El Papa recuerda a los ancianos que la vejez es un tiempo de gracia

octubre 3, 2014

.
El Papa: no hay futuro para un pueblo sin el encuentro entre generaciones
.

Encuentro del Papa con los ancianos

Cuarenta mil ancianos acudieron a la Plaza de san Pedro para compartir con el papa Francisco y el papa emérito “la bendición de la más larga vida”


CIUDAD DEL VATICANO, 28 de septiembre de 2014 (Zenit.org) – La plaza de san Pedro ha sido protagonista una vez más del abrazo entre el papa emérito y el papa Francisco.

La ocasión ha sido la Jornada de la tercera edad. Ancianos y abuelos procedentes de más de 20 países han compartido la mañana de este domingo, dando testimonio de una vida plena, feliz y al servicio de los demás.

En esta Jornada llamada «La bendición de la larga vida» y organizada por Pontificio Consejo de la Familia ha sido una oportunidad para escuchar los testimonios de abuelos que han encontrado en el “ser abuelos” una verdadera vocación. Dejando de lado el miedo por hacerse mayor o sentirse inútil, estos ancianos han proclamado la alegría de ser mayor.

La música y las canciones para animar esta fiesta, como no podía ser de otra manera, ha estado a cargo de cantantes con cabellos grisáceos. El encargado de entonar la primer canción, ha sido el conocido italiano Andrea Bocelli, con su conocido tema “Con te partirò”.

Después de escuchar los varios testimonios de abuelos y ancianos de distintas partes del mundo, el Santo Padre ha dedicado unas palabras a los presentes, dando las gracias a todos por venir y por la acogida y un gracias especial a Benedicto XVI:

“Yo he dicho muchas veces que me gusta mucho que él viva aquí en el Vaticano, porque era como tener el abuelo sabio en casa”, ha afirmado Francisco.

A continuación, el Pontífice ha destacado uno de los testimonios que se ha escuchado esta mañana en la plaza, la del matrimonio venido de Irak, de una ciudad cercana a Mosul:

“A ellos, todos juntos decimos un gracias especial. Es muy bonito que hayáis venido aquí hoy y un don para la Iglesia, y nosotros os ofrecemos nuestra cercanía, nuestra oración y la ayuda concreta”, ha precisado Francisco.

Además, ha añadido que “la violencia a los ancianos es deshumana, como a los niños. Pero Dios no os abandona. Está con vosotros. Con su ayuda sois y continuaréis siendo memoria para vuestro pueblo. Y también para nosotros, para la gran familia de la Iglesia. Gracias”.

Estos hermanos -ha proseguido el Papa- nos testimonian que también en las pruebas más difíciles, los ancianos que tienen fe son como árboles que continúan dando fruto. Y esto vale también en las situaciones más comunes, donde puede haber otras tentaciones, y otras formas de discriminación.

El Santo Padre ha indicado que la “vejez, de forma particular, es un tiempo de gracia en el que el Señor nos renueva su llamada, nos llama a custodiar y transmitir la fe. Nos llama a rezar, nos llama a interceder, nos llama a ser cercano a quien lo necesita”.

Y es que, ha precisado el Papa, “los abuelos tienen una capacidad para entender las situaciones más difíciles, una gran capacidad. ¡Y cuando rezan por estas situaciones, su oración es fuerte, es poderosa!”.

De este modo, ha proseguido recordando que “los abuelos, que han recibido la bendición de ver los hijos de los hijos, les es concedida una tarea grande: transmitir la experiencia de la vida, la historia de una familia, de una comunidad, de un pueblo; compartir con sencillez una sabiduría y la misma fe: ¡la herencia más preciosa!”

A propósito, el Papa ha mencionado los países donde la persecución religiosa ha sido cruel, donde “han sido los abuelos quienes han llevado a bautizar a los niños a escondidas, a darles su fe”. Ellos, “han salvado la fe en esos países”, ha afirmado.

Pero el anciano no siempre tiene una familia que lo acoge. Por esta razón, el Santo Padre ha pedido que las casas para los ancianos sean “verdaderamente casa y no prisiones”. Así como deben ser “para los ancianos y no para los intereses de otros”. Francisco ha advertido que no “debe haber institutos donde los ancianos viven olvidados, como escondidos, descuidados”.

Asimismo, ha precisado que las residencias de ancianos deberían ser “pulmones” de humanidad en un país, en un barrio, en una parroquia; “deberían ser santuarios de humanidad donde quien es viejo y débil es cuidado y custodiado como un hermano o una hermana mayor”.

Otro aspecto sobre el que el Santo Padre ha reflexionado en su discurso, ha sido sobre el abandono de los ancianos. Por eso ha advertido sobre las veces que se “descarta a los ancianos con actitudes de abandono que son una verdadera y propia eutanasia escondida”.

Esto, ha explicado, “es el efecto de esa cultura del descarte que hace mucho mal al mundo”. Así, “todos estamos llamados a contrarrestar esta venenosa cultura del descarte”.

Como cristianos -ha concluido el Papa- estamos llamados a imaginar, con fantasía y sabiduría, los caminos para afrontar este desafío. “Un pueblo que no custodia a los abuelos y no les trata bien es un pueblo que no tiene futuro”, ha subrayado Francisco.

Pero, también ha exhortado a los ancianos: “tenéis la responsabilidad de mantener vivas estas raíces en vosotros mismos. Con la oración, la lectura del Evangelio, las obras de misericordia”. Así -ha añadido- permanecemos como árboles vivos, que en la vejez no paran de dar fruto.

Finalmente, el Obispo de Roma ha afirmado que “una de las cosas más bellas de la vida de familia, de nuestra vida humana de familia, es acariciar a un niño y dejarse acariciar por un abuelo o una abuela”.

Para culminar la celebración, el Papa ha celebrado la Santa Misa y el rezo mariano del Ángelus.

.

Encuentro del Papa Frco... con Bendicto

Encuentro del papa Francisco con el papa emérito Benedicto en el Encuentro de Ancianos

.

A continuación la homilía del Santo Padre en la santa misa por los ancianos y abuelos en el encuentro “La bendición de la más larga vida”. Han concelebrado con el Santo Padre cientos de sacerdotes ancianos procedentes de distintas partes del mundo

El Evangelio que acabamos de escuchar, lo acogemos hoy como el Evangelio del encuentro entre los jóvenes y los ancianos: un encuentro lleno de gozo, de fe y de esperanza.

María es joven, muy joven. Isabel es anciana, pero en ella se ha manifestado la misericordia de Dios, y, junto a con su esposo Zacarías, está en espera de un hijo desde hace seis meses.

También en esta ocasión, María nos muestra el camino: ir a visitar a la anciana pariente, para estar con ella, ciertamente para ayudarla, pero también y sobre todo para aprender de ella, que ya es mayor, una sabiduría de vida.

La Primera Lectura recuerda de varios modos el cuarto mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre: así se prolongarán tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar» (Ex 20, 12).

No hay futuro para un pueblo sin este encuentro entre generaciones, sin que los niños reciban con gratitud el testigo de la vida por parte de los padres. Y, en esta gratitud a quien te ha transmitido la vida, hay también un agradecimiento al Padre que está en los cielos.

Hay a veces generaciones de jóvenes que, por complejas razones históricas y culturales, viven más intensamente la necesidad de independizarse de sus padres, casi de «liberarse» del legado de la generación anterior. Es como un momento de adolescencia rebelde.

Pero, si después no se recupera el encuentro, si no se logra un nuevo equilibrio fecundo entre las generaciones, se llega a un grave empobrecimiento del pueblo, y la libertad que prevalece en la sociedad es una falsa libertad, que casi siempre se convierte en autoritarismo.

El mismo mensaje nos llega de la exhortación del apóstol Pablo dirigida a Timoteo y, a través de él, a la comunidad cristiana. Jesús no abolió la ley de la familia y la transición entre las generaciones, sino que la llevó a su plenitud.

El Señor ha formado una nueva familia, en la que, por encima de los lazos de sangre, prevalece la relación con él y el cumplir la voluntad de Dios Padre. Pero el amor por Jesús y por el Padre eleva el amor a los padres, hermanos y abuelos, renueva las relaciones familiares con la savia del Evangelio y del Espíritu Santo.

Y así, san Pablo recomienda a Timoteo, que es Pastor, y por tanto padre de la comunidad, que se respete a los ancianos y a los familiares, y exhorta a que se haga con actitud filial: al anciano «como a un padre», a las ancianas «como a madres» (cf. 1 Tm 5, 1).

El jefe de la comunidad no está exento de esta voluntad de Dios, sino que, por el contrario, la caridad de Cristo le insta a hacerlo con un amor más grande. Como la Virgen María, que aun habiéndose convertido en la Madre del Mesías, se siente impulsada por el amor de Dios, que en ella se está encarnando, a ir de prisa hacia su anciana pariente.

Volvamos, pues, a este «icono» lleno de alegría y de esperanza, lleno de fe, lleno de caridad. Podemos pensar que la Virgen María, estando en la casa de Isabel, habrá oído rezar a ella y a su esposo Zacarías con las palabras del salmo responsorial de hoy:

«Tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud… No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones… Ahora, en la vejez y en las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu poder, tus hazañas a la nueva generación» (Sal 70, 9.5.18).

La joven María escuchaba, y lo guardaba todo en su corazón. La sabiduría de Isabel y Zacarías ha enriquecido su ánimo joven; no eran expertos en maternidad y paternidad, porque también para ellos era el primer embarazo, pero eran expertos de la fe, expertos en Dios, expertos en esa esperanza que de él proviene: esto es lo que necesita el mundo en todos los tiempos.

María supo escuchar a aquellos padres ancianos y llenos de asombro, hizo acopio de su sabiduría, y ésta fue de gran valor para ella en su camino como mujer, esposa y madre.

Así, la Virgen María nos muestra el camino: el camino del encuentro entre jóvenes y ancianos. El futuro de un pueblo supone necesariamente este encuentro: los jóvenes dan la fuerza para hacer avanzar al pueblo, y los ancianos robustecen esta fuerza con la memoria y la sabiduría popular.

 


El maná de cada día, 3.10.14

octubre 3, 2014

Viernes de la 26ª semana del Tiempo Ordinario

Señor, tú me sondeas y me conoces



PRIMERA LECTURA: Job 38,1. 12-21;40,3-5

El Señor habló a Job desde la tormenta:

«¿Has mandado en tu vida a la mañana o has señalado su puesto a la aurora, para que agarre la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados, para que la transforme como arcilla bajo el sello y la tiña como la ropa; para que les niegue la luz a los malvados y se quiebre el brazo sublevado?

¿Has entrado por los hontanares del mar o paseado por la hondura del océano? ¿Te han enseñado las puertas de la muerte o has visto los portales de las sombras? ¿Has examinado la anchura de la tierra?

Cuéntamelo, si lo sabes todo. ¿Por dónde se va a la casa de la luz y dónde viven las tinieblas? ¿Podrías conducirlas a su país o enseñarles el camino de casa? Lo sabrás, pues ya habías nacido entonces y has cumplido tantísimos años.»

Job respondió al Señor:

«Me siento pequeño, ¿qué replicaré? Me taparé la boca con la mano; he hablado una vez, y no insistiré, dos veces, y no añadiré nada.»


SALMO 138

Guíame, Señor, por el camino eterno.

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.

¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.

Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha.

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras.


EVANGELIO: Lucas 10, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado.»


.

YO INSTRUÍ A MIS PROFETAS

Tomás de Kempis, Imitación de Cristo 3,3

Escucha, hijo mío, mis palabras, palabras suavísimas, que trascienden toda la ciencia de los filósofos y letrados de este mundo.

Mis palabras son espíritu y son vida, y no se pueden ponderar partiendo del criterio humano.

No deben usarse con miras a satisfacer la vana compla­cencia, sino oírse en silencio, y han de recibirse con hu­mildad y gran afecto del corazón.

Y dije: Dichoso el hombre a quien tú educas, al que en­señas tu ley, dándole descanso tras los anos duros, para que no viva desolado aquí en la tierra.

Yo –dice el Señor– instruí a los profetas desde anti­guo, y no ceso de hablar a todos hasta hoy; pero muchos se hacen sordos a mi palabra y se endurecen en su corazón.

Los más oyen de mejor grado al mundo que a Dios, y más fácilmente siguen las apetencias de la carne que el beneplácito divino.

Ofrece el mundo cosas temporales y efímeras, y, con todo, se le sirve con ardor. Yo prometo lo sumo y eterno, y los corazones de los hombres languidecen presa de la inercia.

¿Quién me sirve y obedece a mí con tanto empeño y diligencia como se sirve al mundo y a sus dueños?

Sonrójate, pues, siervo indolente y quejumbroso, que aquéllos sean más solícitos para la perdición que para la vida.

Más se gozan ellos en la vanidad que tú en la verdad. Y, ciertamente, a veces quedan fallidas sus esperanzas; en cambio, mi promesa a nadie engaña ni deja frustrado al que funda su confianza en mí.

Yo daré lo que tengo prometido, lo que he dicho lo cumpliré. Pero a condición de que mi siervo se mantenga fiel hasta el fin.

Yo soy el remunerador de todos los buenos, así como fuerte el que somete a prueba a todos los que llevan una vida de intimidad conmigo.

Graba mis palabras en tu corazón y medítalas una y otra vez con diligencia, porque tendrás gran necesidad de ellas en el momento de la tentación.

Lo que no entiendas cuando leas lo comprenderás el día de mi visita. Porque de dos medios suelo usar para visitar a mis elegidos: la tentación y la consolación.

Y dos lecciones les doy todos los días: una consiste en reprender sus vicios, otra en exhortarles a progresar en la adquisición de las virtudes.

El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue en el último día.

.


.

SERVICIO DE ORACIÓN
O MINISTERIO DE INTERCESIÓN – 93

1. Macarena
2. Julián
3. Carmen
4. Rebeca
5. Chela
6. Ana M.
7. Ali y Cipri
8. Susana
9. Julia R.
10. Anita
11. Jaime
12. Jesús
13. Ángel
14. Marcela
15. Carlos
16. María del Valle y Luis
17. Gerardo

18. Edu, Mónica y Alba

19. + Rubén

20. + Julia A.

21. + Esteban

22. En favor de cuantos se encomienden a nuestras oraciones, por vivos y difuntos.


A %d blogueros les gusta esto: