¿La Iglesia Católica tiene la culpa del atentado de Orlando?

julio 1, 2016

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Exteriores del bar Pulse durante el tiroteo

Exteriores del bar Pulse durante el tiroteo. Orlando.

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¿La Iglesia Católica tiene la culpa del atentado de Orlando? Sacerdote responde

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CIUDAD DE MÉXICO, 01 Jul. 16 / 03:05 am (ACI).- Tras la masacre en el bar gay Pulse de Orlando, en Estados Unidos, que acabó con la vida de 49 personas y más de medio centenar de heridos, algunos responsabilizaron a la Iglesia Católica de ser uno de los instigadores del odio contra los homosexuales.

¿Cuánto de verdad hay en esta acusación? El P. Hugo Valdemar, director de la Oficina de Comunicación Social del Arzobispado de México, responde.

La madrugada del 12 de junio, Omar Mateen ingresó al bar gay Pulse y disparó contra los asistentes, antes de caer abatido por las autoridades policiales.

El grupo terrorista Estado Islámico se atribuyó el atentado. Informes posteriores revelaron que Mateen, en llamadas telefónicas al 911 durante el ataque, se declaró fiel a la organización extremista musulmana.

En una reciente entrevista con el semanario Desde la Fe, de la Arquidiócesis de México, el P. Valdemar dijo que la Iglesia “en absoluto” ha sido omisa a la condena del atentado de Orlando, y destacó que el Arzobispo de México, Cardenal Norberto Rivera, “a través de un duro comunicado, fue el primero en condenar lo que llamó un cobarde y brutal atentado”.

En esa ocasión, recordó, el Cardenal Rivera “fue enfático al recordar que ‘la Iglesia Católica rechaza todo crimen de odio, y nos recuerda que la vida es un don que bajo ninguna circunstancia o justificación se debe vulnerar’”.

El Papa Francisco también condenó duramente la masacre, recordó el sacerdote mexicano.

El P. Valdemar subrayó que “tan cobarde e injusto es matar inocentes –como fueron las 50 personas asesinadas en Orlando por un joven desquiciado–, como cobarde e injusto es culpar a inocentes de crímenes que no cometieron”.

“En este caso –indicó– los inocentes somos los cristianos, la Iglesia Católica, que no tiene absolutamente nada que ver con un crimen de odio cometido por una persona fanática”.

El sacerdote mexicano indicó que “cada vez va quedando más claro” que el asesino de Orlando “era gay y comulgaba con el Islam”.

“¿Por qué nos quieren ocultar que el crimen fue una cuestión totalmente gay, tanto en sus causas como en sus consecuencias?”, cuestionó.

“Nuestros perversos acusadores no han hecho una sola condena al Islam, al radicalismo islámico del que se alimentaba ideológicamente el asesino”, criticó, mientras que se acusa a la Iglesia “por oponerse al matrimonio entre personas del mismo sexo”.

El P. Valdemar señaló que las continuas acusaciones del lobby gay contra los cristianos se deben a que “ven en los principios y valores de la Iglesia Católica su más importante adversario, el mayor obstáculo para alcanzar sus fines en cuanto a este tipo de legislaciones”.

“Se han convertido en el nuevo Nerón, si Roma arde, es por culpa de los cristianos; si un desequilibrado mata a 50 personas en Orlando, la culpa es de los católicos, no del Estado Islámico”.

“El odio a las personas con preferencias homosexuales, según ellos, está alimentado por la doctrina cristiana, pero resulta que el asesino no era cristiano. Cuando los masacró no confesó su fe en Jesús, sino en Alá; no se declaró soldado de Cristo, sino del Estado Islámico”, recordó.

Otra razón para culpar a la Iglesia por la masacre “es que, de forma muy perversa, vieron en este crimen una oportunidad para chantajear a la Iglesia Católica diciendo: ‘si te sigues oponiendo al matrimonio homosexual y a las adopciones de menores por parte de estas parejas, vamos a seguir diciendo que tu oposición genera odio a los homosexuales, azuza a la gente contra ellos, los lleva a la discriminación y a que sean asesinados’”.

“Pero esta argumentación es absolutamente falsa e insostenible. ¿Quién, movido por su fe católica, ha matado a algún homosexual en México?, ¿cuántos crímenes han sucedido en el país contra estas personas por motivos religiosos?”, cuestionó.

La Iglesia, indicó el P. Valdemar, no puede callar para evitar deteriorar su imagen, pues “está para dar testimonio en el mundo y para combatir la mentalidad del mundo que lucha contra Dios y que busca la perdición de los hombres”.

Al mismo tiempo, señaló: “nuestros detractores no deben tener miedo, pues la Iglesia no quita la vida a quienes no están de acuerdo con ella, más bien, la Iglesia da mártires que están dispuestos a morir por la verdad”.

Consultado si es justificable que algún cristiano crea que se puede despreciar a las personas con tendencias homosexuales, el director de la Oficina de Comunicación Social del Arzobispado de México señaló que “quien actúa así, simplemente no es cristiano, porque la fe en Jesús nos pide dar la vida, pero nunca quitarla”.

“Nadie puede justificar el odio, la discriminación o el asesinato en nombre de Dios”, aseguró.


El maná de cada día, 1.7.16

julio 1, 2016

Viernes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario

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PRIMERA LECTURA: Amós 8, 4-6.9-12

Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?»

Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo.

Aquel día –oráculo del Señor– haré ponerse el sol a mediodía, y en pleno día oscureceré la tierra. Cambiaré vuestras fiestas en luto, vuestros cantos en elegía; vestirá de saco toda cintura, quedará calva toda cabeza.

Y habrá un llanto como por el hijo único, y será el final como día amargo.

Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que enviaré hambre a la tierra: no hambre de pan ni sed de agua, sino de escuchar la palabra del Señor.

Irán vacilantes de oriente a occidente, de norte a sur; vagarán buscando la palabra del Señor, y no la encontrarán.


SALMO 118

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. Te busco de todo corazón, no consientas que me desvíe de tus mandamientos.

Mi alma se consume, deseando continuamente tus mandamientos. Escogí el camino verdadero, deseé tus mandamientos.

Mira cómo ansío tus decretos: dame vida con tu justicia. Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 28

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré -dice el Señor-.


EVANGELIO: Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»

Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»

Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»


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LA MEDICINA PROCURA UN DOLOR PASAJERO
PARA QUE ALCANCES LA SALUD DURADERA

San Agustín (Sermón 278, 1-5)

Por la gracia de Dios somos liberados de nuestros pecados, que nos tienen enfermos. Suya, suya es la medicina que sana al alma, pues ella pudo herirse a si misma, pero no pudo sanarse.

En efecto, incluso por lo que se refiere al cuerpo, el hombre tiene en su poder el enfermar, pero no el restablecerse. Si se excede en algo viviendo intemperantemente y hace lo que le es dañoso y va contra la salud, le basta un día para caer enfermo; pero, una vez que ha caído, no se restablece con la misma facilidad.

Para enfermar, él mismo se entregó a la destemplanza, mas para restablecerse recurre al médico en busca de la curación. Como dije, no puede tener en su poder el recuperar la salud, de la misma manera que tiene el poder arruinarla.

Dígase lo mismo con referencia al alma. Por su pecado, el hombre fue a caer en la muerte, de forma que el convertirse de inmortal en mortal y el someterse al diablo seductor dependió de su libre albedrío.

Obra del mismo fue el inclinarse a las cosas inferiores, abandonando las superiores, y prestar oído a la serpiente cerrándoselo a Dios. Puesto entre el preceptor y el seductor, aceptó obedecer al seductor antes que al preceptor.

Sobre una misma cosa oyó a Dios y al diablo. ¿Por qué, pues, no dio crédito al mejor? En consecuencia, luego encontró que era verdad lo que había dicho Dios, y falso lo que había prometido el diablo.

Este origen primero de todos nuestros males, esta raíz de todas las miserias, esta semilla de muerte, procede de la propia y libre voluntad del primer hombre, quien fue hecho tal que, si obedecía a Dios, sería por siempre dichoso e inmortal; si, en cambio, descuidaba y despreciaba el precepto de quien quería mantener en él la salud perpetua, iría a parar en el morbo de la mortalidad.

Pero el médico fue despreciado por el sano, a quien ahora cura enfermo. Unas son, en efecto, las prescripciones médicas para conservar la salud -se dan a los sanos para que no enfermen-, y otras las que reciben quienes ya están enfermos, para que la recuperen una vez perdida.

Era un bien para el hombre obedecer al médico cuando aún estaba sano, para no necesitar después sus servicios. Pues no necesitan de médico los sanos, sino los enfermos (Mt 9, 12).

Se llama médico propiamente a aquel gracias al cual se recupera la salud. Era un bien para el hombre el conservar la salud indeficiente en que había sido creado. Lo despreció, cometió abusos, y por su intemperancia cayó en la enfermedad de esta mortalidad.

Aunque sea ahora, escuche las prescripciones del médico, para poder salir de la situación en que se metió por su pecado.

Hermanos, por lo que se refiere a la medicina, si el que está sano hace lo que prescribe la ciencia médica, se mantiene sano; pero, cuando comienza a enfermar, comienza también a dar oído a sus prescripciones y a cumplirlas, si en verdad le interesa recuperar la salud plena e integra; mas no por el hecho de comenzar a cumplirlas sana de repente, sino que debe hacerlo durante un período de tiempo para recuperar la salud que perdió por falta de templanza.

El haber comenzado a hacer caso de las prescripciones del médico le sirve para que la enfermedad no progrese, y no sólo para evitar el ponerse peor, sino también para que comience a mejorar quien poco a poco volverá a ponerse sano.

Cuando el hombre advierte que la enfermedad desaparece gradualmente, recobra la esperanza de la curación total.

De esta forma, ¿en qué otra cosa consiste el vivir rectamente en esta vida, sino en escuchar y cumplir los preceptos de la ley? ¿Entonces están ya sanos todos los que cumplen sus preceptos? Aún no, pero los cumplen para estarlo.

No desfallezcan en la empresa, porque lo que se perdió de golpe, sólo se recupera poco a poco. Si el hombre volviese al instante al primitivo estado de bienaventuranza, el caer en la muerte por el pecado hubiese sido para él un juego…

Así vino a los afligidos y fatigados el médico Cristo, que dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mt 9, 12-13).

Convoca a los pecadores a la paz, y a los enfermos a la curación. Ordena la fe, la continencia, la templanza, la sobriedad; refrena el deseo de dinero; nos dice qué hemos de hacer, qué hemos de observar.

De quien observa sus preceptos ya puede decirse que vive de acuerdo con lo que ordena la medicina, pero que aún no ha alcanzado aquella salud plena que promete Dios por boca del Apóstol, al decir:

Conviene que esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal de inmortalidad. Entonces se cumplirá la palabra que está escrita: «La muerte ha sido absorbida por la victoria. ¿Dónde está, ; oh muerte!, tu contienda? ¿Dónde está, ¡oh muerte!, tu aguijón?» (1 Cor 15, 53-55).

Entonces la salud será plena, y seremos iguales a los ángeles. Pero ahora, hermanos míos, antes de que eso llegue, cuando comencemos a observar las prescripciones del médico, incluso cuando sufrimos algunas tentaciones y tribulaciones, no hemos de pensar que estamos perdiendo el tiempo al observarlas, porque parezca que aumentan el dolor.

El sufrir esas tribulaciones está indicando la presencia de las manos del médico cirujano, no la sentencia del juez que condena. Todo ello se hace con la mirada puesta en la curación total: suframos y soportemos los dolores.

Dulce es el pecado, pero esa dulzura perniciosa se digiere sólo con la amargura de la tribulación. El mal te deleitaba cuando lo cometiste, pero al cometerlo fuiste a dar a la enfermedad. La medicina actúa al contrario: te procura un dolor pasajero para que alcances la salud duradera.


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