El maná de cada día, 30.8.15

Domingo XXII del Tiempo Ordinario, Ciclo B

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30 de agosto de 2015, en Perú y en Lima, Solemnidad de Santa Rosa de Lima: Eclesiático, 3, 17-24; Salmo 15; Filipenses 3, 8-14; Mateo 13, 31-35.

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Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro

Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro

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Antífona de entrada Sal 85, 3. 5

Piedad de mí, Señor; que a ti te estoy llamando todo el día, porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan.


Oración colecta

Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 4, 1-2.6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.

No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy.

Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: “Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.”

Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?»


SALMO 14, 2-3a.3bc-4ab.5

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua.
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor.

El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.


SEGUNDA LECTURA: Santiago 1, 17-18.21b-22.27

Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el cual no hay fases ni períodos de sombra. Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.

Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.


ALELUYA: St 1, 18

El Padre, por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.


EVANGELIO: Marcos 7, 1-8.14-15.21-23

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).

Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»

Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»


Antífona de la comunión Sal 30, 20

Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles.



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SE PREGUNTA POR LO QUE ERES ANTE DIOS,
NO POR LO QUE APARECES ANTE LOS HOMBRES

San Agustín, Comentario al salmo 125,7-8

Hemos escuchado en el evangelio que sólo contamina al hombre lo que sale de su boca. Si en esta frase nos referimos a la boca en sentido físico nos hallaremos ante un absurdo y una gran necedad. De hecho deberíamos concluir que el hombre no se contamina comiendo, y sí vomitando, dado que el Señor dice: No contamina lo que entra en la boca, sino lo que sale de ella (Mt 15, 19-20).

En consecuencia, ¿no te harías impuro al comer y si al vomitar? ¿No te harías impuro al beber y sí al escupir? De hecho, cuando escupes sale algo de tu boca, mientras que, cuando bebes entra algo. ¿Qué quiso decir el Señor con estas palabras: No contamina lo que entra en la boca, sino lo que sale de ella?

Otro evangelista narra, en idéntico contexto, cuáles son las cosas que salen de la boca, para que entiendas que él no se refería a la boca del cuerpo, sino a la del corazón. Dice, en efecto: Pues del corazón salen los malos pensamientos, las fornicaciones, los homicidios, las blasfemias. Éstas son las cosas que manchan al hombre: el comer con las manos sin lavar no mancha al hombre (Mt 15, 1-20; Mc 7, 5-23).

¿En qué sentido, hermanos míos, salen esas cosas de la boca, sino es en cuanto salen del corazón, como dice el Señor mismo? Esas cosas no nos manchan cuando las hablamos. Pues, ¿qué acontece si uno no habla, pero piensa el mal? ¿Será puro porque ninguna palabra salió de su boca? Dios, en cambio, ya oyó lo que salió de su corazón.

Fijaos, pues, hermanos; prestad atención a lo que os digo. Nombro el hurto; acabo de mencionar la palabra hurto; ¿acaso me ha contaminado el hurto, por haber pronunciado la palabra? Ved que salió de mi boca, pero no me hizo inmundo. Sin embargo, el ladrón sale en la noche, no pronuncia palabra y con sus obras se hace inmundo. Y no sólo no habla, sino que oculta el crimen en el máximo silencio; hasta tal punto teme que se oiga su voz, que evita hasta el ruido de sus pasos.

¿Acaso es puro por el hecho de que calla de esa manera? Aún diré más, hermanos míos. Imaginaos que aún está acostado en su cama, que aún no se ha levantado para cometer el hurto; está despierto esperando que los hombres cojan el sueño: ya grita a Dios, ya es ladrón, ya es inmundo, ya salió el crimen de su boca interior.

¿Cuándo sale el crimen de la boca? Cuando la voluntad se determina a obrar. Decidiste hacerlo: ya lo has dicho, ya lo has hecho. Si no llevas a cabo la acción en el exterior, quizá la víctima no merecía perder lo que tú estabas dispuesto a quitarle; él nada perdió, pero tú serás condenado por ladrón. Decidiste dar muerte a un hombre: lo dijiste en tu corazón, sonó el homicidio procedente de tu boca interior; el hombre vive aún, pero tú ya eres castigado como homicida. Se pregunta por lo que eres ante Dios, no por lo que apareces ante los hombres.

En verdad sabemos y debemos conocer y retener que el corazón tiene boca y lengua. La misma boca se llena de gozo; en esa misma boca oramos interiormente a Dios, cuando, aunque tengamos cerrados los labios, está abierta nuestra conciencia. Hay silencio, pero grita el corazón. ¿A qué oídos? No a los del hombre, sino a los de Dios. Vive tranquilo; oye aquel que se compadece.

Por el contrario, no te quedes tranquilo cuando salen de tu boca cosas malas, aunque no las oiga hombre alguno: las oye quien condena. A Susana no la oían los jueces inicuos; callaba, pero oraba. Los hombres no oían su voz, pero su corazón gritaba a Dios (Dn 13, 35ss). ¿Acaso no mereció ser escuchada, por el hecho de que su voz no salió por la boca del cuerpo? Fue escuchada, aunque ningún hombre supo cuándo oró.

Por tanto, hermanos, considerad qué tenemos en la boca interior. Examinad vuestro interior para no decir nada malo allí dentro, y así no hacer nada malo fuera. En efecto, el hombre no puede hacer exteriormente, sino lo que ha dicho en su interior. Guarda la boca del corazón del mal y serás inocente; será inocente tu lengua corporal, serán inocentes tus manos; serán también inocentes tus pies, tus ojos, tus oídos. Todos tus miembros servirán a la justicia, si posee tu corazón el emperador justo.

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HIPOCRESÍA: El cáncer de la Religión

ROMA, viernes 31 agosto 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos el comentario al evangelio del domingo, realizado por el padre Jesús Álvarez, paulino.

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Jesús Álvarez García, ssp

Algunos fariseos y maestros de la ley preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no observan la tradición de los mayores, sino que comen con las manos impuras?» Él les contestó:«Hipócritas, Isaías profetizó muy bien acerca de ustedes, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto enseñando doctrinas que son preceptos humanos’. Ustedes dejan el mandamiento de Dios y se aferran a la tradición de los hombres». Llamó de nuevo a la gente y les dijo:«Óiganme todos y entiendan bien: Nada que entra de fuera puede manchar al hombre; lo que sale de dentro es lo que puede manchar al hombre, porque del corazón proceden los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricia, maldad, engaño, desenfreno, envidia, blasfemia, soberbia y estupidez. Todas esas cosas malas salen de dentro y hacen impuro al hombre» (Mc. 7, 1-8.14-15.21-23).

Jesús, más que reprochar a los fariseos y maestros de la Ley por lavarse las manos, los reprueba por suplantar con leyes y tradiciones humanas la Ley divina del amor a Dios y al prójimo, hasta el punto de sentirse con derecho a abandonar a sus padres ancianos y enfermos, si daban al templo el dinero con que deberían socorrerlos.

También hoy las exigencias del amor a Dios y al prójimo son fácilmente suplantadas por ritos externos, normas y leyes fáciles, costumbres cómodas, etc., que siguen envenenando la religión con la idolatría, y pervirtiendo las relaciones familiares, humanas y sociales con el egoísmo.

El mero cumplimiento del culto externo merece la dura descalificación de Isaías repetida por Jesús: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”. El culto, si no sale del corazón, del amor, se hace hipocresía.

A Dios solo le agrada el culto vivido en el amor efectivo a Él y al prójimo, pues en eso consiste la verdadera religión, que es la fuente de la auténtica felicidad, de la santidad y de la salvación.

Les ruego, hermanos, por la gran ternura de Dios, que le ofrezcan su propia persona como sacrificio vivo y santo, capaz de agradarle; éste es el culto razonable” (Rm. 12, 1); “La religión verdadera consiste en socorrer a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones” (Sant. 1, 27).

La intención profunda, que brota del corazón, es la que hace grandes o perversas nuestras obras, palabras, culto, alegrías, penas y nuestra misma persona. Todo lo que Dios ha creado es bueno. Nuestro corazón, con sus intenciones, puede consagrar la bondad de las cosas en función del amor a Dios y al prójimo; o pervertirlas con el egoísmo, la hipocresía, la idolatría, que brotan del corazón y expulsan de la vida al Dios del amor, de la libertad, de la alegría, de la salvación.

Jesús nos invita hoy a una revisión profunda y sincera de nuestro modo de rezar, celebrar y vivir el culto en el templo y de proyectarlo en la existencia cuotidiana, desde nuestro corazón, donde acogemos o rechazamos a Dios y al prójimo, donde consagramos o profanamos las cosas, las obras y la vida con que Dios nos bendijo y bendice.

La religión, la oración, la Eucaristía y la Biblia como encuentros amorosos con Dios, son causa de nuestra alegría, paz, felicidad en este mundo y nos llevan a la felicidad eterna, que todos anhelamos desde lo más profundo de nuestra persona.

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2 Responses to El maná de cada día, 30.8.15

  1. Anónimo dice:

    1.- Con atraso de un día leo la liturgia de ayer,cuando fui a la misa
    de la noche…Jesús refuta a los fariseos hipócritas que son reglamentaristas,pero su conciencia íntima no está de acuerdo a lo ESENCIAL que Dios nos pide: Que lo sale de la persona es lo que puede mancharlo…
    asobenes@yahoo.es

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