El servicio de la Iglesia en medio de la actual situación en España

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Bandera Española

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El servicio de la Iglesia en medio de la actual situación en España – editorial ECCLESIA

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«Hemos tratado detenidamente la situación actual en España que nos llena de perplejidad. Las elecciones dejaron una situación insólita en los últimos decenios y queremos aclararnos de qué forma podemos nosotros colaborar» al respecto. Son palabras textuales (ver página 9) del presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), cardenal Ricardo Blázquez tras la última reunión, los días 24 y 25 de febrero, de la Comisión Permanente. En parecidos términos e ideas se ha expresado también (páginas 7 y 8) el secretario general y portavoz, José María Gil Tamayo.Los comentarios editoriales de ecclesia de sus números 3.811 y 3.818 estuvieron asimismo dedicados al tema.
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En ellos, manifestábamos la necesidad de que la política española encuentre y arbitre fórmulas en pro de la estabilidad y la gobernabilidad en responsabilidad y en fidelidad al resultado electoral del 20 de diciembre. Y ello mediante el ejercicio activo y no retórico del diálogo y del encuentro, a fin de anteponer como verdadera prioridad el bien común de todos los españoles y la salvaguarda y promoción de los auténticos valores que forman parte de la identidad de España.

Cuando nuestros lectores reciban este número de Ecclesia, es previsible que estemos ya en una eventual segunda votación de investidura para el candidato propuesto, en segunda instancia, por el Rey Felipe VI, el líder socialista Pedro Sánchez. Su formación política y Ciudadanos (C’s) han suscrito un acuerdo de investidura que, por el momento, no podría lograr la mayoría precisa para la elección de Sánchez. Pero el escenario es tan cambiante que nada podemos augurar. Solo que la primera votación de investidura ha estado prevista para el miércoles 2 de marzo y la segunda cuarenta y ocho horas después.

¿Y cuál es la posición de la Iglesia católica en medio de esta situación? Nada tiene la Iglesia que objetar, en principio, sin entrar ahora en detalles, a pactos, alianzas y sentido de los votos de los diputados, siempre que todo ello discurriera y se enmarcara en la legalidad vigente, que no es otra que la que fija la Constitución. Distinto sería considerar los detalles y acuerdos concretos de dichos pactos. Y en este sentido, como tanto el presidente de la CEE como el secretario han hecho público, nos resulta cuando menos extraño, hasta molesto, que la validez o no de los Acuerdos Iglesia-Estado forme parte de estas negociaciones.

Es cierto que el PSOE, en su acuerdo con C’s, ya no pide la revocación de estos Acuerdos, sino su revisión, que, aunque opinable —todo es revisable— no acabamos de entender como necesaria, pues, como ha observado el presidente de la CEE, se ha convertido en «una especie de latiguillo, de recurso fácil» y —añadimos nosotros— en una recurrente y cansina cantinela demagógica. Tampoco compartimos en absoluto la visión de ambos partidos sobre el aborto.

Con todo, la perplejidad que reitera nuestra Iglesia ante la actual situación encuentra asimismo otros inquietantes escenarios con acciones como el denominado «Padrenuestro blasfemo» en ámbito del ayuntamiento de Barcelona (página 10) o mociones municipales sectarias e incomprensibles —verbigracia, en el ayuntamiento de Sevilla (página 9)— u otras polémicas, ya narradas también en Ecclesia en números pasados, en Madrid.

A ello, es preciso añadir la no pertinente e inadecuada moción del PSOE y de Podemos en Castilla-La Mancha (partido de gobierno, el primero, y su socio parlamentario, el segundo) en contra del mal llamado «Concordato» y la anexa congelación, al menos, de las partidas presupuestarias en esta región para la educación concertada y la dotación de los servicios religiosos en hospitales y cárceles.

Y a todo esto, poco o nada, sino todo lo contrario, contribuyen los casos de corrupción, ni la desconcertante y enrocada parálisis en otros destacados segmentos del espectro político.

La Iglesia no quiere privilegios de ningún tipo, ni confesionalismos larvados de ninguna naturaleza —esto es, tampoco quiere laicismos beligerantes— ; quiere el cumplimiento, la promoción y el respeto a los derechos fundamentales y a la letra y al espíritu de la Constitución. La libertad escolar y el apoyo a la iniciativa social de matriz educativa, la clase de Religión en colegios públicos, privados o concertados, la prestación de servicios religiosos en prisiones y hospitales públicos son derechos de los ciudadanos, derechos que se costean con los impuestos de todos, entre ellos de quienes quieren recibir dichos servicios y que además son, somos, mayoría.

¿Tan difícil es entender y respetar toda esta argumentación?

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