¿CÓMO Y QUÉ ORA UNA JUNIORA Y UN JUNIOR DE NUESTRO TIEMPO?

mayo 25, 2017

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Luis Alberto González, cmf.

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¿CÓMO Y QUÉ ORA UNA JUNIORA Y UN JUNIOR DE NUESTRO TIEMPO?

Por Luis Alberto Gonzalo

Lo primero que a uno le viene a la cabeza es la necesidad de preguntar a quien en sus carnes vive con 20 ó 25 años su camino espiritual en la vida religiosa. Lo segundo releer los planes de formación de nuestras congregaciones y descubrir, una vez más, que «el deber ser», cada vez más, tiene menos que ver con la realidad de nuestro tiempo. Lo tercero es pensar en nuestras comunidades como escuelas de espiritualidad. ¿Qué frescura, qué novedad, qué vida es la que ora y comparte la vida religiosa adulta como pedagoga de las nuevas generaciones?

Hace un tiempo en la revista Vida Religiosa hacíamos una entrevista al Cardenal Lacunza (1), Obispo de David en Panamá. Este agustino recoleto de más de setenta años, nos reconocía que a pesar de tanta renovación, en la vida religiosa seguimos orando como hace 30, 50 ó 70 años. Y además afirmó sin dudarlo que «el joven no se asusta de orar, pero sí de repetir rezos».

Ingenuamente hemos podido pensar que renovando el entorno y las formas, también aprenderíamos a dirigirnos personal y comunitariamente a Dios como hombres y mujeres de nuestro tiempo. La verdad, sin embargo, es que los ritmos oracionales de las comunidades de vanguardia y misión, que somos nosotros, son ritmos y, a veces, contenidos, de ayer.

La persona queda al margen, con su «otra vida». El crecimiento y convencimiento; la adhesión y la fraternidad, entonces, se transforman en funcionalidad. Un momento, la mañana y la noche, que jamás empapa el día.

En las primeras páginas de su libro, Esto no es un diario, Sygmunt Bauman afirma: «Las cosas fluyen demasiado deprisa como para que propicien esperanza alguna de darles alcance. Por eso las cartas no me deparan ya ningún tema nuevo de estudio, ningún objeto original para un análisis en profundidad que le haga verdaderamente justicia. Y no es ni mucho menos porque escaseen los conocimientos disponibles para tal tarea, sino justamente por lo contrario: porque son tantos que superan y desafían todo intento de mi parte por absorberlos y digerirlos (2)».

Comprenderán que si a él  le supera la pluralidad, a nosotros a la hora de pensar y organizar qué ora, y qué expresa un joven o una joven que está en sus primeros años de vida religiosa, no va a ser menor el vértigo.

Por eso, con temor y temblor, nos acercamos a estas generaciones anónimas (cada uno, cada una y su mundo), plurales (interculturales), nuevas (plenamente del siglo XXI), sin padre (de un patrón cultural y religioso abierto) y sin herencia (quieren hacer su historia y no desarrollar lo que se encuentran).

(Nos acercamos a) aquellos que se han encontrado con un Dios concreto que los ha mirado con amor y ha bastado esa mirada para una experiencia antropológica de primera magnitud: El “Dios llamada” los ha hecho nuevos y posibles, no se fijó en sus heridas, sino en su capacidad de amar, y para amar.

Estos jóvenes de tantos lugares recónditos de nuestro planeta no responden siquiera al tradicional punto de encuentro de nuestras congregaciones. Es cierto que nuestras presencias, con el paso de los años, fueron creando también cadenas de entradas… pero muchos no han tenido nada que ver con nosotros ni con nuestras familias. Algunos se han tropezado con la congregación que hoy somos. Es otra manifestación más del milagro vocacional de Dios.

Además, estamos reconociendo en esos jóvenes, llegados a nosotros a «cuenta gotas», una especial capacidad para la intergeneracionalidad. Llegan a carismas y comunidades que encarnamos quienes podríamos ser sus padres o abuelos… y aprenden a llamarnos hermanos. Aunque también percibimos que no siempre lo sienten.

La generación del nuevo milenio

La denominada generación «Y» está integrada por algo menos de ochenta millones de jóvenes en el mundo. Se dice que, en conjunto, son entusiastas y dinámicos. Es de suponer que ni todos entusiastas, ni todos dinámicos. Entre ellos, muy pocos dan el paso hacia la vida religiosa. Los que lo hacen, traen los rasgos que comparten con sus contemporáneos. Esta realidad afecta su modo de orar y la integración del principio espiritual en la construcción de su persona (3).

¿Qué define a nuestros juniores de la, denominada, generación «Y»?

Lo primero que llama la atención es que gozan de mucha energía, lo cual es una virtud que se convierte en desventaja porque tienen dificultades para saber esperar. Los procesos formativos de crecimiento espiritual les resultan lentos y sin novedad. Es, obviamente, un problema para entender esa cadencia silenciosa y lenta mediante la cual Dios se «desvela» como posibilidad real para la propia vida.

Valoran el tiempo y necesitan que se ocupe en «cosas importantes», en aquello que resulta resonante y se convierte en acontecimiento para su vida. No siempre lo que es importante para ellos, lo es para la comunidad muy «madura» con la que conviven.

Una vez más el contraste de estructuras forjadas en «grandes relatos» aparentemente inamovibles, choca con la experiencia personal informada por el «microrrelato» o acontecimiento en el que la juniora o junior, siente que tiene que estar, participar o vivir.

No se conforman con las cosas como están, ni con los ritmos que les ofrecemos. Han nacido ya en contextos de posibilidad y saben que se pueden cambiar las cosas. Este aspecto es muy importante. La vida religiosa es una «sociedad a la que le cuesta cambiar», tiene historia y resultados en la historia.

Esta generación encarna no solo el cambio de paradigma, sino que con sus cuestionamientos, sabe que lo está cambiando. Participan del cambio y además conocen que son la expresión del mismo. Ya nada es seguro, ni firme, ni definitivo.

Este clamor de «cambio» no se hace más fuerte o expresivo fundamentalmente por dos razones. Una, la presencia, casi unipersonal de los jóvenes en los lugares con historia –Europa y algunos lugares de América– y, dos, las promociones numerosas se sitúan, sin embargo, en «zonas jóvenes» de los carismas como son Asia y África.

No se atan ni a un estilo, ni a unas formas, ni a un modo de proceder. Albergan tantas posibilidades como circunstancias cambiantes tiene la vida y estados de ánimo en una jornada.

Forma parte de su ADN las nuevas tecnologías, éstas contribuyen de una manera «desconcertante» a su entramado espiritual y vital. Aquellos principios de crecimiento espiritual que subrayan los proyectos de formación en los cuales se significaba el silencio, la capacidad para la concentración y la ruptura con los espacios y círculos de procedencia, están fuertemente cuestionados.

Hoy, los juniores en la vida religiosa, son jóvenes de sus generaciones fuertemente relacionados y vinculados. Conviven con la comunidad espiritual, con otras comunidades virtuales de pertenencia fuertes en el sentimiento, aunque fragmentadas en la intensidad.

Los conceptos habituales de silencio, concentración «mundo aparte» se han transformado. No se sienten descentrados por los ruidos, interrupciones, interferencias, sonidos… El teléfono móvil con sus vinculaciones en las redes es «una extremidad más» que, según nos dicen, no descentra su atención e incluso es una posibilidad de intercesión.

El concepto de formalidad, orden y apariencia también es nuevo. Trastoca los cánones de estabilidad en los que se encuentran cómodas nuestras instituciones. La estética oracional es importante, pero es otra estética y, además, para ellos muy importante, casi sustancial. No niegan la historia, pero necesitan verla en un hoy en el que se saben protagonistas.

Estos y, sin duda, muchos más rasgos son los que definen a estos hombres y mujeres que están aprendiendo a ser personas, creyentes y consagrados entre nosotros. Se podrían apuntar más, los descritos, sin embargo, creemos que son los que de manera sustancial nos indican qué oran y cómo oran los juniores.

La cordialidad, el misterio y la autobiografía

Cuando le preguntaba a un junior sobre sus razones poco razonables en las que apoyaba su espiritualidad, me dijo que estaba «agradecido a una cierta comunión entre los religiosos jóvenes que buscan una espiritualidad que pone su énfasis en lo cordial, en lo afectivo».

Y lo apoyaba en los puntos de encuentro en los que se ve, con sus conocidos y amigos, reconocido y confortado. Son mociones en las que sitúan su crecimiento personal y espiritual, en el que no hay tanta ruptura o fragmento como proyectamos quienes hablamos sobre ellos.

La cuestión autobiográfica se hace muy presente. Lo que nos dice por un lado que son de esta era y, por otro, que lo que viven es real. No solo quieren que la experiencia de fe recorra su interior, sino que lo haga sanando, curando, comprendiendo y amando.

Es complicado hacer una aproximación general, no siempre encuentran en nuestros itinerarios congregacionales el bálsamo que comprenda e integre aquellas heridas con las que también fueron llamados o llamadas. El paradigma se hace más palpable en Magdalena que en el «discípulo amado» porque en ella –al menos para ellos– es más evidente el gesto de sanación.

Coinciden con sus contemporáneos en el atractivo por el misterio. Lo alternativo, el contrapunto. Necesitan «pisar lugar sagrado» y gustan de hacerlo evidente, sensible y respirable. Eclesiológicamente nos dan una noticia veraz de la circularidad en el seguimiento donde las vocaciones se complementan desde el encuentro y no desde la distancia o diferencia.

Vocacionalmente les viene bien rezar con otros, compartir, escuchar y ofrecer testimonio. Su espiritualidad es de misión compartida, porque su vida también es compartida. Vienen «programados» para otro tipo de presencia en medio de sus contemporáneos, más sensible, abierta y sin necesidad de enseñar.

El anonimato y la originalidad

Son hijos de este tiempo y, por ello, el anonimato y la subjetividad son su tarea fundamental en los primeros años de la vida religiosa. Ambos, anonimato y subjetividad, pueden transformarse en originalidad y, por supuesto, en fidelidad creativa. Necesitan, para ello, acompañamiento y diálogo, aspectos éstos, para los que no vienen tan programados, ni las congregaciones tenemos suficiente arte –léase tiempo, destrezas, personas y paz– para escuchar y acoger.

Todavía pesa demasiado una tendencia industrial en los procesos de acompañamiento espiritual de los jóvenes que se acercan a las congregaciones, cuando, en verdad, estamos hablando de un trabajo artesano, cuidado, único y personal.

Creemos que la acogida de la originalidad de estos jóvenes es la clave de una nueva espiritualidad de toda la familia religiosa. La noticia carismática para este presente de nuestra congregación nos la traen ellos, no se la ofrecemos nosotros.

El por dónde, las raíces que nos identifican y nutren, las descubrimos en cada uno de ellos y cada una de ellas, cuando, con riesgo, dejamos que se encarnen en sus formas, su historia y su particular acento sobre qué es lo sustancial en la congregación para este hoy.

La comunidad, la belleza y la acogida

Está claro que el qué, lo descubrimos dejándonos interpelar por sus signos y silencios. En cuanto al cómo, nos van dejando la noticia de lo que necesitan por sus adhesiones o sus ausencias. Conectan más –y es un valor intercultural– con la fragilidad oriental que con el racionalismo occidental; prefieren estructuras oracionales que se identifiquen con el ritmo de la vida o de la madre tierra, más que aquellas devocionales con carga de historia, que a ellos simplemente les suena a pasado.

Necesitan ser los protagonistas del ritmo, expresan porque lo necesitan más que recitar algo porque toca, corresponde o está mandado. Por más que lo intenten, les asusta lo que se queda en reiteración, todo igual, independientemente de cómo te encuentres, porque para ellos el estado de ánimo es sustancial.

Hace años el Hermano Alois de Taizé comentaba cómo era la propuesta oracional para los jóvenes en la comunidad ecuménica. Decía él que cuidaban, sobre todo, tres aspectos: ofrecer la pluralidad de la comunidad, transformar la liturgia de la Iglesia ofreciendo la belleza de un ritmo accesible, y acoger a cada joven como llega, sin pregunta sobre su historia, para que su historia entre a formar parte de la oración de la comunidad.

Nos parece que estos tres aspectos conectan bien con las necesidades de un junior y juniora de nuestro tiempo a la hora de comprender qué oran y cómo lo hacen. Necesitan encontrarse en el camino plural y complementario de la comunidad. Escuelas muy personales o estilos muy marcados conducen a una suerte de identificación impostada en la que la propia identidad se queda al margen. Necesitan pluralidad de caminos como contienen nuestros carismas. Si no, no se da la sedimentación de una espiritualidad personal.

En segundo lugar, el cuidado de las estructuras y momentos de crecimiento espiritual exige una creatividad y riesgo tan dinámico como son sus vidas. No solo los juniores necesitan una oración comunitaria menos idéntica en sus ritmos, toda la congregación la necesita. Hemos de ser innovadores y abrir espacios en los que se atienda la situación de las personas, se escuche el entorno, se convierta en oración la vida donde está inserta la comunidad.

Tenemos que volver a una pedagogía comunitaria de empezar de nuevo, con nuevas palabras y canciones también nuevas, de manera que se dé la unidad de lenguajes entre la normalidad de la vida y la liturgia. Necesitan los jóvenes poder expresar a Dios lo que en verdad viven y son y oír que también quienes llevamos años en la vida religiosa lo hacemos, y sentir –porque para ellos es sustancial– que Dios circula por sus venas sanando, queriendo y acogiendo.

En tercer lugar, su oración es sincera. Saben que cuando Dios los mira con amor los recrea y les dice «puedes empezar de nuevo». Necesitan oírlo en las celebraciones que con ellos tenemos, en los ritmos de crecimiento y en el cuidado espiritual. Necesitan saber de su congregación que tiene fe y cree en el cambio, que también cree en ellos como son y como fueron.

1 Gonzalo Díez, L. A., Abramos las estructuras… el joven no se asusta de orar, pero sí de repetir rezos en VR (2015) n.3. vol.119.101-106.

2 Bauman, Sygmunt, Esto no es un diario, Paidós, Barcelona 2012.13.

3 He querido tener presente, aunque solo como provocación, lo que se dice de esta generación y lo que algunos de esta generación dicen de sí mismos o sí mismas a la hora de «desvelarnos» las raíces de su espiritualidad. Así, expresamente he escuchado y leído a algunos de nuestros juniores –a quienes agradezco su disponibilidad y sinceridad– y me he acercado a algunos textos, entre ellos, recomiendo: Schawbel, Dan, Yo 2.0, Random House Mondadori, Barcelona 2011. ISBN: 878-84-939145-1-6. [Ed. Digital].

https://vidareligiosa.es/3694-2/

 


Maná y Vivencias Pascuales (40), 25.5.17

mayo 25, 2017

Jueves de la 6ª semana de Pascua

Decenario del Espíritu Santo (1)

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No se ausenten de Jerusalén hasta que reciban el Espíritu Santo

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¡PENTECOSTÉS A LA VISTA…!

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COMIENZA EL DECENARIO

DEL ESPÍRITU SANTO

(Estimado hermano, hermana: Lo encuentras al final de la entrada. Si puedes hacerlo, estupendo. Lo que más les gusta al Padre y al Hijo es derramar el Espíritu sobre nosotros y regalarnos la vida en abundancia. Pero si puedes colaborar con la acción de Dios y disponerte lo mejor posible, pues muy bien. Dios aprecia tu firme voluntad. Y ama a quien da con alegría).

¡VIDA EN ABUNDANCIA!

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 67, 8-9.20; 1era lectura: Hch 18, 1-8; Salmo: 97, 1-4; Aleluya: Jn 14,18; Evangelio: Jn 16, 16-20; Comunión: Mt 28, 20.

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ANTIFONA DE ENTRADA

Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo, y acampabas con ellos y llevabas sus cargas, la tierra tembló, el cielo destiló. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que nos haces partícipes de la redención, concédenos vivir siempre la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina contigo.

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PRIMERA LECTURA: Hch 18, 1-8

En aquellos días, Pablo se marchó de Atenas y se fue a Corinto. Allí se encontró con un judío llamado Aquila, natural del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su esposa Priscila, a consecuencia de un decreto del emperador Claudio; porque todos los judíos habían recibido la orden de abandonar Roma.

Pablo se acercó a ellos pues eran del mismo oficio y se dedicaban a fabricar tiendas. Y se quedó a vivir y a trabajar con ellos. Todos los sábados Pablo entablaba discusiones en la sinagoga, tratando de convencer tanto a los judíos como a los griegos.

Al llegar de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedicó por entero a la Palabra, y aseguraba a los judíos que Jesús era el Mesías. Como se oponían y le respondían con insultos, se sacudió el polvo de sus vestidos mientras les decía: Nada tengo ya que ver con lo que les suceda; ustedes son los únicos responsables. En adelante me dirigiré a los paganos.

Pablo cambió de lugar y se fue a la casa de un tal Tito Justo, de los que temen a Dios, que estaba pegada a la sinagoga. Crispo, uno de los dirigentes de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia, y de los corintios que escuchaban a Pablo, muchos creían y se hacían bautizar.

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SALMO 97, 1-4

Entonen al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas, su diestra le ha dado la victoria, su santo s brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia, se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Todos, hasta los confines del mundo, han visto la victoria de nuestro Dios.

¡Aclama al Señor, tierra entera; estallen en gritos de alegría!

ALELUYA: Jn 14, 18

No los dejaré huérfanos, dice el Señor; me voy y vuelvo a su lado, y se alegrará su corazón.

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EVANGELIO: Jn 16, 16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Dentro de poco ya no me verán, pero después de otro poco me volverán a ver.

Algunos discípulos se preguntaban: ¿Qué querrá decir con eso: “Dentro de poco ya no me verán y después de otro poco me volverán a ver”? ¿Y qué significa: “Me voy al Padre”?

Y se preguntaban: ¿A qué se refiere ese “dentro de poco”? No entendemos lo que quiere decir.

Jesús se dio cuenta de que querían preguntarle y les dijo: Ustedes andan discutiendo sobre lo que les dije: “Dentro de poco tiempo no me verán y después de otro poco me volverán a ver”.

En verdad les digo que llorarán y se lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Ustedes estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo.

COMUNIÓN: Mt 28, 20

Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Aleluya.



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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

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Estimados amigos, estamos entrando en la recta final del tiempo pascual. Ya llevamos cuarenta días celebrando la resurrección de Cristo.

En efecto, a los cuarenta días, el Resucitado asciende a los cielos. Tradicionalmente se celebraba en este jueves la Ascensión del Señor. Ahora la celebramos el domingo próximo.

Jesús ha encomendado a los apóstoles, ha “mandado” predicar el evangelio a todas las naciones, pues se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Pero antes de salir a evangelizar deben ser capacitados para tal misión: No se ausenten de Jerusalén, les dice Jesús, hasta que reciban el Espíritu Santo.

Por eso los apóstoles y discípulos se reunieron junto a María la madre de Jesús, y permanecieron unidos en oración esperando la venida del Espíritu.

Esta espera de diez días constituye la primera oración de la Iglesia que se prepara, durante diez días, para una gran fiesta, un gran acontecimiento salvífico: la efusión del Espíritu y el consiguiente nacimiento de la Iglesia en el día de Pentecostés.

Ese tiempo de oración constituye la primera “novena” de la historia de la Iglesia, podríamos decir.

Nosotros, por nuestra parte, hemos tratado de vivir con paciencia y perseverancia, día a día, la ascesis cuaresmal y la alegría pascual. Ahora notamos que lo sembrado está dando frutos. Pero aún no ha culminado este tiempo santo. Debemos continuar abiertos a la acción del Señor.

Por eso, me ha parecido muy conveniente ofrecerles, a partir de hoy, un Decenario al Espíritu Santo. Mediante este ejercicio piadoso queremos sentir con mayor intensidad la fuerza del Espíritu ya recibido en el bautismo.

La experiencia pascual de los apóstoles estuvo sazonada constantemente por la presencia del Espíritu: antes de Pentecostés, durante Pentecostés y después del mismo.

Nosotros también queremos permanecer los próximos días junto a María esperando una nueva efusión del Poder de lo alto en nuestras vidas.

Entremos, pues, con decisión y alegría en el cenáculo de oración donde la Iglesia de Jesús presidida por María y los apóstoles espera la irrupción de Pentecostés.

¡Qué mejor oración que un decenario al Espíritu para disponernos a recibir la vida en abundancia que nos regala el Padre a través del Hijo Resucitado mediante la acción del Espíritu Santo!

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ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

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DÍA PRIMERO

Los Hechos de los Apóstoles, al narrarnos los acontecimientos de aquel día de Pentecostés en el que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego sobre los discípulos de nuestro Señor, nos hacen asistir a la gran manifestación del poder de Dios, con el que la Iglesia inició su camino entre las naciones.

Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva. El Espíritu Santo, que es espíritu de fortaleza, los ha hecho firmes, seguros, audaces.

Oh Dios, tú que al principio creaste el cielo y la tierra y, al llegar el momento culminante, recapitulaste en Cristo todas las cosas, por tu Espíritu renueva la faz de la tierra y conduce a los hombres a la salvación.

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ORACIÓN FINAL

Ven Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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