Segundo día del Sínodo: Ya han intervenido 70 obispos

octubre 8, 2014

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Sínodo de la Familia

Sínodo de la Familia

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Segundo día del Sínodo: Ya 70 obispos realizaron sus intervenciones

Lograr que el matrimonio sea válido, fructífero y que transmita la fe

Por H. Sergio Mora

CIUDAD DEL VATICANO, 07 de octubre de 2014 (Zenit.org) – El segundo día del Sínodo sobre la familia, convocado por el papa Francisco, se ha realizado este martes. Son dos reuniones o congregaciones cada día; ayer lunes se desarrollaron las dos primeras y este martes las dos siguientes.

Entre ayer y hoy más de 70 obispos realizaron sus intervenciones, cuyos contenidos fueron transmitidos, esta mañana, a los periodistas en una conferencia realizada en la Sala de Prensa de la Santa Sede.

Presentes el cardenal Vicent Nichols, y el patriaca Boutros Bechara; el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi y otros dos portavoces, uno para el idioma inglés, padre Thomas Rosica y otro para el español, padre Manuel Dorantes, quienes respondieron también a las preguntas de los periodistas.

Durante la tercera congregación general ha proseguido el debate siguiendo el orden del Instrumentum Laboris, que hoy indicaba: “Evangelio de la familia y ley natural” y “La familia y la vocación de la persona en Cristo”.

Los padres sinodales realizaron diversas intervenciones, indicó el padre Lombardi, comenzando por la necesidad del lenguaje que la Iglesia tiene que usar para explicar la voluntad de Dios, así como para incentivar el Evangelio de la familia.

Entretanto, los padres sinodales reiteraron que “no es suficiente cambiar el vocabulario si luego no se consigue crear un puente de diálogo efectivo con los fieles” .

Se planteó también la necesidad, indicó el portavoz, de “realizar un camino, gradual, en el que los fieles se acercan al ideal de la familia y matrimonio cristiano como es indicado en el Magisterio de la Iglesia”.

Se invitó además a reconocer el apoyo positivo que significa la experiencia de las personas, así como a fortalecer las etapas de la vida cristiana, de manera que haya una continuidad y coherencia en el matrimonio y en la familia.

De manera que el matrimonio “no sólo sea válido, sino también fructífero, porque hay que transmitir una visión del matrimonio no sólo como punto de llegada, sino como un camino hacia una meta más alta, un camino de crecimiento personal”.

El padre Lombardi, añadió que los padres sinodales indicaron: “Hay que acompañar constantemente a los cónyuges en su itinerario de vida, a través de una pastoral familiar intensa y vigorosa”. Y si fuera el caso “sin miedo a que eventualmente disminuya el número de bodas celebradas en la Iglesia”.

Otro padre sinodal habló de la importancia de “verificar que existan condiciones para el matrimonio, ser exigentes para aceptar a las parejas que se acercan al matrimonio en la Iglesia”.

Entre las ideas que expusieron los padres sinodales figura que “la Iglesia debe ofrecer su enseñanza de forma más incisiva, presentando la doctrina no como una lista de prohibiciones, sino haciéndose más cercana a los fieles, como hacía Jesús”.

“Debemos enfocar más lo positivo que la prohibición, más la propuesta que la norma. También el valor de la sexualidad dentro del matrimonio”.

Muchos dieron ejemplos de pastoral familiar con servicio de preparación a la familia, o de acompañamiento de las familias en dificultad, para que no se sientan abandonados. También se habló sobre las situaciones conflictivas y las repercusiones en la vida familiar, como en el caso de las migraciones.

En cuanto al acercamiento a la Eucaristía de los divorciados que se han vuelto a casar, se indicó que la comunión no es el sacramento de los perfectos, sino de aquellos que están en camino, y  sobre este tema se seguirá profundizando.

Al igual que ayer por la tarde, se ha indicado que es necesario escuchar las experiencias de las parejas casadas, porque sus luchas y sus fracasos no pueden ser ignorados; al contrario, pueden ser el fundamento de una teología real, verdadera.

Otros puntos han sido la importancia de la catequesis para las familias, especialmente para los niños, y de la oración entre las paredes domésticas que da lugar a una verdadera y propia generación de la fe, transmitiéndola de padres a hijos.

Se ha hablado también de otros temas, como los retos de la familia delante de la revolución informática, de los problemas de los sacerdotes católicos de rito oriental que son casados y de la asistencia que a veces necesitan, o del problema de la poligamia en África.

Varias intervenciones en el Sínodo subrayaron la importancia misionera del evangelio de la familia y manifestaron gratitud por el empeño de los movimientos.


El maná de cada día, 8.10.14

octubre 8, 2014

Miércoles de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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La oración es personal, pero de ella participan nuestros hermanos

La oración es personal, pero de ella participan nuestros hermanos

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PRIMERA LECTURA: Gálatas 2, 1-2.7-14

Transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén en compañía de Bernabé, llevando también a Tito. Subí por una revelación. Les expuse el Evangelio que predico a los gentiles, aunque en privado, a los más representativos, por si acaso mis afanes de entonces o de antes eran vanos.

Al contrario, vieron que Dios me ha encargado de anunciar el Evangelio a los gentiles, como a Pedro de anunciarlo a los judíos; el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos me capacita a mí para la mía entre los gentiles.

Reconociendo, pues, el don que he recibido, Santiago, Pedro y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de solidaridad, de acuerdo en que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los judíos. Una sola cosa nos pidieron: que nos acordáramos de sus pobres, esto lo he tomado muy a pecho.

Pero cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que encararme con él, porque era reprensible. Antes de que llegaran ciertos individuos de parte de Santiago, comía con los gentiles; pero cuando llegaron aquéllos, se retrajo y se puso aparte, temiendo a los partidarios de la circuncisión. Los demás judíos lo imitaron en esta simulación, tanto que el mismo Bernabé se vio arrastrado con ellos a la simulación.

Ahora que cuando yo vi que su conducta no cuadraba con la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos: «Si tú, siendo judío, vives a lo gentil y no a lo judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a las prácticas judías?»


SALMO 116, 1.2

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.


Aclamación antes del Evangelio: Rm 8, 15bc

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «!Abba¡, Padre.»


EVANGELIO: Lucas 11, 1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo: «Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.”»


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PADRE NUESTRO

P. Francisco Fernández Carvajal

Oración y fraternidad

La oración es personal, pero de ella participan nuestros hermanos. El recogimiento y la soledad interior no son obstáculo para que, de algún modo, los demás hombres estén presentes mientras oramos. El Señor nos enseñó a decir Padre nuestro, porque compartimos la dignidad de hijos con todos nuestros hermanos.

Padre nuestro. Y el Señor ya nos había dicho28 que si en el momento de orar nos acordáramos de que uno de nuestros hermanos tenía alguna queja contra nosotros, debíamos primero hacer las paces con él. Entonces aceptaría nuestra ofrenda.

Tenemos derecho a llamar Padre a Dios si tratamos a los demás como hermanos, especialmente a aquellos con quienes nos unen lazos más estrechos, con los que más nos relacionamos, con los más necesitados…, con todos. Porque si alguno dice: amo a Dios, pero aborrece a su hermano, escribe San Juan, miente. Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve29.

«No podéis llamar Padre nuestro al Dios de toda bondad –señala San Juan Crisóstomo–, si conserváis un corazón duro y poco humano, pues, en tal caso, ya no tenéis en vosotros la marca de bondad del Padre celestial»30.

Cuando decimos a Dios: Padre nuestro no le presentamos solamente nuestra pobre oración, sino también la adoración de toda la tierra. Por la Comunión de los Santos sube ante Dios una oración permanente en nombre de la humanidad. Oramos por todos los hombres, por los que nunca supieron orar, o ya no saben, o no quieren hacerlo.

Prestamos nuestra voz a quienes ignoran o han olvidado que tienen un Padre todopoderoso en los Cielos. Damos gracias por aquellos que se olvidan de darlas. Pedimos por los necesitados que no saben que tienen tan cerca la fuente de las gracias.

En nuestra oración vamos cargados con las inmensas necesidades del mundo entero. En nuestro recogimiento interior, mientras nos dirigimos a nuestro Padre Dios, nos sentimos como delegados de todos los que padecen necesidad, especialmente de aquellos que Dios puso a nuestro lado o a nuestro cuidado.

También nos será de gran consuelo considerar que cada uno de nosotros participa de la oración de todos los hermanos. En el Cielo tendremos la alegría de conocer a todos aquellos que intercedieron por nosotros, y también la cantidad incontable de cristianos que ocupaban nuestro lugar cuando nos olvidábamos de hacerlo, y que de este modo nos han obtenido gracias que no hemos pedido. ¡Cuántas deudas por saldar!

La oración del cristiano, aunque es personal, nunca es aislada. Decimos Padre nuestro, e inmediatamente esta invocación crece y se amplifica en la Comunión de los Santos.

Nuestra oración se funde con la de todos los justos: con la de aquella madre de familia que pide por su hijito enfermo, con la de aquel estudiante que reclama un poco de ayuda para su examen, con la de aquella chica que desea ayudar a su amiga para que haga una buena Confesión, con la de aquel que ofrece su trabajo, con la del que ofrece precisamente su falta de trabajo.

En la Santa Misa, el sacerdote reza con los fieles las palabras del Padrenuestro. Y consideramos que, con las diferencias horarias de los distintos países, se está celebrando continuamente la Santa Misa y la Iglesia recita sin cesar esta oración por sus hijos y por todos los hombres. La tierra se presenta así como un gran altar de alabanza continua a nuestro Padre Dios por su Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo.

28 Cfr. Mt 5, 23. — 29 1 Jn 4, 20. — 30 San Juan Crisóstomo, Homilía sobre la puerta estrecha.

http://www.homiletica.org


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SERVICIO DE ORACIÓN
O MINISTERIO DE INTERCESIÓN – 98

1. Macarena
2. Julián
3. Carmen
4. Rebeca
5. Chela
6. Ana M.
7. Ali y Cipri
8. Susana
9. Julia R.
10. Anita
11. Jaime
12. Jesús
13. Ángel
14. Marcela
15. Carlos
16. María del Valle y Luis
17. Gerardo

18. Edu, Mónica y Alba

19. + Rubén

20. + Julia A.

21. + Esteban

22. En favor de cuantos se encomienden a nuestras oraciones, por vivos y difuntos.


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