julio 31, 2016

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Selfi del Papa con

Selfi del Papa con los jóvenes que compartieron con él el almuerzo en el arzobispado de Cracovia

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Papa Francisco brinda consejos y “selfies” a jóvenes

Ameno almuerzo, con bromas, del Sumo Pontífice
CRACOVIA (EFE).— “Fue como comer con mi papá”, explicó Paula Mora, una de los 14 jóvenes que compartió el almuerzo con el papa Francisco en Cracovia, quienes recibieron muchos consejos, bromearon y, sobre todo, se tomaron selfies.

Los 14 jóvenes, uno de ellos una traductora, se convirtieron ayer en las grandes estrellas de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) y la prensa de todo el mundo quiso hacerles una entrevista y es que no es para menos: no todos los días se come con un papa.

La organización de la JMJ eligió por sorteo entre los “voluntarios a largo plazo” —quienes han ayudado a los jóvenes que vienen de todo el mundo— a representantes por continente, de Polonia y una traductora para almorzar en el arzobispado con el Santo Padre, en una de las citas habituales en las últimas JMJ.

Sentados a la mesa, con un mantel blanco y algunos centros de flores amarillas —colores de la bandera vaticana— estaban los 14 chicos y chicas, procedentes de Nueva Zelanda, Ucrania, Vietnam, Canadá, Estados Unidos, Zimbabue, entre otros; el arzobispo de Cracovia, el cardenal Stanislaw Dziwisz, y el papa.

Al principio los jóvenes no abrieron la boca, ante los nervios, no saber el protocolo y el peso de la responsabilidad de estar ante el pontífice, pero Francisco rompió inmediatamente el hielo.

“A ver, ¿quién habla español?”, señaló Francisco, según explicó Marco Bulgarelli, un costarricense que todavía no cree lo que acaba de vivir.

“Al final levantaron la mano cinco personas y un polaco dijo que sabía algunas palabras y entonces el Papa decidió que por mayoría se hablaba español”, contó Bulgarelli, y empezó la conversación entre consejos y preguntas serias, algunas bromas y, sobre todo, una sesión final de fotos.

“Ha sido una experiencia maravillosa y única en la vida, nos estuvo preguntando sobre nosotros, lo que nos gustaba hacer, sobre nuestras vidas y luego nos dio consejos sobre cómo evangelizar y que lo primero es evangelizar con los actos y no con las palabras”, añadió.

El menú fue típicamente polaco: Pierogi, carne y postre, y a la pregunta de los chicos sobre cuál era su plato preferido, el Papa argentino les aseguró que tiene “un estómago de hierro” y puede comer de todo.

Y que sin el mate se puede vivir, “pero si un argentino le convida pues acepta con mucho gusto”.

Pero el papa también se puso serio cuando les habló de cómo rezar o de la importancia de confesarse y en otra confesión les explicó que “cuando se confiesa busca entre los pecados que tiene y aquel que más vergüenza le da es el primero que cuenta porque así siente antes el perdón de Dios”.

También se habló de Siria, donde los jóvenes cristianos de este país también están celebrando una pequeña JMJ a pesar de la guerra y las penurias.

Paula Mora, que ha venido a Cracovia como voluntaria desde el sur de Colombia, cuenta que sólo le pudo obsequiar al papa una pequeña imagen de la Virgen de Las Lajas, la patrona de su tierra, porque recibió la sorpresa aquí y no tenía nada más que regalar.

Aunque el verdadero regalo se lo hizo el papa cuando confirmó que el próximo año, aunque aún no conoce la fecha, viajará a Colombia.

El tema de los próximos viajes salió cuando Marco Bulgarelli, que viene de Costa Rica le preguntó cuándo viajaría a su país.

El papa contestó que sería muy difícil volver pronto a Latinoamérica ya que para el próximo año tenía previsto viajar a Colombia, “aunque aún no había fecha”.

Para Paula, este almuerzo que le ha “cambiado la vida”, fue como el que se tiene en casa con la familia y en el que tu padre te da consejos de vida. “Fue como comer con papá”, explicó a Efe esta colombiana, que resaltó la cercanía y la paz que emana del pontífice argentino.

Al final de la comida, todos le pidieron “una sesión de selfies” y el pontífice, con paciencia, pasó un buen rato con los chicos haciéndose fotos. “El papa hubiera continuado, pero los gendarmes nos dijeron que ya se tenía que ir”, explicaron.

El papa futbolero no pudo evitar preguntar a uno de los chicos, un seminarista de Brasil: “Entonces, quién era mejor Pelé o Maradona”. “A mí me gusta Messi, santidad”, zanjó la discusión.

De Siria

El Pontífice escuchó ayer durante la ceremonia de la vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud el testimonio de Rand Mittri, una joven de 26 años, que relató la terrible vida en Alepo, en Siria, “un país olvidado”.

Rand, a quien se le quebró la voz por la emoción, comenzó explicando que viene de Alepo, “una ciudad totalmente destrozada, en ruinas y donde hemos perdido el significado de nuestras vidas. Estábamos en una ciudad olvidada”.

La chica fue una de las tres jóvenes que habló ante el papa en esta ceremonia en el Campus de la Misericordia donde asistieron cientos de miles de jóvenes.

Aunque afirmó que es muy duro explicar lo que está sucediendo en su país, relató cómo viven “rodeados por la muerte”.

“Pero al igual que vosotros, cada mañana, cerramos nuestras puertas detrás de nosotros para salir al trabajo o la escuela. Pero en ese momento estamos atenazados por el miedo porque puede suceder que no volvamos a encontrar a nuestros hogares y nuestras familias, ya que los dejamos”.

“Es una sensación difícil y dolorosa saber que estás rodeada de muerte y asesinatos, y que no hay manera de escapar; no hay quien ayude”, dijo

Rand explicó que trabaja en el centro Don Bosco de Alepo ayudando, pero reconoció que es muy difícil “dar alegría y fe a los demás, mientras que se quiebran estas cosas en mi vida”.

Pero aseguró que sigue creyendo en Dios porque “a veces a través de nuestro dolor, nos enseña el verdadero significado del amor y que nadie va a ser capaz de robar esta verdadera alegría que hay en mí”.

Otro de los testimonios lo dio Miguel, de 34 años, de Asunción, Paraguay, que tiene 11 hermanos y fue “el único con problemas de drogadicción”.

Se drogó desde los 11 años y estuvo en la cárcel seis años “por un grave delito”, pero al salir de prisión un sacerdote amigo de la familia le invitó a conocer un lugar llamado “Fazenda de la Esperanza”, donde empezó a trabajar ayudando a otras personas.

La primera joven que habló ante el pontífice argentino fue una chica polaca, redactora de una revista de moda, con una vida en la que se pasaba de una fiesta a otra, y que cambió su vida después de confesarse.

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Homilía del Papa Francisco en Misa con sacerdotes y religiosos de Polonia

julio 31, 2016

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El Papa Franciaco

El Papa Franciaco dirige la homilía a sacerdotes y religiosos en Cracovia

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El pasaje del Evangelio que hemos escuchado (cf. Jn 20,19-31)

nos habla de un lugar, de un discípulo y un libro.

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CRACOVIA, 30 Jul. 16 / 03:52 am (ACI).- Este sábado el Papa Francisco presidió en el Santuario San Juan Pablo II en Cracovia, Polonia, la Misa con los sacerdotes, religiosas, religiosos y seminaristas, en la que los exhortó a ser siempre una Iglesia en salida que lleve a los hombres la misericordia de Dios.

A continuación el texto completo de la homilía:

El pasaje del Evangelio que hemos escuchado (cf. Jn 20,19-31) nos habla de un lugar, de un discípulo y un libro.

El lugar es la casa en la que estaban los discípulos al anochecer del día de la Pascua: de ella se dice sólo que sus puertas estaban cerradas (cf. v. 19). Ocho días más tarde, los discípulos estaban todavía en aquella casa, y sus puertas también estaban cerradas (cf. v. 26). Jesús entra, se pone en medio y trae su paz, el Espíritu Santo y el perdón de los pecados: en una palabra, la misericordia de Dios.

En este local cerrado resuena fuerte el mensaje que Jesús dirige a los suyos: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (v. 21).

Jesús envía. Él desea desde el principio que la Iglesia esté de salida, que vaya al mundo. Y quiere que lo haga tal como él mismo lo ha hecho, como él ha sido mandado al mundo por el Padre: no como un poderoso, sino en forma de siervo (cf. Flp 2,7), no «a ser servido, sino a servir» (Mc 10,45) y llevar la Buena Nueva (cf. Lc 4,18); también los suyos son enviados así en todos los tiempos.

Llama la atención el contraste: mientras que los discípulos cerraban las puertas por temor, Jesús los envía a una misión; quiere que abran las puertas y salgan a propagar el perdón y la paz de Dios con la fuerza del Espíritu Santo.

Esta llamada es también para nosotros. ¿Cómo no sentir aquí el eco de la gran exhortación de san Juan Pablo II: «¡Abrid las puertas!»? No obstante, en nuestra vida como sacerdotes y personas consagradas, se puede tener con frecuencia la tentación de quedarse un poco encerrados, por miedo o por comodidad, en nosotros mismos y en nuestros ámbitos.

Pero la dirección que Jesús indica es de sentido único: salir de nosotros mismos. Es un viaje sin billete de vuelta. Se trata de emprender un éxodo de nuestro yo, de perder la vida por él (cf. Mc 8,35), siguiendo el camino de la entrega de sí mismo.

Por otro lado, a Jesús no le gustan los recorridos a mitad, las puertas entreabiertas, las vidas de doble vía. Pide ponerse en camino ligeros, salir renunciando a las propias seguridades, anclados únicamente en él.

En otras palabras, la vida de sus discípulos más cercanos, como estamos llamados a ser, está hecha de amor concreto, es decir, de servicio y disponibilidad; es una vida en la que no hay espacios cerrados ni propiedad privada para nuestras propias comodidades.

Quien ha optado por configurar toda su existencia con Jesús ya no elige dónde estar, sino que va allá donde se le envía, dispuesto a responder a quien lo llama; tampoco dispone de su propio tiempo. La casa en la que reside no le pertenece, porque la Iglesia y el mundo son los espacios abiertos de su misión. Su tesoro es poner al Señor en medio de la vida, sin buscar otra para él.

Huye, pues, de las situaciones gratificantes que lo pondrían en el centro, no se sube a los estrados vacilantes de los poderes del mundo y no se adapta a las comodidades que aflojan la evangelización; no pierde el tiempo en proyectar un futuro seguro y bien remunerado, para evitar el riesgo de convertirse en aislado y sombrío, encerrado entre las paredes angostas de un egoísmo sin esperanza y sin alegría.

Contento con el Señor, no se conforma con una vida mediocre, sino que tiene un deseo ardiente de ser testigo y de llegar a los otros; le gusta el riesgo y sale, no forzado por caminos ya trazados, sino abierto y fiel a las rutas indicadas por el Espíritu: contrario al «ir tirando», siente el gusto de evangelizar.

En segundo lugar, aparece en el Evangelio de hoy la figura de Tomás, el único discípulo que se menciona. En su duda y su afán de entender —y también un poco terco—, este discípulo se nos asemeja un poco, y hasta nos resulta simpático.

Sin saberlo, nos hace un gran regalo: nos acerca a Dios, porque Dios no se oculta a quien lo busca. Jesús le mostró sus llagas gloriosas, le hizo tocar con la mano la ternura infinita de Dios, los signos vivos de lo que ha sufrido por amor a los hombres.

Para nosotros, los discípulos, es muy importante poner nuestra humanidad en contacto con la carne del Señor, es decir, llevarle a él, con confianza y total sinceridad, hasta el fondo, lo que somos.

Jesús, como dijo a santa Faustina, se alegra de que hablemos de todo, no se cansa de nuestras vidas, que ya conoce; espera que la compartamos, incluso que le contemos cada día lo que nos ha pasado (cf. Diario, 6 septiembre 1937).

Así se busca a Dios, con una oración que sea transparente y no se olvide de confiar y encomendar las miserias, las dificultades y las resistencias. El corazón de Jesús se conquista con la apertura sincera, con los corazones que saben reconocer y llorar las propias debilidades, confiados en que precisamente allí actuará la divina misericordia.

¿Qué es lo que nos pide Jesús? Quiere corazones verdaderamente consagrados, que viven del perdón que han recibido de él, para derramarlo con compasión sobre los hermanos.

Jesús busca corazones abiertos y tiernos con los débiles, nunca duros; corazones dóciles y transparentes, que no disimulen ante los que tienen la misión en la Iglesia de orientar en el camino. El discípulo no rechaza hacerse preguntas, tiene la valentía de sentir la duda y de llevarla al Señor, a los formadores y a los superiores, sin cálculos ni reticencias.

El discípulo fiel lleva a cabo un discernimiento atento y constante, sabiendo que cada día hay que educar el corazón, a partir de los afectos, para huir de toda doblez en las actitudes y en la vida.

El apóstol Tomás, al final de su búsqueda apasionada, no sólo ha llegado a creer en la resurrección, sino que ha encontrado en Jesús lo más importante de la vida, a su Señor; le dijo: «Señor mío y Dios mío» (v. 28).

Nos hará bien rezar cada día estas palabras espléndidas, para decirle: «Eres mi único bien, la ruta de mi camino, el corazón de mi vida, mi todo.

En el último versículo que hemos escuchado, se habla, en fin, de un libro: es el Evangelio, en el que no están escritos muchos otros signos que hizo Jesús (v. 30). Después del gran signo de su misericordia —podemos pensar—, ya no se ha necesitado añadir nada más.

Pero queda todavía un desafío, queda espacio para los signos que podemos hacer nosotros, que hemos recibido el Espíritu del amor y estamos llamados a difundir la misericordia.

Se puede decir que el Evangelio, libro vivo de la misericordia de Dios, que hay que leer y releer continuamente, todavía tiene al final páginas en blanco: es un libro abierto, que estamos llamados a escribir con el mismo estilo, es decir, realizando obras de misericordia.

Os pregunto: ¿Cómo están las páginas del libro de cada uno de vosotros? ¿Se escriben cada día? ¿Están escritas sólo en parte? ¿Están en blanco?

Que la Madre de Dios nos ayude en ello: que ella, que ha acogido plenamente la Palabra de Dios en su vida (cf. Lc 8,20-21), nos dé la gracia de ser escritores vivos del Evangelio; que nuestra Madre de misericordia nos enseñe a curar concretamente las llagas de Jesús en nuestros hermanos y hermanas necesitados, de los cercanos y de los lejanos, del enfermo y del emigrante, porque sirviendo a quien sufre se honra a la carne de Cristo.

Que la Virgen María nos ayude a entregarnos hasta el final por el bien de los fieles que se nos han confiado y a sostenernos los unos a los otros, como verdaderos hermanos y hermanas en la comunión de la Iglesia, nuestra santa Madre.

Queridos hermanos y hermanas, cada uno de nosotros guarda en el corazón una página personalísima del libro de la misericordia de Dios: es la historia de nuestra llamada, la voz del amor que atrajo y transformó nuestra vida, llevándonos a dejar todo por su palabra y a seguirlo (cf. Lc 5,11).

Reavivemos hoy, con gratitud, la memoria de su llamada, más fuerte que toda resistencia y cansancio.

Demos gracias al Señor continuando con la celebración eucarística, centro de nuestra vida, porque ha entrado en nuestras puertas cerradas con su misericordia; porque nos da la gracia de seguir escribiendo su Evangelio de amor.

https://www.aciprensa.com/noticias/video-y-texto-homilia-del-papa-francisco-en-misa-con-sacerdotes-y-religiosos-de-polonia-11651/

 


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