Papa Francisco: Este mundo en guerra necesita la fraternidad de los jóvenes

agosto 3, 2016

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Papa Francisco con jóvenes

El Papa Francisco con jóvenes de la JMJ en Cracovia, Polonia

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Papa Francisco: Este mundo en guerra necesita la fraternidad de los jóvenes

VATICANO, 03 Ago. 16 / 06:53 am (ACI).- Este mundo que vive una guerra “a pedazos” necesita el signo de esperanza de la fraternidad, afirmó este miércoles el Papa Francisco al presidir su primera Audiencia General luego de una pausa de un mes y tras su viaje a Polonia, del que recordó la amistad que vivieron los cientos de miles de jóvenes que ondeaban sus banderas, incluyendo las de aquellos países actualmente en conflicto.

Desde el Aula Pablo VI, el Pontífice destacó que la JMJ Cracovia 2016 coincidió con los 25 años de “aquella histórica celebrada en Czestochowa (en 1991) poco después de la caída de la ‘cortina de hierro’” en 1989 y que marcó el fin del comunismo en Europa.

“En estos 25 años, Polonia ha cambiado, ha cambiado Europa y ha cambiado el mundo, y esta JMJ se ha convertido en un signo profético para Polonia, para Europa y para el mundo”, afirmó.

En ese sentido, dijo el Papa, “la nueva generación de jóvenes, herederos y continuadores de la peregrinación iniciada por San Juan Pablo II, han dado la respuesta a los desafíos de hoy, han dado un signo de esperanza, y este signo se llama fraternidad. Porque, justamente en este mundo en guerra, se necesita fraternidad; se necesita cercanía; se necesita diálogo; se necesita amistad. Y este es el signo de la esperanza: cuando hay fraternidad”.

El Pontífice destacó que a pesar de las diferentes lenguas que hablaban los peregrinos, de sus historias diversas, lograban entenderse, “¿y por qué? ¡Porque tienen la voluntad de ir juntos, de hacer puentes, de fraternidad!”

“Han venido también con sus heridas, con sus interrogantes, pero sobre todo con la alegría de encontrarse; y una vez más han formado un mosaico de fraternidad”.

“Una imagen emblemática de las Jornadas Mundiales de la Juventud es la vastedad multicolor de banderas llevadas por los jóvenes: de hecho, en la JMJ, las banderas de las naciones se hacían más bellas, por así decir, ‘se purificaban’, y también las banderas de naciones en conflicto entre ellas ondeaban juntas. ¡Y esto es bello!”, expresó.

Francisco señaló que los peregrinos de Cracovia “han recibido el mensaje de la Misericordia, para llevarlo a todas partes en las obras espirituales y corporales”; y recordó con afecto a Susana, “la joven romana de esta diócesis, que ha fallecido después de haber participado en la JMJ, en Viena. El Señor, que ciertamente la ha recibido en el Cielo, conforte a sus familiares y amigos”, así como a la familia de Anna Maria Jacobini, la periodista italiana que murió en Cracovia de manera repentina.

El Papa también recordó su visita al Santuario de la Virgen de Czestochowa, Patrona de Polonia, país “cuya historia está ligada de modo indisoluble a la Cruz de Cristo”. “Ahí se toca con la mano la fe del santo pueblo fiel de Dios, que custodia la esperanza a través de las pruebas; y conserva también aquella sabiduría que es equilibrio entre tradición e innovación, entre memoria y futuro”, afirmó.

En ese sentido, señaló que “Polonia hoy recuerda a toda Europa que no puede haber futuro para el continente sin sus valores fundantes, los cuales a su vez tienen al centro la visión cristiana del hombre. Entre estos valores está la misericordia, de la cual han sido especiales apóstoles, dos grandes hijos de esta tierra polaca: Santa Faustina Kowalska y San Juan Pablo II”.

Francisco también destacó su visita en silencio al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, donde murieron un millón y medio de personas durante la Segunda Guerra Mundial.

“En aquel silencio he escuchado, he sentido la presencia de todas las almas que han pasado por ahí; he sentido la compasión, la misericordia de Dios, que algunas almas santas también han sabido llevar a este abismo. En aquel gran silencio he orado por todas la víctimas de la violencia y de la guerra”.

“Mirando aquella crueldad, en aquel campo de concentración, he pensado enseguida en la crueldad de hoy, que se asemeja: no así concentrada como en aquel lugar, sino por todas partes en el mundo; este mundo que está enfermo de crueldad, de dolor, de guerra, de odio, de tristeza. Y por esto siempre les pido una oración: ¡que el Señor nos dé la paz!”, expresó.

Antes de terminar, el Pontífice agradeció al Señor y a la Virgen María, así como a las autoridades de Polonia “y a todos aquellos que, de mil formas, han hecho posible este evento, que ha ofrecido un signo de fraternidad y de paz a Polonia, a Europa y al mundo”.


El maná de cada día, 3.8.16

agosto 3, 2016

Miércoles de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

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Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David



PRIMERA LECTURA: Jeremías 31, 1-7

En aquel tiempo –oráculo del Señor–, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Así dice el Señor: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos.

Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia. Todavía te construiré y serás reconstruida, Doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán.

«Es de día» gritarán los centinelas en la montaña de Efraín: «Levantaos y marchemos a Sión, al Señor nuestro Dios.» Porque así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el amor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: “El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.”»

SALMO: Jeremías 31, 10-13

El Señor nos guardará como pastor a su rebaño.

Escuchen, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como pastor a su rebaño.»

Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.

Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.


ALELUYA: Lc 7, 16

Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.


EVANGELIO: Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»

Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»

Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»

Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»

Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.


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UNA MUJER CANANEA SE PUSO A GRITAR

P. Raniero Cantalamessa

Si Jesús hubiera escuchado a la mujer cananea a la primera petición, sólo habría conseguido la liberación de la hija. Habría pasado la vida con menos problemas. Pero todo hubiera acabado en eso y al final madre e hija morirían sin dejar huella de sí. Sin embargo, de este modo su fe creció, se purificó, hasta arrancar de Jesús ese grito final de entusiasmo: “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas”.

Desde aquel instante, constata el Evangelio, su hija quedó curada. Pero, ¿qué le sucedió durante su encuentro con Jesús? Un milagro mucho más grande que el de la curación de la hija. Aquella mujer se convirtió en una “creyente”, una de las primeras creyentes procedentes del paganismo. Una pionera de la fe cristiana. Nuestra predecesora.

¡Cuánto nos enseña esta sencilla historia evangélica! Una de las causas más profundas de sufrimiento para un creyente son las oraciones no escuchadas. Hemos rezado por algo durante semanas, meses y quizá años. Pero nada. Dios parecía sordo. La mujer Cananea se presenta siempre como maestra de perseverancia y oración.

Quien observara el comportamiento y las palabras que Jesús dirigió a aquella pobre mujer que sufría, podía pensar que se trataba de insensibilidad y dureza de corazón. ¿Cómo se puede tratar así a una madre afligida? Pero ahora sabemos lo que había en el corazón de Jesús y que le hacía actuar así. Sufría al presentar sus rechazos, trepidaba ante el riesgo de que ella se cansara y desistiera. Sabía que la cuerda, si se estira demasiado, puede romperse.

De hecho, para Dios también existe la incógnita de la libertad humana, que hace nacer en él la esperanza. Jesús esperó; por eso, al final, manifiesta tanta alegría. Es como si hubiera vencido junto a la otra persona.

Dios, por tanto, escucha incluso cuando… no escucha. En él, la falta de escucha es ya una manera de atender. Retrasando su escucha, Dios hace que nuestro deseo crezca, que el objeto de nuestra oración se eleve; que de lo material pasemos a lo espiritual, de lo temporal a lo eterno, de los pequeño a lo grande. De este modo, puede darnos mucho más de lo que le habíamos pedido en un primer momento.

Con frecuencia, cuando nos ponemos en oración, nos parecemos a ese campesino del que habla un antiguo autor espiritual. Ha recibido la noticia de que será recibido en persona por el rey. Es la oportunidad de su vida: podrá presentarle con sus mismas palabras su petición, pedirle lo que quiere, seguro de que le será concedido.

Llega el día, y el buen hombre, emocionadísimo, llega ante la presencia del rey y, ¿qué le pide? ¡Un quintal de estiércol para sus campos! Era lo máximo en que había logrado pensar.

A veces nosotros nos comportamos con Dios de la misma manera. Lo que le pedimos comparado a lo que podríamos pedirle no es más que un quintal de estiércol, nimiedades que sirven de muy poco, es más, que a veces incluso pueden volverse contra nosotros.

San Agustín era un gran admirador de la Cananea. Aquella mujer le recordaba a su madre, Mónica. También ella había seguido al Señor durante años, pidiéndole la conversión de su hijo. No se había desalentado por ningún rechazo. Había seguido al hijo hasta Italia, hasta Milán, hasta que vio que regresaba al Señor.

En uno de sus discursos, recuerda las palabras de Cristo: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; tocad y se os abrirá”, y termina diciendo: “Así hizo la Cananea: pidió, buscó, tocó a la puerta y recibió”. Hagamos nosotros también lo mismo y también se nos abrirá.

Homilética.org


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