El maná de cada día, 20.10.16

Jueves de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

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Fiesta de Santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir
Patrona de la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta
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Señor, que tu fuego arda en nuestros corazones

Señor, que tu fuego arda en nuestros corazones



PRIMERA LECTURA: Efesios 3, 14-21

Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento;

y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que transciende toda filosofía: el amor cristiano.

Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios. Al que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

(NOTA: Los subrayados son de un servidor)

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SALMO 32, 1-2.4-5.11-12.18-19

La misericordia del Señor llena la tierra.

Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.

Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

Pero el plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.


Aclamación antes del Evangelio: Flp 3, 8-9

Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él.


EVANGELIO: Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!

Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

(NOTA: El subrayado es de un servidor)

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ORACIÓN de la lectio divina (Juan Rubio en Orar y Celebrar)

Señor Jesús, ayúdame a esparcir tu fragancia por donde quiera que vaya. Inunda mi alma con tu Espíritu y Vida. Penetra y posee todo mi ser tan completamente que mi vida solo sea un resplandor de la tuya. Brilla a través de mí y permanece en mí de tal manera que cada persona con la que tenga contacto en este día pueda sentir tu presencia en mi vida. Quédate conmigo y, entonces, podré comenzar a brillar como tú brillas. Amén


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La espada espiritual que separa es más fuerte
que la naturaleza carnal que une

San Agustín, Comentario al salmo 44, 11-12

Cíñete al flanco tu espada, valiente (Sal 44, 4). ¿Qué es tu espada sino tu palabra? Con esa espada derribó a los enemigos, con ella separó al padre del hijo, a la hija de la madre, a la nuera de la suegra.

Son cosas que leemos en el evangelio: No vine a traer la paz, sino la guerra. En una casa habrá cinco personas divididas entre sí, dos contra tres y tres contra dos; es decir, el hijo contra el padre, la hija contra la madre y la nuera contra !a suegra (Mt 10, 34.35; Lc 12, 51.53).

¿Con qué espada se hizo esa división, sino con la que trajo Cristo? En verdad, hermanos, esto nos lo muestran ejemplos de cada día. A un joven le agrada hacerse siervo de Dios, pero le desagrada al padre: están divididos entre sí; uno promete la herencia terrena, el otro ama la celeste; el padre promete una cosa, el hijo elige otra.

No piense el padre que se le ha hecho una injuria. Sólo se le antepone Dios y, con todo, entra en litigio con su hijo que quiere servir a Dios. Pero la espada espiritual que separa es más fuerte que la naturaleza carnal que une.

Lo mismo acontece entre la madre y la hija, y más frecuentemente entre la nuera y la suegra. A veces, en efecto, se da que se hallen en una misma casa la nuera y la suegra, una católica y la otra hereje. Donde se acepta con fortaleza esta espada, no tememos el rebautismo. ¿Pudo separar a la hija de la madre y no va a conseguir separar a la nuera de la suegra?

Se trata de una experiencia común en el género humano el que el hijo esté separado de su padre. Pues en otro tiempo fuimos hijos del diablo. De los que aún son infieles, se ha dicho: Vosotros tenéis por padre al diablo (Jn 8, 44).

Y ¿de dónde procede toda nuestra infidelidad, sino del diablo, su padre? No es que él sea padre porque nos haya creado, sino que nosotros somos hijos suyos por haberle imitado. Ya estáis viendo al hijo separado del padre. Llegó aquella espada; renuncia al diablo; ha hallado otro padre y otra madre.

El diablo, ofreciéndose como objeto de imitación, engendraba para la muerte; los dos nuevos padres que hemos hallado nos engendran para la vida eterna. El hijo está separado del padre. También la hija está separada de la madre: la parte del pueblo judío que creyó en Jesús se separó de la sinagoga. ¿De dónde nació el hijo de Dios según la carne? De aquella sinagoga. Él abandonó a su padre y a su madre y se unió a su mujer para ser dos en una sola carne (Gn 2, 24).

No es invención nuestra; es el Apóstol quien lo atesta al decir: Se trata de un gran misterio, que yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia (Ef 5, 32). En cierta manera abandonó a su padre; no lo abandonó totalmente, como para separarse de él, sino sólo para asumir la carne humana.

¿Cómo lo abandonó? Existiendo en la forma de Dios no consideró objeto de rapiña el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo (Flp 2,6).

¿Cómo abandonó también a su madre? Abandonando al pueblo judío, la sinagoga que se adhería a los ritos antiguos. Dentro del mismo simbolismo caen estas palabras: ¿Quién es mi madre, o mis hermanos? (Mt 12, 48). Él enseñaba dentro, ellos estaban fuera. Mirad si no acontece lo mismo ahora con los judíos. Cristo enseña en la Iglesia, ellos están fuera. ¿Quién es la suegra? La madre del esposo. La madre del esposo, Jesucristo nuestro Señor, es la Sinagoga.

En consecuencia, su esposa es la Iglesia, que procediendo de la gentilidad no aceptó la circuncisión carnal y se separó de su suegra. Cíñete tu espada. Al decir todo esto no hemos hecho otra cosa que hablar de la fuerza de esa espada.

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APUNTE BIOGRÁFICO Y

LECTURAS PROPIAS DE LA FIESTA DE

SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI

Patrona de la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta

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imagen oficial de santa magdalena, obra de adriano ambrosioni

Señor, que tu fuego arda en nuestros corazones

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Hija de nobles y fervientes cristianos, nació en 1611 en las proximidades de la ciudad japonesa de Nagasaki. Los padres y hermanos de Magdalena habían sido condenados a muerte y martirizados por su fe católica cuando ella era todavía muy joven.

En 1624 conoció a los beatos Fancisco de Jesús y Vicente de san Antonio, agustinos recoletos, y, atraída por su espiritualidad, se consagró a Dios como terciaria de su Orden. Los beatos le encomendaron la enseñanza del catecismo a los niños; y pedía limosnas a los comerciantes portugueses para socorrer a los pobres.

Tuvo que refugiarse en 1628 con los agustinos recoletos y miles de cristianos en las montañas de Nagasaki. Allí siguió ejerciendo su apostolado, primero bajo la coordinación y animación de los dos religiosos recoletos y luego por cuenta propia cuando fueron capturados ambos, en noviembre de 1929.

Vestida con su hábito de terciaria, en septiembre de 1634, se presentó valientemente ante los jueces. Al ver que era una joven de veinte a veintidós años, intentaron conquistarla con halagos que ella rechazó. La sometieron, entonces, a los peores suplicios.

Finalmente, estuvo colgada trece días boca abajo con medio cuerpo metido en una hoya, hasta que una intensa lluvia inundó la fosa y Magdalena pereció ahogada.

Los verdugos quemaron su cuerpo y esparcieron las cenizas en el mar. Sus restos desapareciero, pero, pasados los siglos, el juicio de Dios y de la Iglesia sobre su vida ganó para siempre la partida al olvido.

Fue beatificada en 1981 y canonizada por el Papa Juan Pablo II el 18 de octubre de 1987, coincidiendo con la Jornada Mundial de Oración por las Misiones.

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ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que concediste a la virgen y mártir santa Magdalena predicar con entusiasmo el Evangelio de tu Hijo y derramar su sangre por ti en supremo acto de amor; concédenos, por su intercesión, ser testigos fieles de tu Hijo y conseguir también su gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 51, 1-12

Te alabo, mi Dios y salvador, te doy gracias, Dios de mi padre. Contaré tu fama, refugio de mi vida, porque me has salvado de la muerte, detuviste mi cuerpo ante la fosa, libraste mis pies de las garras del abismo, me salvaste del látigo de la lengua calumniosa y de los labios que se pervierten con la mentira, estuviste conmigo frente a mis rivales.

Me auxiliaste con tu gran misericordia: del lazo de los que acechan mi traspié, del poder de los que me persiguen a muerte; me salvaste de múltiples peligros: del cerco apretado de las llamas, del incendio de un fuego que no ardía, del vientre de un océano sin agua, de labios mentirosos e insinceros, de las flechas de una lengua traidora.

Cuando estaba ya para morir, y casi en lo profundo del abismo, me volvía a todas partes, y nadie me auxiliaba, buscaba un protector, y no lo había. Recordé la compasión del Señor y su misericordia eterna, que libra a los que se acogen a él, y los rescata de todo mal.

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SALMO 123, 2-3.4-5.7b8 (R/.: 7a)

Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado la aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.

La trampa se rompió y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

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EVANGELIO: Lucas 9, 23-26

En aquel tiempo, dirigiéndose a todos, dijo Jesús: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo? Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, con la del Padre y la de los ángeles santos”.

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Una respuesta a El maná de cada día, 20.10.16

  1. […] a través de El maná de cada día, 20.10.16 — Blog Padre Ismael Ojeda […]

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