“Se llevan a las jóvenes y hacen lo que quieren”: grave crisis en Guerrero, México

noviembre 12, 2014

.

Yo amo México, no a la violencia

Yo amo México. No a la violencia

.

Manifestó que la Iglesia de Altamirano, Guerrero, ha vivido en carne propia el robo, el secuestro, la extorsión y el asesinato de tres sacerdotes y dos aspirantes al Seminario.

.

MÉXICO D.F., 11 Nov. 14 / 06:01 am (ACI).- La diócesis de Ciudad Altamirano (México) hizo un urgente llamado de auxilio a las autoridades de gobierno en todos sus niveles, para que atiendan a los pueblos de la Sierra de Guerrero, y así evitar enfrentamientos violentos, considerando que los habitantes de algunas localidades han decidido levantarse en armas a manera de protesta por las graves condiciones de marginación e inseguridad.

Según señala el Servicio Informativo de la Arquidiócesis de México, SIAME, los vecinos del poblado de Lindavista, en el municipio de San Miguel Totolapan, incluyendo niños y jóvenes, han decidido protegerse por sus propios medios, utilizando armas de bajo calibre, machetes, armas blancas, palos, etc., “cansados del abandono del gobierno y del acoso de los grupos delincuenciales”.

Los habitantes de la zona, conocida como “Tierra caliente”, aseguraron en un comunicado que quieren vivir en paz, libertad para trabajar y salir adelante, por lo que exigen a los gobiernos estatal y federal que no los dejen en la marginación y el olvido, e invitan a los pueblos vecinos a unirse a “la lucha por la paz social”.

El P. Fidencio Avellaneda Reynoso, coordinador de la Pastoral de la Comunicación en la diócesis de Ciudad Altamirano, dijo al semanario Desde la fe que la situación es preocupante en la mayoría de las localidades que pertenecen al municipio de San Miguel Totolapan por la presencia de grupos del crimen organizado como la Familia Michoacana, Guerreros Unidos y otros que “buscan vivir de la extorsión, el secuestro y el narcotráfico”.

“Llegan a hacer atropellos, se pelean por los terrenos de esa zona, se dedican a sembrar enervantes, amapola, atemorizan a la población, saquean hogares, escuelas, se llevan a las jóvenes y hacen con ellas lo que quieren, sin que los papás puedan defenderlas; ya ha habido asesinatos de algunos que lo intentaron, porque esa gente tiene armas de grueso calibre”, denunció el sacerdote.

Todo esto ocurre sin que las autoridades pongan los ojos en la alejada Sierra de Guerrero, que se ha convertido en “tierra de nadie”, dejando a los pobladores sin fuente de trabajo, viéndose obligados a cerrar sus negocios y emigrar porque ya no soportan las extorsiones.

“Hacemos un llamado, como Iglesia Católica, a los gobiernos municipal, estatal y federal, a que se atienda a estas comunidades, a considerar las demandas sociales, donde buscan, mediante la educación, salir adelante, superándose en todos los sentidos; buscan paz y progreso para sus familias.

Necesitan atención, servicios, oportunidades de vida y de educación. Los maestros van dos o tres días por semana… ¿cuándo se va a llevar a cabo el programa académico entre las muchas cosas, que se viven?”, destaca el P. Avellaneda.

Manifestó que la Iglesia de Altamirano, Guerrero, ha vivido en carne propia el robo, el secuestro, la extorsión y el asesinato de tres sacerdotes y dos aspirantes al Seminario.

“Hasta la fecha –dijo– las autoridades no han podido aclarar ninguno de los casos, atribuyendo esto a que no hay fuentes donde investigar, y, como al primer encargado de indagar el asesinato del P. Habacuc lo mataron a los tres días, nadie se ha querido meter a investigar esos casos”.

Relató que incluso el mismo Obispo de Ciudad Altamirano, Mons. Maximino Martínez Miranda, ha sido víctima de la violencia.

“En una ocasión había un encuentro de provincia en Acapulco, íbamos cuatro sacerdotes con el Obispo cuando nos asaltaron y nos quitaron el vehículo, nos preguntaban si pertenecíamos a un grupo criminal, porque entre ellos se ‘respetan’, y nos dejaron a pie; tuvieron que regresar otros sacerdotes por nosotros”.

El P. Avellaneda Reynoso insistió en que el deseo de la Iglesia es trabajar por la paz, “pero no estamos de acuerdo con que las personas tomen las armas, no es un camino que lleve a la paz, sino que va a generar más violencia, más enfrentamientos”.

El sacerdote alentó a los fieles a orar constantemente, para lo cual resaltó dos importantes eventos: el Congreso Eucarístico que se celebrará del 17 al 29 de este mes de noviembre y la Hora Santa en la que el día 22 toda la diócesis se unirá en oración para pedir que terminen los conflictos y llegue la paz.

El responsable de comunicación informó que el Obispo ya ha designado un nuevo sacerdote para la Parroquia San Miguel Arcángel, del pueblo de San Miguel Totolapan, en sustitución del P. J. Ascensión Acuña Osorio, asesinado el pasado 22 de septiembre.

“Las familias están esperando a su nuevo sacerdote; ellas están muy heridas y necesitan mucho de su ayuda; no tienen la culpa de la muerte del P. Ascensión, sino los grupos criminales que le habían pedido 300 mil pesos, y como sólo pudo juntar 50 mil, fue motivo suficiente para asesinarlo”, explicó.

Al preguntarle si hay temor por hacer este tipo de denuncias, respondió que “sí, pero tenemos que decir una palabra, no podemos quedarnos callados ante la injusticia, ante la situación que se está viviendo; nos hemos mantenido muchas veces callados y no es por ahí, tenemos que aprender a correr el riesgo por el bien de la misma gente”.

Manifestó que debido a la problemática que se presenta en todo el Estado de Guerrero, la Provincia Eclesiástica de Acapulco ha dado instrucciones al presbiterio y grupos de laicos para que tomen algunas medidas de seguridad.

Entre las indicaciones están: avisar adónde van, saber con quién se dirigen, qué personas de la comunidad van por el sacerdote, no andar de noche, y cuando haya necesidad de hacerlo ir acompañado por una o dos personas, así como estar en constante comunicación con sacerdotes vecinos y el Obispo.

 


El maná de cada día, 12.11.14

noviembre 12, 2014

Miércoles de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

Fiesta de San Millán, ermitaño y sacerdote

Señor Jesucristo, que nos has dado a San Millán como primer “Padre y Patrón” de las tierras de España. Te pedimos que por su intercesión nos protejas y nos defiendas en las batallas de la vida.

Sé nuestra protección contra el mal y sus trampas. Que como San Millán sepamos ser generosos. Que no nos falte salud, trabajo ni pan. Sé nuestra luz para que vivamos con fe y lleguemos a la santidad. Amén.

Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias



PRIMERA LECTURA: Tito 3, 1-7

Recuérdales que se sometan al gobierno y a las autoridades, que los obedezcan, que estén dispuestos a toda forma de obra buena, sin insultar ni buscar riñas; sean condescendientes y amables con todo el mundo.

Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género, nos pasábamos la vida fastidiando y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros.

Mas cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador.

Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de la vida eterna.


SALMO 22, 1-3a.3b-4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.


Aclamación antes del Evanelio: 1 Tesalonicenses 5, 18

Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.


EVANGELIO: Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»

Al verlos, les dijo: «ld a presentaros a los sacerdotes.»

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»

Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»
.
.

SÉ AGRADECIDO

Con todo y con todos. También con los que te hacen daño o algún mal, porque si sabes aprovechar eso que tú llamas ofensas ganarás un bien espiritual para tu alma mucho mayor que el daño que quizá te hayan podido hacer.

Hay que agradecer lo grande y lo pequeño, lo bueno y lo malo, porque en todo está Dios. Comienza tu jornada agradeciendo al buen Dios todo lo que te viene de Él. A lo largo del día no te olvides de renovar ese agradecimiento y reconducirlo todo a Él. Por la noche, que el momento final de tu examen de conciencia sea también de profunda gratitud.

La gratitud nace bien enraizada en esa humildad que sabe atisbar en todo a Dios. Agradecer es reconocer el bien que hace Dios en otros y en uno mismo; es devolver a Dios esa creación que salió de sus manos.

La gratitud es, sobre todo, una actitud ante la vida, las personas y los acontecimientos que va dejando en el alma un poso de alegría y de fe sencilla en la providencia de Dios. Crece en tu conciencia de hijo de Dios y sentirás cada vez con más fuerza la necesidad de agradecer a este buen Padre todos sus desvelos.

Acuérdate de aquel leproso, el único de los diez curados, que volvió glorificando a Dios a grandes voces y que, cayendo a los pies de Cristo, con el rostro en tierra, le dio las gracias (cf. Lc 17, 15-16).

No seas tú de aquellos otros leprosos que, curados, no volvieron agradecidos, y que arrancaron del corazón de Cristo aquella dolorosa queja: “¿No han sido diez los curados? Los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?” (Lc 17, 17).

(Lo remarcado es mío)

www.mater-dei.es


A %d blogueros les gusta esto: