El maná de cada día, 3.12.15

Jueves de la 1ª semana de Adviento

Quinto día de la novena a la Inmaculada Concepción
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Jesucristo es nuestra roca

Apoyémonos con todas nuestras fuerzas en la roca firmísima que es Cristo



PRIMERA LECTURA: Isaías 26, 1-6

Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá: «Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti.

Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.»


SALMO 117, 1.8-9.19-21.25-27a

Bendito el que viene en nombre del Señor.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres, mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes.

Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor. Ésta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella. Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.

Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.


Aclamación antes del Evangelio: Isaías 55, 6

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca.


EVANGELIO: Mateo 7, 21.24-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»


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Sobre los grados de la contemplación

San Bernardo, Sermón 5 sobre diversas materias 4-5

Vigilemos en pie, apoyándonos con todas nuestras fuerzas en la roca firmísima que es Cristo, como está escrito: Afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos. Apoyados y afianzados en esta forma, veamos qué nos dice y qué decimos a quien nos pone objeciones.

Amadísimos hermanos, éste es el primer grado de la contemplación: pensar constantemente qué es lo que quiere el Señor, qué es lo que le agrada, qué es lo que resulta aceptable en su presencia.

Y, pues todos faltamos a menudo, y nuestro orgullo choca contra la rectitud de la voluntad del Señor, y no puede aceptarla ni ponerse de acuerdo con ella, humillémonos bajo la poderosa mano de Dios altísimo y esforcémonos en poner nuestra miseria a la vista de su misericordia, con estas palabras: Sáname, Señor, y quedaré sano; sálvame y quedaré a salvo. Y también aquellas otras: Señor, ten misericordia, sáname, porque he pecado contra ti.

Una vez que se ha purificado la mirada de nuestra alma con esas consideraciones, ya no nos ocupamos con amargura en nuestro propio espíritu, sino en el espíritu divino, y ello con gran deleite. Y ya no andamos pensando cuál sea la voluntad de Dios respecto a nosotros, sino cuál sea en sí misma.

Y, ya que la vida está en la voluntad del Señor, indudablemente lo más provechoso y útil para nosotros será lo que está en conformidad con la voluntad del Señor. Por eso, si nos proponemos de verdad conservar la vida de nuestra alma, hemos de poner también verdadero empeño en no apartarnos lo más mínimo de la voluntad divina.

Conforme vayamos avanzando en la vida espiritual, siguiendo los impulsos del Espíritu, que ahonda en lo más íntimo de Dios, pensemos en la dulzura del Señor, qué bueno es en sí mismo. Pidamos también, con el salmista, gozar de la dulzura del Señor, contemplando, no nuestro propio corazón, sino su templo, diciendo con el mismo salmista: Cuando mi alma se acongoja, te recuerdo.

En estos dos grados está todo el resumen de nuestra vida espiritual: Que la propia consideración ponga inquietud y tristeza en nuestra alma, para conducirnos a la salvación, y que nos hallemos como en nuestro elemento en la consideración divina, para lograr el verdadero consuelo en el gozo del Espíritu Santo.

Por el primero, nos fundaremos en el santo temor y en la verdadera humildad; por el segundo, nos abriremos a la esperanza y al amor.

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Reflexión del Papa Francisco

Jesús dice: “Quien escucha mis palabras y las pone en práctica será semejante a un hombre sabio que ha construido su casa sobre la roca… En cambio el que escucha las palabras pero no las hace suyas, las deja pasar, es decir no escucha seriamente y no las pone en práctica, será como aquel que edifica su casa sobre la arena”. Y conocemos el resultado…

Cuando Jesús pone en guardia a la gente de los pseudo profetas, dice: “Por sus frutos los conocerán”. Y aquí, de su actitud: tantas palabras, hablan, hacen prodigios, hacen cosas grandes pero no tienen el corazón abierto para escuchar la Palabra de Dios, tienen miedo del silencio de la palabra de Dios y estos son los pseudo cristianos, los pseudo pastores. Es verdad, hacen cosas buenas, es verdad, pero les falta la roca.

Les falta la roca del amor de Dios, la roca de la Palabra de Dios. Y sin esta roca no pueden profetizar, no pueden construir: aparentan, porque al final todo se derrumba. Son los pseudo pastores, los pastores mundanos; también los pastores o los cristianos que hablan demasiado, tienen miedo del silencio, quizás hacen demasiado. Pero no son capaces de escuchar, hacen lo que dicen, hacen de lo propio, pero no de Dios.

Recordemos estas tres palabras, son un signo: hacer, escuchar, hablar. Uno que sólo habla y hace, no es un verdadero profeta, no es un verdadero cristiano, y al final se derrumbará todo: no está sobre la roca del amor de Dios, no está firme como la roca. Uno que sabe escuchar y de la escucha hace, con la fuerza de la palabra de otro, no de la propia, ese permanece firme. Si bien sea una persona humilde, que no parece importante, ¡pero cuántos de estos grandes hay en la Iglesia! ¡Cuántos obispos grandes, cuántos sacerdotes grandes, cuántos fieles grandes que saben escuchar y de la escucha hacen!

Un ejemplo de nuestros días es la Madre Teresa de Calcuta que no hablaba, y en el silencio ha sabido escuchar y ¡ha hecho tanto! No se derrumbó ni ella, ni su obra. Los grandes saben escuchar y de la escucha hacen porque su confianza y su fuerza está en la roca del amor de Jesucristo (Homilía en Santa Marta, 25 de junio de 2015).

Diálogo con Jesús

Mi Jesús, quiero estar claro con mi objetivo en la vida: ¡ser santo! Por eso quiero construir mi fe en base a tus promesas y mandatos de amor. Tengo bien claro que no todo el que te diga “Señor, Señor” compartirá la Gloria contigo; es por ello que hoy, quiero que mi vida responda a mi fe, que mis palabras se transformen en acciones, que mi deseo de amarte traspase barreras y sea trampolín de esperanzas para mis semejantes.

Dame un corazón humilde y obediente, un corazón que cumpla tu voluntad y se fortalezca bajo la roca de tu Palabra, un corazón dócil a seguirte por doquier aunque muchas veces eso implique ir contracorriente y soportar rechazos. Tú me llamas a una vida nueva, me llamas a retomar el sendero que conduce a la vida y la salvación, y no podré conseguirla si mis pisadas siguen clavadas en el arenal de las cosas terrenales.

Necesito ejercitarme en una vida llena de oración, renunciar a todo aquello que me aparta de tu lado y me roba momentos valiosos sin la compañía de tu amor. Confío en que me acompañas y me llenas de tu gracia para cumplir esta misión. Me pongo en tus manos y permite que tu Espíritu Santo sea el motor de mis acciones y de mi corazón. Amén

Propósito para hoy

En la oración del día incluiré una acción de gracias a Dios y cuidaré de ser agradecido con todas las personas a mi alrededor

Reflexionemos juntos esta frase:

“La vida de María nos muestra que Dios realiza grandes obras por medio de los más humildes” (Papa Francisco)

PildorasdeFe.net
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NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

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milagrosa


DÍA QUINTO

La maternidad divina de María


He aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. (Mateo 2,9-1)

Oración

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!.


Reflexión

El Cardenal James Gibbons, Arzobispo de Baltimore entre 1877 y 1921, explicó a sus fieles por qué los católicos honran con gozo a María como la Madre de Dios:

Cuando llamamos a la Santísima Virgen la Madre de Dios, afirmamos nuestra fe en dos verdades: primero, que su Hijo, Jesucristo, es verdadero hombre, o ella no sería madre. En segundo lugar, que Él es verdadero Dios, o ella no sería la Madre de Dios. En otras palabras, afirmamos que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, la Palabra de Dios, que en su naturaleza divina fue engendrado por el Padre desde toda la eternidad, es consustancial con Él. En la plenitud de los tiempos, fue nuevamente engendrado y nació de la Virgen, asumiendo así, desde el seno de María, una naturaleza humana de la misma sustancia que la de ella.

Pero podría argumentarse que la Bienaventurada Virgen no es Madre de la Divinidad. Ella no tuvo ni hubiera podido tener participación en la generación de la Palabra de Dios ya que esa generación es eterna; la maternidad de María se limita a lo temporal. Él es el Creador; ella es Su creatura. Se la podría figurar, si se quiere, como la Madre del hombre Jesús o incluso de la naturaleza humana del Hijo de Dios, pero no como la Madre de Dios.

A esta objeción responderé mediante una pregunta. ¿Tuvo la madre de cada uno de nosotros alguna participación en la producción de nuestra alma? ¿No es esa parte más noble de nuestro ser la obra de Dios y sólo Dios? Y sin embargo, ¿alguien osaría llamar por un segundo a su madre “la madre de mi cuerpo” en lugar de “mi madre”?

La comparación nos enseña que los términos padre e hijo, madre e hijo se refieren a las personas y no a las partes o elementos que constituyen a las personas. Nadie se refiere a su madre como “la madre de mi cuerpo” o “la madre de mi alma”; sino, y con toda propiedad, “mi madre”, la madre de este ser que vive y respira, piensa y actúa, único en mi personalidad y sin embargo, una unidad de un alma creada directamente por Dios y un cuerpo material que deriva directamente del vientre materno.

De igual manera, tanto cuanto se refleja el sublime misterio de la Encarnación en el orden natural, la Santísima Virgen, cubierta bajo la sombra del Altísimo, al comunicar a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad una verdadera naturaleza humana de la misma sustancia que la suya propia, como hace toda madre, se constituyó verdadera y realmente en Su Madre.

Es en este sentido que el título de Madre de Dios, negado por Nestorio, le fue reivindicado por el Concilio General de Éfeso en el año 431; en este sentido y en ningún otro es que la Iglesia le ha otorgado ese título.

Oración

Dios, Padre nuestro Todopoderoso, al hacerse hombre, tu Hijo reveló la bondad y la santidad de la concepción, el embarazo y el nacimiento humanos. Con amor tierno de madre, la Virgen María concibió a tu Hijo eterno, lo llevó debajo de su corazón y lo dio a luz. Ninguna intervención tuya en la historia humana ilustra más acabadamente la grandeza y la dignidad de la mujer que la Encarnación.

Que María ayude a todos a creer que el hombre que ella dio a luz, Jesucristo, es verdaderamente tu Hijo eterno hecho hombre. Que ayude a todos a apreciar la maravilla de la concepción, el embarazo y el parto. Que todas las mujeres de nuestra sociedad se acojan bajo el abrazo maternal de María. Ayúdalas a comprender que sus hijos son creados por ti en el momento de la concepción y te pertenecen en esta vida y en la otra.

Padre, protege a todas las mujeres de los ataques a su fecundidad de madres. Guárdalas de quienes las atacan y violentan su dignidad mediante la promoción de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


V. Oh María, sin pecado concebida.
R. Ruega por nosotros que recurrimos a Ti.
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One Response to El maná de cada día, 3.12.15

  1. Javier González dice:

    Padre Ismael:Respetuósamente,me sorprende que no haya DESTACADO la conmemoración del tal vez un máximo exponente de la labor misionera,Francisco Javier..A quien admiro mucho,y fue mi referente cuando de niños soñábamos en imitarlo y adentrarnos en las tierras de los infieles,sólo armados de la cruz y las sagradas escrituras..
    asobenes@yahoo.es catequista,ex novicio salesiano,y antes,miembro de la inquietud misionera infantil..También mensajero parroquial.

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