Maná y Vivencias Cuaresmales (13), 22.2.16

Lunes de la 2ª semana de Cuaresma

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Señor, no nos trates, como merecen nuestros pecados

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Antífona de entrada: Salmo 25, 11-12

Líbrame, Señor, y concédeme tu gracia. Mis pies están firmes sobre el camino llano, y en la asamblea bendeciré al Señor.


Oración colecta

Señor, Padre santo, que para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Daniel 9, 4b-10

Señor, Dios grande y terrible, que guardas la alianza y eres leal con los que te aman y cumplen tus mandamientos. Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos, los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, padres y terratenientes.

Tú, Señor, tienes razón, a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los habitantes de Jerusalén, a judíos e israelitas, cercanos y lejanos, en todos los países por donde los dispersaste por los delitos que cometieron contra ti. Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.

Pero, aunque nosotros nos hemos rebelado, el Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por sus siervos, los profetas.

SALMO 78, 8.9.11.13

Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.

Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, contaremos tus alabanzas de generación en generación.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 63. 68

Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida; tú tienes palabras de Vida eterna.

EVANGELIO: Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Antífona de Comunión: Lucas 6, 36

Dice el Señor: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso.

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VIVENCIAS CUARESMALES

Ante Dios en espíritu y verdad

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13. LUNES

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA

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TEXTO ILUMINADOR: Señor, para ti la justicia, para nosotros, la cara llena de vergüenza.

La finalidad de la penitencia y de las privaciones corporales es educar el espíritu para buscar a Dios y disciplinarlo para que actúe más ágilmente en la procura del bien; con mayor presteza y decisión. Por eso hoy, en la oración colecta, pedimos: Ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley.

El mal nos atrae y hasta llega a seducirnos porque se nos presenta bajo la apariencia de bien y como algo gratificante. Por lo general, en la tentación se nos propone una doble mentira existencial: la simulación de lo que no somos, y la disimulación de lo que realmente somos, tanto ante Dios como ante los hombres. El diablo, padre de la mentira, nos invita a imitarle en su desobediencia y elección del camino fácil y placentero.

De hecho, desde niño el hombre se siente inclinado al mal y le fascina la curiosidad por probarlo todo, en especial lo prohibido. Desea casi de manera irresistible ser adulto, no depender de nadie para indagar libremente y curiosear cuanto le apetezca, al margen de la ley, e incluso a espaldas de Dios o contra sus mandamientos.

Por eso, en la oración colecta, pedimos el cumplimiento filial de la santa ley de Dios. Cumplimiento no servil, sino en libertad y amor como corresponde a los hijos de Dios. La ley de Dios es santa y sagrada: porque expresa el infinito amor de Dios hacia nosotros, pensada desde toda la eternidad, manifestada ahora en la plenitud de los tiempos por Cristo mismo y cumplida en forma perfecta y suficiente por él.

Justamente la primera lectura de hoy expresa la gran sinceridad que la Cuaresma exige de nosotros. Debemos cultivar la honestidad para con Dios. Nada de actitudes turbias o ambiguas. A nosotros, limitados y pecadores, nos corresponde la ignorancia, la vergüenza, el pecado, la fragilidad. A Dios le corresponde la sabiduría, la santidad, la justicia y el poder.

Medita esta magnífica página de la Escritura, tomada del capítulo 9 del libro de Daniel:

“Señor, Dios grande y terrible, que mantienes la alianza y eres fiel con aquellos que te aman y cumplen tus mandamientos. Nosotros hemos pecado, somos reos de incontables delitos; hemos sido perversos y rebeldes y nos hemos apartado de tus mandatos y preceptos. No hemos hecho caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros antepasados y a todo nuestro pueblo. Tú, Señor, eres justo; nosotros, en cambio, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén, nos sentimos hoy avergonzados… porque hemos pecado contra ti. Pero el Señor, nuestro Dios, es misericordioso y clemente”.

Al final, Daniel resume su oración así: “¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Atiende, Señor, y actúa sin tardanza! Hazlo en defensa de tu honor, pues tu ciudad y tu pueblo están consagrados a tu nombre” (9, 19).

Pedimos perdón a Dios por no usar con los demás, la medida que él usa con nosotros. Se nos cae la cara de vergüenza, pero Dios comprende, pues sabe que somos de barro. Por eso nos atrevemos a pedirle que tenga paciencia con nosotros y nos dé capacidad para comprender, generosidad para excusar, compasión para no juzgar, incluso para orar por los enemigos y bendecirlos sinceramente.

Comprender al hermano débil y pecador, excusarlo y perdonarlo: odiando el pecado que hace, pero amándolo como imagen de Dios que es, y por tanto capaz de convertirse y de corresponder a la gracia divina.

Hay que odiar los comportamientos pecaminosos pero sin identificar al pecador con sus propias debilidades. Condenar equivale a juntar al pecador con su pecado sin darle la oportunidad de separarse de él, de cambiar y de arrepentirse. Ahí radica la maldad.

Por tanto, no deberíamos decir que una persona “es” mala, sino que “tiene” comportamientos malos. Es decir, nos resistimos a pensar que está totalmente empecatada o pervertida, y a la vez queremos creer que, más o menos habitualmente, se comporta de manera defectuosa, pero sin sentirse identificada con ese mal que ciertamente hace o realiza, pero que en el fondo no lo quiere, lo rechaza.

En muchos casos, la persona que peca lamenta profundamente lo que hace, pero apenas se siente con fuerza para obrar de manera distinta. Por lo general, ¡qué más querría uno no haber cometido tal falta, tal error; qué más querría uno que ser o sentirse diferente, pero no puede, no acierta, no sabe! Él quizás es el que más sufre por actuar así, el que más lamenta lo sucedido.

Por eso, aprendamos, sobre todo en la Cuaresma, a ser muy indulgentes con los demás, y un poco más exigentes con nosotros mismos. Por ahí vamos caminando hacia la perfección: Acusarse a sí mismo y excusar a los demás.

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PREFACIO DE CUARESMA I

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.

Por él concedes a tus hijos anhelar, año tras año, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno, por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

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RECORDATORIO

Permítanme recordarles, estimados hermanos y hermanas, que estas Vivencias Cuaresmales pretenden ayudar a las personas interesadas en su crecimiento espiritual a que hagan durante la Cuaresma litúrgica una especie de retiro espiritual dedicando un tiempo, día a día, a la oración personal, a la lectura de la Palabra, al diálogo y dirección espiritual, y a la práctica sacramental y de las buenas obras, según el estado de vida de cada persona.

Esa es nuestra intención y deseo sincero, y también nuestra sentida y perseverante oración. Porque el Señor dice: ¿Acaso quiero yo la muerte del pecador? Que el Señor se nos muestre con toda su misercordia. Amén.

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