso mismo hará Dios con quien le pide a él. Estás lleno y estás vacío; llena de tu plenitud el vacío del pobre para que tu vaciedad se llene de la plenitud de Dios.

Considera lo que viene a continuación: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Éste es el fin de nuestro amor: fin con que llegamos a la perfección no fin con el que nos acabamos. Se acaba el alimento, se acaba el vestido; el alimento se acaba porque se consume al ser comido; el vestido porque se concluye su tejedura.

Una y otra cosa se acaban, pero un fin es de consunción, otro de perfección. Todo lo que obramos, lo que obramos bien, nuestros esfuerzos, nuestras laudables ansias e inmaculados deseos, se acabarán cuando lleguemos a la visión de Dios. Entonces no buscaremos más.

¿Qué puede buscar quien tiene a Dios? O ¿qué le puede bastar a quien no le basta Dios? Queremos ver a Dios, buscamos verlo y ardemos por conseguirlo. ¿Quién no? Pero mira lo que se dijo: Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.

Prepara tu corazón para llegar a ver. Hablando a lo carnal, ¿cómo es que deseas la salida del sol, teniendo los ojos enfermos? Si los ojos están sanos, la luz producirá gozo; si no lo están, será un tormento. No se te permitirá ver con el corazón impuro lo que no se ve sino con el corazón puro. Serás rechazado, alejado; no lo verás. Pues dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

¿Cuántas veces ha repetido la palabra dichosos? ¿Qué cosas producen esa felicidad? ¿Cuáles son las obras, los deberes, los méritos, los premios? Hasta ahora en ninguna bienaventuranza se ha dicho porque ellos verán a Dios… Hemos llegado a los limpios de corazón: a ellos se les prometió la visión de Dios. Y no sin motivo, pues allí están los ojos con que se ve a Dios.

Hablando de ellos dice el apóstol Pablo: Iluminados los ojos de vuestro corazón (Ef 1,18). Al presente, motivo a la debilidad, esos ojos son iluminados por la fe; luego, ya vigorosos, serán iluminados por la realidad misma.



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EL CARNÉ DE IDENTIDAD DEL CRISTIANO

Papa Francisco en la Casa Santa Marta
Lunes 9 de junio de 2014

Las bienaventuranzas son «el carné de identidad del cristiano». Por ello el Papa Francisco —en la homilía de la misa que celebró el lunes 9 de junio— invitó a retomar esas páginas del Evangelio y releerlas más veces, para poder vivir hasta el final un «programa de santidad» que va «contracorriente» respecto a la mentalidad del mundo.

El Pontífice se refirió punto por punto al pasaje evangélico de Mateo (5, 1-12) propuesto por la liturgia. Y volvió a proponer las bienaventuranzas insertándolas en el contexto de nuestra vida diaria. Jesús, explicó, habla «con toda sencillez» y hace como «una paráfrasis, una glosa de los dos grandes mandamientos: amar al Señor y amar al prójimo». Así, «si alguno de nosotros plantea la pregunta: “¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?”», la respuesta es sencilla: es necesario hacer lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas.

Un sermón, reconoció el Papa, «muy a contracorriente» respecto a lo «que es costumbre, a lo que se hace en el mundo». La cuestión es que el Señor «sabe dónde está el pecado, dónde está la gracia, y Él conoce bien los caminos que te llevan a la gracia». He aquí, entonces, el sentido de sus palabras «bienaventurados los pobres en el espíritu»: o sea «pobreza contra riqueza».

«El rico normalmente se siente seguro con sus riquezas. Jesús mismo nos lo dijo en la parábola del granero», al hablar de ese hombre seguro que, como necio, no piensa que podría morir ese mismo día.

«Las riquezas no te aseguran nada. Es más: cuando el corazón se siente rico, está tan satisfecho de sí mismo, que no tiene espacio para la Palabra de Dios». Es por ello que Jesús dice: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, que tienen el corazón pobre para que pueda entrar el Señor». Y también: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados».

Al contrario, hizo notar el Pontífice, «el mundo nos dice: la alegría, la felicidad, la diversión, esto es lo hermoso de la vida». E «ignora, mira hacia otra parte, cuando hay problemas de enfermedad, de dolor en la familia». En efecto, «el mundo no quiere llorar: prefiere ignorar las situaciones dolorosas, cubrirlas». En cambio «sólo la persona que ve las cosas como son, y llora en su corazón, es feliz y será consolada»: con el consuelo de Jesús y no con el del mundo.

«Bienaventurados los mansos», continuó el Pontífice, es una expresión fuerte, sobre todo «en este mundo que desde el inicio es un mundo de guerras; un mundo donde se riñe por doquier, donde por todos lados hay odio». Sin embargo «Jesús dice: nada de guerras, nada de odio. Paz, mansedumbre». Alguien podría objetar: «Si yo soy tan manso en la vida, pensarán que soy un necio». Tal vez es así, afirmó el Papa, sin embargo dejemos incluso que los demás «piensen esto: pero tú sé manso, porque con esta mansedumbre tendrás como herencia la tierra».

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia» es otra gran afirmación de Jesús dirigida a quienes «luchan por la justicia, para que haya justicia en el mundo». La realidad nos muestra, destacó el obispo de Roma, cuán fácil es «entrar en las pandillas de la corrupción», formar parte de «esa política cotidiana del “do ut des”» donde «todo es negocio». Y, añadió, «cuánta gente sufre por estas injusticias». Precisamente ante esto «Jesús dice: son bienaventurados los que luchan contra estas injusticias». Así, aclaró el Papa, «vemos precisamente que es una doctrina a contracorriente» respecto a «lo que el mundo nos dice».

Y más: «bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia». Se trata, explicó, de «los que perdonan, comprenden los errores de los demás». Jesús «no dice: bienaventurados los que planean venganza», o que dicen «ojo por ojo, diente por diente», sino que llama bienaventurados a «aquellos que perdonan, a los misericordiosos». Y siempre es necesario pensar, recordó, que «todos nosotros somos un ejército de perdonados. Todos nosotros hemos sido perdonados. Y por esto es bienaventurado quien va por esta senda del perdón».

«Bienaventurados los limpios de corazón», es una frase de Jesús que se refiere a quienes «tienen un corazón sencillo, puro, sin suciedad: un corazón que sabe amar con esa pureza tan hermosa». Luego, «bienaventurados los que trabajan por la paz» hace referencia a las numerosas situaciones de guerra que se repiten. Para nosotros, reconoció el Papa, «es muy común ser agentes de guerras o al menos agentes de malentendidos». Sucede «cuando escucho algo de alguien y voy a otro y se los digo; e incluso hago una segunda versión un poco más amplia y la difundo». En definitiva, es «el mundo de las habladurías», hecho por «gente que critica, que no construye la paz», que es enemiga de la paz y no es ciertamente bienaventurada.

Por último, proclamando «bienaventurados a los perseguidos por causa de la justicia», Jesús recuerda «cuánta gente es perseguida» y «ha sido perseguida sencillamente por haber luchado por la justicia».

Así, puntualizó el Pontífice, «es el programa de vida que nos propone Jesús». Un programa «muy sencillo pero muy difícil» al mismo tiempo. «Y si nosotros quisiéramos algo más —afirmó— Jesús nos da también otras indicaciones», en especial «ese protocolo sobre el cual seremos juzgados que se encuentra en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo: “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber… estuve enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”».

He aquí el camino, explicó, para «vivir la vida cristiana al nivel de santidad». Por lo demás, añadió, «los santos no hicieron otra cosa más que» vivir las bienaventuranzas y ese «protocolo del juicio final». Son «pocas palabras, palabras sencillas, pero prácticas para todos, porque el cristianismo es una religión práctica: es para practicarla, para realizarla, no sólo para pensarla».

Y práctica es también la propuesta conclusiva del Papa Francisco: «Hoy, si tenéis un poco de tiempo en casa, tomad el Evangelio de Mateo, capítulo quinto, al inicio están estas bienaventuranzas». Y luego en el «capítulo 25, están las demás» palabras de Jesús. «Os hará bien —exhortó— leer una vez, dos veces, tres veces esto que es el programa de santidad».

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