Síntesis de la Constitución Apostólica Vultum Dei quarere

julio 26, 2016

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Comunidad de Monjas de clausura

Comunidad de Monjas Agustinas Recoletas, Orón, Burgos, España. 

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Síntesis de Vultum Dei quarere 

"La búsqueda del rostro de Dios", (VDQ)

Premisa

La promoción de una  formación adecuada, la centralidad de la lectio divina,  los criterios específicos para la autonomía de las comunidades contemplativas,  la pertenencia de los monasterios a una federación: estos son algunos puntos de la Constitución Apostólica “Vultum Dei quaerereLa búsqueda del rostro de Dios”, (VDQ) firmada por Francisco el 29 de junio y dedicada a la vida contemplativa femenina.

Los motivos del documento, explica el Pontífice, son el camino recorrido por la Iglesia y “el rápido avance de la historia humana” en  los cincuenta años transcurridos desde el Concilio Vaticano II. De ahí la necesidad de entablar un diálogo con la sociedad contemporánea, salvaguardando al mismo tiempo “los valores fundamentales” de la vida contemplativa, cuyas características -el silencio, la escucha, la estabilidad- “pueden y deben constituir un desafío para la mentalidad de hoy”.

Introducido por una amplia reflexión sobre la importancia de las  monjas y de las contemplativas  para la Iglesia y para el mundo, el documento indica 12 temas de reflexión y discernimiento para la vida consagrada en general y concluye con 14 artículos dispositivos.

 

Monjas que rezan en comunidad

Monjas que rezan en comunidad

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La importancia de la vida contemplativa

En un mundo que busca a Dios, aunque no siempre de manera consciente -escribe el Papa-, las personas consagradas están llamadas a ser “sapientes interlocutores” para “reconocer los interrogantes que Dios y la humanidad nos plantean”. Por eso,  su búsqueda de Dios nunca debe detenerse.

Francisco expresa su aprecio a las “hermanas contemplativas”, haciendo hincapié en que “la Iglesia las necesita” para llevar “la buena noticia del Evangelio” a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Y no se trata de una misión fácil, dada la realidad actual “que obedece a lógicas de poder, de economía y de consumo”.

Sin embargo, el reto que el Pontífice propone a las contemplativas es ser “faros y antorchas” que guían y acompañan el camino de la humanidad, “centinelas de la aurora” que indican al mundo Cristo “camino, verdad y vida”. “Don inestimable e irrenunciable” para la Iglesia -dice VDQ-, “la vida consagrada es una historia de amor apasionado por el Señor y por la humanidad que se despliega a través de “la apasionada búsqueda del rostro de Dios” ante el cual “todo cobra su verdadero sentido”, porque se mira con “ojos espirituales” que permiten contemplar “el mundo y las personas con la mirada de Dios”.

Y frente a las “tentaciones”, el Papa insta a las contemplativas a sostener con valentía “la lucha espiritual”, venciendo con tenacidad, en particular, “la tentación que desemboca en la apatía, en la rutina, en la desmotivación, en la desidia paralizadora”.

Los 12 temas de reflexión y discernimiento

Formación y oración: Por lo tanto, el Papa invita a “reflexionar y discernir sobre los siguientes doce temas de la vida consagrada en general y, en particular, de la tradición monástica”, para “ayudar a las contemplativas a alcanzar el fin propio de su específica vocación.”

El primer tema es la formación: itinerario “que debe llevar a la configuración con el Señor Jesús”, y que supone un  proceso que no termina nunca y por ello “pide la continua conversión a Dios.” De aquí, la llamada del Papa a los monasterios para que “presten mucha atención al discernimiento vocacional y espiritual, sin dejarse llevar por la tentación del número y de la eficiencia. Asimismo, el Papa recuerda que la formación requiere “un amplio espacio de tiempo”, entre los nueve y los doce años.

El segundo tema indicado es la oración: “meollo de la vida consagrada”, que no debe vivirse como “un repliegue” de la vida monástica en sí misma, sino como un “ensanchar el corazón para abrazar a toda la humanidad”, en particular a los que sufren, como  los presos, los emigrantes, los refugiados y perseguidos, las tantas familias heridas, las personas en paro, los pobres, los enfermos, las víctimas de dependencias.

“Rezáis e intercedeis” por las “suertes de la humanidad”, escribe el Papa a las contemplativas. Así las comunidades llegarán a ser “verdaderas escuelas de oración”, alimentada por la “belleza escandalosa de la Cruz.”

Palabra de Dios,  Eucaristía y  Reconciliación: Como tercer tema de reflexión Francesco indica la centralidad de la Palabra de Dios: “fuente primera de toda espiritualidad y principio de comunión para las comunidades”, que se explicita en la lectio divina, que ayuda a dar el paso “del texto bíblico a la vida”, a “llenar la distancia entre espiritualidad y cotidianeidad”, llevando “de la escucha al conocimiento y del conocimiento al amor “.

La palabra de Dios, por lo tanto -es la recomendación del Papa- debe ritmar la jornada “personal y comunitaria” de las contemplativas, ayudándolas, gracias a “una especie de instinto sobrenatural”, a “discernir lo que viene de Dios y lo que, por el contrario, puede llevar lejos de él”.

Por último, Francisco recuerda que la lectio divina debe transformarse en actio, es decir, convertirse en “don para los demás por la caridad.” Sucesivamente, como cuarto punto, la VDQ recuerda la importancia de los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación, sugiriendo, en particular, “prolongar la celebración con la adoración eucarística” y vivir la práctica de la penitencia como una “ocasión privilegiada para contemplar el rostro misericordioso del Padre”.

De hecho, experimentando el perdón de Dios, se puede “ser profetas y ministros de misericordia e instrumentos de reconciliación, perdón y paz” que tanto necesita hoy nuestro mundo.

Vida fraterna y  autonomía de los monasterios: El quinto tema indicado en  la Constitución Apostólica es la vida fraterna en comunidad, entendida como “reflejo del modo de ser de Dios y de su entrega” y “primera forma de evangelización.”

Por ese motivo, el Papa subraya la necesidad de “un proceso continuo de crecimiento de la vida comunitaria” que lleve a vivir una “auténtica comunión fraterna”. “Una comunidad existe porque nace y se edifica con el aporte de todos,”, escribe el Papa, cultivando una “fuerte espiritualidad de comunión” y de “mutua pertenencia”.

Se trata de un  testimonio muy  necesario en una “sociedad marcada por divisiones y desigualdades”. “Es posible y bello vivir juntos –se lee en el documento- a pesar de las diferencias generacionales, de formación y, a veces, culturales.”

Por el contrario, estas diferencias no obstaculizan el camino fraternal, simo que “lo enriquecen” porque “unidad y comunión no significan uniformidad.” Al mismo tiempo, se recuerda la importancia de “venerar a los ancianos y amar a los jóvenes” armonizando “la memoria y el futuro” de las comunidades.

El sexto tema atañe a  la autonomía de los monasterios. En propósito Francisco señala que si, por una parte, la autonomía favorece la estabilidad, la unidad y la contemplación de una comunidad, no debe sin embargo “significar independencia o aislamiento”. En este sentido, se invita a las contemplativas a preservarse “de la enfermedad de la autoreferencialidad”

Federaciones y clausura: Estrechamente vinculado al anterior está el séptimo tema en que el Papa reitera la importancia de las Federaciones como “estructura de comunión entre los monasterios que comparten el mismo carisma”.

Destinadas a promover la vida contemplativa en los monasterios y a garantizar la ayuda en la formación, como también en las necesidades concretas, las Federaciones, según indica el Pontífice, “tendrán que favorecerse y multiplicarse”.

El octavo tema, se refiere a  la clausura. Es “signo de la unión exclusiva de la Iglesia-esposa con su Señor”, y se codifica en diversas formas, desde  la “papal” que “excluye colaboración en los distintos ministerios pastorales” a la “común”, que es, en cambio “menos cerrada.”

No obstante, esa  pluralidad en una misma Orden ha de considerarse “como una riqueza y no como un impedimento para la comunión”.

Trabajo y silencio: Como noveno punto, el  Papa Francesco indica el trabajo. Recordando el lema benedictino “ora et labora”, se exhorta a las contemplativas a trabajar “con devoción y fidelidad, sin dejarse condicionar por la mentalidad de la eficiencia y del activismo de la cultura contemporánea” que podría “apagar el espíritu de contemplación “.

El trabajo, por tanto, debe interpretarse como un “contribuir en la obra de la creación”, un “servir a la humanidad” y  un ser “solidarias con los pobres” para mantener “una relación equilibrada entre la tensión hacia el Absoluto y el compromiso en las responsabilidades cotidianas”.

El décimo tema tocado por la VDQ es el silencio, entendido como espacio “de escucha y de ruminatio de la Palabra”, “vacío de sí para dejar espacio a la acogida”, silencio para “escuchar a Dios y el clamor de la humanidad.” Modelo de todo ello -escribe el Papa- es María que “pudo acoger la Palabra porque era mujer de silencio”, un silencio “rico de caridad”.

Los medios de comunicación y la ascesis: Consciente, pues , de los cambios de la sociedad y de la “cultura digital” que “influye de manera decisiva en la formación del pensamiento y en la manera de relacionarse con el mundo”, Francisco  propone como undécimo tema los medios de comunicación.

“Instrumentos útiles para la formación y la comunicación”, los define el  Papa, exhortando, sin embargo, a las contemplativas a un “prudente discernimiento” para que “no sean ocasión para la distracción y la evasión de la vida fraterna en comunidad, ni sean nocivos para vuestra vocación o se conviertan en obstáculo para vuestra vida enteramente dedicada a la contemplación”.

El último y duodécimo tema está dedicado a la ascesis, hecha de “sobriedad, desprendimiento de las cosas, entrega de sí en la obediencia, transparencia en las relaciones” comunitarias.

Al  haber elegido  una vida de estabilidad, la ascesis se convierte en “signo elocuente de fidelidad” para nuestro mundo globalizado y sin raíces, y también en ejemplo para “la humanidad de hoy, marcada y a veces rota por tantas divisiones”, de cómo “permanecer” al lado del prójimo, incluso frente a las diversidades, las  tensiones, los  conflictos y las fragilidades.

La ascesis no es una huída del mundo “por miedo” -subraya Francesco- porque las monjas “siguen estando en el mundo, sin ser del mundo”. Su profecía será, pues, la de “interceder constantemente por la humanidad” ante  el Señor, escuchando “el clamor” de los que son “víctimas de la  cultura del descarte”.

Así, en “profunda comunión con la Iglesia”, las  contemplativas serán la “escalera” por la que Dios baja para encontrar al hombre y el hombre sube para encontrar a Dios.

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Personas consagradas  de distintas congregaciones

Personas consagradas de distintas congregaciones

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Los 14 artículos dispositivos

La Conclusión dispositiva de la VDQ se divide en 14 artículos que, de hecho, definen en términos jurídicos lo expresado anteriormente por el Pontífice. En particular:

– El artículo 3, dedicado a la formación permanente y el discernimiento vocacional, establece que las contemplativas pueden participar en cursos específicos de formación “aunque sea fuera de su monasterio, manteniendo un clima adecuado y coherente con las exigencias del carisma” y que “hay que evitar en modo absoluto el reclutamiento de candidatas de otros Países con el único fin de salvaguardar la supervivencia del monasterio”.

– El artículo 7 exhorta a las  contemplativas que ejercen “el ministerio de la autoridad” a “favorecer un clima gozoso de libertad y de responsabilidad” para “promover la comunicación en la verdad”.

– El artículo 8 enumera los requisitos necesarios para la  autonomía jurídica de la comunidad, entre los cuales están la capacidad real de formación y de gobierno, la inserción en la Iglesia local y la posibilidad de subsistencia.

Cuando no subsistan estos requisitos la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica “estudiará la oportunidad de constituir una comisión ad hoc” para “revitalizar el monasterio, o para encaminarlo hacia el cierre”.

– El artículo 9 hace hincapié en que, “en principio, todos los monasterios han de formar parte de una federación”, que podrá configurarse no tanto y no sólo según un criterio geográfico, sino de afinidades de espíritu y tradiciones. Si un monasterio no pudiera ser federado la VDQ reitera que tendrá que pedir permiso a la Santa Sede, a la que corresponde realizar “el oportuno discernimiento”.

– Por último, el artículo 14 establece que la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica promulgue instrucciones para la aplicación de los doce temas indicados anteriormente, de acuerdo con los carismas de las diversas familias monásticas. Dichas instrucciones tendrán que someterse a la aprobación de la Santa Sede.

https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2016/07/22/vux.html

 


El maná de cada día, 26.7.16

julio 26, 2016

San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María

Patronos de los Abuelos.- Felicidades a los Abuelos en el día de sus Santos Protectores. Feliz día. Dios los bendiga. 

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Recibieron la bendición del Señor, les hizo justicia el Dios de salvación.

Recibieron la bendición del Señor, les hizo justicia el Dios de salvación.



Antífona de entrada

Alabemos a Joaquín y a Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos.


Oración colecta

Señor, Dios de nuestros padres, tú concediste a san Joaquín y a santa Ana la gracia de traer a este mundo a la Madre de tu Hijo; concédenos, por la plegaria de estos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jeremías 14, 17-22

Mis ojos se deshacen en lágrimas, de día y de noche no cesan: por la terrible desgracia que padece la doncella, hija de mi pueblo, una herida de fuertes dolores. Salgo al campo: muertos a espada; entro en la ciudad: desfallecidos de hambre; tanto el profeta como el sacerdote vagan sin sentido por el país.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá? ¿Tiene asco tu garganta de Sión? ¿Por qué nos has herido sin remedio? Se espera la paz, y no hay bienestar, al tiempo de la cura sucede la turbación.

Reconocemos, Señor, nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti. No nos rechaces, por tu nombre, no desprestigies tu trono glorioso; recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

¿Tienen los gentiles ídolos de la lluvia? ¿Dan los cielos de por sí los aguaceros? ¿No eres tú, Señor, Dios nuestro; tú, que eres nuestra esperanza, porque tú lo hiciste todo?


SALMO 78, 8. 9. 11 y 13

Por el honor de tu nombre líbranos, Señor.

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte. Nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, cantaremos tus alabanzas de generación en generación.


Aclamación antes del Evangelio: St 1, 21bc

La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo; todo el que lo encuentra vive para siempre.


EVANGELIO: Mateo 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

Él les contestó:

«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre.

El que tenga oídos, que oiga».


Antífona de comunión: Sal 23, 5

Recibieron la bendición del Señor, les hizo justicia el Dios de salvación.
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LOS ABUELOS, UN TESORO EN LA FAMILIA

Por Mons. Juan del Río Martín
Arzobispo castrense de España

La sociedad narcisista en la que vivimos valora la eficacia y da culto a lo joven, bello y hermoso. La vejez es un contravalor y no se estima la “sabiduría del corazón” que representan los años.

Debido a esta cultura y a otros factores sociales, en ocasiones, los ancianos son para algunos hijos una carga que se pasan de unos a otros y muchos terminan desamparados.

Sin embargo, en esta misma sociedad, los abuelos son más protagonistas de lo que parece, pues no pocos de ellos son actualmente una ayuda imprescindible para aquellas parejas de matrimonios jóvenes que, abocadas al trabajo fuera del hogar tanto el marido como la mujer, ven en sus padres el mejor seguro de la educación de sus hijos.

Ahí están las estampas de cada día, de aquel abuelo o abuela que recoge a su nieto a la salida del colegio. Que ayuda en tareas domésticas de la nueva familia de sus hijos, y que en tantas ocasiones –siguiendo la máxima evangélica de “no sepa tu mano izquierda lo que da tu derecha”-, continúan sacrificándose en favor de sus hijos.

Pero sobre todo ahora, cuando muchas familias jóvenes sufren de cerca la lacra del paro, allí están los abuelos compartiendo lo que tienen para ayudar a hijos y nietos.

Esta generación de personas mayores se forjó en los años duros donde todavía no había aparecido la llamada sociedad del bienestar. No tuvieron las comodidades que gozan hoy sus nietos, ni las posibilidades culturales y educativas que tienen sus hijos pues muy pronto conocieron la dureza del trabajo para traer dinero a casa.

Son hombres y mujeres hechos a sí mismos, autodidactas, sacrificados, capaces de un aguante sobrehumano y de las más heroicas renuncias.

Precisamente son ellos quienes están desempeñando una labor supletoria en la transmisión de la fe y de los valores que han configurado la institución natural de la familia. Por esto y por otras muchas razones, los abuelos siguen siendo un gran tesoro de humanidad en todas las tradiciones culturales.

En África se dice que, cuando muere un anciano “ha desaparecido una biblioteca”. Los mayores allí son los custodios de la memoria colectiva. En cambio, en Occidente, nadie quiere parecer viejo y se ha perdido el respeto a la “vejez venerable”.

Pero para un cristiano no está pasado de moda el cuarto mandamiento de la ley de Dios: “honrar al padre y a la madre”, por mucho giro antropológico y cultural que pretendan dar a la familia los poderosos de turno en función de sus intereses políticos e ideológicos.

El reconocimiento universal de este mandamiento conlleva el amor de los hijos a los padres, manifiesta la vinculación entre las generaciones y hace que los mayores se sientan seguros y que no sean considerados un objeto inútil y embarazoso.

Por eso, honrar a los padres supone también honrarles cuando lleguen a ser abuelos, acogiéndolos, asistiéndolos y valorando todas sus cualidades.

Es necesario crear una nueva mentalidad respecto de nuestros mayores. En primer lugar, hace falta considerar al anciano en su dignidad de persona. Luego hay que procurarle una inserción efectiva en el entramado social. No son un peso para la sociedad, sino una fuente de sabiduría y armonía que puede contribuir al bien común.

Finalmente, no sólo se trata de organizar actividades de ocio para la tercera edad, sino de procurarles una asistencia rica en humanidad e impregnada de valores auténticos.

La tradición cristiana hace coincidir la fiesta litúrgica de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María, con la celebración del “día de los abuelos”. Recordemos en esta efeméride el mensaje que Benedicto XVI dirigió a todos los abuelos del mundo desde Valencia, España, en el V Encuentro Mundial de las Familias 2006:

“Deseo referirme ahora a los abuelos, tan importantes en las familias. Ellos pueden ser –y son tantas veces– los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los pequeños la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias.

Ojalá que, bajo ningún concepto, sean excluidos del círculo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones, sobre todo cuando dan testimonio de fe ante la cercanía de la muerte”.

Publicado el martes 26 de julio de 2011 en ZENIT.org

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San Joaquín y santa Ana, santidad conyugal y familiar

Nada dicen los evangelios sobre los padres de la Virgen María. No sabemos, siquiera, si vivían cuando nació Jesús. Joaquín y Ana son reconocidos por la tradición como padres de la Madre de Dios, y, además, considerados santos. La santidad no queda reducida a gentes que realizaron grandes prodigios ante los ojos atónitos de multitudes, sino que Dios se sigue deleitando en la sencillez de corazones generosos, que gastaron su vida con dedicación y entrega.

La discreción es una nota distintiva de las cosas de Dios, una manera de significar que lo esencial sigue siendo invisible a tanta torpeza humana, sin volúmenes de análisis, dialécticas o razonamientos grandilocuentes. María, la hija de Joaquín y de Ana, había de ser la llena de gracia. Sólo en la lógica de Dios podemos entender esa predisposición que depositaría Él en los corazones de sus padres.

En el silencio de sus días, ellos gastaron su tiempo y sus esfuerzos en educar, formar y amar a la que sería Madre de Dios. No sabemos si tuvieron revelaciones privadas, o anticipos de aquello que Dios quería para su hija María. En lo cotidiano, en lo más ordinario de sus vidas, Joaquín y Ana fueron descubriendo esa sombra de la divinidad, que iba apoderándose del corazón de la Virgen.

No veamos, ante cada llamada de Dios, un capricho o una amenaza a nuestra libertad. Sólo Dios sabe lo que más necesitamos, y lo que puede hacernos más felices. Si con Él alcanzamos la plenitud de la dicha, ¿por qué resistirnos a su gracia?

En la santidad de Joaquín y de Ana, abuelos de Jesús, hemos de ver la conformidad con los planes de Dios, adelantándonos, como ellos lo hicieron, en el amor. Tal vez, san Joaquín y santa Ana, enseñaron a su hija, entresacándolo de algún salmo de la Escritura, aquello que dijo la Virgen en Nazaret: “Hágase en mí según tu Palabra”.

Lañas diarias www.mater-dei.es


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