En solo tres años muchos han vuelto a la fe católica con este método

enero 11, 2017

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Carlos Carlos Macías, fundador del Centro de Evangelización Kerigma

Carlos Macías de Lara, fundador del Centro de Evangelización Kerigma

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En solo 3 años muchos han vuelto a la fe católica con este método

Por Álvaro de Juana

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ROMA , 11 Ene. 17 / 12:34 pm (ACI).- Se definen como “una respuesta al llamado del Papa para una Iglesia misionera que promueva la Nueva Evangelización” y en tan solo tres años de vida ya han conseguido acercar a la fe a miles que vivían alejados de la fe.

El Centro Kerigma para la Nueva Evangelización desarrolla una serie de proyectos a través de catequesis dirigidas hacia determinados grupos de personas: jóvenes, adultos y familias.

“Es un método de evangelización, que se desarrolla a través de estos cursos”, explicó a ACI Prensa/EWTN su fundador, Carlos Macías de Lara.

El Kerigma, anuncio de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesucristo, es el principal contenido del método. “Son cursos de evangelización de anuncio kerigmático donde lo que se propone al centro es presentar de una manera especial, viva, a Jesucristo. Son cursos que comienzan con un encuentro personal con Jesús y luego se sigue con un crecimiento, una formación”.

El propio Centro nace de su experiencia: “tuve mi encuentro personal con Jesús hace 22 años. Desde ese momento mi vida comenzó a cambiar y desde hace 20 años trabajo a tiempo completo en la evangelización. Desde entonces he trabajado en muchos ámbitos de la misión y hace unos tres años, con la ayuda de sacerdotes y otras personas, comenzamos a crear esta estructura tratando de promover la evangelización para estos tres sectores”.

“Muchas parroquias –continúa el responsable del Centro Kerigma– nos han pedido trabajar en el ámbito de los jóvenes y las familias de una manera kerigmática. Los cursos han ido naciendo poco a poco según también los hemos ido probando”.

Además de Europa, estos cursos están difundidos ya también en Estados Unidos de América, Australia o México.

“Tenemos muchos testimonios que nos manda gente que participa en los cursos, como matrimonios que se iban a separar o conversiones de jóvenes. Muchos de ellos nos dicen que por primera vez han encontrado verdaderamente a Jesucristo, y esto es algo que nos impacta mucho”, asegura.

“Muchos adultos nos cuentan también cómo han cambiado la vida. Personas que vienen de la droga, del alcohol, de una vida sin sentido. Tenemos una gran variedad de experiencias”, afirma.

Por otro lado, cree que en la Iglesia “se habla mucho del anuncio del Kerigma pero en el aspecto real, concreto, la tendencia es catequizar, transmitir los aspectos teóricos pero no se lleva a la práctica”.

“Nuestra contribución es aplicarlo, porque está basado en una experiencia, en algo que te ha cambiado la vida y que tú la compartes con los demás”, agrega.

“Estamos viviendo en un momento muy especial. Los desafíos de evangelización son urgentes porque hay mucha gente que necesita conocer este anuncio vivo de Jesucristo. Hay muchas dificultades. En cada país hay unas dificultades concretas y es urgente anunciar a Jesús”, revela sobre la realidad actual.

El método cuenta con página web en diversas lenguas (http://www.nuovaevangelizzazione.it/) y están presentes también en redes sociales.


El maná de cada día, 11.1.17

enero 11, 2017

Miércoles de la 1ª semana del Tiempo Ordinario

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curación de la suegra de pedro

Se le pasó la fiebre y se puso a servirles



PRIMERA LECTURA: Hebreos 2, 14-18

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos.

Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenia que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.


SALMO 104, 1-2.3-4.6-7.8-9

El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas.

Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.


Aclamación antes del Evangelio: Juan 10, 27

Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen.


EVANGELIO: Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.

Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.

Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»

Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.


El siguiente texto es parte de la homilía de S.S. Benedicto XVI en la parroquia Santa Ana, Roma, el domingo 5 de febrero de 2006

El evangelio que acabamos de escuchar comienza con un episodio muy simpático, muy hermoso, pero también lleno de significado. El Señor va a casa de Simón Pedro y Andrés, y encuentra enferma con fiebre a la suegra de Pedro; la toma de la mano, la levanta y la mujer se cura y se pone a servir. En este episodio aparece simbólicamente toda la misión de Jesús.

Jesús, viniendo del Padre, llega a la casa de la humanidad, a nuestra tierra, y encuentra una humanidad enferma, enferma de fiebre, de la fiebre de las ideologías, las idolatrías, el olvido de Dios.

El Señor nos da su mano, nos levanta y nos cura. Y lo hace en todos los siglos; nos toma de la mano con su palabra, y así disipa la niebla de las ideologías, de las idolatrías. Nos toma de la mano en los sacramentos, nos cura de la fiebre de nuestras pasiones y de nuestros pecados mediante la absolución en el sacramento de la Reconciliación. Nos da la capacidad de levantarnos, de estar de pie delante de Dios y delante de los hombres. Y precisamente con este contenido de la liturgia dominical el Señor se encuentra con nosotros, nos toma de la mano, nos levanta y nos cura siempre de nuevo con el don de su palabra, con el don de sí mismo.

Pero también la segunda parte de este episodio es importante; esta mujer, recién curada, se pone a servirlos, dice el evangelio. Inmediatamente comienza a trabajar, a estar a disposición de los demás, y así se convierte en representación de tantas buenas mujeres, madres, abuelas, mujeres de diversas profesiones, que están disponibles, se levantan y sirven, y son el alma de la familia, el alma de la parroquia.

Como se ve en el cuadro pintado sobre el altar, no sólo prestan servicios exteriores. Santa Ana introduce a su gran hija, la Virgen, en las sagradas Escrituras, en la esperanza de Israel, en la que ella sería precisamente el lugar del cumplimiento.

Las mujeres son también las primeras portadoras de la palabra de Dios del evangelio, son verdaderas evangelistas. Y me parece que este episodio del evangelio, aparentemente tan modesto, precisamente aquí, en la iglesia de Santa Ana, nos brinda la ocasión de expresar sinceramente nuestra gratitud a todas las mujeres que animan esta parroquia, a las mujeres que sirven en todas las dimensiones, que nos ayudan siempre de nuevo a conocer la palabra de Dios, no sólo con el intelecto, sino también con el corazón.

Volvamos al evangelio:  Jesús duerme en casa de Pedro, pero a primeras horas de la mañana, cuando todavía reina la oscuridad, se levanta, sale, busca un lugar desierto y se pone a orar.

Aquí aparece el verdadero centro del misterio de Jesús. Jesús está en coloquio con el Padre y eleva su alma humana en comunión con la persona del Hijo, de modo que la humanidad del Hijo, unida a él, habla en el diálogo trinitario con el Padre; y así hace posible también para nosotros la verdadera oración.

En la liturgia, Jesús ora con nosotros, nosotros oramos con Jesús, y así entramos en contacto real con Dios, entramos en el misterio del amor eterno de la santísima Trinidad.

Jesús habla con el Padre; esta es la fuente y el centro de todas las actividades de Jesús; vemos cómo su predicación, las curaciones, los milagros y, por último, la Pasión salen de este centro, de su ser con el Padre.

Y así este evangelio nos enseña el centro de la fe y de nuestra vida, es decir, la primacía de Dios. Donde no hay Dios, tampoco se respeta al hombre. Sólo si el esplendor de Dios se refleja en el rostro del hombre, el hombre, imagen de Dios, está protegido con una dignidad que luego nadie puede violar.

La primacía de Dios. Las tres primeras peticiones del “Padre nuestro” se refieren precisamente a esta primacía de Dios:  pedimos que sea santificado el nombre de Dios; que el respeto del misterio divino sea vivo y anime toda nuestra vida; que “venga el reino de Dios” y “se haga su voluntad” son las dos caras diferentes de la misma medalla; donde se hace la voluntad de Dios, es ya el cielo, comienza también en la tierra algo del cielo, y donde se hace la voluntad de Dios está presente el reino de Dios; porque el reino de Dios no es una serie de cosas; el reino de Dios es la presencia de Dios, la unión del hombre con Dios. Y Dios quiere guiarnos a este objetivo.

El centro de su anuncio es el reino de Dios, o sea, Dios como fuente y centro de nuestra vida, y nos dice: sólo Dios es la redención del hombre. Y la historia del siglo pasado nos muestra cómo en los Estados donde se suprimió a Dios, no sólo se destruyó la economía, sino que se destruyeron sobre todo las almas. Las destrucciones morales, las destrucciones de la dignidad del hombre son las destrucciones fundamentales, y la renovación sólo puede venir de la vuelta a Dios, o sea, del reconocimiento de la centralidad de Dios.

En estos días, un obispo del Congo en visita ad limina me dijo: los europeos nos dan generosamente muchas cosas para el desarrollo, pero no quieren ayudarnos en la pastoral; parece que consideran inútil la pastoral, creen que sólo importa el desarrollo técnico-material. Pero es verdad lo contrario —dijo—, donde no hay palabra de Dios el desarrollo no funciona, y no da resultados positivos. Sólo si hay antes palabra de Dios, sólo si el hombre se reconcilia con Dios, también las cosas materiales pueden ir bien.

El texto evangélico, con su continuación, confirma esto con fuerza. Los Apóstoles dicen a Jesús: vuelve, todos te buscan. Y él dice: no, debo ir a las otras aldeas para anunciar a Dios y expulsar los demonios, las fuerzas del mal; para eso he venido.

Jesús no vino —el texto griego dice: “salí del Padre”— para traer las comodidades de la vida, sino para traer la condición fundamental de nuestra dignidad, para traernos el anuncio de Dios, la presencia de Dios, y para vencer así a las fuerzas del mal.

Con gran claridad nos indica esta prioridad: no he venido para curar —aunque lo hago, pero como signo—; he venido para reconciliaros con Dios. Dios es nuestro creador, Dios nos ha dado la vida, nuestra dignidad: a él, sobre todo, debemos dirigirnos.

http://www.vatican.va


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