Maná y Vivencias Pascuales (21a), 25.4.15

abril 24, 2015

San Marcos

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25 de abril

San Marcos, evangelista



Antífona de entrada: Mc 16, 15

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. Aleluya.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que enalteciste a tu evangelista san Marcos con el ministerio de la predicación evangélica, concédenos aprovechar de tal modo sus enseñanzas que sigamos fielmente las huellas de Cristo. Él, que vive y reina contigo.


PRIMERA LECTURA: 1 Pedro 5, 5b-14

Queridos hermanos:
Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros.

Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos. Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. Suyo es el poder por los siglos. Amén.

Os he escrito esta breve carta por mano de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y atestiguaros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos en ella.

Os saluda la comunidad de Babilonia, y también Marcos, mi hijo. Saludaos entre vosotros con el beso del amor fraterno.

Paz a todos vosotros, los cristianos.

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SALMO 88, 2-3. 6-7. 16-17

Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad»

El cielo proclama tus maravillas, Señor, y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles. ¿Quién sobre las nubes se compara a Dios? ¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo.


Aclamación antes del Evangelio: 1Co 1, 23-24

Nosotros predicamos a Cristo crucificado, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.


EVANGELIO: Marcos 16, 15-20 – “Proclamad el Evangelio a toda la creación”

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:

-«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos»

Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.


Antífona de comunión: Mt 28, 20

Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo -dice el Señor-. Aleluya.


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SAN MARCOS, EVANGELISTA

Primo de Bernabé, acompañó a san Pablo en su primer viaje; también le acompañó en Roma. Fue discípulo de san Pedro e intérprete del mismo en su evangelio. Se le atribuye la fundación de la Iglesia de Alejandría.

LA PREDICACIÓN DE LA VERDAD
Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías

La Iglesia, diseminada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, recibió de los apóstoles y de sus discípulos la fe en un solo Dios Padre todopoderoso, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen; y en un solo Jesucristo, Hijo de Dios, que se encarnó por nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, que por los profeta­s anunció los planes de Dios, el advenimiento de Cristo, su nacimiento de la Virgen, su pasión, su resurrección de entre los muertos, su ascensión corporal a los cielos, su venida de los cielos, en la gloria del Padre, para recapitu­lar todas las cosas y resucitar a todo el linaje humano, ­a fin de que ante Cristo Jesús, nuestro Señor, Dios y Salvador y Rey, por voluntad del Padre invisible, toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame a quien hará justo juicio en todas las cosas.

La Iglesia, pues, diseminada, como hemos dicho, por el mundo entero, guarda diligentemente la predicación y la fe recibida, habitando como en una única casa; y su fe es igual en todas partes, como si tuviera una sola alma y un solo corazón, y cuanto predica, enseña y transmite, lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca. Pues, aunque en el mundo haya muchas lenguas distintas, el contenido de la tradición es uno e idéntico para todos.

Las Iglesias de Germania creen y transmiten lo mismo que las otras de los iberos o de los celtas, de Oriente, Egipto o Libia o del centro del mundo. Al igual que el sol, criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la predicación de la verdad resplandece por doquier e ilumina a todos aquellos que quieren llegar al conocimiento de la verdad.

En las Iglesias no dirán cosas distintas los que son buenos oradores, entre los dirigentes de la comunidad (pues nadie está por encima del Maestro), ni la escasa oratoria de otros debilitará la fuerza de la tradición, pues siendo la fe una y la misma, ni la amplía el que habla mucho ni la disminuye el que habla poco.


Las asombrosas teorías de un “periodista católico” español

abril 24, 2015

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Periodista José Manuel Vidal (captura de video)

Periodista José Manuel Vidal (Foto: Captura de video You Tube)

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Las asombrosas teorías de un “periodista católico” español

 por Alejandro Bermúdez

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No es con gusto ni con frecuencia que pongo comillas a términos como periodista o católico. Pero luego de leer el “reportaje” publicado por el ex sacerdote José Manuel Vidal abordando la supuesta “realidad” de la Iglesia en el Perú; uno no sabe si asumir que el autor padece de ignorancia insuperable o ha caído en la mentira patológica.

Las opiniones de Vidal, reflejo de un proyecto de Iglesia en total decadencia, sin seguidores, sin energía y sin futuro, nunca han sido de mi interés. Pero en este caso, Vidal no solo opina de Perú, mi país natal, sino que dice hacerlo después de haberlo visitado.

Dice haber estado una semana en mi país y asegura haber llegado a una conclusión: el único problema de la Iglesia en el Perú se llama el Cardenal Juan Luis Cipriani, el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, que según una reciente encuesta –que Vidal no menciona- cuenta con una popularidad sorprendente a pesar de los ataques que recibe diariamente.

Si España fuera dueña de una nave espacial que orbita la tierra, yo habría asumido que fue desde esa nave, sin gravedad y sin contacto, que Vidal visitó el Perú. Pero me temo que, a menos que mienta también sobre esto, efectivamente puso pie en mi país. Pero el pie y no mucho más.

Vidal asegura en su “noticia”, que se ha reunido en Lima con “eclesiásticos de las diversas sensibilidades”. He consultado a personas de “diversas sensibilidades” que no pertenecen al reducido y elitista cogollo que los peruanos conocemos como los “caviares”, y no sólo no han visto a Vidal, sino que ni siquiera saben quién es.

Los emperadores del planetoide caviar en el Perú son los directivos de la ex Pontificia Universidad Católica del Perú (ex PUCP), con su rector Marcial Rubio a la cabeza. La defensa de Vidal a Rubio y sus co-admiradores de las “hueveras de esturión” evidencia que han sido ellos quienes lo han convencido de lo absurdo: de que en Perú hasta los católicos “más moderados” rechazan al Arzobispo de Lima.

Vidal se comió, con muchas ganas y a lo largo del circuito culinario con el que fue agasajado, mentiras que aclaro a continuación:

  1. El Papa Francisco nunca ha querido remover al Cardenal Juan Luis Cipriani, con quien tiene una excelente relación. Que le pregunte Vidal al Arzobispo jesuita de Huancayo, Mons. Pedro Barreto, si es que se puede afirmar que el Papa quiere defenestrar al Cardenal. Un medio peruano así lo anunció, ACI Prensa entrevistó a Mons. Barreto y él negó haber dicho u oído del Papa tal cosa.
  2. El conflicto con la ex PUCP no es una “obsesión” del Cardenal Cipriani. El Papa mismo ha apoyado la visita de la nueva comisión que, puedo anticipar, concluirá lo mismo que concluyó la anterior: La ex PUCP NO ES católica ni quiere serlo.
  3. Es absolutamente falso que le hayan pedido la renuncia al Cardenal Cipriani y éste no haya aceptado “por soberbio”. Desafío a Vidal a decir quién le pidió la supuesta renuncia.
  4. Vidal dice que para que salga de la Arquidiócesis de Lima le habrían ofrecido al Cardenal Cipriani ser Prelado del Opus Dei. Esta teoría no sólo es falsa, sino absolutamente ridícula e intragable, simplemente porque va contra el protocolo de la Iglesia. Un Arzobispo que es Cardenal no sería nombrado Vicario del Opus Dei, que tiene rango de Obispo/Prelado.
  5. Las supuestas tensiones entre Bergoglio y Cipriani durante la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida son falsas. Vidal no estuvo en las sesiones de Aparecida ni en la sala de prensa. Yo sí estuve en Aparecida con tres periodistas más de ACI Prensa. Todos vimos la excelente relación entre ambos.
  6. Vidal dice que el rector de la ex PUCP recibe insultos y amenazas telefónicas y en las calles. Sin embargo, son las huestes de la ex PUCP las que insultan sistemáticamente al Cardenal, y nadie insultaría a Rubio aún queriéndolo. Ni yo reconocería a Rubio por la calle… porque fuera del circuito caviar, no es una figura tan conocida.
  7. Pero pocas mentiras son más patéticas e infundadas que la que aduce que el Papa Francisco en su próximo viaje a América del Sur en julio –en que irá a Ecuador, Paraguay y Bolivia– está evitando el Perú para mandar un supuesto “mensaje” al Cardenal Cipriani. Si así fuera… ¿Por qué el Papa no visita otra diócesis peruana evitando Lima, para que así su mensaje fuera “claro”? Vidal no puede reclamarse periodista y no saber que el Papa ha expresado –al Cardenal Cipriani precisamente– su deseo de viajar a Perú, probablemente en 2016.

Cuando un profesional comete errores graves, algo sucede: va a juicio, pierde el trabajo o paga una multa. ¿Qué consecuencias piensa pagar Vidal, aunque sea por decencia, cuando el Vaticano declare a la ExPUCP en falta y el Papa viaje a Perú y se dé un abrazo con su amigo el Primado peruano?

https://www.aciprensa.com/blog/las-asombrosas-teorias-de-un-periodista-catolico-espanol/#.VTpV0SHtmkq

 


Maná y Vivencias Pascuales (20), 24.4.15

abril 24, 2015

Viernes de la 3ª semana de Pascua

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¡A ti la gloria porque asumiste un cuerpo y con la cruz llevaste a las almas al cielo, a la casa del Padre!

¡A ti la gloria porque asumiste un cuerpo y con la cruz llevaste a las almas al cielo, a la casa del Padre!



NOTA

Hoy celebra la familia agustiniana la fiesta de la CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN, gracias a la oración, testimonio, paciencia y las lágrimas de su madre Mónica.

En el prefacio de la Misa alabamos a Dios “porque san Agustín, libre del error por la gracia divina, renunció a toda esperanza terrena desde lo más íntimo de su ser; y decidió entregarse al servicio de Dios con los suyos.

Así, Dios trocó en indecible gozo las lágrimas de Mónica, su madre; por lo cual la Iglesia se llena de gozo. Por eso nosotros, llenos de alegría, aclamamos a Dios” (Cf. al final de la entrada la conversión de san Agustín narrada por él mismo en su libro Confesiones)

A continación siguen los textos de la espiritualidad pascual, como todos los días.



Entrada: Ap 5, 12.-

Se contaban por millones y millones, que gritaban a toda voz:

Digno es el Cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, la honra, la gloria y la alabanza.

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ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Señor, que, ya que nos has dado la gracia de conocer la resurrección de tu Hijo, nos concedas también que el Espíritu Santo, con su amor, nos haga resucitar a una vida nueva. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA: Hch 9, 1-20.

En aquellos días, Saulo seguía echando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor.

Se presentó al jefe de los sacerdotes y le pidió documentos dirigidos a las sinagogas de Damasco, que lo autorizaran para llevar presos a Jerusalén a cuantos encontrara, hombres o mujeres, que estuvieran siguiendo el nuevo camino.

En el viaje hacia Damasco, cuando ya estaba cerca, lo rodeó de repente una luz que venía del cielo. Cayó al suelo y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”.

Él preguntó: “¿Quién eres, Señor?”. Respondió la voz: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues; levántate y entra en la ciudad, allí se te dirá lo que debes hacer”.

Los hombres que lo acompañaban se habían detenido, atónitos, pues oyeron la voz, pero no vieron a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Estaba ciego y permaneció tres días sin comer ni beber nada.

Vivía en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor llamó en una visión: “¡Ananías!”. Él respondió: “Aquí estoy, Señor”. Y el Señor le dijo: Anda a la calle llamada Recta y pregunta en la casa de Judas por un hombre llamado Saulo de Tarso, que está orando.

Y vio en visión un varón llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para que viera.

Entonces Ananías le respondió: “Señor, he oído a muchos hablar de los males que este hombre ha causado a tus santos en Jerusalén, y que ahora tiene poder de los jefes de los sacerdotes para tomar presos a todos los que invocan tu nombre”.

El Señor le contestó: “Anda, pues este hombre me será un instrumento muy valioso y dará a conocer mi nombre, tanto a los paganos y a sus reyes como al pueblo de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que sufrir por mi nombre”.

Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado a ti para devolverte la vista y para que quedes lleno del Espíritu Santo”.

Al instante cayeron de sus ojos como escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Comió y recobró las fuerzas. Saulo permaneció algunos días con los discípulos de Damasco, y muy pronto se puso a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

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Salmo: 116, 1-2.- Id a todo el mundo a predicar el Evangelio (o Aleluya).

¡Aleluya! Alaben al Señor, todos los pueblos, y festéjenlo todos los países.

Porque grande es su amor hacia nosotros, su lealtad perdura para siempre.

Aclamación: Jn 6, 56.- El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

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EVANGELIO: Jn 6, 52- 59.

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre ellos. Unos decían: ¿Cómo este hombre va a darnos a comer su carne?.

Jesús les contestó: En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre, y no beben su sangre, no tienen vida de verdad. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive de vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es comida verdadera y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que vive me envió, y yo vivo por él, así, quien me come a mí tendrá de mí la vida.

Este es el pan que bajó del cielo, no como el que comieron sus antepasados, los cuales murieron. El que coma este pan vivirá para siempre. Así habló Jesús en la Casa de oración, en Cafarnaún.

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De los sermones de san Efrén, diácono

La cruz de Cristo, salvación del género humano

Nuestro Señor fue conculcado por la muerte, pero él, a su vez, conculcó la muerte, pasando por ella como si fuera un camino. Se sometió a la muerte y la soportó deliberadamente para acabar con la obstinada muerte.

En efecto, nuestro Señor salió cargado con su cruz, como deseaba la muerte; pero desde la cruz gritó, llamando a los muertos a la resurrección, en contra de lo que la muerte deseaba.

La muerte lo mató gracias al cuerpo que tenía; pero él, con las mismas armas, triunfó sobre la muerte. La divinidad se ocultó bajo los velos de la humanidad; sólo así pudo acercarse a la muerte, y la muerte le mató, pero él, a su vez, acabó con la muerte.

La muerte, en efecto, destruyó la vida natural, pero luego fue destruida, a su vez, por la vida sobrenatural.

La muerte, en efecto, no hubiera podido devorarlo si él no hubiera tenido un cuerpo, ni el infierno hubiera podido tragarlo si él no hubiera estado revestido de carne; por ello quiso el Señor descender al seno de una virgen para poder ser arrebatado en su ser carnal hasta el reino de la muerte.

Así, una vez que hubo asumido el cuerpo, penetró en el reino de la muerte, destruyó sus riquezas y desbarató sus tesoros.

Porque la muerte llegó hasta Eva, la madre de todos los vivientes. Eva era la viña, pero la muerte abrió una brecha en su cerco, valiéndose de las mismas manos de Eva; y Eva gustó el fruto de la muerte, por lo cual la que era madre de todos los vivientes se convirtió en fuente de muerte para todos ellos.

Pero luego apareció María, la nueva vid que reemplaza a la antigua; en ella habitó Cristo, la nueva Vida. La muerte, según su costumbre, fue en busca de su alimento y no advirtió que, en el fruto mortal, estaba escondida la Vida, destructora de la muerte; por ello mordió sin temor el fruto, pero entonces liberó a la vida, y a muchos juntamente con ella.

El admirable hijo del carpintero llevó su cruz a las moradas de la muerte, que todo lo devoraban, y condujo así a todo el género humano a la mansión de la vida. Y la humanidad entera, que a causa de un árbol había sido precipitada en el abismo inferior, por otro árbol, el de la cruz, alcanzó la mansión de la vida.

En el árbol, pues, en que había sido injertado un esqueje de muerte amarga, se injertó luego otro de vida feliz, para que confesemos que Cristo es Señor de toda la creación.

¡A ti la gloria, a ti que con tu cruz elevaste como un puente sobre la misma muerte, para que las almas pudieran pasar por él desde la región de la muerte a la región de la vida! ¡A ti la gloria, a ti que asumiste un cuerpo mortal e hiciste de él fuente de vida para todos los mortales!

Tú vives para siempre; los que te dieron muerte se comportaron como los agricultores: enterraron la vida en el sepulcro, como el grano de trigo se entierra en el surco, para que luego brotara y resucitara llevando consigo a otros muchos.

Venid, hagamos de nuestro amor una ofrenda grande y universal; elevemos cánticos y oraciones en honor de aquel que, en la cruz, se ofreció a Dios como holocausto para enriquecernos a todos (Sermón sobre nuestro Señor, 3-4.9: Opera, ed. Lamy, 1, 152-158. 166-168).

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A LA LUZ DE LA PALABRA QUE DIOS ME REGALA HOY


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál podría ser el plan de Dios sobre mi vida en este nuevo día, que no es uno más, sino único para Dios porque su amor es siempre nuevo?

2) ¿Qué podría mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy? ¿Qué me está pidiendo su Palabra en este día?

3) ¿A quién podría estar lastimando en este día, a quién le podría estar haciendo sufrir? ¿A quién puedo, de hecho, estar defraudando, apenando, comenzando por la propia familia, y por la comunidad parroquial?

4) ¿A quién podría ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí? Si Jesús estuviera en mi lugar, ¿qué puedo suponer que diría o haría?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor, y su actualización sacramental realizada en la Eucaristía, sea diaria o dominical? ¿Qué fruto espiritual derivado de la misa dominical podría cultivar hoy: sinceridad, petición de perdón, afabilidad, alegría, alabanza y bendición?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades? Le doy gracias por lo bueno, y le ofrezco lo malo para que Jesús supla mis deficiencias: él dio gloria perfecta a Dios Padre por mí y en mi lugar. Me alegro en Jesús, mi hermano mayor, mi Redentor.

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…”

Que siempre alcancemos esa paz antes de descansar para poder decir con el salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo porque tú estás conmigo, tú solo me haces vivir tranquilo.

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RELATO DE LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN 

Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo (Libro 8, 12, 28-30: BAC II, Madrid 1991, 338-341)

Mas apenas una alta consideración sacó del profundo de su secreto y amontonó toda mi miseria a la vista de mi corazón, estalló en mi alma una tormenta enorme, que encerraba en sí copiosa lluvia de lágrimas.

Y para descargarla toda, con sus truenos correspondientes, me levanté de junto Alipio —pues me pareció que para llorar era más a propósito la soledad— y me retiré lo más remotamente que pude, para que su presencia no me fuese estorbo.

Tal era el estado en que me hallaba, del cual él se dio cuenta, pues no sé qué fue lo que dije al levantarme que ya el tono de mi voz parecía cargado de lágrimas.

Se quedó él en el lugar en que estábamos sentados sumamente estupefacto; mas yo, tirándome debajo de una higuera, no sé cómo, solté la rienda a las lágrimas, brotando dos ríos de mis ojos, sacrificio tuyo aceptable.

Y aunque no con estas palabras, pero sí con el mismo sentido, te dije muchas cosas como éstas: ¡Y tú, Señor, hasta cuándo! ¡Hasta cuándo, Señor, has de estar irritado! No quieras más acordarte de nuestras iniquidades antiguas.

Me sentía aún cautivo de ellas y lanzaba voces lastimeras: «¿Hasta cuándo, hasta cuándo? ¡Mañana!, ¡mañana! ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no poner fin a mis tormentas en esta misma hora?».

Decía estas cosas y lloraba con amarguísima contrición de mi corazón. Mas he aquí que oigo de la casa vecina una voz, como de niño o niña, que decía cantando y repetía muchas veces: «Toma y lee, toma y lee».

De repente, cambiando de semblante, me puse con toda la atención a considerar si por ventura había alguna especie de juego en que los niños soliesen cantar algo parecido, pero no recordaba haber oído jamás cosa semejante; y así, reprimiendo el ímpetu de las lágrimas, me levanté, interpretando esto como una orden divina de que abriese el códice y leyese el primer capítulo que hallase.

Porque había oído decir de Antonio que, advertido por una lectura del Evangelio, a la cual había llegado por casualidad, y tomando como dicho para sí lo que se decía: Vete, vende todas las cosas que tienes, dalas a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, y después ven y sígueme, se había al punto convertido a ti con tal oráculo.

Así que, apresurado, volví al lugar donde estaba Alipio y yo había dejado el códice del Apóstol al levantarme de allí.

Lo tomé, pues, lo abrí y leí en silencio el primer capítulo que se me vino a los ojos, y decía: No en comilonas y embriagueces, no en lechos y en liviandades, no en contiendas y emulaciones, sino revestíos de nuestro Señor Jesucristo, y no cuidéis de la carne con demasiados deseos.

No quise leer más, ni tampoco era necesario, pues al punto que di fin a la sentencia, como si se hubiera infiltrado en mi corazón una luz de seguridad, se disiparon todas las tinieblas de mis dudas.

Entonces puesto el dedo o no sé qué de registro, cerré el códice y con rostro ya tranquilo se lo indiqué a Alipio, quien, a su vez, me indicó lo que pasaba por él, y que yo ignoraba.

Pidió ver lo que había leído; se lo mostré, y puso atención en lo que seguía a aquello que yo había leído y yo no conocía. Seguía así: Recibid al débil en la fe, lo cual se aplicó él a sí mismo y me lo comunicó.

Y fortificado con tal admonición y sin ninguna turbulenta vacilación, se abrazó con aquella determinación y santo propósito, tan conforme con sus costumbres, en las que ya de antiguo distaba ventajosamente tanto de mí.

Después entramos a ver a la madre, indicándoselo y se llenó de gozo. Le contamos el modo como había sucedido y saltaba de alegría y cantaba victoria, por lo cual te bendecía a ti, que eres poderoso para darnos más de lo que pedimos o entendemos, porque veía que le habías concedido respecto de mí, mucho más de lo que constantemente te pedía con gemidos lastimeros y llorosos.

Porque de tal modo me convertiste a ti que ya no apetecía esposa ni abrigaba esperanza alguna de este mundo, estando ya en aquella regla de fe sobre la cual hacía tantos años me habías mostrado a ella.

Y así convertiste su llanto en gozo, mucho más fecundo de lo que ella había apetecido y mucho más caro y casto que el que podía esperar de los nietos que le diera mi carne (San Agustín, Confesiones).

http://www.provinciasannicolas.org/docs/10286.pdf


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