La homilí­a del Papa en Calabria: Los mafiosos están excomulgados

junio 23, 2014

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Éste es el pan que ha bajado del cielo

Éste es el pan que ha bajado del cielo: Adorar a Jesús Eucaristía y caminar como discípulos suyos cumpliendo su mandato del Amor

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Texto completo con las improvisaciones que el Santo Padre hizo contra la criminalidad local N’drangheta

Por Redacción

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ROMA, 21 de junio de 2014 (Zenit.org) – En la visita del papa Francisco a Calabria, en el trayecto realizado desde Cassano all’Jonio hacia Marina de Sibari, el auto se detuvo en la iglesia parroquial San Giuseppe, donde el sacerdote diocesano Lazzaro Longobardi fue asesinado el 3 de marzo pasado por un inmigrante.

Llegado a la planicie de la ex-área industrial, en la Piana di Sibari, a las 16 horas, el papa Francisco presidió la santa misa, concelebrada con los obispos de Calabria y cientos de sacerdotes. El evangelio fue proclamado en griego, porque en esta región existen comunidades de origen albanés pertenecientes a los ritos católicos orientales.

El Papa dirigió a los fieles la siguiente homilía, en la que improvisó algunas frases muy duras contra la criminalidad, la mafia local llamada N’drangheta.

Palabras del Santo Padre:

“En la fiesta del Corpus Domini celebramos a Jesús ‘pan vivo bajado del cielo’, alimento para nuestra hambre de vida eterna, fuerza para nuestro camino. Agradezco al Señor que hoy me permite celebrar el Corpus Christi con ustedes, hermanos y hermanas de esta Iglesia que está en Cassano all Jonio.

La de hoy es la fiesta en la cual la Iglesia alaba al Señor por el don de la Eucaristía. Mientras que el jueves santo recordamos su institución en la Última Cena, hoy predomina la acción de gracias y la adoración. De hecho es tradicional en este día la procesión con el Santísimo Sacramento.

Adorar a Jesús Eucaristía y caminar con Él. Estos son dos aspectos inseparables de la fiesta de hoy, dos aspectos que dan fisonomía a toda la vida del pueblo cristiano: un pueblo que adora a Dios y camina con Él, que no se queda quieto, camina.

Primero de todo nosotros somos un pueblo que adora a Dios. Nosotros adoramos a Dios que es amor, que en Jesucristo se ha dado a sí mismo por nosotros, se ha ofrecido en la cruz para expiar nuestros pecados y por la potencia de este amor ha resucitado de la muerte y vive en su Iglesia. Nosotros no tenemos otro Dios fuera de esto.

Cuando a la adoración del Señor le sustituye la adoración del dinero, se abre el camino al pecado, al interés personal y al abuso. Cuando no se adora a Dios, el Señor, uno se vuelve adorador del mal, como los que viven de criminalidad y violencia.

Vuestra tierra tan hermosa conoce las heridas de este pecado, la N’drangheta es esto: la adoración del mal y el desprecio del bien común (aplausos).

Este mal se combate, se aleja, es necesario decirle “no”. La Iglesia que está tan empeñada en educar las conciencias tiene siempre que emplearse para que el bien pueda prevalecer. Nos lo piden nuestros jóvenes, lo solicitan nuestros jóvenes necesitados de esperanza.

Para responder a estas exigencias la fe nos puede ayudar. Los que han tomado este mal camino en su vida, como los mafiosos, no están en comunión con Dios, están excomulgados.

Hoy lo confesamos con la mirada dirigida al Corpus Christi, al sacramento del altar. Y por esta fe nosotros renunciamos a Satanás y a todas sus seducciones, a los ídolos, al dinero, a la vanidad del poder.

Nosotros cristianos no queremos adorar nada ni nadie en este mundo que no sea Jesucristo y que está presente en la sagrada eucaristía.

Quizás no siempre nos damos cuenta hasta el fondo de lo que significa esto, de las consecuencias que tiene o debería tener esta nuestra profesión de fe.

Esta fe en la presencia real de Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre en el pan y vino consagrado es auténtica si nos empeñamos en caminar detrás de Él y con Él. Adorar y caminar. Un pueblo que adora y un pueblo que camina.

Caminar con Él y detrás de Él, intentando poner en práctica su mandamiento, el que ha dado a los discípulos justamente en la Última Cena. ‘Como yo los he amado, así ustedes ámense los unos a los otros’.

El pueblo que adora a Dios en la eucaristía es el pueblo que camina en la caridad. Adorar a Dios en la eucaristía, caminar con Dios en la caridad fraterna.

Hoy como obispo de Roma estoy aquí para confirmarlos no solamente en la fe pero también para acompañarles y animarles en el camino con Jesús Caridad.

Quiero expresar mi apoyo al obispo, a los presbíteros y diáconos de esta Iglesia, y también a la Eparchia de Lungro, de rica tradición griego-bizantina.

Y lo hago extensivo a todos, los pastores y fieles de la Iglesia en Calabria, empeñada con coraje en la evangelización y en favorecer estilos de vida e iniciativas que pongan al centro las necesidades de los pobres y de los últimos.

Y lo extiendo también a las autoridades civiles que intentan vivir el empeño político y administrativo para dar un servicio al bien común.

Los animo a todos a dar testimonio de solidaridad concreta con los hermanos, especialmente con los más necesitados de justicia, de esperanza, de ternura. La ternura de Jesús, la ternura eucarística, este amor tan delicado, tan fraternal y tan puro.

Gracias a Dios hay muchas señales de esperanza en vuestras familias, en las parroquias, en las asociaciones, en los movimientos eclesiales. El Señor Jesús no deja de suscitar gestos de caridad en su pueblo en camino.

Un signo concreto de esperanza es el Proyecto Policoro, para jóvenes que quieren ponerse en juego y crear posibilidades de trabajar para sí y para los otros. Ustedes, queridos jóvenes, no se dejen robar la esperanza. Lo he dicho tantas veces y lo repito: no se dejen robar la esperanza.

Adorando a Jesús en vuestros corazones y quedando unidos a Él sabrán oponerse al mal, a las injusticias, a la violencia con la fuerza del bien, de la verdad y de la belleza.

Queridos hermanos y hermanas, la eucaristía nos ha reunido aquí. El Cuerpo del Señor hace de nosotros una sola cosa, una sola familia. El Pueblo de Dios reunido en torno a Jesús, pan de vida.

Lo que he dicho a los jóvenes lo digo también a todos: si adoraran a Cristo y caminaran detrás de Él, y con Él, vuestra Iglesia diocesana y estas parroquias crecerán en la fe y en la caridad, en la alegría de evangelizar.

Serán una Iglesia en la cual padres, madres, sacerdotes, religiosos, catequistas, niños, ancianos, jóvenes… caminan uno al lado del otro, se apoyan, se ayudan, se aman como hermanos, especialmente en los momentos de dificultad.

María nuestra Madre, mujer eucarística, que se venera en tantos santuarios, especialmente en el de Castrovillari, les precede en esta peregrinación de la fe. Ella les ayude siempre a quedarse unidos para que, también a través de vuestro testimonio, el Señor pueda seguir dando la vida al mundo. Que así sea”.

(Aplausos)

(Texto traducido y completado debobinando la homilía por H. Sergio Mora)

 


El maná de cada día, 23.6.14

junio 23, 2014

Lunes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

La medida que uséis, la usarán con vosotros

La medida que uséis, la usarán con vosotros



PRIMERA LECTURA: 2 Reyes 17, 5-8.13-15a.18

En aquellos días, Salmanasar, rey de Asiria, invadió el país y asedió a Samaria durante tres años.

El año noveno de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaria, deportó a los israelitas a Asiria y los instaló en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de Media.

Eso sucedió porque, sirviendo a otros dioses, los israelitas habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de Egipto, del poder del Faraón, rey de Egipto; procedieron según las costumbres de las naciones que el Señor había expulsado ante ellos y que introdujeron los reyes nombrados por ellos mismos.

El Señor había advertido a Israel y Judá por medio de los profetas y videntes: «Volveos de vuestro mal camino, guardad mis mandatos y preceptos, siguiendo la ley que di a vuestros padres, que les comuniqué por medio de mis siervos, los profetas.»

Pero no hicieron caso, sino que se pusieron tercos, como sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Rechazaron sus mandatos y el pacto que había hecho el Señor con sus padres, y las advertencias que les hizo. El Señor se irritó tanto contra Israel que los arrojó de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá.

SALMO 59, 3.4-5.12-13

Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.

Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas; estabas airado, pero restáuranos.

Has sacudido y agrietado el país: repara sus grietas, que se desmorona. Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo, dándole a beber un vino de vértigo.

Tú, oh Dios, nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas. Auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil. Con Dios haremos proezas, él pisoteará a nuestros enemigos.


Aclamación antes del Evangelio: Hb 4, 12

La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón.


EVANGELIO: Mateo 7, 1-5

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo?

Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.»
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A LA LUZ DE LA PALABRA QUE DIOS ME REGALA HOY


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál podría ser el plan de Dios sobre mi vida en este nuevo día, que no es uno más, sino único para Dios porque su amor es siempre nuevo?

2) ¿Qué podría mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy? ¿Qué me está pidiendo su Palabra en este día?

3) ¿A quién podría estar lastimando en este día, a quién le podría estar haciendo sufrir? ¿A quién puedo, de hecho, estar defraudando, apenando; comenzando por la propia familia, y por la comunidad parroquial?

4) ¿A quién podría ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí? Si Jesús estuviera en mi lugar, ¿qué puedo suponer que diría o haría?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor, y su actualización sacramental realizada en la Eucaristía, sea diaria o dominical? ¿Qué fruto espiritual derivado de la misa dominical podría cultivar durante la semana y hoy de manera especial: sinceridad, petición de perdón, afabilidad, alegría, alabanza y bendición?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades? Le doy gracias por lo bueno, y le ofrezco lo malo para que Jesús supla mis deficiencias: él dio gloria perfecta a Dios Padre por mí y en mi lugar. Me alegro en Jesús, mi hermano mayor, mi Redentor.

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…” Que siempre alcancemos esa paz antes de descansar para poder decir con el salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo porque tú estás conmigo, tú solo me haces vivir tranquilo.

5) Manana, con la gracia de Dios, estrenaré un nuevo día para el Señor y mis hermanos.

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LA MEDIDA QUE USÉIS

Cuánto nos cuesta liberarnos del “ojo por ojo y diente por diente”. La teoría sobre el perdón cristiano nos la sabemos bien, pero, a la hora de la verdad, entendemos ese perdón con esquemas demasiado humanos y justicieros.

Nos cuesta olvidar las ofensas y volver a mirar al que nos ha hecho mal como si nada hubiera pasado. Nos cuesta perdonar porque, en el fondo, pasar por alto esa injusticia nos hace creer que somos los tontos y los débiles según el mundo.

Los malos siempre son los demás; nosotros, en cambio, solemos ponernos siempre en el puesto de las víctimas e inocentes.

El perdón específicamente cristiano no es ingenuidad y simpleza sino magnanimidad de alma para acoger tus miserias y las de los demás con la misericordia misma de Dios, no con la misericordia que suelen usar los hombres.

Tu medida con los demás ha de ser grande, muy grande, la misma que usa Dios contigo, la misma que usó Cristo en la cruz. Y no siete veces, sino setenta veces siete, es decir, siempre.

Usa tú la medida de la misericordia de Cristo con todos, porque esa misma medida es la que usa y usará el Señor contigo. Si no te atreves a perdonar según la medida de Cristo es que poco has entendido de la Cruz.

No te canses de ensanchar el alma, cada vez más, porque ahí reside la fuerza de tu testimonio cristiano.

No te canses de contemplar el silencio de Cristo en su pasión, si quieres llegar a gustar esa paz de alma de quien vence las incomprensiones, críticas, injusticias, ofensas y menosprecios con el amor apasionado a Cristo.

Mater Dei


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