El maná de cada día, 27.8.16

Fiesta de Santa Mónica, madre de san Agustín



¡Felicidades a todas las Madres del mundo, en especial a las Madres Cristianas Santa Mónica o “Madres Mónicas”!

Las felicito efusivamente porque Dios las ama de una manera tan particular y preferente. Las ha llamado para que encarnen su ternura y misericordia en el mundo y en la Iglesia.

Ustedes son sacramento del amor de Dios, en el seguimiento de Jesús y en la imitación de la Virgen María y de Santa Mónica.

No las merecemos, pero las necesitamos. Feliz día. Con estima personal.

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Santa Mónica

Santa Mónica, esposa y madre cristiana cabal



Mónica nació en Tagaste, actual Souk Ahras, Argelia, en el año 331 o en el 332, en una familia cristiana de buena condición social.

Era todavía una adolescente cuando fue dada como esposa a Patricio, quien aún no había recibido el bautismo.

Ganó para Cristo a su marido y después consiguió la conversión de Agustín, “el hijo de tantas lágrimas”. Con inmenso gozo asistió a su bautismo en la Pascua del año 387, en Milán.

Cuando regresaba a África con Agustín y sus amigos, murió en Ostia Tiberina, a las puertas de Roma, en el otoño del año 387, antes del 13 de noviembre. Tenía 55 años.

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HIMNO

Escuela de domésticas virtudes, que los deberes del hogar exigen,

Mónica, eres ejemplo que nos muestra cómo se alcanza santidad sublime.

Esposa que en servicio de su casa se consagra al amor de su marido;

la madre, que no tiene otro tesoro que modelar el corazón del hijo.

¡Ah! La madre que llora, que trabaja, que rehúsa descanso a sus fatigas,

porque comprende que en los hijos tiene el profundo sentido de su vida.

Dios hizo de las madres un misterio de amor y de esperanza y de ternura,

y al perfumar con ellas nuestra historia, dejó en el mundo una sonrisa suya.

Camino de humildad es el secreto de las almas que aspiran a ser grandes,

¡Oh, Mónica, es así como consigues ser modelo de esposas y de madres!

(El subrayado es mío)

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Oración colecta eclesial

Oh Dios, consuelo de los que lloran, que acogiste piadosamente las lágrimas de santa Mónica impetrando la conversión de su hijo Agustín, concédenos, por intercesión de madre e hijo, la gracia de llorar nuestros pecados y alcanzar tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración colecta agustiniana

Señor, Dios nuestro, misericordia de los que en ti esperan, que adornaste a tu sierva Mónica con el don inestimable de ganar para ti, por su oración y ejemplo, a su esposo e hijos, concédenos, por su intercesión, ser mensajeros de tu amor para con nosotros y llevar a ti los corazones de los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 26, 1-4.13-16

Dichoso el marido de una mujer buena; se doblarán los años de su vida.

La mujer hacendosa hace prosperar al marido, él cumplirá sus días en paz.

Mujer buena es buen partido que recibe el que teme al Señor; sea rico o pobre, estará contento y tendrá cara alegre en toda sazón.

Mujer hermosa deleita al marido, mujer prudente lo robustece; mujer discreta es don del Señor: no se paga un ánimo instruido; mujer modesta duplica su encanto: no hay belleza que pague un ánimo casto.

El sol brilla en el cielo del Señor, la mujer bella, en su casa bien arreglada.


SALMO 130, 1.2.3

Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad.

Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.


EVANGELIO: Lucas 7, 11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:

-«No llores.»

Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:

-«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:

-«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.»

La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.


Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por las vocaciones a la vida contemplativa, sobre todo entre las monjas agustinas recoletoas, y por la fidelidad de cuantas viven este santo propósito por amor a Dios. Oremos.

R. Señor, que tu gracia nos santifique.

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PREFACIO DE LA MISA DE SANTA MÓNICA, Misal agustiniano

En verdad es justo y necesario darte gracias, Señor Padre Santo:

En la festividad de santa Mónica, es necesario celebrar tus dones en ella, pues , vivificada en Cristo, vivió de tal manera que fuese alabado tu nombre en su fe y en sus costumbres, y en su corazón se sintiese tu presencia.

Ganó a su marido para ti al final de sus días. Formó a los hijos, dándolos a luz tantas veces cuantas veía que se desviaban de ti; ante sus lágrimas, diarias y sinceras, le concediste que su hijo Agustín no pereciese.

Por eso, Señor, con todos los ángeles te alabamos diciendo con humilde fe: Santo, Santo, Santo es el Señor…

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Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

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ALCANCEMOS LA SABIDURÍA ETERNA

Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo

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Cuando ya se acercaba el día de su muerte –día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos–, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos.

Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar.

Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.

Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas –y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres–, ella dijo:

«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara ¬por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»

No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo.

Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:

«¿Dónde estaba?»

Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:

«Enterrad aquí a vuestra madre».

Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:

«Mira lo que dice».

Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:

«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lu¬gar donde estéis».

Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.

Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.

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NOTA.- Es muy probable que muchas madres devotas, sobre todo durante la novena a santa Mónica, hayan experimentado alguna gracia especial de Dios concedida a ellas personalmente o bien a sus esposos o hijos.

Con esta nota quiero invitarlas a dar testimonio, en su ámbito familiar o comunitario, de esos favores divinos para que muchas personas den gracias a Dios por santa Mónica, y muchos hogares sean bendecidos. Les agradezco por anticipado.

Que Dios siga estando con ustedes, gracias al favor de santa Mónica. Amén.

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One Response to El maná de cada día, 27.8.16

  1. Anónimo dice:

    AMIGO PADRE ISMAEL..: NOS CONGRATULAMO por los/las santos/as agustinas…Espero que en un futuro muy cercano ses invitado a la tercera orden..aunque mi máximo ideal sea llegar al diaconado….
    – Me siento MUY relacionado con Mónica y Agustín x que mi situación es SIMILAR…Mis 3 hijas y yernos son gente buena,pero REACIOS A PRACTICAR EL CATOLICISMO…Espero que todos/as los cercanos a Agustín y Mónica OREN Y LLOREN x la conversión de sus allegados y los míos….
    – SIENTO que fui llamado antes y ahora como profeta y sacerdote (aunque no intengrando el clero formalmente) Doy mil gracias x la salud de toda mi familia y allegados,Pido a Dios por mis familiares y todo conocido…A que YA imitemos al buen ladrón en su ORACIÓN EFICAZ Y MUY SALLVADORA
    asobenes@yahoo.es

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