El maná de cada día, 27.6.14

El Sagrado Corazón de Jesús, solemnidad

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Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades



Antífona de entrada Sal 32, 11. 19

Los proyectos del corazón del Señor subsisten de edad en edad, para librar las vidas de sus fieles de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.


Oración colecta

Oh Dios, que en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad, te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 7, 6-11

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: «Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad.

Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto.

Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona.

Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy.»


SALMO 102, 1-2.3-4.6-7.8.10

La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos.

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.

El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.


SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 4, 7-16

Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados.

Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.

Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 29ab

Cargad con mi yugo y aprended de mí –dice el Señor–, que soy manso y humilde de corazón.


EVANGELIO: Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.

Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»


Antífona de comunión: Jn 19, 34

Uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

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EN TI ESTÁ LA FUENTE VIVA

San Buenaventura. Opúsculo 3, El árbol de la vida 29-30.4

Y tú, hombre redimido, considera quién, cuál y cuán grande es éste que está pendiente de la cruz por ti. Su muerte resucita a los muertos, su tránsito lo lloran los cie­los y la tierra, y las mismas piedras, como movidas de compasión natural, se quebrantan.

¡Oh corazón humano, más duro eres que ellas, si con el recuerdo de tal víctima ni el temor te espanta, ni la compasión te mueve, ni la compunción te aflige, ni la piedad te ablanda!

Para que del costado de Cristo dormido en la cruz se formase la Iglesia y se cumpliese la Escritura que dice: Mirarán al que atravesaron, uno de los soldados lo hirió con una lanza y le abrió el costado.

Y fue permisión de la divina providencia, a fin de que, brotando de la herida san­gre y agua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del corazón, diese a los sa­cramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese para los que viven en Cristo como una co­pa llenada en la fuente viva, que salta hasta la vida eterna.

Levántate, pues, alma amiga de Cristo, y sé la paloma que anida en la pared de una cueva; el gorrión que ha encontrado una casa y no deja de guardarla; sé la tórtola que esconde los polluelos de su casto amor en aquella abertura sacratísima.

Aplica a ella tus labios para que bebas el agua de las fuentes del Salvador. Porque ésta es la fuente que mana en medio del paraíso y, dividida en cuatro ríos que se derraman en los corazones amantes, riega y fecunda toda la tierra.

Corre, con vivo deseo, a esta fuente de vida y de luz, quienquiera que seas, ¡oh alma amante de Dios!, y con toda la fuerza del corazón exclama:

«¡Oh hermosura inefable del Dios altísimo, resplandor purísimo de la eterna luz! ¡Vida que vivificas toda vida y luz que iluminas toda luz y conservas en perpetuo resplandor millares de luces, que desde la primera aurora fulguran ante el trono de tu divinidad!

¡Oh eterno e inaccesible, claro y dulce manantial de la fuente oculta a los ojos mortales, cuya profundidad es sin fondo, cuya altura es sin término, su anchura ilimitada y su pureza imperturbable!

De ti procede el río que alegra la ciudad de Dios, para que, con voz de regocijo y gratitud, te cantemos himnos de alabanza, probando por experiencia que en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz.

3 Responses to El maná de cada día, 27.6.14

  1. FRANCISCO JOSÉ AUDIJE PACHECO dice:

    Hoy, en esta festividad especial, se nos insiste mucho sobre el amor. No es algo coyuntural, el amor es el centro de la creación y la realidad sobre la que gira la vida de los hombres, y es así porque Dios es amor. Pero Dios no es un amor, Dios es el amor. Y también se nos explica hoy como es el amor, como es Dios. Somos un pueblo despreciable e insignificante, porque hemos viciado voluntariamente el verdadero sentido de nuestra vida, que es hacernos el bien mutuamente con el único interés de amar, que significa pensar antes en el interés del prójimo que en el mío propio. Pero, a pesar de que negamos a Dios y nos negamos a nosotros mismos, porque no queremos cumplir con la misión para la que fuimos creados, Dios nos ama, no nos desprecia ni se olvida de nosotros, como mereceríamos, según el rasero que nosotros empleamos. El verdadero amor es el que da otra oportunidad, porque perdona, porque comprende la miseria del otro. Vivimos en los tiempos del “usar y tirar”. Así es como interpretamos el amor hoy, como algo que utilizamos, pero cuando decidimos egoístamente, que el amor ha cumplido su servicio, nos deshacemos de él. Lo hemos usado, pero ya no nos sirve más, ya no nos satisface, ahora toca comprar otro a estrenar. Este no es el amor de Dios. El amor de Dios es para siempre, para toda la vida, porque es un proyecto de vida, no es solo sexo, el que limita su amor a la cama, se pierde lo hermoso y bello que es el amor, porque el que ama de verdad, el que ama como Dios, ve más allá de la piel, atraviesa lo meramente carnal y se queda en el corazón, en lo más íntimo de nuestro ser. El que ama como es debido, ama con el corazón, no puede amar con ninguna otra víscera, aunque, en un principio, el aspecto carnal pueda servir de gancho. Pero no debemos quedarnos ahí, en lo superficial, pues si lo hacemos, no sacaremos el jugo que tiene la vida, seremos desgraciados y, lo peor, haremos desgraciados a los demás. Amemos como Cristo, que entregó toda su vida por amor a la humanidad, que vino, no a aprovecharse de nosotros, sino a que nosotros nos aprovecháramos de Él.

  2. Clara De María dice:

    Muchas gracias Padre Isma, por acogerme en su blog. La fiesta del Corazón. Otro bello pasaje. Jesús es sorprendido hablando con el Padre. Expresando sus sentimientos con el Padre. “Te doy gracias, Padre, Señor de cielos y tierra porque has escondido a los sabios y entendidos y te has revelado a la gente sencilla…” No es la inteligencia la que entiende el misterio del amor. Sino que es el corazón. Por eso no son los grandes sabios los que mejor entienden el misterio del corazón de Dios. Los que entienden el misterio de Dios son los sencillos, los que no saben mucho, pero tienen un corazón grande para amar.
    Porque la Pasión y Muerte de Jesús es cosa del amor de Dios. La Pasión y muerte de Jesús es cosa del corazón de Dios. Al amor solo lo entiende el amor. Y al corazón solo lo entiende el corazón. Los sencillos no entenderán grandes ideas, ni teologías. Los sencillos son capaces de “tener los mismos sentimientos que Cristo Jesús”. Entienden que se puede cargar con el yugo de Jesús, porque es YUGO DE AMOR. Aprenden la mansedumbre y humildad del corazón. Y encuentran descanso, alivio, alegría, gozo y esperanza en el corazón de Dios.
    Muchas veces nos hemos sorprendido de la vida sencilla y gozosa de hombres y mujeres, que apenas han cursado el tercer año de primaria; y llevan una vida ejemplar en la comunidad y en la iglesia. ¿ Es posible que aprendamos de ellos?
    Un abrazo. P. Isma.

  3. ismaelojeda dice:

    Muchas gracias, Clara, por tu comentario y también por tu testimonio de vida cristiana y de experiencia del amor de Dios. Los humildes y sencillos captan el amor de Jesús y llegan hasta la fuente de Dios Padre. Un abrazo y que Dios te bendiga, p. Ismael

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