El maná de cada día, 1.9.16

Jueves de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

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pescadores_de_hombres

Dejándolo todo, lo siguieron



PRIMERA LECTURA:  1 Corintios 3,18-23

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.»

Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.


SALMO 23, 1-2.3-4ab.5-6

Del Señor es la tierra y cuanto la llena

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.

Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.


ALELUYA: Mt 4, 19

Venid en pos de mí -dice el Señor-, y os haré pescadores de hombres.


EVANGELIO: Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a lo socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.


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SED BUENOS ENTRE LOS MALOS
Y SERÉIS BUENOS SIN COMPAÑÍA DE MALOS

San Agustín, Sermón 249,2

Anotemos las diferencias entre las dos pescas, una antes y otra después de la resurrección. En la primera las redes se echan indistintamente a un lado y a otro: no se nombra la derecha, para que no se piense que son todos buenos; ni la izquierda, para que no se entienda que hay sólo malos. En consecuencia, hay mezcla de buenos y malos.

A causa de la gran cantidad, las redes se rompen. Las redes rotas simbolizan los cismas. Lo estamos viendo; así es y así acontece. Son dos las barcas que se llenan, porque son dos los pueblos, el de la circuncisión y el del prepucio; y están tan llenas que tienen exceso de peso y casi se hunden.

El significado de esto merece llanto. La muchedumbre turbó a la Iglesia. ¡Qué grande es el número de los que viven mal, de los que oprimen y gimen! Con todo, las barcas no se hundieron en atención a los peces buenos. Hablemos sobre la última pesca, posterior a la resurrección. Allí no habrá ninguno malo; la seguridad será máxima, pero sólo si eres bueno.

Sed buenos en compañía de los malos y seréis buenos sin compañía de malos. En esta pesca, la primera, hay algo que puede turbaros: el estar en medio de los malos. ¡Oh vosotros los que me escucháis fielmente! ¡Oh vosotros que no echáis en saco roto lo que os digo! ¡Oh vosotros para quienes las palabras no pasan de un oído a otro, sino que descienden al corazón! ¡Oh vosotros que teméis más vivir mal que morir mal, puesto que si vivís bien, no podéis morir mal!

Vosotros, pues, que me escucháis no sólo para creer, sino además para vivir bien, vivid bien: vivid bien incluso entre los malos: no rompáis las redes. Quienes se complacieron demasiado en sí mismos y no quisieron soportar a los demás como si fueran malos, rompieron las redes y perecieron en el mar.

Vivid bien en medio de los malos; no os arrastren los malos cristianos a vivir mal. No piense tu corazón: «Solo yo soy bueno». Si comienzas a ser bueno, cree que hay también otros, si tú has podido serlo. No adulteréis, no forniquéis, no os dediquéis al fraude, no robéis, no profiráis falso testimonio, no juréis en falso, no os embriaguéis, no neguéis un préstamo, no os quedéis con lo hallado en la posesión de otro.

Cumplid todo esto y otras cosas semejantes, viviendo seguros en medio de peces malos. Nadáis en el interior de la misma red; pero llegaréis a la orilla y, después de la resurrección, os hallaréis a su derecha. Allí nadie será malo. Si no la cumplís, ¿de qué os sirve conocer la ley, conocer los mandamientos de Dios, saber qué cosa es buena y cuál mala? ¿No reprueba la conciencia esa ciencia? Aprended, mas para obrar.

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