Maná y Vivencias Pascuales (34), 19.5.17

Viernes de la 5ª semana de Pascua

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Ascensión del Señor...

Ascensión del Señor…

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Ap 5,12; 1era lectura: Hch 15, 22-31; Salmo: 56, 8-9.10.12; Aleluya: Jn 15-15b; Evangelio: Jn 15, 12-17; Comunión.


ENTRADA Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza. Aleluya.


TEMA CENTRAL: LA ALEGRÍA PASCUAL (5)

Uno de los elementos característicos de la espiritualidad pascual es la alegría, el gozo en el Señor. Por una parte, la alegría es el resultado de la celebración pascual y por otra, es origen y disposición para experimentar a Cristo presente en toda nuestra existencia. En realidad, sólo hay una alegría verdadera, la de Cristo.

Por eso, nuestra alegría pascual consiste en recibir la alegría misma de Cristo. Jesús siempre tuvo el corazón en fiesta, pero particularmente en la muerte y en la resurrección, aunque parezca extraño.

Al final de su vida Cristo ha experimentado una plenitud de realización personal y de perfecta obediencia, afectiva y efectiva, en su relación vital con el Padre en el Espíritu.

Es decir, plena felicidad, y satisfacción: Todo está cumplido, dijo en la cruz; ahora el Hijo glorificará al Padre y el Padre glorificará al Hijo con la gloria que tenía antes de la creación del mundo; por eso, todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra; ahora el Hijo llevará a una multitud de hermanos a la gloria; con vosotros no tengo secretos porque sois mis amigos; el Padre os ama; me voy a prepararos un lugar para que estéis siempre conmigo y contempléis mi gloria, la que me da el Padre.

Son, pues, muchos los motivos que tiene el Señor para estar satisfecho, alegre y feliz para siempre. Ha dado gloria al Padre cumpliendo perfectamente su voluntad hasta el final, llevando una vida sumisa a la voluntad del Padre. Ha vivido confiado y abandonado en las manos del Padre.

Y ha sido amigo del hombre, solidario y fiel hasta dar la vida por la salvación de los hombres. Ha renunciado a salvarse solo él, a espaldas de sus hermanos, los hombres; no ha querido salvarse sin ellos.

Ahora, él quiere transmitirnos esa misma alegría, ese triunfo suyo, esa vida pletórica que nada estropear ni opacar, para que nuestras alegrías lleguen a plenitud, según los designios del Padre, fuente de todo bien, y gracias al Espíritu santificador y consolador.

Por eso, rezamos con la oración colecta de la misa de hoy:

Danos, Señor, una plena vivencia del misterio pascual, para que la alegría que experimentamos en estas fiestas sea siempre nuestra fuerza y nuestra salvación. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA: Hch 15, 22-31

En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros, con toda la Iglesia acordaron elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, Barsabá, y a Silas, miembros eminentes de la comunidad, y les entregaron esta carta:

«Los apóstoles, los presbíteros y los hermanos, saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo. Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, los han inquietado y perturbado con sus palabras.

Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviarlos a ustedes, junto con los queridos hermanos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo.

En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que les referirán de palabra lo que sigue:

Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponerles más cargas que las indispensables: que no coman carne sacrificada a los ídolos, ni sangre, ni carne de animales sin desangrar, y que se abstengan de la fornicación. Observen estas normas dejándose guiar por el Espíritu Santo. Adiós».

Los despidieron y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la comunidad y entregaron la carta. Al leer aquellas palabras alentadoras, se alegraron mucho.

SALMO 56, 8-12

Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. Voy a cantar y a tocar: Despierta, gloria mía; despiértense cítara y arpa, despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor, tocaré para ti ante las naciones: Por tu bondad que es más grande que los cielos, por tu fidelidad que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llena la tierra tu gloria.

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Aclamación: Jn 15, 15b

A vosotros os llamo amigos, dice el Señor, porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer. Aleluya.

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EVANGELIO: Jn 15, 12-17

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si cumplen lo que les mando.

Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su Señor: a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre.

Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca.

Así es como el Padre les concederá todo lo que le pidan en mi nombre. Ámense los unos a los otros: esto es lo que les mando.

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HIMNO PASCUAL

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Cristo, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre.

¡Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo!

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En el día primero, tu resurrección alegraba el corazón del Padre.

En el día primero, vio que todas las cosas eran buenas porque participaban de tu gloria.

La mañana celebra tu resurrección y se alegra con claridad de Pascua.

Se levanta la tierra como un joven discípulo en tu busca, sabiendo que el sepulcro está vacío.

En la clara mañana, tu sagrada luz se difunde como una gracia nueva.

Que nosotros vivamos como hijos de luz y no pequemos contra la claridad de tu presencia.

Cristo, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre.

¡Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo!

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SACERDOTES: Ser honestos para con Dios y los hermanos.

“Mal oficio es el de aquel que, en lugar de acercar el hombre a Cristo, lo aleja, porque se ha puesto él mismo como modelo y ‘roba a Cristo los ojos de los cristianos’. Que lo vean a él, no a ti. Por tu parte, nunca te has de hartar de mirar a Cristo. Si uno se mira a sí mismo, surge la desconfianza… Y de esta manera seremos agradables a los ojos de aquel Señor que ha puesto los suyos sobre nosotros… y ganaremos nuestras ánimas y las de muchos; y seremos dignos de este excelente nombre de sacerdotes de Dios” (San Juan de Ávila, patrono del clero español).

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