Maná y Vivencias Pascuales (39)

mayo 28, 2014

Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo

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Miércoles de la 6ª semana de Pascua

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 17, 50; 12-23; 1era lectura: Hch 17, 15.22-18, 1; Salmo: 148, 1-2.11-14; Aleluya: Jn 14, 16; Evangelio: Jn 16, 12-15; Comunión: Jn 15, 16.19.

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LECTIO DIVINA: Pasajes para meditar

  • “Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia…”
  • “Muchas cosas me quedan por deciros, pero es demasiado para vosotros por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena”.

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ENTRADA:

Te daré gracias entre las naciones, Señor; contaré tu fama a mis hermanos. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Escucha, Señor, nuestra oración y concédenos que así como celebramos en la fe la gloriosa resurrección de Jesucristo, así también, cuando él vuelva con todos sus santos, podamos alegrarnos con su victoria. Por nuestro Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo, y, ya que nos has iniciado en los misterios de tu reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de pecado y vivamos ya desde ahora, la novedad de la vida eterna. Por Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Hch 17, 15.22-18, 1

En aquellos días, los que acompañaban a Pablo lo llevaron a Atenas, y después regresaron a Berea con instrucciones para Timoteo y Silas de que fueran a reunirse con él lo antes posible.

Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago, y les dijo: Ciudadanos de Atenas, veo que son personas sumamente religiosas. Porque paseándome por ahí y fijándome en sus monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: Al Dios desconocido.

Pues eso que veneran sin conocerlo yo lo anuncio: El Dios que hizo el mundo y lo que lo contiene. Él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien él, que a todos da la vida y el aliento y todo.

De un solo hombre sacó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios.

Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: somos estirpe suya.

Por tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre.

Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan.

Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre designado por él; y ha dado a todos la prueba de esto resucitándolo de entre los muertos.

Al oír resurrección de muertos, unos lo tomaban a broma, otros dijeron: De esto te oiremos hablar en otra ocasión.

Pablo se marchó del grupo. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más. Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

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SALMO 148, 1-2.11-14

¡Aleluya!

Alaben al Señor desde los cielos, alábenlo en las alturas, alábenlo todos sus ángeles, alábenlo todos sus ejércitos.

Reyes y pueblos del orbe, príncipes y los que gobiernan la tierra, los jóvenes y también las doncellas, los ancianos junto con los niños.

Alaben el nombre del Señor, el único nombre sublime, Su majestad sobre el cielo y la tierra.

Él acrece el vigor de su pueblo. Alabanza de todos sus fieles, de Israel, su pueblo escogido.

ALELUYA: Jn 14, 16

Le pediré al Padre que les dé otro Defensor, que esté siempre con ustedes.

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EVANGELIO: Jn 16, 12-15

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Muchas cosas me quedan por decirles, pero es demasiado para ustedes por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará hasta la verdad plena.

Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y les comunicará lo que está por venir.

Él no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de venir. Él tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él. Todo lo que tiene el Padre es mío.

Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes.

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De los sermones de san León Magno, papa

Los días que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión.

Aquellos días, queridos hermanos, que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión no se perdieron ociosamente, sino que durante ellos se confirmaron grandes sacramentos, se revelaron grandes misterios.

En aquellos días se abolió el temor de la horrible muerte, y no sólo se declaró la inmortalidad del alma, sino también la de la carne. Durante estos días, gracias al soplo del Señor, se infundió en todos los apóstoles el Espíritu Santo, y se le confió a san Pedro, después de las llaves del reino, el cuidado del redil del Señor, con autoridad sobre los demás.

Durante estos días, el Señor se juntó, como uno más, a los dos discípulos que iban de camino y los reprendió por su resistencia a creer, a ellos, que estaban temerosos y turbados, para disipar en nosotros toda tiniebla de duda.

Sus corazones, por él iluminados, recibieron la llama de la fe y se convirtieron de tibios en ardientes, al abrirles el Señor el sentido de las Escrituras.

En la fracción del pan, cuando estaban sentados con él a la mesa, se abrieron también sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada.

Por tanto, amadísimos hermanos, durante todo este tiempo que media entre la resurrección del Señor y su ascensión, la providencia de Dios se ocupó en demostrar, insinuándose en los ojos y en el corazón de los suyos, que la resurrección del Señor Jesucristo era tan real como su nacimiento, pasión y muerte (el subrayado es mío).

Por esto, los apóstoles y todos los discípulos, que estaban turbados por su muerte en la cruz y dudaban de su resurrección, fueron fortalecidos de tal modo por la evidencia de la verdad que, cuando el Señor subió al cielo, no sólo no experimentaron tristeza alguna, sino que se llenaron de gran gozo.

Y es que en realidad fue motivo de una inmensa e inefable alegría el hecho de que la naturaleza humana, en presencia de una santa multitud, ascendiera por encima de la dignidad de todas las criaturas celestiales, para ser elevada más allá de todos los ángeles, por encima de los mismos arcángeles, sin que ningún grado de elevación pudiera dar la medida de su exaltación, hasta ser recibida junto al Padre, entronizada y asociada a la gloria de aquel con cuya naturaleza divina se había unido en la persona del Hijo (Sermón 1 sobre la Ascensión del Señor, 2-4: PL 54, 395-396).

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Los 10 gestos más significativos del Papa Fco. en Tierra Sta.

mayo 27, 2014

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El Papa Francisco en su peregrinación a Tierra Santa

El Papa Francisco en su peregrinación a Tierra Santa

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Los diez gestos más impactantes

del viaje del Papa Francisco a Tierra Santa

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En su corto pero intenso viaje el Papa ha realizado numerosos gestos. También se desvió de la agenda para rezar por las víctimas del terrorismo.

Javier Lozano

.La histórica visita del Papa Francisco a Tierra Santa, en su viaje a Jordania, los territorios palestinos e Israel, ha sido fulgurante. En menos de tres días ha presidido decenas de actos y se ha reunido con distintos dirigentes políticos y religiosos.

Tal y como es costumbre, el Papa no ha defraudado y pese a que la agenda era pormenorizada, se ha llegado a saltar el protocolo para protagonizar algunos momentos más que simbólicos.

Para Francisco este viaje era especial. En Buenos Aires tuvo una relación muy estrecha con la comunidad judía y gracias a la diáspora trató con católicos de rito oriental, muy numerosos en Argentina.

Además, quería conmemorar la histórica visita de Pablo VI a Israel tras siglos sin que un Papa visitase la tierra de Jesús.

En este viaje, Francisco ha hablado de la guerra en Siria, de la violencia en el islam, de la relación con los judíos y de la unidad de los cristianos.

Además, ha querido tener un especial recuerdo para las víctimas del terrorismo. Estos son los momentos más importantes del Papa en Tierra Santa:

1. El abrazo de las tres religiones

Uno de los momentos más simbólicos del viaje a Tierra Santa del Papa se produjo junto al Muro de las Lamentaciones en Jerusalén.

Francisco acudió al lugar y, al igual que hicieron los pontífices anteriores, rezó ante el Muro y dejó un mensaje entre las grietas, en el que había escrito en español un Padre Nuestro. “Lo he escrito a mano en español porque es la lengua en la que lo aprendí de mi madre”, dijo.

Tras este gesto y frente al Muro se produjo quizá la escena más llamativa cuando el Papa se abrazaba con dos amigos, pero que son algo más que eso. El líder de la Iglesia Católica se abrazaba en los santos lugares con un rabino, Abraham Skorka, y con el líder musulmán, Omar Abboud.

Los tres emocionados decían: “Lo logramos”. Un gesto que querían extrapolar a una tierra que lleva demasiado tiempo en conflicto.

2. El mensaje al islam en la Explanada

En Jerusalén, Francisco ha realizado importantes gestos y, aunque la diplomacia ha primado sobre todo, no ha dejado de defender ciertos ideales sin importarle el lugar elegido para ello.

Una de las paradas en la ciudad santa pasaba por la Explanada de las Mezquitas. Allí fue recibido por el gran mufti.

“Musulmanes, cristianos y judíos reconocen a Abraham, si bien cada uno de manera diferente, como padre en la fe y un gran ejemplo a imitar. Él se hizo peregrino, dejando a su gente, su casa, para emprender la aventura espiritual a la que Dios le llamaba”, afirmó el Papa.

Sin embargo, desde este lugar clave para los musulmanes lanzó un importante mensaje: “a todas las personas y comunidades que se reconocen en Abraham: respetémonos y amémonos los unos a los otros como hermanos y hermanas. Aprendamos a comprender el dolor del otro. Que nadie instrumentalice el nombre de Dios para la violencia. Trabajemos juntos por la justicia y por la paz”.

3. Visita al Museo del Holocausto

La visita al Yad Vashem, el memorial del Holocausto, era uno de los puntos que más interés había despertado. Allí, un compungido Francisco acompañado del presidente Simon Peres pronunció emocionado unas palabras ante la barbarie perpetrada por el ser humano durante el siglo XX.

“Acuérdate de nosotros en tu misericordia. Danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y destruido nuestra carne, esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida. ¡Nunca más, Señor, nunca más!”.

4. Flores al fundador del sionismo

En su jornada en Jerusalén, el Papa tenía un acto que se salía un poco más de lo normal.

En este sentido, desde el Muro de las Lamentaciones se trasladó al Monte Herzl y ayudado por una joven y un joven cristianos depositó una corona de flores en el cementerio nacional de Israel en la tumba de Theodore Herzl, fundador del Movimiento Sionista.

5. Homenaje a las víctimas del terrorismo

Durante su estancia en el cementerio nacional de Israel, Francisco protagonizó uno de los momentos que le han caracterizado durante su Pontificado, la espontaneidad.

De este modo, se saltó la agenda y se desvió del itinerario para acudir a rezar en una lápida dedicada a las víctimas del terrorismo en Israel.

6. Reconciliación entre judíos y cristianos

Francisco también quiso hablar de la reconciliación entre judíos y cristianos, relación que durante siglos ha sido distante. En el Gran Rabinato de Israel, en el que se reunió con los dos grandes rabinos, el askenazita y el sefardita, destacó cómo ha evolucionado la relación entre ambas religiones.

“Este camino de amistad -dijo Francisco- representa uno de los frutos del Concilio Vaticano II”. Además, añadía que estaba “convencido de que cuanto ha sucedido en los últimos decenios en las relaciones entre judíos y católicos ha sido un auténtico don de Dios, una de las maravillas que Él ha realizado, y por las cuales estamos llamados a bendecir su nombre”.

7. El reconocimiento de los dos estados

En su llegada a Israel y tras pasar por Belén, lugar perteneciente a los territorios palestinos, el Papa tuvo en Tel Aviv una de las escasas manifestaciones políticas al hablar sobre la situación palestino-israelí.

En la misma línea que Benedicto XVI, el Pontífice argentino afirmó que “sea universalmente reconocido que el Estado de Israel tiene derecho a existir y a gozar de paz y seguridad dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas.

Que se reconozca igualmente que el pueblo palestino tiene derecho a una patria soberana, a vivir con dignidad y a desplazarse libremente.

Que la solución de los dos Estados se convierta en una realidad y no se quede en un sueño”.

Además, el Papa ha invitado a rezar juntos en el Vaticano en las próximas semanas al presidente de Israel, Simon Peres y al líder de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas.

8. La unidad de los cristianos

Uno de los puntos más importantes y motivo principal del viaje del Papa a Tierra Santa, era su encuentro con el patriarca de Constantinopla. Este viaje conmemoraba el 50 aniversario del viaje de Pablo VI y su histórico encuentro con el patriarca Atenágoras.

Por ello, en este viaje se han producido numerosos actos de carácter ecuménico. Y tras firmar una declaración conjunta Francisco se trasladó junto al patriarca Bartolomé al Santo Sepulcro. Allí el Papa alentó la tan ansiada pero lejana unidad de los cristianos.

”Ciertamente no podemos negar las divisiones que todavía hay entre nosotros, discípulos de Jesús: este lugar sagrado nos hace sentir con mayor dolor el drama. Y, sin embargo, cincuenta años después del abrazo de aquellos dos venerables Padres, hemos de reconocer con gratitud y renovado estupor que ha sido posible, por impulso del Espíritu Santo, dar pasos realmente importantes hacia la unidad.

Somos conscientes de que todavía queda camino por delante para alcanzar aquella plenitud de comunión que pueda expresarse también compartiendo la misma Mesa eucarística, como ardientemente deseamos; pero las divergencias no deben intimidarnos ni paralizar nuestro camino”, indicó el Papa.

9. Paz en Siria

Desde el inicio de su Pontificado, Francisco se ha empeñado en que no se olvide el conflicto de Siria y en numerosas ocasiones ha pedido la paz para el país. No podía ser menos en este viaje.

En Jordania, donde hay decenas de miles de refugiados sirios, el Papa pidió una resolución urgente para la guerra civil que vive el país.

Ante el Rey de Jordania indicó que “la paz ni se compra ni se vende, es cuestión de gestos” y añadió que “es un don que debemos construir mediante gestos grandes y pequeños en nuestra vida cotidiana”.

10. Eucaristía en el Cenáculo

Otro gesto simbólico de la visita ha sido el permiso para que el Papa pudiese celebrar la Eucaristía en el Cenáculo, el lugar en el que se celebró la Última Cena, así como Pentecostés.

Es un lugar santo para los cristianos pero que pertenece a Israel. El Vaticano lleva años negociando la cesión de este importante lugar, aunque la presencia de la tumba del Rey David en la planta inferior ha dificultado sobremanera este acuerdo.

Sin embargo, éste está más cerca que nunca a pesar de la ola de ataques a iglesias cristianas perpetrados por extremistas judíos que se oponen a dicho acuerdo.

Celebrando allí la misa, el Papa ha cumplido un sueño.

– Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/internacional/oriente-medio/2014-05-26/los-diez-gestos-mas-impactantes-del-viaje-del-papa-a-tierra-santa-1276519686/


Maná y Vivencias Pascuales (38)

mayo 27, 2014

Martes de la 6ª semana de Pascua

Si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Ap 19, 7.6; 1era lectura: Hch 16, 22-34; Salmo: 137, 1-3.7-8; Aleluya: Jn 16, 7-13; Evangelio: Jn 16, 5-11; Comunión: Lc 24, 46.26.



TEXTO ILUMINADOR

Decía Jesús a los discípulos: En verdad les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya, el Paráclito no vendrá a ustedes. En cambio, si me voy, es para enviárselo.

En estas dos últimas semanas de Pascua el tema del Espíritu será recurrente. Jesús promete a los discípulos que no los dejará huérfanos. Él tiene que volver al Padre pero vendrá otro Consolador.

Desaparece la presencia física de Jesús pero se inaugura otra clase de presencia, la del Espíritu de la verdad: Les enseñará todas las cosas, les dará fuerzas para proclamar a Jesús como Salvador y permanecerá para siempre con los discípulos, con la Iglesia.

En los próximos días comenzaremos la preparación para recibir una nueva efusión del Espíritu como colofón de la celebración pascual.

Trataremos de acompañar a la Virgen María y a los discípulos reunidos en el Cenáculo, donde ayer celebró la misa el Papa Francisco, en la espera de la venida del Espíritu.

Así la fiesta de Pentecostés nos inundará del gozo y de la paz del Resucitado, “completando o coronando la experiencia pascual”, si es que podemos hablar así.

Con la oración sobre las ofrendas, rezamos: Concédenos, Señor, darte gracias siempre por medio de estos misterios pascuales; y ya que continúan en nosotros la obra de tu redención, sean también fuente de gozo incesante. Por Jesucristo.


ORACIÓN COLECTA

Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu; y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. Por nuestro Señor.


PRIMERA LECTURA: Hch 16, 22-34.

En aquellos días, la gente de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados mandaron arrancarles las ropas y los hicieron apalear. Después de haberles dado muchos golpes, los echaron a la cárcel, dando orden al carcelero de vigilarlos con todo cuidado.

Éste, al recibir dicha orden, los metió en el calabozo interior, y les sujetó los pies con cadenas al piso del calabozo.

Hacia la media noche Pablo y Silas estaban cantando himnos a Dios, y los demás presos los escuchaban. De repente se produjo un temblor tan fuerte que se conmovieron los cimientos de la cárcel; todas las puertas se abrieron de golpe y a todos los presos se les soltaron las cadenas.

Se despertó el carcelero y vio todas las puertas de la cárcel abiertas. Creyendo que los presos se habían escapado, sacó la espada para matarse, pero Pablo le gritó: No te hagas daño, que estamos todos aquí.

El hombre pidió una luz, entró de un salto y, después de encerrar bien a los demás presos, se arrojó temblando a los pies de Pablo y Silas. Después los sacó fuera y les preguntó: Señores, ¿qué debo hacer para salvarme? Le respondieron: Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.

Así que le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa, y él, sin más demora, les lavó las heridas y se bautizó con todos los suyos, los subió a su casa a aquellas horas de la noche, les preparó la mesa e hicieron fiesta con todos los suyos por haber creído en Dios.


SALMO 137, 1-8

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, pues oíste las palabras de mi boca. Canto para ti en presencia de los ángeles, y me postro ante tu templo santo.

Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad, porque tu promesa supera a tu fama. El día en que clamé, me respondiste y aumentaste la fuerza en mi alma.

El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.



Aclamación: Juan 16, 7.13

Les voy a enviar el Espíritu de la verdad, dice el Señor; él les enseñará la verdad plena.

EVANGELIO Juan 16, 5-11

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: ¿adónde vas? Se han llenado de tristeza al oír lo que les dije, pero es verdad lo que les digo: les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya, el Paráclito no vendrá a ustedes. En cambio, si me voy, es para enviárselo.

Y cuando venga él, rebatirá al mundo en lo que toca al pecado, al camino de justicia y al juicio. ¿Qué pecado? Que no creyeron en mí. ¿Qué camino de justicia? Mi partida hacia el Padre mientras ustedes ya no me verán. ¿Qué juicio? El Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.

COMUNIÓN: Lucas 24, 46.26.

Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos, para entrar en su gloria. Aleluya.

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Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo,

sobre el evangelio de san Juan

Efusión del Espíritu Santo sobre toda carne

Cuando el Creador del universo decidió restaurar todas las cosas en Cristo, dentro del más maravilloso orden, y devolver a su anterior estado la naturaleza del hombre, prometió que, al mismo tiempo que los restantes bienes, le otorgaría también ampliamente el Espíritu Santo, ya que de otro modo no podría verse reintegrado a la pacífica y estable posesión de aquellos bienes.

Determinó, por tanto, el tiempo en que el Espíritu Santo habría de descender hasta nosotros, a saber, el del advenimiento de Cristo, y lo prometió al decir: En aquellos días, se refiere a los del Salvador, derramaré mi Espíritu sobre toda carne.

Y cuando el tiempo de tan gran munificencia y libertad produjo para todos al Unigénito encarnado en el mundo, como hombre nacido de mujer, de acuerdo con la divina Escritura, Dios Padre otorgó a su vez el Espíritu, y Cristo, como primicia de la naturaleza renovada, fue el primero que lo recibió.

Y esto fue lo que atestiguó Juan Bautista cuando dijo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo y se posó sobre él.

Decimos que Cristo, por su parte, recibió el Espíritu, en cuanto se había hecho hombre, y en cuanto convenía que el hombre lo recibiera; y, aunque es el Hijo de Dios Padre, engendrado de su misma substancia, incluso antes de la encarnación, más aún, antes de todos los siglos, no se da por ofendido de que el Padre le diga, después que se hizo hombre: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.

Dice haber engendrado hoy a quien era Dios, engendrado de él mismo desde antes de los siglos, a fin de recibirnos por su medio como hijos adoptivos; pues en Cristo, en cuanto hombre, se encuentra significada toda la naturaleza; y así también el Padre, que posee su propio Espíritu, se dice que se lo otorga a su Hijo, para que nosotros nos beneficiemos del Espíritu en él.

Por esta causa perteneció a la descendencia de Abrahán, como está escrito, y se asemejó en todo a sus hermanos.

De manera que el Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo, pues es suyo, habita en él, y por su medio se comunica, como ya dijimos antes, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad.

Puede, por tanto, entenderse, si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura, que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes (libro 5, cap. 2: PG 73, 751-754).


El Papa Francisco peregrina en Palestina

mayo 26, 2014

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El Papa Francisco en Tierra Santa

El Papa Francisco en Tierra Santa

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Papa Francisco: “Israel y Palestina tienen derecho a existir como estados y disfrutar de paz y seguridad”

Aci

“Ya es hora de poner fin a la violencia en Medio Oriente”, expresó este domingo el Papa Francisco durante la ceremonia de bienvenida en Belén (Palestina), desde donde llamó a la comunidad internacional a reconocer el derecho de Israel y Palestina a existir como estados, y así lograr la ansiada paz y seguridad.

“Desde lo más profundo de mi corazón, y a la vez que manifiesto mi cercanía a cuantos sufren en mayor medida las consecuencias de este conflicto, deseo decir que, por el bien de todos, ya es hora de poner fin a esta situación, que se hace cada vez más inaceptable”,

manifestó el Papa en su discurso pronunciado en el palacio real ante el presidente de Palestina, Mahmoud Abbas, y diversas autoridades del Gobierno, donde lamentó “las dramáticas consecuencias” del conflicto que desde hace décadas afecta Oriente Medio.

Ante ello, Francisco llamó a redoblar los esfuerzos e iniciativas “para crear las condiciones de una paz estable, basada en la justicia, en el reconocimiento de los derechos de cada uno y en la recíproca seguridad”.

“Ha llegado el momento de que todos tengan la audacia de la generosidad y creatividad al servicio del bien, el valor de la paz, que se apoya en el reconocimiento, por parte de todos, del derecho de dos Estados a existir y a disfrutar de paz y seguridad dentro de unos confines reconocidos internacionalmente”, expresó.

Francisco pidió evitar todo acto que contradiga “la voluntad expresa de llegar a un verdadero acuerdo” que consiga la paz, pues ella “traerá consigo incontables beneficios para los pueblos de esta región y para todo el mundo.

Es necesario pues encaminarse con resolución hacia ella, también mediante la renuncia de cada uno a algo”.

“Animo a los pueblos palestino e israelí, así como a sus respectivas autoridades, a emprender este feliz éxodo hacia la paz con la valentía y la firmeza necesaria para todo éxodo.

La paz basada en la seguridad y la mutua confianza será el marco de referencia estable para afrontar y resolver los demás problemas y una ocasión para un desarrollo equilibrado, que sirva de modelo para otras áreas en crisis”, aseguró.

En ese sentido, el Santo Padre señaló que la comunidad cristiana en Oriente Medio, “que ofrece su significativa contribución al bien común de la sociedad”, desea “seguir desempeñando este papel como ciudadanos de pleno derecho, junto con los demás ciudadanos a los que consideran como hermanos”.

 

A continuación el discurso completo del Santo Padre:

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Señor Presidente,

Queridos amigos: Agradezco al Señor Presidente Mahmoud Abbas su bienvenida y saludo cordialmente a los representantes del Gobierno y a todo el pueblo palestino.

Doy gracias al Señor por estar hoy aquí con ustedes en este lugar donde nació Jesús, el Príncipe de la Paz, y les agradezco su calurosa acogida.

Desde hace decenios, Oriente Medio vive las dramáticas consecuencias de la duración de un conflicto que ha causado heridas difíciles de cerrar y que, incluso cuando afortunadamente no se desata la violencia, la incertidumbre de la situación y la incomprensión de las partes producen inseguridad, negación de derechos, aislamiento y éxodo de comunidades enteras, divisiones, carencias y sufrimientos de todo tipo.

Desde lo más profundo de mi corazón, y a la vez que manifiesto mi cercanía a cuantos sufren en mayor medida las consecuencias de este conflicto, deseo decir que, por el bien de todos, ya es hora de poner fin a esta situación, que se hace cada vez más inaceptable.

Que se redoblen pues los esfuerzos y las iniciativas para crear las condiciones de una paz estable, basada en la justicia, en el reconocimiento de los derechos de cada uno y en la recíproca seguridad.

Ha llegado el momento de que todos tengan la audacia de la generosidad y creatividad al servicio del bien, el valor de la paz, que se apoya en el reconocimiento, por parte de todos, del derecho de dos Estados a existir y a disfrutar de paz y seguridad dentro de unos confines reconocidos internacionalmente.

En este sentido, deseo que todos eviten iniciativas y actos que contradigan la voluntad expresa de llegar a un verdadero acuerdo y que no se deje de perseguir la paz con determinación y coherencia.

La paz traerá consigo incontables beneficios para los pueblos de esta región y para todo el mundo. Es necesario pues, encaminarse con resolución hacia ella, también mediante la renuncia de cada uno a algo.

Animo a los pueblos palestino e israelí, así como a sus respectivas autoridades, a emprender este feliz éxodo hacia la paz con la valentía y la firmeza necesaria para todo éxodo.

La paz basada en la seguridad y la mutua confianza será el marco de referencia estable para afrontar y resolver los demás problemas y una ocasión para un desarrollo equilibrado, que sirva de modelo para otras áreas en crisis.

Deseo referirme con afecto a la activa comunidad cristiana, que ofrece su significativa contribución al bien común de la sociedad y que participa de las alegrías y sufrimientos de todo el pueblo.

Los cristianos desean seguir desempeñando este papel como ciudadanos de pleno derecho, junto con los demás ciudadanos a los que consideran como hermanos.

Señor Presidente, Usted es conocido como un hombre de paz y artífice de paz. El reciente encuentro en el Vaticano con Usted y mi presencia hoy en Palestina atestiguan las buenas relaciones entre la Santa Sede y el Estado de Palestina, y espero que crezcan para el bien de todos.

En este sentido, expreso mi aprecio por el compromiso de elaborar un Acuerdo entre las partes, que contemple diversos aspectos de la vida de las comunidades católicas del País, con una atención especial a la libertad religiosa.

En efecto, el respeto de este derecho humano fundamental es una de las condiciones irrenunciables de la paz, de la hermandad y de la armonía; proclama al mundo que es necesario y posible encontrar un buen acuerdo entre culturas y religiones diferentes; atestigua que las cosas que tenemos en común son tantas y tan importantes que es posible encontrar un modo de convivencia serena, ordenada y pacífica, acogiendo las diferencias y con la alegría de ser hermanos en cuanto hijos de un único Dios.

Señor Presidente, queridos amigos reunidos aquí en Belén, Dios omnipotente los bendiga, los proteja y les conceda la sabiduría y la fuerza necesaria para emprender el precioso camino de la paz, para que las espadas se transformen en arados y esta Tierra vuelva a florecer en la prosperidad y en la concordia. ¡Salam!

 

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=35746


Maná y Vivencias Pascuales (37)

mayo 26, 2014

Lunes de la 6ª semana de Pascua

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Pentecostés: Derramamiento del Espíritu



ANTIFONA DE ENTRADA

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Señor de misericordia, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA, Hechos 16, 11-15

En aquellos días nos embarcamos en Troas y navegamos rumbo a la isla de Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis. De allí pasamos a Filipos, una de las principales ciudades del distrito de Macedonia, con derechos de colonia romana.

Nos detuvimos allí algunos días, y el sábado salimos a las afueras de la ciudad, a orillas del río, donde era de suponer que los judíos se reunían para orar.

Nos sentamos y empezamos a hablar con las mujeres que habían acudido. Una de ellas se llamaba Lidia, y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de la ciudad de Tiatira.

Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptase las palabras de Pablo. Se bautizó junto con los de su familia, y luego nos suplicó: Si ustedes piensan que mi fe en el Señor es sincera, vengan y quédense en mi casa. Y nos obligó a aceptar.

SALMO 149, 1-2.3-4.5-6 y 9b.

Canten al Señor un canto nuevo: su alabanza en la asamblea de los fieles. Alégrese Israel por su Creador, festejen los hijos de Sión a su Rey.

Su nombre alaben en medio de danzas, el arpa y el tambor toquen para él. Porque el Señor aprecia a su pueblo, concede a los débiles la victoria.

Que los fieles salten de alegría y hasta en sus lechos canten jubilosos: con vivas a Dios en la boca.

ACLAMACIÓN: Juan 15, 26b.27

El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí, dice el Señor; y también ustedes darán testimonio.

EVANGELIO: Juan 15, 26-16, 4

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Consolador, el Espíritu de la Verdad que yo les enviaré y que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Ustedes mismos serán mis testigos, porque han estado conmigo desde el principio.

Les digo esto de antemano, para que no se tambalee su fe. Los excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que les dé muerte, pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, se acuerden de que yo se lo había dicho.

COMUNIÓN: Juan 20, 19.

Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Aleluya.


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Mes de María

Lo que es la Virgen María, según el Papa Francisco,

en quince rasgos

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A la luz de su alocución en la basílica de Santa María la Mayor de Roma ante la imagen de María, “Salus Populi Romani”, el sábado 4 de mayo de 2013.

1.- María nos conduce, bajo su guía maternal, a estar cada vez más unidos a su Hijo Jesús.

2.- María nos da la salud, es nuestra salud.

3.- María es madre, y una madre se preocupa sobre todo por la salud de sus hijos, sabe cuidarlo siempre con amor grande y tierno.

4.- Es una mamá que ayuda a los hijos a crecer y quiere que crezcan bien, por ello los educa a no ceder a la pereza -que también se deriva de un cierto bienestar–, a no conformarse con una vida cómoda que se contenta sólo con tener algunas cosas.

5.- Es la mamá: Por eso cuida a los hijos para que crezcan más y más, crezcan fuertes, capaces de asumir responsabilidades, de asumir compromisos en la vida, de tender hacia grandes ideales.

6.- La Virgen hace precisamente esto con nosotros: Nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes y a no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de una manera superficial, sino más bien a vivir con responsabilidad, a tender cada vez más hacia lo alto.

7.- Es una mamá, además, que piensa en la salud de sus hijos, educándolos también para afrontar las dificultades de la vida. No se educa, no se cuida la salud evitando los problemas, como si la vida fuera una autopista sin obstáculos.

La mamá ayuda a los hijos a mirar con realismo los problemas de la vida y a no perderse en ellos, sino a afrontarlos con valentía, a no ser débiles, y saberlos superar: Es un sano equilibrio que una madre “siente” entre las áreas de seguridad y las zonas de riesgo. Y esto una madre sabe hacerlo.

8.- Es una madre que lleva al hijo no siempre sobre el camino “seguro”, porque de esta manera no puede crecer. Pero tampoco solamente sobre el riesgo, porque es peligroso.

Una madre sabe equilibrar estas cosas. Una vida sin retos no existe y un chico o una chica que no sepa afrontarlos poniéndose en juego ¡no tiene columna vertebral!

9.- María ha vivido muchos momentos no fáciles en su vida, desde el nacimiento de Jesús, cuando supieron que “no había lugar para ellos en el albergue” (Lc 2, 7), hasta el Calvario (cfr. Jn 19, 25).

Y como una buena madre, está cerca de nosotros, para que nunca perdamos el valor ante las adversidades de la vida, ante nuestra debilidad, ante nuestros pecados: Nos da fuerza, nos muestra el camino de su Hijo.

10.- Jesús en la cruz le dice a María, indicando a Juan: “¡Mujer, aquí tienes a tu hijo!” y a Juan: “Aquí tienes a tu madre”(cfr. Jn 19, 26-27). En este discípulo todos estamos representados.

En efecto, el Señor nos confía en las manos llenas de amor y de ternura de la Madre, para que sintamos que nos sostiene al afrontar y vencer las dificultades de nuestro camino humano y cristiano: A no tener miedo de las dificultades; a afrontarlas con la ayuda de la madre

11.- Una buena mamá no sólo acompaña a los niños en el crecimiento, sin evitar los problemas y los desafíos de la vida: Además, una buena mamá ayuda también a tomar las decisiones definitivas con libertad.

12.- María es maestra de la verdadera libertad. Donde reina la filosofía de lo provisorio, ¿qué significa libertad? Por cierto, no es hacer todo lo que uno quiere, dejarse dominar por las pasiones, pasar de una experiencia a otra sin discernimiento, seguir las modas del momento.

Libertad no significa, por así decirlo, tirar por la ventana todo lo que no nos gusta. La libertad se nos dona ¡para que sepamos optar por las cosas buenas en la vida!

13.- María como buena madre nos educa a ser, como Ella, capaces de tomar decisiones definitivas, con aquella libertad plena con la que respondió “sí” al plan de Dios para su vida (cfr. Lc 1, 38).

Queridos hermanos y hermanas, ¡qué difícil es, en nuestro tiempo, tomar decisiones definitivas! Nos seduce lo inmediato y provisional. Somos víctimas de una tendencia que nos empuja a lo efímero: ¡Como si deseáramos permanecer adolescentes para toda la vida!

¡No tengamos miedo de los compromisos definitivos, de los compromisos que involucran y abarcan toda la vida! ¡De esta manera, nuestra vida será fecunda! Y ¡esto es libertad! Tener el coraje de tomar decisiones con grandeza.

14.- Toda la existencia de María es un himno a la vida, un himno de amor a la vida: ha generado a Jesús en la carne y ha acompañado el nacimiento de la Iglesia en el Calvario y en el Cenáculo.

15.- María, la Salus Populi Romani, es la mamá que nos dona la salud en el crecimiento, para afrontar y superar los problemas; salud en hacernos libres para las opciones definitivas; la mamá que nos enseña a ser fecundos, a estar abiertos a la vida y a ser cada vez más fecundos en el bien, en la alegría, en la esperanza, a no perder jamás la esperanza, a donar vida a los demás, vida física y espiritual.

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¡Danos, María, danos la salud que sólo tú puedes donarnos,

para ser siempre signos e instrumentos de vida!

 


Catequesis del Papa: Don de Ciencia

mayo 25, 2014

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Audiencia general del miércoles 21 de mayo de 2014

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Cuando nuestros ojos son iluminados por el Espíritu, se abren a la contemplación de Dios



http://www.vatican.va

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera poner de relieve otro don del Espíritu Santo: el don de ciencia.

Cuando se habla de ciencia, el pensamiento se dirige inmediatamente a la capacidad del hombre de conocer cada vez mejor la realidad que lo rodea y descubrir las leyes que rigen la naturaleza y el universo.

La ciencia que viene del Espíritu Santo, sin embargo, no se limita al conocimiento humano: es un don especial, que nos lleva a captar, a través de la creación, la grandeza y el amor de Dios y su relación profunda con cada creatura.

Cuando nuestros ojos son iluminados por el Espíritu, se abren a la contemplación de Dios, en la belleza de la naturaleza y la grandiosidad del cosmos, y nos llevan a descubrir cómo cada cosa nos habla de Él y de su amor. Todo esto suscita en nosotros gran estupor y un profundo sentido de gratitud.

Es la sensación que experimentamos también cuando admiramos una obra de arte o cualquier maravilla que es fruto del ingenio y de la creatividad del hombre: ante todo esto el Espíritu nos conduce a alabar al Señor desde lo profundo de nuestro corazón y a reconocer, en todo lo que tenemos y somos, un don inestimable de Dios y un signo de su infinito amor por nosotros.

En el primer capítulo del Génesis, precisamente al inicio de toda la Biblia, se pone de relieve que Dios se complace de su creación, subrayando repetidamente la belleza y la bondad de cada cosa.

Al término de cada jornada, está escrito: «Y vio Dios que era bueno» (1, 12.18.21.25): si Dios ve que la creación es una cosa buena, es algo hermoso, también nosotros debemos asumir esta actitud y ver que la creación es algo bueno y hermoso.

He aquí el don de ciencia que nos hace ver esta belleza; por lo tanto, alabemos a Dios, démosle gracias por habernos dado tanta belleza. Y cuando Dios terminó de crear al hombre no dijo «vio que era bueno», sino que dijo que era «muy bueno» (v. 31).

A los ojos de Dios nosotros somos la cosa más hermosa, más grande, más buena de la creación: incluso los ángeles están por debajo de nosotros, somos más que los ángeles, como hemos escuchado en el libro de los Salmos.

El Señor nos quiere mucho. Debemos darle gracias por esto. El don de ciencia nos coloca en profunda sintonía con el Creador y nos hace participar en la limpidez de su mirada y de su juicio.

Y en esta perspectiva logramos ver en el hombre y en la mujer el vértice de la creación, como realización de un designio de amor que está impreso en cada uno de nosotros y que hace que nos reconozcamos como hermanos y hermanas.

Todo esto es motivo de serenidad y de paz, y hace del cristiano un testigo gozoso de Dios, siguiendo las huellas de san Francisco de Asís y de muchos santos que supieron alabar y cantar su amor a través de la contemplación de la creación.

Al mismo tiempo, el don de ciencia nos ayuda a no caer en algunas actitudes excesivas o equivocadas.

La primera la constituye el riesgo de considerarnos dueños de la creación. La creación no es una propiedad, de la cual podemos disponer a nuestro gusto; ni, mucho menos, es una propiedad sólo de algunos, de pocos: la creación es un don, es un don maravilloso que Dios nos ha dado para que cuidemos de él y lo utilicemos en beneficio de todos, siempre con gran respeto y gratitud.

La segunda actitud errónea está representada por la tentación de detenernos en las creaturas, como si éstas pudiesen dar respuesta a todas nuestras expectativas. Con el don de ciencia, el Espíritu nos ayuda a no caer en este error.

Pero quisiera volver a la primera vía equivocada: disponer de la creación en lugar de custodiarla. Debemos custodiar la creación porque es un don que el Señor nos ha dado, es el regalo de Dios a nosotros; nosotros somos custodios de la creación. Cuando explotamos la creación, destruimos el signo del amor de Dios. Destruir la creación es decir a Dios: «no me gusta». Y esto no es bueno: he aquí el pecado.

El cuidado de la creación es precisamente la custodia del don de Dios y es decir a Dios: «Gracias, yo soy el custodio de la creación para hacerla progresar, jamás para destruir tu don».

Esta debe ser nuestra actitud respecto a la creación: custodiarla, porque si nosotros destruimos la creación, la creación nos destruirá. No olvidéis esto.

Una vez estaba en el campo y escuché un dicho de una persona sencilla, a la que le gustaban mucho las flores y las cuidaba.

Me dijo: «Debemos cuidar estas cosas hermosas que Dios nos ha dado; la creación es para nosotros a fin de que la aprovechemos bien; no explotarla, sino custodiarla, porque Dios perdona siempre, nosotros los hombres perdonamos algunas veces, pero la creación no perdona nunca, y si tú no la cuidas ella te destruirá».

Esto debe hacernos pensar y debe hacernos pedir al Espíritu Santo el don de ciencia para comprender bien que la creación es el regalo más hermoso de Dios.

Él hizo muchas cosas buenas para la cosa mejor que es la persona humana.


Maná y Vivencias Pascuales (36)

mayo 24, 2014

Domingo VI de Pascua, Ciclo A

El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo

El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo



Antífona de entrada: Is 48, 20

Con gritos de júbilo anunciadlo y proclamadlo; publicadlo hasta el confín de la tierra.

Decid: el Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya.


Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con fervor estos días de alegría en honor de Cristo resucitado, y que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifieste en nuestras obras.

Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 8, 5-8. 14-17
Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo.

El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacia, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos, paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús.

Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.


SALMO 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20

Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!»

Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres.

Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente.

Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor.


SEGUNDA LECTURA: 1 Pedro 3, 15-18
Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida

Queridos hermanos:

Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.

Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.


Aleluya: Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra –dice el Señor–, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.


EVANGELIO: Juan 14, 15-21
Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad.

El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros.

El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»


Antífona de comunión: Jn 14, 15-16

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos -dice el Señor-. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros. Aleluya.



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Dios nos reconcilia en Cristo,
y nos confía el ministerio de la reconciliación

San Cirilo de Alejandría
Comentario a la II carta a los Corintios 5,5 – 6,2

Los que poseen las arras del Espíritu y la esperanza de la resurrección, como si poseyeran ya aquello que esperan, pueden afirmar que desde ahora ya no conocen a nadie según la carne:

todos, en efecto, somos espirituales y ajenos a la corrupción de la carne.

Porque, desde el momento en que ha amanecido para nosotros la luz del Unigénito, somos transformados en la misma Palabra que da vida a todas las cosas.

Y, si bien es verdad que cuando reinaba el pecado estábamos sujetos por los lazos de la muerte, al introducirse en el mundo la justicia de Cristo quedamos libres de la corrupción.

Por tanto, ya nadie vive en la carne, es decir, ya nadie está sujeto a la debilidad de la carne, a la que ciertamente pertenece la corrupción, entre otras cosas; en este sentido, dice el Apóstol: si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no.

Es como quien dice: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y, para que nosotros tuviésemos vida, sufrió la muerte según la carne, y así es como conocimos a Cristo; sin embargo, ahora ya no es así como lo conocemos.

Pues, aunque retiene su cuerpo humano, ya que resucitó al tercer día y vive en el cielo junto al Padre, no obstante, su existencia es superior a la meramente carnal, puesto que murió de una vez para siempre y ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios.

Si tal es la condición de aquel que se convirtió para nosotros en abanderado y precursor de la vida, es necesario que nosotros, siguiendo sus huellas, formemos parte de los que viven por encima de la carne, y no en la carne.

Por eso, dice con toda razón san Pablo: El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

Hemos sido, en efecto, justificados por la fe en Cristo, y ha cesado el efecto de la maldición, puesto que él ha resucitado para liberarnos, conculcando el poder de la muerte; y, además, hemos conocido al que es por naturaleza propia Dios verdadero, a quien damos culto en espíritu y en verdad, por mediación del Hijo, quien derrama sobre el mundo las bendiciones divinas que proceden del Padre.

Por lo cual, dice acertadamente san Pablo: Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo, ya que el misterio de la encarnación y la renovación consiguiente a la misma se realizaron de acuerdo con el designio del Padre.

No hay que olvidar que por Cristo tenemos acceso al Padre, ya que nadie va al Padre, como afirma el mismo Cristo, sino por él. Y, así, todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió y nos encargó el ministerio de la reconciliación.

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El Espíritu nos renueva en el bautismo

Del tratado de Dídimo de Alejandría sobre la Santísima Trinidad

En el bautismo nos renueva el Espíritu Santo como Dios que es, a una con el Padre y el Hijo, y nos devuelve desde el informe estado en que nos hallamos a la primitiva belleza, así como nos llena con su gracia de forma que ya no podemos ir tras cosa alguna que no sea deseable:

Nos libera del pecado y de la muerte; de terrenos, es decir, de hechos de tierra y polvo, nos convierte en espirituales, partícipes de la gloria divina, hijos y herederos de Dios Padre, configurados de acuerdo con la imagen de su Hijo, herederos con él, her­manos suyos, que habrán de ser glorificados con él y reinarán con él; en lugar de la tierra nos da el cielo y nos concede liberalmente el paraíso; nos honra más que a los ángeles; y con las aguas divinas de la piscina bautismal apaga la inmensa llama inextinguible del infierno.

En efecto, los hombres son concebidos dos veces, una corporalmente, la otra por el Espíritu divino. De ambas escribieron acertadamente los evangelistas, y yo estoy dispuesto a suscri­bir el nombre y la doctrina de cada uno.

Juan: A cuantos le recibieron, les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Todos aquellos, dice, que cre­yeron en Cristo recibieron el poder de hacerse hijos de Dios, esto es del Espíritu Santo.

Para que llegaran a ser de la misma naturaleza de Dios; honor con el que no se vieron honrados los ángeles. Y para poner de relieve que aquel Dios que engendra es el Espíritu Santo añadió con palabras de Cristo: Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.

Así, pues, de una manera visible, la pila bautismal da a luz nuestro cuerpo mediante el ministerio de los sacerdotes; de una manera espiritual, el Espíritu de Dios, invisible para cualquier inteligencia, bautiza en su propio nombre y regenera al mismo tiempo cuerpo y alma, con el ministerio de los ángeles.

Por lo que el Bautista, históricamente y de acuerdo con esta expresión de agua y de Espíritu, dijo a propósito de Cristo: Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Pues el vaso humano, como frágil que es, necesita primero purificarse con el agua y luego fortalecerse con el fuego espiritual y perfeccionarse con el fuego espiritual (Dios es, en efecto, un fuego devorador).

Y por esto necesitamos del Espíritu Santo, que es quien nos perfecciona y renueva: este fuego espiritual puede, efectivamente, regar, y esta agua espiritual es capaz de fundir como el fuego (Libro 2, 12: PG 39, 667-674).

 

 


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