¿Por qué los actos homosexuales son desordenados?

julio 7, 2016

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La complementariedad entre los sexos está escrita en nuestros cuerpos

Homosexualidad: La complementariedad entre los sexos está escrita en nuestros cuerpos

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¿Por qué los actos homosexuales son desordenados?

La complementariedad entre los sexos está escrita en nuestros cuerpos

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El debate sobre el matrimonio homosexual se ha vuelto tan confuso que ya no volvemos a las bases para considerar la razón por la cual la Iglesia se opone a estas uniones. Muchos, de hecho, no entienden las razones por las que la Iglesia enseña que los actos homosexuales son “intrínsecamente desordenados”.

El problema es que gran parte de la sociedad no admite la existencia de la ley natural, la base de este razonamiento, y prefieren pensar que no hay un significado inscrito en nuestra naturaleza sino que prima lo que nosotros decidamos.

Hay que añadir que este concepto de la orientación no se aplica únicamente a la sexualidad, también existe una manera ordenada de comer (para nutrirnos) así como existe una manera desordenada de comer (comer y vomitar, una forma desordenada que no facilita el fin del acto de comer, que es fortalecer nuestros cuerpos).

La doctrina de la Iglesia se basa no sólo en la revelación, sino también en el modo en el que nuestros cuerpos están naturalmente determinados.

La primera pista de la naturaleza intrínseca de la orientación es que hay dos sexos. Karol Wojtyla, san Juan Pablo II, escribió que: “todo ser humano por naturaleza es un ser sexual, y pertenece desde su nacimiento a uno de los dos sexos… De la misma manera, que cada ser humano es un ser sexual y miembro de uno de los dos sexos significa que la total existencia de una persona tiene una particular orientación que se manifiesta en su actual desarrollo interno” (Amor y responsabilidad).

Sabiendo que cada persona es varón o mujer, uno lógicamente puede cuestionar las uniones sexuales entre personas del mismo sexo. Wojtyla de nuevo explica la sexualidad de una manera en la que podemos entender el cuerpo y su naturaleza. Escribe:

El impulso sexual expresa por sí mismo los procesos de la vida de forma que el organismo que posee características masculinas ‘requiere’ de un organismo con características femeninas, junto con la que puede alcanzar el fin apropiado, el fin en el que la vitalidad sexual del cuerpo llega a su consumación natural. El proceso de la vida sexual está naturalmente dirigido a la procreación, y el otro sexo sirve para este fin.

En otras palabras, la complementariedad sexual entre los sexos está escrita en nuestros cuerpos, que no es sólo la manera complementaria en la que los dos sexos se unen en las uniones sexuales, sino también hay que tener en cuenta el natural fruto de esta unión: los hijos.

A pesar de que no todas las uniones heterosexuales terminan en procreación, una unión heterosexual puede alcanzar la procreación de una forma que las relaciones homosexuales, la masturbación o el bestialismo no lo hace. Estos últimos pueden llegar a un clímax sexual que quizás produzca un placer pasajero, pero no son la unión de dos cuerpos que están diseñados para encajar el uno con el otro ni son la potencial creación de una nueva vida.

El padre Paul Scalia, sacerdote de la diócesis católica de Arlington, explica: “Aunque nuestras culturas defiendan la existencia de distintas “orientaciones”, la realidad es que sólo existe una: la heterosexual. Esta es otra manera de expresar la verdad de que la sexualidad humana está diseñada y ordenada para un propósito. Está orientada a la unión heterosexual para la procreación y la unión marital. Cualquier otra cosa es una des-orientación, que significa que no está orientada hacia los fines propios de la sexualidad”.

Cuando hablamos de “desorientación” o “desorden”,  es importante remarcar que la Iglesia no está diciendo que esta persona sea desordenada. La Iglesia enseña que los actos homosexuales son desordenados; que existan sentimientos o atracciones genuinas hacia una persona del mismo sexo no significa que esos sentimientos sean adecuados o fructíferos.

Una persona es más que sus impulsos sexuales, y la Iglesia considera a todas las personas, incluyendo a las que se consideran a sí mismas homosexuales.

La antropología cristiana dicta, por tanto, que nos fijemos en la realidad de la ley natural. Nuestras atracciones, sentimientos, opiniones no determinan nuestra orientación sexual.

Más bien, la diferenciación física entre los sexos y su fin unitivo y procreativo obvio presente en el acto sexual señala una moral sexual en la que los actos homosexuales son considerados contra natura, y así como todos los cristianos están llamados a una vida casta, los homosexuales están específicamente llamados a practicar el celibato como un medio para obtener su santificación.


El maná de cada día, 7.7.16

julio 7, 2016

Jueves de la 14ª semana del Tiempo Ordinario

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Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca

Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca



PRIMERA LECTURA: Oseas 11, 1-4.8c-9

Así dice el Señor: «Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando lo llamaba, él se alejaba, sacrificaba a los Baales, ofrecía incienso a los ídolos.

Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer.

Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta.»

SALMO 79

Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.

Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos.

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.


Aclamación antes del Evangelio: Mc 1, 15

Está cerca el reino de Dios -dice el Señor-: convertíos y creed en el Evangelio.


EVANGELIO: Mateo 10, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios.

Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento.

Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis.

Al entrar en una casa saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.

Si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudid el polvo de los pies. Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo.»


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Predicamos a Cristo hasta los confines de la tierra
Pablo VI (Homilía pronunciada en Manila 29 noviembre 1970)

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Yo soy apóstol y testigo. Cuanto más lejana está la meta, cuanto más difícil es el mandato, con tanta mayor vehemencia nos apremia el amor.

Debo predicar su nombre: Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo; él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es el primogénito de toda criatura, y todo se mantiene en él. Él es también el maestro y redentor de los hombres; él na­ció, murió y resucitó por nosotros.

Él es el centro de la historia y del universo; él nos cono­ce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hom­bre de dolor y de esperanza; él, ciertamente, vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también, como es­peramos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad.

Yo nunca me cansaría de hablar de él; él es la luz, la verdad, más aún, el camino, y la verdad, y la vida; él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra ham­bre y nuestra sed; él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano.

Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente.

Por no­sotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de co­razón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos.

Éste es Jesucristo, de quien ya habéis oído hablar, al cual muchos de vosotros ya pertenecéis, por vuestra con­dición de cristianos. A vosotros, pues, cristianos, os repito su nombre, a todos lo anuncio:

Cristo Jesús es el principio y el fin, el alfa y la omega, el rey del nuevo mundo, la arcana y suprema razón de la historia humana y de nuestro destino; él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; él es el Hijo del hombre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito, y el Hijo de María, bendita entre todas las mujeres, su madre según la carne; nuestra madre por la comunión con el Espíritu del cuerpo místico.

¡Jesucristo! Recordadlo: él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre re­suene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos.


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