Se buscan familias para 15.000 menores en España

junio 11, 2014

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Para adoptar hay lista de espera de padres,

pero para acoger hay lista de espera de niños.

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Revista Misión
Por Isis Barajas/Fotografía: Paloma Soria
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Miles de menores aguardan en residencias españolas la llegada de una familia

Miles de menores aguardan en residencias españolas la llegada de una familia


TIENE 16 años. Su madre ha tenido otros dos hijos y todos son de padres distintos. Vive en una residencia desde hace años, no conoce a su padre y su madre vive a tres manzanas del centro. Siempre le dice que se la va a llevar con ella, pero el tiempo pasa y sigue en la residencia.

Como ella, más de 15.000 menores viven en centros dependientes de las administraciones en España, puesto que no pueden, o no deben, vivir con su familia biológica.

Todos han sufrido situaciones dramáticas de muy diversa índole: padres en prisión, que sufren adicciones o enfermedades mentales graves, que les han infligido malos tratos o abusos sexuales, o que directamente los han abandonado.

El problema es que estos niños no pueden ser adoptados porque este proceso solo puede darse cuando no existe familia biológica o a esta se le ha privado, por sentencia judicial, de los derechos de patria potestad.

De modo que la única forma que tienen de salir de las residencias y llevar una vida normal es siendo acogidos de forma temporal (hasta que se resuelva su situación familiar) o permanente por una familia ajena que ejerza la guarda o la tutela delegada del niño.

“Mientras que para la adopción hay lista de espera de familias, para la acogida hay lista de espera de niños”, explica Alejandro Martínez, presidente de la Fundación Acrescere y padre de dos hijos adoptados y de otra en acogida.


“¿Aquí se come todos los días?”

España es el país europeo con el mayor número de menores institucionalizados y, lo más grave, es que muchos de ellos pasan en los centros toda su infancia hasta alcanzar la mayoría de edad (hay centros desde los cero años).

Este elevado índice de institucionalización es lo que pretende reducir la nueva Ley de Protección a la Infancia, cuyo anteproyecto fue publicado el pasado mes de abril y, que entre otras cosas, pretende evitar que haya niños menores de seis años viviendo en residencias.

“¿Aquí se come todos los días?”, preguntó un niño de seis años y 19 kg al llegar a una de estas residencias. Y es que, ciertamente, en estos centros los menores están mucho mejor cuidados que en sus núcleos familiares biológicos: tienen cubierta la educación, la alimentación, el vestido…. Tienen casi de todo.

Pero, según Alejandro y todos los expertos en la materia, “para ser adultos completos les falta un ‘casi’ imprescindible: el amor de una familia”.

Los menores que viven en residencias sufren consecuencias negativas en su desarrollo (fracaso escolar, delincuencia…), no porque las organizaciones funcionen mal, sino por la institucionalización en sí misma.

“En los centros hay profesionales buenísimos que les quieren mucho, pero no deja de ser una relación profesional, con turnos de mañana, tarde y noche. Además, son niños inseguros, con falta de autoestima, y que se sienten abandonados y desconfiados, pero la vida en las residencias no les ayuda en este sentido: son uno entre cuarenta, y tampoco dejan de tener la sensación de abandono e inseguridad porque, en ocasiones, les cambian de residencia. Les falta un referente para poder crecer, que solo la vida en familia les puede dar”, añade Alejandro.

Algunas personas tienen prejuicios sobre la acogida porque consideran que vivir de forma temporal en una familia ajena puede llegar a ser doloroso, puesto que, tras encariñarse, quizá deban desprenderse del niño.

En este sentido, Blanca Arregui, esposa de Alejandro y secretaria de la fundación, es tajante: “Si te pidieran que te quedaras en casa durante un tiempo con tu sobrino que viene a estudiar a la ciudad, ¿dirías que no, por miedo a encariñarte? Pues el acogimiento es lo más parecido a acoger al hijo de unos amigos durante un tiempo”.

Además, añade Alejandro: “Siempre es mejor conocer algo bueno, aunque sea temporal, que no conocerlo nunca, puesto que la única alternativa a vivir durante un tiempo en una familia es estar en una residencia. Un niño que tiene una familia puede elegir la vida familiar en el futuro, porque la conoce, mientras que un centro le marca de por vida”.

Luis Alfonso González y Cristina Pascual pertenecen a la asociación Familias para la Acogida y también son padres acogedores: su primer hijo comenzó siendo de acogida y ahora es adoptado, y las dos pequeñas llevan cuatro años en régimen de acogida.

Ellos han vivido “el temor que puede generar que el menor vuelva con su familia biológica” con cierta tranquilidad, “pensando que los niños no son nuestros, sino de Dios, tanto los de acogida como los adoptados y los biológicos. El no tener una pretensión de posesión sobre los niños te hace ser más libre frente a esa posibilidad”.


Ni idílico ni imposible

Tanto Alejandro y Blanca como Luis Alfonso y Cristina coinciden en que la experiencia del acogimiento no está exenta de dificultades, pero tampoco es tan dura como para convertir a los padres en un ejemplo de heroicidad.

En primer lugar, las familias pueden elegir con bastante precisión hasta dónde están dispuestas a llegar con su ofrecimiento.

Existen dos listas para apuntarse: una, donde están la mayoría de los niños (y donde pueden señalar alguna preferencia en cuanto a raza o religión) y otra de “necesidades especiales”, donde hay niños con enfermedades y discapacidades, grupos de hermanos o niños mayores de nueve años, puesto que hay menos familias dispuestas a acogerlos.

Dentro de la lista de “necesidades especiales”, se puede precisar con mucho detalle en qué casos se ofrece cada familia.

Luis Alfonso y Cristina explican que en su caso la disponibilidad no fue muy amplia al principio y fueron bastante restrictivos en cuestiones como la etnia o las minusvalías: “Al principio es normal tener muchos miedos y dudas, por lo que nunca hay que pensar que uno no está siendo lo suficientemente generoso si pone restricciones a su ofrecimiento. Cada familia tiene una disponibilidad distinta y, además, uno gana confianza en la medida en que hace la experiencia”.

Y así ocurrió en su caso, puesto que, después de acoger a Kevin, su primer hijo, se ofrecieron de nuevo, y esta vez para acoger a menores de otras razas, grupos de hermanos e incluso con discapacidad. Así fue como llegaron Fátima y Estefanía, dos hermanas de 4 y 21 meses, mulatas y con discapacidad.


“¿Cuándo vamos a mi casa?”

La adaptación a la nueva familia suele ser difícil, pero también se viven momentos preciosos. Para Alejandro Martínez, la clave está en que tanto la familia como el niño puedan y quieran. Si esto es así, aunque sea compleja, la adaptación funciona. En su caso, la más difícil fue con María. La acogieron en julio del año pasado: tenía siete años y una discapacidad cerebral del 50 por ciento.

“Venía muy asalvajada, había vivido dos años en la Cañada Real y solo hablaba con palabrotas, te agredía verbal y físicamente, no sabía cómo comportarse y tenía rabietas propias de un bebé”, explica Blanca. Esto provocó que los primeros meses fueran muy difíciles. Pero, por otro lado, la niña pronto conquistó el corazón de la familia. “En realidad, nos adoptó ella a nosotros antes que nosotros a ella”.

Y esto es así porque, desde el primer momento, la niña los llamó “papá” y “mamá”. “Cuando fuimos a conocerla al centro, tenía cogido en brazos el álbum que habíamos hecho con fotos de nuestra casa y de nuestra familia, e iba diciendo: ‘Mi casa, esta es mi casa, ¿cuándo vamos a mi casa?’”.

Para Cristina Pascual, una de las situaciones más complejas ha sido la presencia permanente de la familia biológica. Aunque los padres acogedores no tienen relación con los parientes de los niños, estos reciben visitas más o menos periódicas si se considera que pueden ser beneficiosas para ellos.

“Esto me bloqueaba al principio, porque me daba miedo perder a Kevin. Además, los niños tienden a idealizar a su familia biológica, puesto que solo la ven en visitas, les hacen regalos… y luego te sueltan frases como ‘¡tú no eres mi madre!’. Al principio me dolía, pero ya no, porque sé que es un recurso para chinchar y para que les reafirmes”.

Para estos dos matrimonios, la acogida ha hecho a sus familias mucho más fecundas. “Mi familia podría existir sin mis tres hijos, pero sería mucho más pobre”, señala Alejandro. A Blanca lo que más le impresiona es “la capacidad que tiene el amor de cambiar a las personas: nuestro segundo hijo, Nacho, pasó de darme un mordisco en la primera semana a ser ahora un niño muy cariñoso; y esto es solo fruto del amor”.

En el caso de Luis Alfonso y Cristina, esta opción de vida ha sido claramente una llamada a la vocación que procede de Dios: “Yo me siento plenamente cumplido con esta modalidad de paternidad; no se nos ha dado la gracia de los hijos biológicos, pero se nos da esta otra gracia de emplear la vida acogiendo a estos niños y viviendo la misión de hacer presente al Señor en sus vidas”.

Porque, como subraya Luis Alfonso, “cuando un niño entra en tu casa, entra en tu vida para siempre, permanezca en ella a lo largo del tiempo o no”.


Dar familias en continua apertura

Antes de casarse, Alejandro y Blanca ya tenían claro que querían acoger o adoptar un niño. El deseo surgió durante su noviazgo, cuando acudieron como voluntarios a un orfanato de niños con discapacidad con las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta. Iniciaron los trámites antes de la boda y, al poco de casarse, les llamaron para ofrecerles una bebé de nueve meses, de origen guineano, en régimen de acogida preadoptiva.

Así llegó a su vida Nicole, cuyo acogimiento duró unos años hasta que finalmente pudieron adoptarla. En ese tiempo, y al ver que no venían los hijos biológicos, adoptaron por la vía internacional a Nacho, un niño de la calle, que tenía dos años y estaba muy enfermo. Y, por último, hace menos de un año acudieron de nuevo a la acogida, esta vez por la vía de “necesidades especiales”, para recibir a María (nombre figurado para preservar su identidad) en su hogar.

Además, Alejandro y Blanca han creado la Fundación Acrescere, con el fin de asesorar y ayudar a aquellas familias que tengan inquietud por la acogida. Han editado un libro, Elegir la vida, junto con la editorial Desclée De Brouwer, que recoge experiencias reales de familias de acogida y han lanzado la campaña publicitaria “Ningún menor sin familia”, para dar a conocer a la sociedad española la figura del acogimiento familiar.

Al ver que no llegaban los hijos biológicos, Luis Alfonso y Cristina se lanzaron a tramitar el proceso de acogida; el primero en llegar a casa fue Kevin, un pequeño de dos años, que, al verlo venir hacia ellos por el pasillo del centro, a Cristina le pareció “el niño más guapo del mundo”.

Enseguida pidieron permiso para bautizarlo, pero la madre biológica se negó diciendo que ya lo haría ella cuando lo recuperara. Pasaron los años y las circunstancias de la familia biológica hicieron imposible el regreso del niño, así que propusieron a Luis Alfonso y a Cristina la adopción y les contaron que la madre de Kevin había pedido que les dieran las gracias por todo lo que habían hecho por él y que podían bautizarlo.

“Para mí eso fue como decir: ‘Desaparezco y os lo ofrezco’”, asegura Cristina. “Además, fue muy bonito ver que la madre valorara el acogimiento como algo positivo”, añade Luis Alfonso.

Después de Kevin, acogieron a Fátima y Estefanía, dos hermanas, de padre senegalés y madre española. “Nos costó mucho dar el sí, porque todo el mundo nos decía que por qué nos complicábamos más la vida. Aceptamos como un signo de apertura a lo que quisiera el Señor para nosotros, deseábamos ser instrumentos de su misericordia, y ahora nos quedan muy lejos aquellas primeras dudas”, explica el matrimonio.

¿Sientes la llamada? Ten en cuenta:

1. La acogida es distinta a la adopción; los padres acogedores no adquieren la patria potestad, sino que ejercen la guarda o tutela. Además, los padres biológicos tienen, en principio, derecho a relacionarse con sus hijos.

2. Hay distintos tipos de acogida: simple o con previsión de retorno, con carácter temporal hasta que desaparecen las disfunciones que provocaron la salida del niño del núcleo familiar (desintoxicación o salida de la cárcel, por ejemplo); permanente o indefinido, cuando no se prevé un retorno a la familia dentro de un tiempo determinado; y preadotivo, como situación transitoria previa a la adopción.

3. Las familias acogedoras son, de media, matrimonios de entre 46 y 47 años, donde ambos trabajan y que cuentan con hijos biológicos. Para Alejandro y Blanca, un perfil ideal es el de aquellos que ya tienen hijos mayores: “Disponen de tiempo y posibilidades, y pueden ofrecer un entorno familiar donde los hermanos mayores también pueden cuidar a los pequeños”.

4. “Si sientes la inquietud o te preguntas si esto podría ser para ti, no creas que le pasa a todo el mundo, porque no es así. Cuida esa intuición, pregunta, indaga y contacta con una asociación para conocer a familias acogedoras”, aconseja Cristina.

Para saber más sobre la acogida y las familias acogedoras:

– Fundación Acrescere: http://www.fundacionacrescere.org

– Asociación Familias para la Acogida: http://www.familias-acogida.es

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El maná de cada día, 11.6.14

junio 11, 2014

San Bernabé, apóstol

San Bernabé, apóstol

San Bernabé, apóstol

Patrón de Logroño, La Rioja



Antífona de entrada: Hch 11, 24

Dichoso este santo que mereció ser contado entre los apóstoles, pues era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe.


Oración colecta

Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 11, 21b-26;13,1-3

En aquellos días, gran número creyó y se convirtió al Señor.

Llegó noticia a la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor.

Más tarde, salió para Tarso, en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía. Durante un año fueron huéspedes de aquella Iglesia e instruyeron a muchos.

Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos. En la Iglesia de Antioquia había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, apodado el Moreno, Lucio el Cireneo, Manahén, hermano de leche del virrey Herodes, y Saulo.

Un día que ayunaban y daban culto al Señor, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la misión a que los he llamado.» Volvieron a ayunar y a orar, les impusieron las manos y los despidieron.


SALMO 97,1.2-3ab.3c-4.5-6

El Señor revela a las naciones su justicia.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

Tañed la citara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 16

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.


EVANGELIO: Mateo 10, 7-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«ld y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.

No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento.

Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.»


Antífona de comunión: Jn 15, 15

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.


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San Bernabé, apóstol

Nacido en la isla de Chipre, fue uno de los primeros fieles de Jerusalén, predicó en Antioquía y acompañó a Pablo en su primer viaje. Intervino en el Concilio de Jerusalén. Volvió a su patria, predicó el Evangelio y allí murió.


VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO

De los tratados de san Cromacio, obispo,
sobre el evangelio de san Mateo

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

El Señor llamó a sus discípulos sal de la tierra, porque habían de condimentar con la sabiduría del cielo los corazones de los hombres, insípidos por obra del diablo.

Ahora les llama también luz del mundo, porque, después de haber sido iluminados por el, que es la luz verdadera y eterna, se han convertido ellos mismos en luz que disipa las tinieblas.

Siendo él el sol de justicia, llama con razón a sus discípulos luz del mundo; a través de ellos, como brillantes rayos, difunde por el mundo entero la luz de su conocimiento. En efecto, los apóstoles, manifestando la luz de la verdad, alejaron del corazón de los hombres las tinieblas del error.

Iluminados por éstos, también nosotros nos hemos convertido en luz, según dice el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor; caminad como hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.

Con razón dice san Juan en su carta: Dios es luz, y quien permanece en Dios está en la luz, como él está en la luz. Nuestra alegría de vernos libres de las tinieblas del error debe llevarnos a caminar como hijos de la luz.

Por eso dice el Apóstol: Brilláis como lumbrera del mundo, ­mostrando una razón para vivir. Si no obramos así, es como si, con nuestra infidelidad, pusiéramos un velo que tapa y oscurece esta luz tan útil y necesaria, en perjuicio nuestro y de los demás. Ya sabemos que aquel que recibió un talento y prefirió esconderlo antes que negociar con él para conseguir la vida del cielo, sufrió el castigo justo.

Por eso la esplendorosa luz que se encendió para nuestra salvación debe lucir constantemente en nosotros. Tenemos la lámpara del mandato celeste y de la gracia espiritual, de la que dice David: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. De ella dice también Salomón: El precepto de la ley es una lámpara.

Esta lámpara de la ley y de la fe no debe nunca ocultar­se, sino que debe siempre colocarse sobre el candelero de la Iglesia para la salvación de muchos; así podremos alegrarnos con la luz de su verdad y todos los creyentes serán iluminados.

Oración

Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, ­que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo.

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