¿Cuál es la fuerza de la oración de una madre por un hijo?

abril 9, 2015

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Madre reza con unción

Las madres rezan con todo su sentimiento y fe

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¿Cuál es la fuerza de la oración de una madre por un hijo?

San Agustín dijo que las lágrimas de su madre frente al Sagrario eran como “la sangre de su corazón destilado en lágrimas en sus ojos”

Por Felipe Aquino

 

 

Santa Mónica es el ejemplo claro del poder de la oración de las madres por los hijos. Ella nació en Tagaste (África), en 331, de familia cristiana.

Muy joven, fue dada en matrimonio a un hombre pagano llamado Patricio, de quien tuvo varios hijos, entre ellos Agustín, cuya conversión alcanzó de la misericordia divina con muchas lágrimas y oraciones. Es un modelo perfecto de madre cristiana. Murió en Ostia (Italia) en 387.

Dios estableció una ley: necesitamos pedir la gracia necesaria en nuestra vida, para ser asistidos. Jesús fue enfático: “También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre” (Lc 11, 9-10). Quien no pide no recibe.

Jesús dijo eso después de contar ese caso del vecino que llamó a la puerta de la casa de otro para pedir un poco de pan a medianoche, porque había recibido una visita y estaba sin pan. Como el otro no quiso atenderlo, Jesús dijo: “Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselo por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario” (Lc 11, 8).

Ahora bien, ¿qué es lo que nos está queriendo enseñar Jesús con eso?

Que debemos hacer lo mismo con Dios. Importunarlo. Pero, ¿por qué Dios hace eso? Es para saber si de hecho confiamos en Él; si tenemos fe de verdad, como aquella mujer cananea, que no era judía, pero que pidió con insistencia que curara a su hijo endemoniado (Mt 15,22). Si la gente pide una vez o dos, y no recibe, y no pide más, es porque no confía en Él.

San Agustín enseñó lo siguiente: “Dios no nos mandaría pedir, si no nos quisiera oír. La oración es una llave que nos abre las puertas del cielo. Cuando veas que tu oración no se apartó de ti, puedes estar seguro que la misericordia tampoco se alejó de ti. Los grandes dones exigen un gran deseo puesto que todo lo que se alcanza con facilidad no se aprecia tanto como lo que se desea durante mucho tiempo. Dios no quiere darte enseguida lo que pides, para que aprendas a desear con gran deseo”.

Nadie como san Agustín entiende la fuerza de la oración de una madre por su hijo; pues durante veinte años su madre, santa Mónica, rezó por su conversión, y lo consiguió. Él mismo cuenta eso en su libro “Confesiones”.

Él dijo que su madre iba tres veces al día a rezar frente al Sagrario en Hipona, y le pedía a Jesús que su Agustín se volviera “un buen cristiano”. Era todo lo que ella quería, no pedía que él fuera un día sacerdote, obispo, santo, doctor de la Iglesia y uno de los mayores teólogos y filósofos de todos los tiempos.

Pero Dios quería darle más. Quería de Agustín ese gigante de la Iglesia, entonces, ella necesitaba rezar más tiempo y sin desanimarse. Y santa Mónica no se desanimó; por eso tenemos hoy a ese gigante de la fe. Me pongo a pensar si ella hubiera parado de rezar después de 19 años… No se habría convertido su hijo. Y nosotros no tendríamos el Doctor de la Gracia.

Cuando Agustín dejó África del Norte, y se fue como orador oficial del emperador romano, en Milán, ella fue tras él. Tomó el barco, atravesó el Mediterráneo, y fue a rezar por su hijo. Un día fue a visitar al obispo de Milán y con lágrimas le dijo que no sabía qué más hacer por la conversión de su Agustín, a quien el obispo conocía bien por su fama. Simplemente el obispo le respondió: “Hija mía, es imposible que Dios no convierta al hijo de tantas lágrimas”.

Y sucedió. San Agustín, al oír las predicaciones de san Ambrosio, obispo de Milán, se convirtió; fue bautizado por él, y luego fue ordenado sacerdote, escogido como obispo, y uno de los mayores santos de la Iglesia. Todo, porque aquella madre no se cansó de rezar por la conversión de su hijo… ¡Veinte años!

 

San Agustín dice en las “Confesiones” que las lágrimas de su madre frente al Señor en el Sagrario, eran como “la sangre de su corazón destilado en lágrimas en sus ojos”. ¡Qué belleza! ¡Qué fe!

Es exactamente lo que la Iglesia enseña: que nuestra oración debe ser humilde, confiada y perseverante. Humilde como la del publicano que se daba golpes de pecho y pedía perdón frente al fariseo orgulloso; confiada como la de la madre cananea, y perseverante como la de la madre Mónica. Dios no resiste a las lágrimas y las oraciones de una madre que reza así.

San Agustín resume con estas palabras la vida de su madre: “Cuidó de todos los que vivíamos juntos después de bautizados, como si fuera la madre de todos; y nos sirvió como si fuera la hija de cada uno de nosotros”.

El ejemplo de Santa Mónica quedó grabado de tal manera en la mente de san Agustín que, años más tarde, ciertamente acordándose de su madre, exhortaba: “Buscad con todo cuidado la salvación de los de vuestra casa”. Ya se dijo de santa Mónica que fue dos veces madre de Agustín, porque no sólo lo dio a luz, sino que lo rescató para la fe católica y para la vida cristiana. Así deben ser los padres cristianos: dos veces progenitores de sus hijos, en su vida natural y en su vida en Cristo.

 

http://www.aleteia.org/es/religion/noticias/cual-es-la-fuerza-de-la-oracion-de-una-madre-por-un-hijo-5789517038485504?page=2

 


Maná y Vivencias Pascuales (5), 9.4.15

abril 9, 2015

Jueves de la Octava de Pascua


Para que se cumplieran las Escrituras. Como estaba anunciado. Tal como estaba escrito.

Para que se cumplieran las Escrituras. Como estaba anunciado. Tal como estaba escrito.


CREER EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS

Clave de interpretación y gracia de Dios, fundamental para poder creer: “Cumplimiento de las Escrituras” en la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús.

Esta gracia de Dios que abre la mente de los discípulos de Jesús para entender las Escrituras genera la fe personal dentro de una comunidad y en contacto vital con ella. A la vez, y de manera inmediata, Dios crea el nuevo Israel, la Iglesia: un nuevo pueblo de reyes y sacerdotes, de profetas y de hijos de Dios.

La característica fundamental, imprescindible y suficiente, de los miembros del nuevo pueblo de Dios será su condición de testigos. Todos serán enseñados por el Espíritu de Dios, y entre ellos serán hermanos y testigos de una experiencia de Dios, única y total que no podrán dejar de proclamar ante todos los pueblos.


ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya.


Oración colecta

Oh Dios, que has reunido pueblos diversos en la confesión de tu nombre, concede a los que han renacido en la fuente bautismal, una misma fe en su espíritu y una misma caridad en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos 3, 11-26 “Ustedes le dieron muerte al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos”.

En aquellos días, el hombre paralítico que había sanado no se apartaba de Pedro ni de Juan, de manera que todo el pueblo, asombrado, corrió junto a ellos al pórtico llamado de Salomón.

Pedro, al ver la gente reunida, les dijo: “Israelitas, ¿por qué se admiran de esto?, ¿por qué nos miran asombrados? ¿Acaso le hicimos andar por nuestro propio poder o por nuestra santidad?

El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron y a quien negaron ante Pilato, cuando éste quería ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo y pidieron como una gracia la libertad de un asesino, mientras que al Señor de la vida lo hicieron morir.

Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. Y por la fe en su Nombre ha sido sanado este hombre que ustedes ven y conocen. Es, pues, la fe la que lo ha restablecido totalmente delante de todos ustedes.

Yo sé, hermanos, que actuaron así por ignorancia al igual que sus jefes. Pero Dios cumplió de esta manera lo que había anunciado por intermedio de todos los profetas: que su Cristo padecería.

Arrepiéntanse entonces y conviértanse, para que todos sus pecados sean borrados. Y así el Señor hará venir los tiempos del alivio enviando al Cristo que les ha sido destinado. Este Cristo es Jesús que ha de permanecer en el cielo, hasta que llegue el momento de la restauración del mundo, de la cual Dios habló por intermedio de sus santos profetas.

Moisés así lo dijo: El Señor Dios les hará surgir un profeta como yo de entre sus hermanos. Escuchen todo lo que él les va a decir. Todo el que no escuche a ese profeta será eliminado del pueblo.

Y todos los profetas que desde Samuel y sus sucesores han hablado, anunciaron también estos días.

Ustedes son los hijos de los profetas y de los hombres con los cuales Dios pactó la alianza al decir a Abrahán: En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra.Para ustedes primeramente, Dios ha resucitado a su Servidor y lo ha enviado para que los bendiga, apartándose cada uno de sus actos malos”.

SALMO 8, 2a.5.6-7.8-9

“¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!”

¡Oh Señor, nuestro Dios, qué glorioso tu nombre por la tierra! ¿Quién es el hombre, para que te acuerdes de él, el hijo de Adán, para que de él cuides?

Apenas inferior a un dios lo hiciste, coronándolo de gloria y grandeza; le entregaste las obras de tus manos, bajo sus pies has puesto cuanto existe.

Ovejas y bueyes todos juntos, como también las fieras salvajes, aves del cielo y peces del mar que andan por las sendas de los mares.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 20, 29

Tomás, tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 24, 35-48 – “Está escrito que Cristo tenía que padecer y tenía que resucitar de entre los muertos al tercer día”

En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús se presentó en medio de ellos. Les dijo: «Paz a ustedes».

Estaban atónitos y asustados, pensando que veían a algún espíritu. Pero les dijo: «¿Por qué se asustan tanto, y por qué les vienen estas dudas?” Miren mis manos y mis pies; soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo».

Y al mismo tiempo les mostró sus manos y sus pies. Y como en medio de tanta alegría no podían creer y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?».

Ellos le ofrecieron un pedazo de pescado asado, y él lo tomó y comió ante ellos. Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba entre ustedes. Tenía que cumplirse lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos respecto a mí».

Entonces les abrió la mente para que lograran entender las Escrituras, y les dijo: «Esto estaba escrito: los sufrimientos de Cristo, su resurrección de entre los muertos al tercer día, y la predicación que ha de hacerse en su nombre a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, invitándolas a que se conviertan y sean perdonadas de sus pecados. Y ustedes son testigos de todo esto”.


ANTIFONA DE COMUNIÓN: Mateo 28, 20

Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya
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A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS QUE ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:

POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál puede ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué puedo mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién puedo estar lastimando en este día, a quién le estoy haciendo sufrir? ¿A quién puedo estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién puedo ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor?

POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades?


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