Las catequesis de Francisco sobre la familia, en un libro electrónico gratuito

abril 21, 2015

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Disponible en la página web de la Oficina de Información del Opus Dei en España

MISA-FAMILIAS

 

Por Redacción

MADRID, 15 de abril de 2015 (Zenit.org) – La Oficina de Información del Opus Dei en España ha publicado en su página web el primer volumen de un libro electrónico que recoge las catequesis que está dedicando el papa Francisco a la familia, durante “este tiempo intermedio entre dos Asambleas del Sínodo dedicadas a esta realidad tan importante”.

Su descarga gratuita es posible en PDF, Mobi para Kindle y ePub para el resto de dispositivos.

El pasado 10 de diciembre de 2014, el Santo Padre comenzó un ciclo de audiencias dedicadas a la familia. En estas primeras semanas ha tratado el papel de cada miembro de la familia, y ha mostrado las virtudes que pueden imitar las familias cristianas, han explicado los promotores de la iniciativa en un comunicado.

El volumen que se ofrece ahora comienza con un capítulo dedicado a la Sagrada Familia de Nazaret e incluye otros dedicados a padres, hijos, niños, hermanos y abuelos. Finaliza con la Oración por el Sínodo de la Familia del Papa.

La web permite también descargas gratuitas de otros libros del Pontífice argentino, como “Las primeras palabras del papa Francisco”, las “Homilías de Semana Santa”, “El Papa en Brasil”,  su primera encíclica “Lumen Fidei”, su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”, etc.

Asimismo, están disponibles para todo tipo de dispositivos los textos del  Concilio Vaticano II, el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, y otros libros, como las “50 preguntas sobre Jesús”.

Link para descargarse gratuitamente el libro


Maná y Vivencias Pascuales (17), 21.4.15

abril 21, 2015

Martes de la 3ª semana de Pascua

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Yo soy el Pan de Vida que ha bajado del Cielo

Yo soy el Pan de Vida que ha bajado del Cielo



TEXTO ILUMINADOR.- Jesús contestó: En realidad, no fue Moisés quien les dio pan del cielo. Mi Padre es el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es éste que ha bajado del cielo y que da vida al mundo.

Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed.

Antífona de entrada: Apocalipsis 19,5;12,10

Alabemos a nuestro Dios todos cuantos lo tememos, pequeños y grandes, porque ha llegado ya la salvación, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA.- Señor, tú que abres las puertas de tu reino a los que han renacido del agua y del Espíritu, acrecienta la gracia que has dado a tus hijos, para que, purificados ya de sus pecados, alcancen todas tus promesas. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA: Hechos 7, 51-59

En aquellos días, Esteban decía a la plebe, a los ancianos y a los letrados: Ustedes, duros de cabeza, endurecieron su corazón y cerraron sus oídos. Siempre se resisten al Espíritu Santo, igual que sus padres. ¿A qué profeta no persiguieron sus padres? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, al que ustedes ahora traicionaron y asesinaron. Ustedes que recibieron la Ley por medio de los ángeles y no la cumplieron.

Al oír este reproche se enfurecieron; rechinaban los dientes contra Esteban. Él, lleno del Espíritu Santo, fijó sus ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús a su derecha y declaró: “Veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre a la derecha de Dios”.

Ellos, gritando fuertemente, se taparon los oídos y todos juntos se lanzaron contra él; lo sacaron fuera de la ciudad para apedrearlo, y los testigos dejaron sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo.

Mientras lo apedreaban, Esteban oraba así: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Después se arrodilló y dijo en alta voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”. Y diciendo esto expiró.

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SALMO: 30, 3cd-4.6ab.7b.8a.17 y 21ab

Sé para mí una roca de refugio, la muralla que me salve.

Porque tú eres mi roca y mi fortaleza, estás a mi lado para llevarme y guiarme. Aborreces a los que adoran ídolos vanos; yo, en cambio, confío en el Señor. Yo gozaré y me alegraré de tu bondad y poder; porque has mirado mi miseria y conoces mis angustias.

Tu siervo espera que le sonrías, sálvame por tu misericordia. Al abrigo de tu rostro los proteges, lejos de las intrigas de los hombres. Los guardas ocultos en tu carpa y no los alcanza el calumniador.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 6, 35 ab

Jesús les dijo: “Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed”.

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EVANGELIO: Juan 6, 30-35

En aquel tiempo dijo a Jesús la gente: “¿Dónde está el signo milagroso para que al ver lo que haces te creamos? ¿Qué puedes hacer? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: “se les dio de comer pan del cielo”.

Jesús contestó: “En realidad, no fue Moisés quien les dio pan del cielo. Mi Padre es el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es éste que ha bajado del cielo y que da vida al mundo”.

Ellos dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les dijo: “Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed”.


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Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías

La Eucaristía, arras de la Resurrección

Si la carne no se salva, entonces el Señor no nos ha redimido con su sangre, ni el cáliz de la eucaristía es participación de su sangre, ni el pan que partimos es participación de su cuerpo. Porque la sangre procede de las venas y de la carne y de toda la sustancia humana, de aquella sustancia que asumió el Verbo de Dios en toda su realidad y por la que nos pudo redimir con su sangre, como dice el Apóstol: Por su sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Y, porque somos sus miembros y quiere que la creación nos alimente, nos brinda sus criaturas, haciendo salir el sol y dándonos la lluvia según le place; y también porque nos quiere miembros suyos, aseguró el Señor que el cáliz, que proviene de la creación material, es su sangre derramada, con la que enriquece nuestra sangre, y que el pan, que también proviene de esta creación, es su cuerpo, que enriquece nuestro cuerpo.

Cuando la copa de vino mezclado con agua y el pan preparado por el hombre reciben la Palabra de Dios, se convierten en la eucaristía de la sangre y del cuerpo de Cristo y con ella se sostiene y se vigoriza la sustancia de nuestra carne, ¿cómo pueden, pues, pretender los herejes que la carne es incapaz de recibir el don de Dios, que consiste en la vida eterna, si esta carne se nutre con la sangre y el cuerpo del Señor y llega a ser parte de este mismo cuerpo?

Por ello bien dice el Apóstol en su carta a los Efesios: Somos miembros de su cuerpo, hueso de sus huesos y carne de su carne. Y esto lo afirma no de un hombre invisible y mero espíritu -pues un espíritu no tiene carne y huesos-, sino de un organismo auténticamente humano, hecho de carne, nervios y huesos; pues es este organismo el que se nutre con la copa, que es la sangre de Cristo, y se fortalece con el pan, que es su cuerpo.

Del mismo modo que el esqueje de la vid, depositado en tierra, fructifica a su tiempo, y el grano de trigo, que cae en tierra y muere, se multiplica pujante por la eficacia del Espíritu de Dios que sostiene todas las cosas, y así estas criaturas trabajadas con destreza se ponen al servicio del hombre, y después, cuando sobre ellas se pronuncia la Palabra de Dios, se convierten en la eucaristía, es decir, en el cuerpo y la sangre de Cristo; de la misma forma nuestros cuerpos, nutridos con esta eucaristía y depositados en tierra, y desintegrados en ella, resucitarán a su tiempo, cuando la Palabra de Dios les otorgue de nuevo la vida para la gloria de Dios Padre.

Él es, pues, quien envuelve a los mortales con su inmortalidad y otorga gratuitamente la incorrupción a lo corruptible, porque la fuerza de Dios se realiza en la debilidad (Libro 5, 2, 2-3: SCh 153, 30-38).

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A LA LUZ DE LA PALABRA QUE DIOS ME REGALA HOY


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál podría ser el plan de Dios sobre mi vida en este nuevo día, que no es uno más, sino único para Dios en su amor que es siempre nuevo?

2) ¿Qué podría mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy? ¿Cómo quiero vivir hoy la Eucaristía o hacer mi oración personal, encuentro con Dios y con los hermanos?

3) ¿A quién podría estar lastimando en este día, a quién le podría estar haciendo sufrir? ¿A quién puedo, de hecho, estar defraudando, apenando, comenzando por la propia familia, y por la comunidad parroquial?

4) ¿A quién podría ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí? Si Jesús estuviera en mi lugar, ¿qué puedo suponer que diría o haría?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor, y su actualización sacramental realizada en la Eucaristía, sea diaria o dominical? ¿Qué fruto espiritual derivado de la misa dominical podría cultivar hoy: sinceridad, petición de perdón, afabilidad, alegría, alabanza y bendición?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades? Le doy gracias por lo bueno, y le ofrezco lo malo para que Jesús supla mis deficiencias: él dio gloria perfecta a Dios Padre por mí y en mi lugar. Me alegro en Jesús, mi hermano mayor, mi Redentor.

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…” Que siempre alcancemos esa paz antes de descansar para poder decir con el salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo porque tú estás conmigo, tú solo me haces vivir tranquilo.

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