El Papa recuerda a los ancianos que la vejez es un tiempo de gracia

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El Papa: no hay futuro para un pueblo sin el encuentro entre generaciones
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Encuentro del Papa con los ancianos

Cuarenta mil ancianos acudieron a la Plaza de san Pedro para compartir con el papa Francisco y el papa emérito “la bendición de la más larga vida”


CIUDAD DEL VATICANO, 28 de septiembre de 2014 (Zenit.org) – La plaza de san Pedro ha sido protagonista una vez más del abrazo entre el papa emérito y el papa Francisco.

La ocasión ha sido la Jornada de la tercera edad. Ancianos y abuelos procedentes de más de 20 países han compartido la mañana de este domingo, dando testimonio de una vida plena, feliz y al servicio de los demás.

En esta Jornada llamada «La bendición de la larga vida» y organizada por Pontificio Consejo de la Familia ha sido una oportunidad para escuchar los testimonios de abuelos que han encontrado en el “ser abuelos” una verdadera vocación. Dejando de lado el miedo por hacerse mayor o sentirse inútil, estos ancianos han proclamado la alegría de ser mayor.

La música y las canciones para animar esta fiesta, como no podía ser de otra manera, ha estado a cargo de cantantes con cabellos grisáceos. El encargado de entonar la primer canción, ha sido el conocido italiano Andrea Bocelli, con su conocido tema “Con te partirò”.

Después de escuchar los varios testimonios de abuelos y ancianos de distintas partes del mundo, el Santo Padre ha dedicado unas palabras a los presentes, dando las gracias a todos por venir y por la acogida y un gracias especial a Benedicto XVI:

“Yo he dicho muchas veces que me gusta mucho que él viva aquí en el Vaticano, porque era como tener el abuelo sabio en casa”, ha afirmado Francisco.

A continuación, el Pontífice ha destacado uno de los testimonios que se ha escuchado esta mañana en la plaza, la del matrimonio venido de Irak, de una ciudad cercana a Mosul:

“A ellos, todos juntos decimos un gracias especial. Es muy bonito que hayáis venido aquí hoy y un don para la Iglesia, y nosotros os ofrecemos nuestra cercanía, nuestra oración y la ayuda concreta”, ha precisado Francisco.

Además, ha añadido que “la violencia a los ancianos es deshumana, como a los niños. Pero Dios no os abandona. Está con vosotros. Con su ayuda sois y continuaréis siendo memoria para vuestro pueblo. Y también para nosotros, para la gran familia de la Iglesia. Gracias”.

Estos hermanos -ha proseguido el Papa- nos testimonian que también en las pruebas más difíciles, los ancianos que tienen fe son como árboles que continúan dando fruto. Y esto vale también en las situaciones más comunes, donde puede haber otras tentaciones, y otras formas de discriminación.

El Santo Padre ha indicado que la “vejez, de forma particular, es un tiempo de gracia en el que el Señor nos renueva su llamada, nos llama a custodiar y transmitir la fe. Nos llama a rezar, nos llama a interceder, nos llama a ser cercano a quien lo necesita”.

Y es que, ha precisado el Papa, “los abuelos tienen una capacidad para entender las situaciones más difíciles, una gran capacidad. ¡Y cuando rezan por estas situaciones, su oración es fuerte, es poderosa!”.

De este modo, ha proseguido recordando que “los abuelos, que han recibido la bendición de ver los hijos de los hijos, les es concedida una tarea grande: transmitir la experiencia de la vida, la historia de una familia, de una comunidad, de un pueblo; compartir con sencillez una sabiduría y la misma fe: ¡la herencia más preciosa!”

A propósito, el Papa ha mencionado los países donde la persecución religiosa ha sido cruel, donde “han sido los abuelos quienes han llevado a bautizar a los niños a escondidas, a darles su fe”. Ellos, “han salvado la fe en esos países”, ha afirmado.

Pero el anciano no siempre tiene una familia que lo acoge. Por esta razón, el Santo Padre ha pedido que las casas para los ancianos sean “verdaderamente casa y no prisiones”. Así como deben ser “para los ancianos y no para los intereses de otros”. Francisco ha advertido que no “debe haber institutos donde los ancianos viven olvidados, como escondidos, descuidados”.

Asimismo, ha precisado que las residencias de ancianos deberían ser “pulmones” de humanidad en un país, en un barrio, en una parroquia; “deberían ser santuarios de humanidad donde quien es viejo y débil es cuidado y custodiado como un hermano o una hermana mayor”.

Otro aspecto sobre el que el Santo Padre ha reflexionado en su discurso, ha sido sobre el abandono de los ancianos. Por eso ha advertido sobre las veces que se “descarta a los ancianos con actitudes de abandono que son una verdadera y propia eutanasia escondida”.

Esto, ha explicado, “es el efecto de esa cultura del descarte que hace mucho mal al mundo”. Así, “todos estamos llamados a contrarrestar esta venenosa cultura del descarte”.

Como cristianos -ha concluido el Papa- estamos llamados a imaginar, con fantasía y sabiduría, los caminos para afrontar este desafío. “Un pueblo que no custodia a los abuelos y no les trata bien es un pueblo que no tiene futuro”, ha subrayado Francisco.

Pero, también ha exhortado a los ancianos: “tenéis la responsabilidad de mantener vivas estas raíces en vosotros mismos. Con la oración, la lectura del Evangelio, las obras de misericordia”. Así -ha añadido- permanecemos como árboles vivos, que en la vejez no paran de dar fruto.

Finalmente, el Obispo de Roma ha afirmado que “una de las cosas más bellas de la vida de familia, de nuestra vida humana de familia, es acariciar a un niño y dejarse acariciar por un abuelo o una abuela”.

Para culminar la celebración, el Papa ha celebrado la Santa Misa y el rezo mariano del Ángelus.

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Encuentro del Papa Frco... con Bendicto

Encuentro del papa Francisco con el papa emérito Benedicto en el Encuentro de Ancianos

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A continuación la homilía del Santo Padre en la santa misa por los ancianos y abuelos en el encuentro “La bendición de la más larga vida”. Han concelebrado con el Santo Padre cientos de sacerdotes ancianos procedentes de distintas partes del mundo

El Evangelio que acabamos de escuchar, lo acogemos hoy como el Evangelio del encuentro entre los jóvenes y los ancianos: un encuentro lleno de gozo, de fe y de esperanza.

María es joven, muy joven. Isabel es anciana, pero en ella se ha manifestado la misericordia de Dios, y, junto a con su esposo Zacarías, está en espera de un hijo desde hace seis meses.

También en esta ocasión, María nos muestra el camino: ir a visitar a la anciana pariente, para estar con ella, ciertamente para ayudarla, pero también y sobre todo para aprender de ella, que ya es mayor, una sabiduría de vida.

La Primera Lectura recuerda de varios modos el cuarto mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre: así se prolongarán tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar» (Ex 20, 12).

No hay futuro para un pueblo sin este encuentro entre generaciones, sin que los niños reciban con gratitud el testigo de la vida por parte de los padres. Y, en esta gratitud a quien te ha transmitido la vida, hay también un agradecimiento al Padre que está en los cielos.

Hay a veces generaciones de jóvenes que, por complejas razones históricas y culturales, viven más intensamente la necesidad de independizarse de sus padres, casi de «liberarse» del legado de la generación anterior. Es como un momento de adolescencia rebelde.

Pero, si después no se recupera el encuentro, si no se logra un nuevo equilibrio fecundo entre las generaciones, se llega a un grave empobrecimiento del pueblo, y la libertad que prevalece en la sociedad es una falsa libertad, que casi siempre se convierte en autoritarismo.

El mismo mensaje nos llega de la exhortación del apóstol Pablo dirigida a Timoteo y, a través de él, a la comunidad cristiana. Jesús no abolió la ley de la familia y la transición entre las generaciones, sino que la llevó a su plenitud.

El Señor ha formado una nueva familia, en la que, por encima de los lazos de sangre, prevalece la relación con él y el cumplir la voluntad de Dios Padre. Pero el amor por Jesús y por el Padre eleva el amor a los padres, hermanos y abuelos, renueva las relaciones familiares con la savia del Evangelio y del Espíritu Santo.

Y así, san Pablo recomienda a Timoteo, que es Pastor, y por tanto padre de la comunidad, que se respete a los ancianos y a los familiares, y exhorta a que se haga con actitud filial: al anciano «como a un padre», a las ancianas «como a madres» (cf. 1 Tm 5, 1).

El jefe de la comunidad no está exento de esta voluntad de Dios, sino que, por el contrario, la caridad de Cristo le insta a hacerlo con un amor más grande. Como la Virgen María, que aun habiéndose convertido en la Madre del Mesías, se siente impulsada por el amor de Dios, que en ella se está encarnando, a ir de prisa hacia su anciana pariente.

Volvamos, pues, a este «icono» lleno de alegría y de esperanza, lleno de fe, lleno de caridad. Podemos pensar que la Virgen María, estando en la casa de Isabel, habrá oído rezar a ella y a su esposo Zacarías con las palabras del salmo responsorial de hoy:

«Tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud… No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones… Ahora, en la vejez y en las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu poder, tus hazañas a la nueva generación» (Sal 70, 9.5.18).

La joven María escuchaba, y lo guardaba todo en su corazón. La sabiduría de Isabel y Zacarías ha enriquecido su ánimo joven; no eran expertos en maternidad y paternidad, porque también para ellos era el primer embarazo, pero eran expertos de la fe, expertos en Dios, expertos en esa esperanza que de él proviene: esto es lo que necesita el mundo en todos los tiempos.

María supo escuchar a aquellos padres ancianos y llenos de asombro, hizo acopio de su sabiduría, y ésta fue de gran valor para ella en su camino como mujer, esposa y madre.

Así, la Virgen María nos muestra el camino: el camino del encuentro entre jóvenes y ancianos. El futuro de un pueblo supone necesariamente este encuentro: los jóvenes dan la fuerza para hacer avanzar al pueblo, y los ancianos robustecen esta fuerza con la memoria y la sabiduría popular.

 

4 Responses to El Papa recuerda a los ancianos que la vejez es un tiempo de gracia

  1. Anónimo dice:

    El mundo que vivimos es tremendamente práctico. Si hay algo que no es útil o que ha dejado de serlo, se deshecha o se “descarta”. Las cosas se miden en términos de utilidad económica, sin tener en cuenta otros parámetros fundamentales para la vida: la familia, la ecología… Y otros aspectos económicos a largo plazo, como el índice de natalidad, importantísimo para que se pueda mantener un país desarrollado, en el que hay una larga esperanza de vida. Los mayores, en los países desarrollados, no son muy valorados, son más bien, en muchos casos, un estorbo, a menos que sirvan para ocuparse de los nietos. Dejar a los nietos con los abuelos, representa un gran ahorro económico, y permite atender las obligaciones laborales. Por lo que veo en España, nuestra sociedad sería un caos sin los abuelos. Ahora, además, con la crisis, muchos abuelos olvidados han cobrado protagonismo, pues con su pensión, son los que mantienen a familias enteras. Yo comprendo que el encaje de los abuelos en nuestra sociedad, no es fácil, pero hemos de tratar de ser más humanos y sacrificados, con unas personas a las que debemos tanto, y que no nos han pedido nada, si acaso algo de amor y atención en su soledad al borde del ocaso.

  2. Los abuelos en las sociedades que miden todo en términos de utilidad económica, son despreciados. En España, veo que los hijos se aprovechan de ellos para dejar a los nietos a su cargo, cuando aquellos tienen que ir al trabajo, o quieren vivir momentos de ocio, en los que los niños son un estorbo. Ahora, muchos abuelos han cobrado un inesperado protagonismo, porque mantienen a familias enteras con su pensión, dada la crisis económica que vivimos. Si no, por lo general, los abuelos se quedan solos, a cargo de los servicios sociales, que, todo hay que decirlo, suelen funcionar muy bien. Pero eso no es suficiente. Lo que demanda cualquier ser humanó es amor. Y se comprende que el encaje de los mayores en la vida de los jóvenes, es difícil. Pero ellos nos lo han dado todo, y, aunque no sean rentables, y nos estorben, merecen nuestro sacrificio y nuestro cariño, en esos momentos de soledad próxima al ocaso, por la que pasaremos todos

  3. ismaelojeda dice:

    Se agradece el comentario que, por cierto, está inspirado pisando la realidad familiar, social, laboral… Lamento que sea anónimo. Gracias de todas maneras. El Señor te bendiga, p. Ismael

  4. P. Ismael, muchas gracias. El comentario “anónimo” es mío. Pulsé el botón “Publicar”, sin darme cuenta que estaba operando desde un terminal que no suelo utilizar y que no tenía mis datos. Por eso hice un segundo comentario, no tan inspirado, ya con todo en orden.

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