Maná y Vivencias Cuaresmales – Introducción

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cuaresma

Cuaresma, tiempo de conversión y autenticidad

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Estimado amigo, apreciada amiga:

Otro año más, y esta vez Año de la Misericordia, con toda ilusión te ofrezco estas Vivencias Cuaresmales para cada día de la Cuaresma. Son fruto de la reflexión, oración y vivencia realizadas por varios años en mi estadía en Perú, Venezuela y España.

Espero, y así se lo pido sinceramente al Señor, que estas Vivencias te ayuden a experimentar esta próxima Cuaresma de 2016 como nunca antes la hayas sentido.

La finalidad de estas Vivencias Cuaresmales es ayudar a personas comprometidas en su fe a vivir el año litúrgico, y en este caso particular la Cuaresma, con intensidad y día a día. A la vez, ayudarles a simplificar su vida en Cristo inspirándola y alimentándola en la liturgia eucarística y de las horas.

Analizaremos día a día la espiritualidad del camino cuaresmal sirviéndonos de los textos litúrgicos y de algunas lecturas de los santos Padres, intencionadamente seleccionadas.

Somos conscientes de que la Cuaresma y la Pascua no se pueden separar demasiado porque forman conjuntamente el corazón del año litúrgico: son noventa días de celebración de lo más esencial del misterio cristiano y, por tanto, forman un todo único: son 40 días de Cuaresma, como preparación penitencial, y 50 días de celebración gozosa de la Pascua.

Se pretende vivir el tiempo de Cuaresma como un retiro general de toda la Iglesia: todos y cada uno de los bautizados tienen la oportunidad de renovar lo más nuclear de su fe, de su experiencia religiosa.

Para realizar esos ejercicios espirituales no hace falta irse a una casa de retiros sino seguir de cerca la liturgia cuaresmal, día a día, sin necesidad de abandonar sus ocupaciones habituales. Pero eso sí, dedicando un tiempo a la oración y a la lectura espiritual; y, si se puede, participando en la eucaristía diariamente.

Recordemos que en los comienzos de la Iglesia los cristianos sólo celebraban una fiesta: la Resurrección del Señor, todos los domingos. Pues el Señor resucitó el primer día de la semana. La Iglesia recoge la espiritualidad del sábado judío, el día del descanso. Los demás días de la semana no tenían nombre propio: se contaban como “el primer día después del sábado”, “segundo después del sábado”, y así sucesivamente.

Los cristianos le dieron nombre propio al día de la Resurrección del Señor, que ciertamente aconteció el primer día después del sábado, y lo llamaron “Día del Señor”; en latín, “Dies Domini”, o “Dies dominica”, que deriva en lengua romance “domingo”.

En realidad, para los primitivos cristianos sólo el día del Señor tenía nombre propio, los demás días de la semana eran conocidos como el primer día después del Día del Señor, segundo día después del Día del Señor, etc. En la liturgia latina se les conoce como feria prima, feria secunda, etc.

La centralidad del Día del Señor que orientaba la semana entera acaparaba toda la vida de los primitivos cristianos y la de las comunidades cristianas. De tal forma que un día entero les venía corto para celebrar la Resurrección del Señor.

No celebraban más fiestas. No celebraban más eucaristías, sino la dominical. Los días de la semana no eran sino la preparación para la celebración dominical, o consecuencia de la misma.

La Resurrección del Señor llenaba todo el domingo, como el día central de la semana. A la celebración traían los cristianos toda su existencia, con sus alegrías y sus penas y también sus pertenencias en forma de dones para compartirlo todo con los hermanos formando el Cuerpo de Cristo. Ese día nadie pasaba necesidad y desaparecían las clases sociales.

Se adelantaba o anticipaba el cielo a la tierra. Se traía comida para los pobres. La celebración eucarística se enmarcaba dentro de un ágape comunitario, previo o consecuente a la celebración sacramental. La comunidad hacía la eucaristía y ésta hacía o constituía a la comunidad.

No hacían falta más celebraciones durante la semana porque la celebración de la Resurrección era la experiencia fundante y suficiente de la comunidad y de cada creyente.

Lamentablemente, con el correr de los tiempos la celebración dominical se fue reduciendo a lo mínimo hasta degenerar en una caricatura del original Día del Señor, imponiendo la obligación de no trabajar y escuchar la misa.

Al principio no había necesidad de tal precepto dominical porque no se podía materialmente celebrar la Resurrección del Señor y estar ocupado en otros quehaceres durante aquel día tan especial y sagrado para todos.

Además, necesitaban celebrar la eucaristía, como algo vital. Sin eucaristía, no podían vivir. Y algunos murieron mártires por no renunciar a la misa dominical.

No obstante lo anterior, por diferentes motivos, en algunas comunidades se fue introduciendo la costumbre de prepararse siquiera una vez al año, de manera especial, para celebrar lo mejor posible la Muerte y Resurrección del Señor.

Es decir, además de la celebración semanal de la Resurrección del Señor, habría una celebración extraordinaria, una vez al año, de la Muerte y Resurrección del Señor.

Así fueron apareciendo prácticas litúrgicas que dieron lugar a los tiempos sagrados del actual año litúrgico y concretamente al tiempo cuaresmal y pascual tal como los conocemos hoy y los celebramos.

Sin pretender entrar en mayores precisiones históricas y litúrgicas y atendiendo a nuestra comprensión y vivencia espiritual, se podría describir la historia de la Cuaresma en tres apartados:

a) En la primitiva Iglesia, la Cuaresma fue la preparación inmediata e intensiva de los neófitos para ser bautizados la noche de la Vigilia Pascual. La Iglesia, madre y misionera, da a luz a nuevos hijos en la fe por la proclamación de la Palabra y la celebración del sacramento del bautismo, de la confirmación y de la eucaristía.

b) La Iglesia primitiva se encontró con el problema de la infidelidad de los bautizados. Algunos cristianos habían devenido en pecadores públicos, por su dejadez, por las persecuciones y otros motivos: la Cuaresma era el tiempo en que los pecadores públicos hacían penitencia y reasumían el bautismo recibido; eran perdonados por Dios y por la Iglesia, y aceptados nuevamente a la participación eclesial expresada en la comunión eucarística.

En el tiempo de la Cuaresma toda la Iglesia ora, intercede y se sacrifica por estos hijos que no vivían de acuerdo con la fe, clamando a Dios para que se convirtieran. Pues constituían un escándalo dentro de la Iglesia y de cara a los paganos. Después de una penitencia pública y cambio real de vida, eran acogidos de nuevo en el seno de la comunidad creyente.

c) Además, toda la Iglesia acompañaba a los neófitos renovando la gracia bautismal.

En la Iglesia actual, nosotros, toda la Iglesia vuelve durante la cuaresma a su primer amor; y empalmando con la Pascua, vive lo fundamental y primigenio de su fe: la muerte y la resurrección del Señor. Cuarenta días de preparación por la penitencia, la oración, la limosna… y cincuenta días de celebración de la Pascua.

Durante noventa días, todos los fieles, una vez al año, reviven la salvación que se les dio como don y tarea; y tratan de reasumir los sacramentos del bautismo y de la confirmación actualizados en la celebración eucarística.

Se trata de los tres sacramentos de la iniciación cristiana que contienen lo nuclear del misterio cristiano, base para toda otra experiencia religiosa o misión particular.

Cuaresma y Pascua son la preparación y la vivencia del Misterio central de nuestra fe: la muerte y la resurrección de Cristo.

Las siguientes consideraciones, denominadas “Vivencias Cuaresmales” son pinceladas fundamentalmente bíblicas referidas a las lecturas y a la liturgia de la Eucaristía diaria durante la Cuaresma. También se ha recurrido a los textos de la liturgia de las horas propia del tiempo, preferentemente.

En estas reflexiones y exhortaciones se intenta profundizar en las raíces de la vida cristiana a fin de facilitar su vivencia convencida y gozosa. Las lecturas bíblicas seleccionadas para este tiempo litúrgico, sobre todo las de la misa, ofrecen un resumen enjundioso del misterio cristiano: que gira en torno a los sacramentos del bautismo, de la confirmación y de la eucaristía.

Estos tres sacramentos de la iniciación cristiana deben ser reasumidos constantemente por los creyentes, de tal forma que esa reasunción de lo recibido es prácticamente la razón de toda la actividad pastoral de la Iglesia.

Lo que se nos regaló de una vez por todas en el bautismo y la confirmación se actualiza en la celebración eucarística tantas veces cuantas necesite el cristiano: una vez a la semana, el domingo, para todos los fieles; en la misa diaria, para otros; y esporádicamente en otras circunstancias que enmarcan una experiencia importante en la vida de los creyentes como la celebración del natalicio, aniversario matrimonial, misa de salud o por los enfermos, fallecimiento de algún ser querido, etc.

En el orden del trabajo y de exposición de la Vivencias Cuaresmales: se tratará de resaltar algunas constantes de la espiritualidad cuaresmal.

Pretendo transmitir no tanto ideas y teorías sino sobre todo realidades vivenciales, expuestas de forma sencilla, sucinta e interpeladora. A veces habrá una oración final. Se suele recoger con bastante atención y ponderación la oración colecta, considerada como una señal muy significativa de la espiritualidad propia de cada celebración eucarística.

Estas Vivencias Cuaresmales se ofrecen a todos los interesados como una ayuda para vivir un tiempo especial de reflexión, de serenamiento, de oración y renovación espiritual, y de remisión de los pecados personales y sociales.

Las ofrezco como un retiro espiritual que puede ejercitarnos día a día en el crecimiento espiritual integral.

El gran milagro que podemos alcanzar en esta Cuaresma será nuestra propia conversión al Señor y a los hermanos, un poco más sincera y sentida. Que seamos personas nuevas, transformadas por el amor de Dios.

¡Qué lindo sería que todos los miembros de la familia, de la parroquia, de la comunidad, de nuestra patria, pudiéramos comulgar por Pascua Florida, dejando atrás nuestros pecados personales y sociales!

En cuanto dependa de ti, hermano, hermana, hazlo realidad. La gracia de lo alto no te faltará, pues eso es precisamente lo que más quiere Dios.

Para lograr esa meta, irás meditando, día a día, la Palabra de Dios. Ella es eficaz para producir en ti un cambio muy notable, si no total. Casi de manera insensible Dios amanecerá en tu vida durante esta Cuaresma si eres perseverante.

Te ofreceremos muchos medios para lograrlo. Entre ellos, ejercicios para el perdón y el proyecto personal de vida cristiana.

Enhorabuena por esta oportunidad. Dios te ama mucho y no se resigna a que andes por el mundo de cualquier manera. No quiere que permanezcas trancado en el camino hacia la felicidad y la libertad que nos pertenece en Cristo. Dios, como padre amoroso, te corrige para el bien, porque para él eres un hijo preferido.

¡Ánimo, hermano, hermana, y decídete a experimentar la mejor Cuaresma de tu vida!

Como anotación final: se te recomienda la participación diaria en la Misa o los días que puedas. Si no te es posible asistir, te ofrecemos los textos bíblicos utilizados en la misa para que los conozcas, los leas, según tus posibilidades, los repases, e incluso los medites en tu casa o en la iglesia.

Conclusión

Según San León Magno, la Cuaresma es “un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana” (Esta definición es deducida del análisis del sermón 42).

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4 Responses to Maná y Vivencias Cuaresmales – Introducción

  1. Anónimo dice:

    Agradezco,junto a muchos de nosotros que LA PARROQUIA nos ayude y aliente,a VIVIR CON FERVOR,tanto la cuaresma,como el tiempo litúrgico de la RESURRECCIÓN y PENTECOSTES…
    QUEDA como tarea y responsabilidad de nosotros los fieles el vivir auténticamente estos tiempos SANTOS…
    asobenes@yahoo.es catequista

  2. Dora Velasquez dice:

    Gracias Padre Ismael. Le pido su oración para vivir esta cuarezma de acuerdo a esta propuesta.Dios le bendiga abundantemente!Ánimo.

    Enviado desde Yahoo Mail con Android

  3. ismaelojeda dice:

    Muy bien, Dora. Te felicito. Dios te bendiga, p. Ismael

  4. Anónimo dice:

    MI MAYOR AGRADECIMIENTO AL PADRE ISMAEL Y A LA PARROQUIA
    asobenes@yahoo.es

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