Maná y Vivencias Pascuales (48), 2.6.17

Viernes de la 7ª semana de Pascua

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DECENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

NOVENO DÍA

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El amor consiste en que Dios nos amó primero

El amor consiste en que Dios nos amó primero

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Ap 1, 5-6; 1era lectura: Hch 25, 13-21; Salmo: 102, 1-2.11-12.19-20; Aclamación: Jn 14, 26; Evangelio: Jn 21, 15-19; Comunión: Jn 16,13.

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TEMA ILUMINADOR: EL AMOR DE DIOS PADRE

ANTIFONA DE ENTRADA.- Cristo nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que por la glorificación de Jesucristo y la venida del Espíritu Santo nos has abierto las puertas de tu reino; haz que la recepción de dones tan grandes nos mueva a dedicarnos con mayor empeño a tu servicio y a vivir con mayor plenitud las riquezas de nuestra fe. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 25, 13-21

En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para saludar a Festo.

Permanecieron allí algún tiempo, y Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: Tenemos aquí un preso que ha dejado Félix; cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los senadores judíos presentaron quejas contra él y me pidieron que lo condenara.

Yo les contesté que los romanos no acostumbran entregar a un hombre sin que haya tenido la oportunidad de defenderse de los cargos en presencia de sus acusadores.

Vinieron conmigo a Cesarea, y yo, sin demora, me senté al día siguiente en el tribunal y mandé traer a este hombre. Se presentaron los acusadores, pero no lo demandaron por ninguno de los delitos que yo sospechaba. Sólo tenían contra él cuestiones referentes a sus creencias y a un cierto Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que está vivo.

Como yo me perdía en esos asuntos, le pregunté si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí sobre esas cosas. Pero Pablo apeló y pidió que el sumario lo hiciera el tribunal del emperador. Entonces ordené que lo mantuvieran bajo custodia hasta que pueda enviarlo al César.


SALMO 102

Bendice, alma mía al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.

Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotrosnuestras culpas.

El Señor puso en el cielo su trono, su soberanía gobierna el universo. Bendigan al Señor, ángeles suyos: poderosos ejecutores de sus órdenes.


ACLAMACIÓN, Jn 14, 26.- El Espíritu Santo será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho. Aleluya.

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EVANGELIO, Jn 21, 15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, y comiendo con ellos, preguntó a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él le contestó: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis corderos.

Le preguntó por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro volvió a contestar: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Pastorea mis ovejas.

Insistió Jesús por tercera vez: Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.

Entonces Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras.

Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: Sígueme.


COMUNIÓN Jn 16, 13.- Cuando venga el Espíritu Santo de la Verdad, los guiará hasta la verdad plena, dice el Señor. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA NOVENO

Podemos tomar como dirigida a nosotros la pregunta que formula el Apóstol: ¿no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo mora en vosotros? (1 Cor 3, 16), y recibirla como una invitación a un trato más personal y directo con Dios. Por desgracia el Paráclito es, para algunos cristianos, “el gran desconocido”.

Y sin embargo, el Espíritu es una de las tres personas del único Dios, con quien se habla y de quien se vive. Hace falta, por tanto, que lo tratemos con asidua sencillez y con confianza, como nos enseña la Iglesia a través de la liturgia.

Entonces conoceremos más a nuestro Señor Jesucristo y, al mismo tiempo, nos daremos cuenta más plenamente del inmenso don que supone llamarse cristianos.

Señor, Padre de todos los hombres, que quieres reunir en una única fe a tus hijos dispersos, ilumina a todos los hombres con la gracia del Espíritu Santo.

ORACIÓN FINAL

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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EJERCICIO PASCUAL (1): Estimada hermana, apreciado hermano.

Nos quedan sólo tres días para culminar la trayectoria pascual. A estas alturas, seguro que has experimentado una renovación de tu fe. Te hayas dado cuenta o no, la palabra de Dios ha sido sembrada en tu corazón.

Esa semilla tiene vigor para germinar por sí misma. No lo dudes. Tú la has acogido y te alegras al constatar un cambio en tu vida. Enhorabuena por ello, hermano. Ánimo. Mayores cosas verás.

En estos tres días nos acercaremos a las tres divinas personas y nos dispondremos para recibir la vida en abundancia que le agradó a Dios Padre regalarnos; que nos mereció el Hijo con su vida, pasión, muerte y resurrección; y que nos hace experimentar y gustar el Espíritu Santo.

Vamos a pedir, o mejor agradecer, una nueva efusión del Espíritu de Dios en nuestras vidas.

Sabemos que Dios es un Dios de vivos, no de muertos. Que goza con dar vida a discreción. Por tanto, podemos hablar de “reclamarle” a Dios una nueva vida en plenitud.

Jesús nos asegura que al Padre le agrada que demos mucho fruto; que nos quiere dar el Espíritu sin medida, el gran Don. El Padre lo ha prometido solemnemente, y, por si hiciera falta, Cristo se lo recuerda a cada momento, sentado a su derecha.

Por tanto, vamos a disponernos, desde hoy mismo, para dejarle manos libres al finalizar esta Pascua y para que así pueda hacer de nosotros lo que más le plazca: para gloria suya, para nuestro bien y edificación de la Iglesia.

En este día viernes dirigimos nuestra mirada contemplativa al Padre, fuente de todo don.

Dios Padre tomó la iniciativa de darnos la existencia. Eternamente nos ha amado, ha pronunciado nuestro nombre. Se ha recreado en cada uno de nosotros y nos ha hecho originales y únicos, irrepetibles, plenamente logrados.

Por tanto, tú, hermana, hermano, dispónte a recibir el amor de Dios Padre, su predilección por ti. No tienes que amar a Dios sino más bien dejarte amar por él. El amor consiste no en que tú hayas amado a Dios sino en que él te amó primero.

Él te ama incondicionalmente: no te ama porque seas bueno, sino que, amándote, te hace bueno. El amor de Dios está en el comienzo de tu mismo ser y existir.

Esencialmente eres “amor”. Es tu valía y tu peso, tu misma esencia y sentido. Déjate inundar; déjate iluminar.

Dios Padre quiere lo mejor para ti porque eres su hijo. Hijo adoptivo, sí, pero “verdadero” hijo en su bendito Hijo Jesucristo. Por eso, te invita a vivir siempre en comunión con él a través del Hijo y del Espíritu derramado en tu corazón.

Dios te regala una vida en abundancia, plena, y te invita a degustar ya en este mundo algo que ni ojo vio, ni oído escuchó ni pudo soñar mente humana.

Para alcanzar esa paz y reconciliación debes purificar tu corazón de toda envidia, rencor, odio o venganza contra los hermanos.

Como hijo de Dios, debes parecerte a él, y para ello debes imitarlo en su paciencia, indulgencia y bondad, pues manda el sol sobre justos e injustos.

Por tanto, deberías renunciar a todo cuanto se oponga al amor, a la compasión y al perdón incondicional hacia el hermano.

A lo largo de la celebración pascual has sido testigo de la transformación que experimentaron los apóstoles, y en general los discípulos de Jesús, y en particular san Pablo.

Has escuchado las maravillas que hacía el Espíritu en la Iglesia por designio del Padre y en nombre de Cristo.

¿Quieres experimentar tú mismo algo parecido? Dispónte interiormente para recibirlo. Créetelo en tu corazón. Comienza a bendecir al Señor porque te lo dará, sin duda.

Agradécelo porque al Padre le gusta dar vida a discreción; es lo que más le agrada: que des frutos en abundancia. Que seas plenamente feliz en Cristo. Que seas una criatura nueva.

Todo lo anterior debe pasar, debes olvidarlo. Algo nuevo está brotando. Mirad, que hago nuevas todas las cosas. ¿Es que no lo notáis?

El Reino de Dios ha llegado a vosotros. No sigas llamando impuro a lo que Dios ha purificado para siempre. Tú, ya no eres el mismo de antes, el mismo de siempre.

Eres criatura nueva en Cristo. Créelo, y así será. Amén.

ORACIÓN A DIOS PADRE

Padre de bondad, creo que existes desde siempre y que estás en los cielos: El único santo y misericordioso. Tú has creado todas las cosas. Te adoro y te bendigo porque tú eres digno de toda bendición.

En la persona de tu Hijo Jesucristo, y uniéndome a él por su Espíritu, te amo y te alabo, me postro en tu presencia. Te agradezco que hayas pensado en mí desde siempre y que me des la vida y la fe.

Quiero recibir todo cuanto hayas pensado sobre mí y para mí. Acepto con alegría tus designios y será para mí un gozo cumplir tu voluntad y darte gloria por siempre.

Señor, Padre santo, que tu nombre sea bendito, que te bendigan los ángeles y los santos. Tú eres digno de toda bendición.

En nombre de Jesús nuestro hermano te pido que me envíes el Espíritu de tu propio Hijo para que pueda amarte como tú quieres, y en ti y por ti, pueda amar a todos los demás y todo lo demás.

Con tu gracia quiero abrazar todas las cosas creadas por ti, y renuncio a todo rencor contra mis hermanos. A todos los amo de verdad y a todos los perdono de corazón. Quiero ser tu hijo en el que puedas siempre complacerte. Quiero parecerme en todo a tu bendito Hijo Jesús, en el que tienes todas tus complacencias.

Concédeme la vida en abundancia, Padre de bondad, por tu querido Hijo Jesucristo que me amó y se entregó por mí. Finalmente, dame tu bendición. Amén.

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