El maná de cada día, 17.5.16

Martes de la 7ª semana del Tiempo Ordinario


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Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes



Antífona de entrada: Sal 15, 5-6

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mí suerte está en tu mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso, que la constante meditación de tus misterios nos impulse a decir y hacer siempre lo que sea de tu agrado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.


PRIMERA LECTURA: Santiago 4, 1-10

Queridos hermanos:

¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.

Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, si alguno quiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios.

¿O es que pensáis que la Escritura dice en vano: «El espíritu que habita en nosotros inclina a la envidia»? Pero la gracia que concede es todavía mayor; por eso dice: «Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes».

Por tanto, sed humildes ante Dios, pero resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros.

Lavaos las manos, pecadores; purificad el corazón, los inconstantes. Lamentad vuestra miseria, haced duelo y llorad; que vuestra risa se convierta en duelo y vuestra alegría e aflicción. Humillaos ante el Señor y él os ensalzará.

SALMO 54, 7-8.9-10a.10b-11.23

Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.

Pienso: «¡Quién me diera alas de paloma para volar y posarme! Emigraría lejos, habitaría en el desierto.»

«Me pondría en seguida a salvo de la tormenta, del huracán que devora, Señor; del torrente de sus lenguas.»

Violencia y discordia veo en la ciudad: día y noche hacen la ronda sobre sus murallas.

Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará; no permitirá jamás que el justo caiga.


Aclamación antes del Evangelio: Gal 6, 14

No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.


EVANGELIO: Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.

Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».

Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?».

Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.

Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».


Antífona de comunión: Sal 9, 2-3

Proclamaré todas tus maravillas; me alegraré y exultaré contigo y entonaré salmos a tu nombre, Dios Altísimo.

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Si destruyes al prójimo por envidia, orgullo y ansias de poder el Papa te da este consejo

Comentario del Papa a las lecturas bíblicas de la misa de hoy, en Santa Marta

VATICANO, 17 May. 16 / 04:33 am (ACI).- La tentación de la mundanidad es una de las principales que sufre todo cristiano y contra la que debe luchar. Así lo dijo el Papa Francisco en la homilía de la Misa en la Casa Santa Marta al advertir que muchos destruyen al prójimo por sus ansias de poder y de ser más que el prójimo.

Al comentar las lecturas del día, el Santo Padre explicó que Jesús enseña a sus discípulos el camino del servicio cuando se preguntan quién es el más grande entre ellos. “Jesús habla un lenguaje de humillación, de muerte, de redención y ellos hablan un lenguaje carrerista: ¿quién estará más alto en el poder?”.

Esta es “una tentación que tenían ellos”, eran “tentados por el modo de pensar del mundo mundano”. “En el camino que Jesús nos enseña para ir adelante, el servicio es la regla”.

“El más grande es el que más sirve, aquél que está más al servicio de los otros, no el que cuenta, el que busca el poder, el dinero… la vanidad, el orgullo… No, estos no son los grandes”, afirmó el Papa.

“Esto es lo que sucedió con los apóstoles, también con la madre de Juan y Jacob, es una historia que sucede cada día en la Iglesia, en cada comunidad. ‘De nosotros, ¿quién es el más grande?, ¿quién manda?’. Las ambiciones. En toda comunidad –en las parroquias o en las instituciones– siempre hay esta querencia de ‘escalar’, de tener el poder”.

Francisco manifestó entonces que “la vanidad, el poder… es como y cuando tengo esta querencia mundana de ‘ser con el poder’, no de servir, sino de ser servido, no se ahorra nunca cómo llegar: los chismes, ensuciar a los otros… la envidia y los celos llevan a este camino y destruye. Y esto nosotros lo sabemos todos”, aseguró.

El Obispo de Roma expresó que ocurre “en cada institución de la Iglesia: parroquias, colegios, otras instituciones, también en los obispados… todos. La querencia del espíritu del mundo, que es espíritu de riqueza, vanidad y orgullo”.

“Cuando los grandes santos decían sentirse muy pecadores es porque habían entendido este espíritu del mundo que estaba dentro de ellos y tenían muchas tentaciones mundanas”.

“Ninguno de nosotros –prosiguió– puede decir: no, yo soy una persona santa, limpia”, pero “todos nosotros somos tentados por estas cosas, somos tentados de destruir al otro para subir”, afirmó.

“Es una tentación mundana, que divide y destruye la Iglesia, no es el Espíritu de Jesús”, recordó antes de pedir imaginar la escena: ‘Jesús que dice estas palabras y los discípulos que dicen ‘no, mejor no preguntar demasiado, vamos adelante’, y los discípulos que prefieren discutir entre ellos sobre quién será el más grande”.

Francisco terminó diciendo: “Nos hará bien pensar en las veces que hemos visto esto en la Iglesia, en las veces que nosotros hemos hecho esto, y pedir al Señor que nos ilumine para entender que el amor por el mundo, es decir, este espíritu mundano, es enemigo de Dios”.

 

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