Maná y Vivencias Cuaresmales (22), 22.3.17

Miércoles de la 3ª semana de Cuaresma

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No he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud



Antífona de entrada: Salmo 118, 133

Haz, Señor, que siga con firmeza tu palabra, para que no se apodere de mí ningún pecado.


Oración colecta

Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias y perseveremos unidos en la plegaria. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 4, 1.5-9

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.

Mirad, yo os enseño los mandatos y decretos que me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella.

Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: “Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.”

Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?

Pero, cuidado, guárdate muy bien de olvidar los sucesos que vieron tus ojos, que no se aparten de tu memoria mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos.»


SALMO 147, 12-13.15-16.19-20

Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.


Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 63.68

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras de vida eterna.


EVANGELIO: Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»


Antífona de comunión: Salmo 15, 11

Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá



22. MIÉRCOLES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA


TEMA.- La vida cristiana se alimenta de la renovada escucha de la Palabra y su fiel cumplimiento, por amor.

ORACIÓN COLECTA.- Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu Palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias, y perseveremos unidos en la plegaria. Por nuestro Señor Jesucristo…

Deuteronomio 4, 1.5-9: “Y ahora, Israel, escucha las normas y las leyes que yo te enseño, para que las pongas en práctica… Si las guardáis y las practicáis seréis sabios e inteligentes ante los demás pueblos”

Los mandamientos, dados por Dios a su pueblo, son expresión de la sabiduría y del amor de Dios; por eso, el cumplimiento de los mismos transmitirá vida al pueblo, y Dios cumplirá sus promesas, dándoles posesión de la tierra que mana leche y miel. El cumplimiento de la ley proporcionará al pueblo una superioridad sobre los demás pueblos. Ningún pueblo tuvo leyes tan justas y sabias.

Israel no debe olvidar estas normas, y debe transmitirlas a las futuras generaciones, de padres a hijos. Puedes repasar el salmo 119, el salmo de la Ley por excelencia.

Lectura evangélica tomada de Mateo 5, 17-19.- Jesús viene a llevar todo a la plenitud; todo lo bueno del Antiguo Testamento tiene vigencia, pues la ley externa será ahora interiorizada por el Espíritu Santo de tal forma que el cumplimiento de la ley resulte no sólo fácil sino hasta placentero.

Será como algo connatural a la nueva criatura, al hombre espiritual, nacido de arriba, creado a la medida de Cristo. Se trata de una “plenitud de amor”; no de un perfeccionismo legalista. Más todavía: será Cristo mismo quien obra en nosotros por medio de su Santo Espíritu. Más que hacer, hay que dejarse hacer, dejarse moldear: todo de Dios y todo mío. El Espíritu inspira y realiza la conformación con Cristo

Antífona de entrada: Salmo 18, 133: “Asegura mis pasos con tu promesa, Señor; que ninguna maldad me domine”.

Como remedio a la incredulidad que siempre nos amenaza, y como una forma de crecer en la sensibilidad para captar la Palabra y seguir la voluntad de Dios, puedes servirte de la siguiente oración sálmica.

Salmo 26.- El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. Él me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca; y así levantaré la cabeza sobre el enemigo que me cerca; en su tienda sacrificaré sacrificios de aclamación: cantaré y tocaré para el Señor.

Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: “Busca mi rostro”. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio. No me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá. Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana, porque tengo enemigos. No me entregues a la saña de mi adversario, porque se levantan contra mí testigos falsos, que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, te ánimo, espera en el Señor.


PREFACIO V DE CUARESMA: El camino del éxodo en el desierto cuaresmal

En verdad es justo bendecir tu nombre, Padre rico en misericordia, ahora que, en nuestro itinerario hacia la luz pascual, seguimos los pasos de Cristo, maestro y modelo de la humanidad reconciliada en el amor.

Tú abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra, y experimentar con gozo tus maravillas.

Por estos signos de salvación, unidos a los ángeles, ministros de tu gloria, proclamamos el canto de tu alabanza: Santo, Santo, Santo…


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