El Papa pone en valor el papel de la mujer: A menudo es víctima de una violencia ciega

junio 9, 2017

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Una madre emocionada presenta a su bebé al Papa Francisco

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El Papa pone en valor el papel de la mujer: A menudo es víctima de una violencia ciega

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 09 Jun. 17 / 06:12 am (ACI).- El Papa Francisco puso de relieve el papel de la mujer en los diversos ámbitos de la vida, pero sobre todo en el de la educación, recordó cómo es habitual que sean ellas las que se ocupen de los más desfavorecidos y destacó que son a menudo víctimas de la violencia.

“Las mujeres, poseyendo características peculiares, pueden ofrecer un importante aporte al diálogo con su capacidad de escuchar, de acoger y de abrirse generosamente a los otros”, dijo el Papa.

Francisco expresó esta idea al recibir a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso que se ha celebrado en Roma bajo el tema “El papel de la mujer en la educación a la fraternidad universal”.

“Por desgracia, vemos cómo hoy la figura de la mujer en cuanto educadora a la fraternidad universal se ha oscurecido y a menudo no es reconocida a causa de tantos males que afligen a este mundo y que, en particular, afectan a las mujeres en su dignidad y en su papel”.

“Las mujeres, así como los niños, se encuentran entre las víctimas más habituales de una ciega violencia”, aseguró el Papa. “Allá donde el odio y la violencia toman el relevo, se hiere a las familias y a la sociedad, impidiendo a la mujer desarrollar, en comunión con las intenciones y la acción del hombre, su misión educadora de modo sereno y eficaz”.

Francisco se detuvo es hablar brevemente del valor de la mujer, de la educación en la fraternidad y del diálogo.

Valorizar el papel de la mujer

El Santo Padre aseguró que “hay necesidad de un mayor reconocimiento de la capacidad de la mujer para educar en la fraternidad universal”. En su opinión, “las mujeres tienen pleno derecho de participar activamente en todos los ámbitos y ese derecho debe ser protegido y reafirmado por instrumentos legales”.

Educar a la fraternidad

“Las mujeres, en cuanto educadoras, tienen una particular vocación, capaz de hacer nacer y crecer nuevas modalidades de acogida y estima recíproca”.

Francisco añadió que “la educación comporta una riqueza de implicaciones tanto para la mujer misma, por su modo de ser, tanto como por sus relaciones”.

“Las mujeres, unidas íntimamente al misterio de la vida, pueden hacer mucho por promover el espíritu de fraternidad, con el cuidado por preservar la vida y con la convicción de que el amor es la fuerza que puede hacer el mundo habitable para todos”.

“Las mujeres se ocupan ellas solas en acompañar a los demás, sobre todo a aquellos que son más débiles en la familia y en la sociedad, las víctimas de conflictos y a todos los que deben afrontar los desafíos de cada día”.

Por eso, “gracias a su contribución, la educación a la fraternidad puede superar la cultura del descarte”, subrayó.

Dialogar

Por último, el Pontífice manifestó la importancia de “construir lazos de amistad y de respeto”. “Las mujeres están comprometidas, a menudo más que los hombres, a nivel de ‘diálogo de la vida’ en el ámbito interreligioso, y así contribuyen a una mejor comprensión de los desafíos característicos de una realidad multicultural.

El diálogo es un camino que la mujer y el hombre deben realizar siempre, pero “hoy más que nunca es necesario que las mujeres estén presentes”.

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El maná de cada día, 9.6.17

junio 9, 2017

Viernes de la 9ª semana del Tiempo Ordinario

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Tu padre recobrará la vista y verá la luz



PRIMERA LECTURA: Tobit 11,5-17

En aquellos días, Ana estaba sentada, oteando el camino por donde tenía que llegar su hijo. Tuvo el presentimiento de que llegaba, y dijo al padre: «Mira, viene tu hijo con su compañero.»

Rafael dijo a Tobías, antes de llegar a casa: «Estoy seguro de que tu padre recuperará la vista. Úntale los ojos con la hiel del pez; el remedio hará que las nubes de los ojos se contraigan y se le desprendan. Tu padre recobrará la vista y verá la luz.»

Ana fue corriendo a arrojarse al cuello de su hijo, diciéndole: «Te veo, hijo, ya puedo morirme.»

Y se echó a llorar.

Tobit se puso en pie y, tropezando, salió por la puerta del patio. Tobías fue hacia él con la hiel del pez en la mano; le sopló en los ojos, le agarró la mano y le dijo: «Ánimo, padre.»

Le echó el remedio, se lo aplicó y luego con las dos manos le quitó como una piel de los lagrimales. Tobit se le arrojó al cuello, llorando, mientras decía: «Te veo, hijo, luz de mis ojos.»

Luego añadió: «Bendito sea Dios, bendito su gran nombre, benditos todos sus santos ángeles. Que su nombre glorioso nos proteja, porque si antes me castigó, ahora veo a mi hijo Tobías.»

Tobías entró en casa contento y bendiciendo a Dios a voz en cuello. Luego le contó a su padre lo bien que les había salido el viaje: traía el dinero y se había casado con Sara, la hija de Ragüel: «Está ya cerca, a las puertas de Nínive.»

Tobit salió al encuentro de su nuera, hacia las puertas de Nínive. Iba contento y bendiciendo a Dios, y los ninivitas, al verlo caminar con paso firme y sin ningún lazarillo, se sorprendían. Tobit les confesaba abiertamente que Dios había tenido misericordia y le había devuelto la vista.

Cuando llegó cerca de Sara, mujer de su hijo Tobías, le echó esta bendición: «¡Bien venida, hija! Bendito sea tu Dios, que te ha traído aquí. Bendito sea tu padre, bendito mi hijo Tobías, y bendita tú, hija. ¡Bien venida a ésta tu casa! Que goces de alegría y bienestar. Entra, hija.»

Todos los judíos de Nínive celebraron aquel día una gran fiesta.


SALMO 145, 1-2. 6b-7. 8-9a. 9bc-10

Alaba, alma mía, al Señor.

Alaba, alma mía, al Señor: alabaré al Señor mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos.

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23

El que me ama cumplirá mi palabra, y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.


EVANGELIO: Marcos 12, 35-37

En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó:

«¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.” Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»

La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.


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PRESENCIA CONTINUA DEL ÁNGEL CUSTODIO

P. Francisco Fernández Carvajal

Además de la creación del mundo visible y del hombre, Dios quiso también difundir su bondad dando el ser a los ángeles, criaturas exclusivamente espirituales, de una perfección altísima.

Los ángeles, espíritus puros –sin composición de materia o cuerpo–, son las criaturas más perfectas de la creación. Por una parte, su inteligencia procede con una simplicidad y agudeza de las que el hombre es incapaz, y su voluntad es más perfecta que la humana. Por otra parte, al estar ya elevados a la visión beatífica, son criaturas glorificadas que ven a Dios cara a cara.

Esta mayor excelencia, por naturaleza y por gracia, constituye a los ángeles en ministros ordinarios de Dios –que quiere servirse corrientemente de causas segundas en el gobierno del mundo–, y les capacita para influir sobre los hombres y los seres inferiores. «El nombre que la Sagrada Escritura les atribuye indica que lo que más cuenta en la Revelación es la verdad sobre las tareas de los ángeles respecto a los hombres: ángel quiere decir, en efecto, mensajero»(1).

En muchos lugares del Nuevo y del Antiguo Testamento se nos habla de ellos, y de tal manera es patente su presencia que es inseparable de la acción salvadora de Dios en favor de los hombres(2).

Además de intervenir en acontecimientos singulares de la historia humana, los ángeles actúan continuamente en la vida personal de los hombres, pues «la providencia de Dios ha dado a los ángeles la misión de guardar al linaje humano y de socorrer a cada hombre»(3). Son una muestra más de la bondad divina con nosotros, y por eso socorren, animan, confortan, y nos llaman al bien, a la confianza y a la serenidad. Todo un libro del Antiguo Testamento está dedicado a relatar la ayuda de un arcángel, San Rafael, a la familia de Tobías(4).

Sin dar a conocer su condición angélica, acompaña al joven Tobías en un largo y difícil viaje, y le presta consejos y servicios inestimables; al final de la narración, él mismo se presenta: Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles que presentamos las oraciones de los justos y tienen entrada ante la majestad del Santo(5).

El Señor conocía bien la conducta honrada de aquella familia: Cuando orabais (…) yo presentaba ante Dios vuestras oraciones. Cuando enterrabas a los muertos, también yo te asistía. Cuando con diligencia los sepultabas (…) yo estaba contigo(6).

Nuestra vida es también un largo camino, y al final de ella, cuando con la ayuda de la gracia estemos en la casa de nuestro Padre Dios, el Ángel Custodio también podrá decirnos: «yo estaba contigo», pues los Ángeles Custodios tienen la misión de ayudar a cada hombre a alcanzar el fin sobrenatural al que es llamado por Dios. Yo mandaré un Ángel delante de ti -dijo el Señor a Moisés- para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto(7).

Agradezcamos al Señor que haya querido encomendarnos a estos príncipes del Cielo tan inteligentes y eficaces en su operación, y manifestemos frecuentemente la estima que les profesamos.

1 Juan Pablo II, Audiencia general 30-VII-1986. — 2 Cfr. ídem, Audiencia general 9-VII-1986. — 3 Catecismo Romano, IV, 9, n. 4. — 4 Cfr. Primera lectura de la Misa, Año I, Tob 11, 5-17. — 5 Tob 12, 15. — 6 Cfr. Tob 12, 12-14. — 7 Ex 23, 20.

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