Novena a Santa Rita de Casia (5)

mayo 17, 2014

.
DÍA QUINTO

RITA, VIUDA CRISTIANA


arc_santa_rita


1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Rita queda sola en el mundo sin padres, sin esposo y sin hijos. En la más completa soledad, santa Rita no sólo afronta con entereza y alegría estos reveses de la vida sino que, apareciendo digna y segura, se dedica celosamente a reconciliar a los bandos rivales suscitados por la muerte de su esposo.

Sus hijos no eran los únicos que no podían perdonar. Rita tuvo que pacificar a sus parientes y amigos de Fernando que guardaban rencor y hasta deseaban vengarse de los asesinos. Además en Rocaporena y en Casia eran frecuentes, casi endémicas, las peleas, rivalidades, venganzas entre familias y clases sociales.

Su esposo había muerto víctima de estos conflictos. Rita logró poner armonía entre enemigos, a fuerza de paciencia, oración, humildad y perseverancia.

Libre de los deberes hogareños, se dedicó con mayor entrega e intensidad a las prácticas religiosas de amor a Dios, recluyéndose en una ermita cercana a su casa. Allá pasaba mucho tiempo en oraciones y penitencias, a veces noches enteras, a imitación de Cristo, y siguiendo los consejos de san Pablo a las viudas cristianas.

Por el día se dedicaba a la práctica de las obras de misericordia: visitar a los enfermos, auxiliar a los pobres, reconciliar a los enemistados, enseñar la religión a los niños, acoger a los necesitados, aconsejar a madres y viudas con problemas familiares.

Durante esta experiencia de viudedad, resurge en Rita el deseo de su adolescencia: ingresar al convento para vivir totalmente dedicada al Señor. Dice la historia que por tres veces solicitó a las madres agustinas del convento de Santa María Magdalena de Casia ingresar a la comunidad, y por tres veces fue rechazada su solicitud.

Rita no pierde la paz por esta contrariedad. Sencillamente, sigue encomendando al Señor todo cuanto le sucede en la vida. Busca en todo cumplir su voluntad y entender sus caminos: vive sumisa y obediente, en silencio.

Así se lo pedía al Señor una noche de vigilia orando sin interrupción, cuando recibió la respuesta del cielo de una forma milagrosa: sus santos patrones, san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás, la transportaron al convento dejándola dentro de su recinto, en el coro; la comunidad, ante el hecho milagroso, acepta a Rita como postulante a la vida religiosa.


5. Lecturas bíblicas y agustinianas

En el Antiguo Testamento, la viuda aparece como la preferida del Señor, juntamente con el huérfano y el pobre.

Frecuentemente Dios aparece como el defensor de la viuda y de los huérfanos, su protector. La viuda personifica el ser más indigente y a la vez el más explotado o injustamente tratado por los humanos.

Por eso la Ley manda: No harán daño a la viuda, ni al huérfano. Si ustedes lo hacen, ellos clamarán a mí y yo escucharé su clamor, se despertará mi enojo y a ustedes los mataré a espada; viudas quedarán sus esposas, y huérfanos sus hijos (Éxodo 22, 22-24).

Dice Deuteronomio 10, 17-18: Yahvé es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, el Dios fuerte y temible. Cuando juzga, da un trato igual a todos, no se deja comprar con regalos. Hace justicia al huérfano y a la viuda y ama al forastero, dándole pan y vestido.

Y el Salmo 146, 9: El Señor da protección al forastero y mantiene a los huérfanos y viudas.

En la historia sagrada Dios se vale frecuentemente de las viudas para llevar a cabo su plan de salvación. Así, en el primer libro de los Reyes, 17, 8-16: “Levántate, anda a Sarepta, pueblo que pertenece a los sidonios y permanece allí, porque he ordenado a una viuda que te dé comida”. Se levantó, pues, y se fue a Sarepta.

Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que recogía leña. Elías la llamó y le dijo: “Tráeme, por favor, un poco de agua en tu cántaro para beber”. Cuando ella iba a traérselo, la llamó desde atrás: “Tráeme también un pedazo de pan”.

Ella le respondió: “Por Yahvé, tu Dios, no tengo ni una torta; no me queda nada de pan, sólo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en un cántaro. Estoy recogiendo un par de palos para el fuego e irme a casa a preparar esto para mí y mi hijo. Cuando lo hayamos comido, no nos quedará más que esperar la muerte”.

Elías le dijo: “No temas, anda a tu casa a hacer lo que dijiste. Pero primero hazme un panecito a mí y tráemelo y después te lo haces para ti y tu hijo. Porque así dice Yahvé, Dios de Israel: No se terminará la harina de la tinaja y no se agotará el aceite del cántaro hasta el día en que Yahvé mande lluvia a la tierra”.

Ella se fue hizo lo que Elías le había dicho y tuvieron comida, ella, Elías y el hijo. La harina de la tinaja no se agotó, ni disminuyó el aceite del cántaro, según lo que había prometido Yahvé por medio de Elías.

La viuda, al quedar libre de compromisos humanos, se consagra al Señor y desea vivir en su santo Templo, como leemos en el Salmo 23, 1.4-6:

El Señor es mi pastor, nada me falta. Aunque pase por quebradas muy oscuras, no temo ningún mal, porque tú estás conmigo, tu bastón y tu vara me protegen. Me acompaña tu bondad y tu favor mientras dura mi vida; mi mansión será la Casa del Señor por largo, largo tiempo.

En el Salmo 84, 2-6.11.13, leemos:

¡Qué amable es tu morada, oh Señor de los cielos! Mi alma suspira y sufre por estar en tus atrios. Mi corazón y mi carne lanzan gritos con anhelo de ver al Dios viviente. Aun el pajarillo encuentra casa, y la alondra su nido para sus pequeñitos: tus altares, Dios de los ejércitos, mi Rey y mi Dios.

Felices los que habitan en tu casa y te alaban sin cesar. Dichosos los que en ti encuentran sus fuerzas y les gusta subir hasta tu templo. Vale por mil un día en tus portales; por eso yo prefiero el umbral de la casa de mi Dios antes que la morada del impío. Señor, Dios de los cielos, feliz el que en ti pone su confianza.

La profetisa Ana, viuda, empalma la espiritualidad del Antiguo Testamento con la del Nuevo, y confiesa al Mesías:

Había también una mujer de edad muy avanzada, llamada Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Tenía ochenta y cuatro años. Después de siete años de casada, había perdido muy joven a su marido y, siendo viuda, no se apartaba del Templo, sirviendo día y noche al Señor, con ayuno y oraciones.

Ella también tenía don de profecía. Llegando en ese mismo momento, comenzó a alabar a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén (Lucas 36, 38).

Según san Lucas, Cristo valora el sacrificio de la viuda, comprendiendo su dolor y exaltando su perseverancia:

Jesús estaba observando y vio cómo los ricos depositaban sus ofrendas para el templo; vio también a una viuda pobrísima que echaba dos moneditas.

Y dijo Jesús: “Créanme que esta pobre viuda depositó más que todos ellos. Porque todos dan a Dios de lo que les sobra. Ella, en cambio, tan indigente, echó todo lo que tenía para vivir” (Lucas 21, 1-4).

Otro pasaje evangélico aleccionador: Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar a un hijo único, cuya madre era viuda. Una buena parte de la población seguía el funeral.

Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Después se acercó hasta la camilla. Los que la llevaban se detuvieron. Dijo Jesús entonces: “Joven, te lo mando: levántate”. Y el muerto se sentó y se puso a hablar.

Y Jesús se lo devolvió a su madre (Lucas 7, 12-19).

La viuda, que no es tenida en cuenta: En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaba nadie. En esa misma ciudad había una viuda que venía donde él a decirle: “Hágame justicia contra mi adversario”.

El juez no le hizo caso durante un buen tiempo. Pero al final pensó: “Aunque no temo a Dios y no me importa nadie, esta viuda me molesta tanto que le voy a hacer justicia; así, ya no volverá a romperme la cabeza”.

Y el Señor dijo: “¿Se han fijado en las palabras del juez malo? Ahora bien, ¿Dios no les hará justicia a sus elegidos si claman a Él día y noche, mientras Él demora en escucharlos?

Todo lo contrario, pues les aseguro que Dios hará justicia en favor de ellos y la hará pronto. ¿Pero cuando venga el Hijo del Hombre, hallará fe en la tierra?” (Lucas 18, 2).

En el capítulo 5 de la primera carta a Timoteo, san Pablo da sabias recomendaciones acerca de la viudez. Sólo reproducimos el versículo 5:

La verdadera viuda, que realmente queda sola, pone en Dios su esperanza, dedicando sus días y sus noches a la oración y a las súplicas.

En otro lugar, se permite san Pablo recomendar a la viuda que no se case de nuevo: La mujer está ligada mientras vive su marido. Si éste muere, ella queda libre de casarse con quien desee, siempre que sea un matrimonio cristiano.

Pero será más feliz si permanece sin casar según mis consejos. Y pienso que yo también tengo el Espíritu de Dios (1 Corintios 7, 25-40).

San Agustín reconoce la obra de Dios en su madre, santa Mónica: “Todos los que la conocían la alababan, y a todos nosotros nos cuidó como si a todos nos hubiese engendrado y nos sirvió como si de todos fuera hija”.

A continuación narra san Agustín el éxtasis de Ostia y concluye: “En el curso de nuestra plática dijo ella:

‘Hijo, por lo que atañe a mí, ninguna cosa me deleita en este mundo; no sé qué más haré yo aquí, ni por qué estoy aquí todavía, consumada toda esperanza de este siglo. Una sola cosa había por la que yo deseaba detenerme en la vida y era la de verte cristiano católico antes que muriese. Con creces ha realizado Dios mi deseo.

Si ya te veo siervo suyo con desdén de la felicidad terrena, ¿qué hago yo aquí?’ Después de unos cinco días no más, cayó enferma de fiebre y al noveno día de su enfermedad, a los 56 de su edad y a más de 33 de la mía, aquella alma religiosa y buena fue separada de su cuerpo” (Confesiones, Lib. 9, 9-11).


6. Consideraciones bíblico-teológicas

Parece claro el paralelismo entre Mónica y Rita. Mónica, culminada su peregrinación en el mundo, se va al cielo. Rita, habiendo concluido sus deberes familiares en este mundo, no se va al cielo pero sí muere al mundo y entra en el convento, y se transforma en señal viviente del Reino de Dios, presente ya en este mundo.

Las viudas son la personificación de la debilidad humana. Por eso, han de ser las preferidas y privilegiadas en la atención pastoral de la Iglesia. Ellas, por su parte, necesitan como nadie de la fe y el consuelo de Dios. Su vida será un constante milagro del poder de Dios.

Son personas especialmente llamadas a la santidad, pues sólo con Dios podrán afrontar los reveses de la vida. Dios será para ellas su refugio y su fuerza, la razón de su vida; Dios será para ellas como un esposo y el padre de sus hijos; por eso están llamadas a la máxima creatividad y madurez humana y cristiana.

Ciertamente que pueden casarse de nuevo, pero “en el Señor”. En muchos casos puede parecer hasta recomendable y por tanto querida por Dios esta nueva unión. A veces las viudas, por experiencias negativas en su vida matrimonial anterior, por miedo y hasta por egoísmo, rechazan de plano la idea de contraer nuevo matrimonio.

Es comprensible su reacción, pero también es preciso ayudarlas a buscar sinceramente la voluntad de Dios, pensando en su bien integral, en su futuro, y en el bien de los hijos, a los que podrían ofrecer otro verdadero padre.

Parece oportuno abrirles nuevos horizontes, a fin de que entiendan que podrían vivir otra experiencia matrimonial, siempre por fe y en el amor del Señor; experiencia más feliz, incluso que la primera, y hasta más fecunda… en el Señor.

Pero también es justo que la viuda, incluso por fidelidad a su esposo difunto, se consagre al Señor buscando en Él su fortaleza. Dios sería para ella mucho más que cualquier esposo y ella sería su esposa, padre y madre para sus hijos.

Con tal estilo de vida, la viuda cristiana se constituye en un signo elocuente del Reino. En medio de la Iglesia, su consagración a Dios, y por Él a su hogar, se parece a la consagración de los religiosos.

Efectivamente, la viuda cristiana expresa el quebrantamiento de la sabiduría del mundo, la de aquellos que creen de todo punto necesario el matrimonio, la vida conyugal, la realización afectiva y sexual.

La viuda opta por lo único necesario, haciendo del Señor su herencia y su contento, y así el estado de viudedad recuerda a los creyentes, a toda la Iglesia, el carácter relativo de las legítimas ventajas de la vida matrimonial, de la compensación afectiva, etc. Todo es relativo frente a lo absoluto del Reino.

Las viudas, consagradas a Dios y a sus deberes familiares, nos recuerdan a todos los cristianos que debemos poner nuestro contento en el Señor y no en las cosas del mundo por más justas y razonables que sean, y por más que parezcan recomendadas por los humanos, aun por pretendidas razones científicas o de experiencia. Todo es medio para alcanzar lo único necesario.

De ahí que nuestra vida en este mundo se justifica como peregrinación hacia el Reino. No importa gran cosa estar casado o soltero, o viudo; no importa vivir mucho o poco tiempo, estar sano o enfermo. Lo que importa es que sirvamos a Dios buscando en todo su gloria y el servicio de los hermanos.

Eso es lo que debe motivarnos como creyentes para seguir viviendo en este mundo. Cuando hayamos cumplido con los nuestros, llevándolos a Dios, podremos exclamar con santa Mónica: “¿Qué hago yo aquí en este mundo, para qué voy a permanecer todavía aquí?”

San Pablo nos lo recuerda bien claramente: Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor. Y tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor (Romanos 14, 8).

San Martín de Tours mostraba así su abnegación pastoral: “Si todavía soy útil a vosotros, no rehúso el esfuerzo de seguir viviendo”.

San Pablo nos confiesa sus sentimientos al respecto: Sinceramente para mí, Cristo es mi vida, y morir es una ventaja. Estoy apretado por los dos lados: por una parte, desearía partir y estar con Cristo, lo que sería, sin duda, mucho mejor; pero a ustedes les es más provechoso que yo permanezca en esta vida; esto me convence: seguramente quedaré y permaneceré con todos ustedes para que puedan progresar y alegrarse en su fe (Filipenses 21, 25).

Por tanto, el creyente se experimenta como propiedad de Dios, vive liberado de sí mismo. Ágil para cumplir la voluntad de Dios, siempre en camino hacia “todo aquello que Dios disponga”, sea lo que fuere. Vive, por tanto, en este mundo pero sin ser del mundo; habita permanentemente en el templo de Dios, como la profetisa Ana, Mónica o Rita.


7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas para este día

9. Oh Dios, bien supremo y lo único necesario,
– concédenos buscarte siempre y en todo, relativizando todas las demás cosas.

10. Oh Dios, defensor y consolador de viudas, protector de huérfanos,
– mira benevolente a todos los hogares humanamente incompletos y permíteles gozar de tus paternales cuidados.

 

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces)


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

.

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Caracas 2005. Site: http://www.paulinas.org.ve

 


Maná y Vivencias Pascuales (29)

mayo 17, 2014

Domingo V de Pascua, Ciclo A

.

jesucristo_por_hoffman-3

Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre



Antífona de entrada: Sal 97, 1-2

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; revela a las naciones su justicia. Aleluya.


TEXTOS ILUMINADORES

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado».

Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».


Oración colecta

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 6, 1-7
Eligieron a siete hombres llenos de espíritu.

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas.

Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración.

Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.


SALMO 32, 1-2. 4-5. 18-19

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.

Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.


SEGUNDA LECTURA: 1 Pedro 2, 4-9
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real.

Queridos hermanos:

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.»

Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 6

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida –dice el Señor–; nadie va al Padre, sino por mí.


EVANGELIO: Juan 14, 1-12
Yo soy el camino, la verdad y la vida.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio?

Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? »

Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»

Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras.

Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores. Porque yo me voy al Padre.»


Antífona de comunión: Jn 15, 1. 5

Yo soy la verdadera vid, vosotros los sarmientos -dice el Señor-; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante. Aleluya.

.

De los sermones de san Máximo de Turín, obispo

Cristo, día sin ocaso

La resurrección de Cristo destruye el poder del abismo, los recién bautizados renuevan la tierra, el Espíritu Santo abre las puertas del cielo. Porque el abismo, al ver sus puer­tas destruidas, devuelve los muertos, la tierra, renovada, germina resucitados y el cielo, abier­to, acoge a los que ascienden.

El ladrón es admitido en el paraíso, los cuer­pos de los santos entran en la ciudad santa y los muertos vuelven a tener su morada en­tre los vivos. Así, como si la resurrección de Cristo fuera germinando en el mundo, todos los elementos de la creación se ven arrebata­dos a lo alto.

El abismo devuelve sus cautivos al paraíso, la tierra envía al cielo a los que estaban se­pultados en su seno, y el cielo presenta al Señor a los que han subido desde la tierra: así, con un solo y único acto, la pasión del Salvador nos extrae del abismo, nos eleva por encima de lo terreno y nos coloca en lo más alto de los cielos.

La resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos. Por esto el salmista invita a toda la creación a celebrar la resurrección de Cristo, al decir que hay que alegrarse y llenarse de gozo en este día en que actuó el Señor.

La luz de Cristo es día sin noche, día sin ocaso. Escucha al Apóstol que nos dice lo que sea este día: La noche está avanzada, el día se echa encima. La noche está avanzando, dice, porque no volverá más. Entiéndelo bien: una vez que ha amanecido la luz de Cristo, huyen las tinieblas del diablo y desaparece la ne­grura del pecado, porque el resplandor de Cristo destruye la tenebrosidad de las culpas pasadas.

Porque Cristo es aquel Día a quien el Día, su Padre, comunica el íntimo ser de la divi­nidad. Él es aquel Día, que dice por boca de Salomón: Yo hice nacer en el cielo una luz inextinguible.

Así como no hay noche que siga al día ce­leste, del mismo modo las tinieblas no pueden seguir la santidad de Cristo. El día ce­leste resplandece, brilla, fulgura sin cesar y no hay oscuridad que pueda con él. La luz de Cristo luce, ilumina, destella continuamente y las tinieblas del pecado no pueden recibirla: por ello dice el evangelista Juan: La luz brilló en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Por ello, hermanos, hemos de alegrarnos en este día santo. Que nadie se sustraiga del gozo común a causa de la conciencia de sus peca­dos, que nadie deje de participar en la oración del pueblo de Dios, a causa del peso de sus faltas. Que nadie, por pecador que se sienta, deje de esperar el perdón en un día tan santo. Porque si el ladrón obtuvo el paraíso, ¿cómo no va a obtener el perdón el cristiano? (Sermón 53,1-2).

.

A LA LUZ DE LA PALABRA QUE DIOS ME REGALA EN ESTE DOMINGO,

EN EL DÍA DE LA RESURRECIÓN DEL SEÑOR:


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál podría ser el plan de Dios sobre mi vida en este nuevo día, consagrado al culto de Dios y a la familia, a vivir en comunidad de hermanos en la familia, en la parroquia, en la sociedad?

2) ¿Qué podría mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy? ¿Cómo quiero vivir hoy la Eucaristía, encuentro con Dios y los hermanos? ¿Cómo compartir la fe y la experiencia de Dios en este domingo?

3) ¿A quién podría estar lastimando en este día, a quién le podría estar haciendo sufrir? ¿A quién puedo, de hecho, estar defraudando, apenando, comenzando por la propia familia, y por la comunidad parroquial?

4) ¿A quién podría ayudar en este día domingo? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí? Si Jesús estuviera en mi lugar, ¿qué puedo suponer que diría o haría?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor, y su actualización sacramental realizada en la Eucaristía? ¿Qué fruto espiritual derivado de la misa podría cultivar hoy: sinceridad, petición de perdón, afabilidad, alegría, alabanza y bendición?

6) ¿Cómo hacer hoy más felices a mi cónyuge y a mis hijos? ¿Podría visitar a algún familiar o a algún enfermo, o dar una limosna significativa para algún necesitado?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades? Le doy gracias por lo bueno, y le ofrezco lo malo para que Jesús supla mis deficiencias: él dio gloria perfecta a Dios Padre por mí y en mi lugar. Me alegro en Jesús, mi hermano mayor, mi Redentor.

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…” Que siempre alcancemos esa paz antes de descansar para poder decir con el salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo porque tú estás conmigo, tú solo me haces vivir tranquilo.

.
.

 


Maná y Vivencias Pascuales (28)

mayo 17, 2014

Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y todavía no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre

.

Sábado de la 4ª semana de Pascua


Antífona de entrada: 1 Pedro 2, 9

Pueblo adquirido por Dios, proclamad las hazañas del que os llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa. Aleluya.

.

TEXTOS ILUMINADORES

El sábado siguiente se reunió casi toda la ciudad para escuchar la palabra de Dios. Y creyeron todos los que estaban dispuestos para la vida eterna. La palabra de Dios se difundía por toda la región.

Pablo y Bernabé se fueron a la ciudad de Iconio dejando a los discípulos llenos de gozo y del Espíritu Santo.

Felipe dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta” Jesús respondió: El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿No crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Las Palabras que yo les he dicho no vienen de mí mismo. El Padre que está en mí obra por mí.

Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos créanmelo por mis obras.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, concédenos vivir siempre en plenitud el misterio pascual, para que, renacidos en el bautismo, demos fruto abundante de vida cristiana y alcancemos, finalmente, las alegrías eternas. Por nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Santifica, Señor, con tu bondad estos dones, acepta la ofrenda de este sacrificio espiritual y a nosotros transfórmanos en oblación perenne. Por Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Hechos 13, 44-52

El sábado siguiente se reunió casi toda la ciudad para escuchar la palabra de Dios. Los judíos al ver tal gentío se llenaron de envidia y se pusieron a contradecir con insultos lo que Pablo decía.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron con firmeza: Ustedes eran los primeros a quienes debíamos anunciar el mensaje de Dios. Pero ahora, rechazándolo, se condenan a no recibir la vida eterna y nosotros nos dirigimos a los que no son judíos, ya que así nos ordenó el Señor: “Te puse como luz de las naciones para que lleves la salvación hasta los extremos del mundo”.

Los que no eran judíos, cuando oyeron esto, se alegraron, comenzaron a alabar el mensaje del Señor, y creyeron todos los que estaban dispuestos para la vida eterna. Mientras tanto la palabra de Dios se difundía por toda la región.

Los judíos entonces incitaron a mujeres distinguidas y devotas y también a los hombres importantes de la ciudad; organizaron una persecución contra Pablo y Bernabé y lograron que los echaran de su territorio.

Estos sacudieron el polvo de sus pies, como protesta contra ellos, y se fueron a la ciudad de Iconio, dejando a los discípulos llenos de gozo y del Espíritu Santo.

SALMO 97, 1-4

Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor hace pública su victoria, a la vista de las naciones muestra su salvación, ha recordado su amor y su fidelidad en favor de Israel.

Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro Dios. ¡Aclamen al Señor, habitantes de toda la tierra, estallen de gozo, griten de alegría, canten!

Aclamación: Juan 8, 31b-32.– Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos y conoceréis la verdad, dice el Señor.

EVANGELIO: Juan 14, 7-14.- Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Si me conocieran a mí, también conocerían al Padre. En realidad, ya lo conocen y lo han visto.

Felipe dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta” Jesús respondió: Hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo, pues, dices: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí?

Las Palabras que yo les he dicho no vienen de mí mismo. El Padre que está en mí obra por mí. Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos créanmelo por mis obras.

En verdad el que cree en mí hará las mismas cosas que yo hago, y aún hará cosas mayores que éstas; pues ahora me toca irme al Padre. Pero lo que ustedes pidan en mi nombre, lo haré yo para que den gloria al Padre a través de su Hijo. Y también, si me lo piden a mí en mi nombre, yo se lo daré.

Comunión: Juan 17, 24

Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Aleluya.

SALUDO PASCUAL A LA VIRGEN MARÍA (4)

La Iglesia tiene dos formas de saludar a la Virgen María durante el año litúrgico: el propio del tiempo pascual, el “Regina Coeli”, y el “Ángelus” para el resto del año. En su momento hicimos un comentario al Ángelus. Ahora vamos a comentar muy brevemente el saludo pascual: ¡Reina del cielo, alégrate! ¡Aleluya!

La Virgen María estuvo particularmente cercana a Jesús en los misterios de su muerte y resurrección, en el nacimiento de la Iglesia y en venida del Espíritu Santo. Cumplida su misión terrena fue llevada al Cielo y coronada de gloria junto a su Hijo, esperando que Cristo recapitule todas las cosas y las entregue al Padre.

María es la perfecta discípula del Señor que colaboró como nadie, y de manera totalmente excepcional, en la obra de la redención: comenzando por el misterio de la Encarnación y culminando su misión participando en la muerte y resurrección de su Hijo.

Recordemos que ella permaneció firme, fiel e íntegra ante el misterio de la muerte y sepultura de su hijo Jesús. Ella, la “mujer”, la nueva Eva, recibe el testamento del Crucificado: “Ahí tienes a tu hijo”.

Ella sabe en fe que Jesús no puede morir. Por eso, la Iglesia siempre ha creído que la Virgen María fue la primera que creyó en la resurrección, la primera que “vio” a Jesús como Resucitado y constituido Señor y Salvador. No le hacían falta apariciones. Ningún evangelista narra esas posibles apariciones.

De ahí que la Virgen María es la que mejor puede iniciarnos en la fe pascual, en la experiencia de la salvación plena en Cristo el Señor. Ella es la Madre del Resucitado.

De hecho María, rodeada de otras mujeres testigos de la resurreción, acompañó a los discípulos en el proceso pascual del alumbramiento del nuevo Israel, la Iglesia, hasta recibir la plenitud del Espíritu en Pentecostés, como la verdadera y única madre de los creyentes. Ella es la llena del Espíritu Santo.

Nadie mejor que ella nos puede acompañar en este tiempo pascual hasta que experimentemos la plena salvación en Cristo. Por eso, la Iglesia la saluda con especial devoción, alegría y esperanza durante el tiempo pascual.

.

REINA DEL CIELO, ALÉGRATE, ALELUYA

.

Alégrate, María, porque Dios está definitivamente prendado de tu belleza y santidad: Amándote con predilección, va forjando tu personalidad única. Eres su obra maravillosa, la llena de gracia.

Dios Padre bendice y corona a María porque todas las expectativas que proyectaba sobre ella han sido plenamente cumplidas. No le ha defraudado en lo más mínimo. Alégrate, María, aleluya. Y alaba a tu Dios porque ha hecho obras grandes en ti.

.

PORQUE EL SEÑOR, A QUIEN HAS MERECIDO LLEVAR, ALELUYA

Vive el Señor a quien has merecido llevar, aleluya

.

Vive el Señor, a quien has merecido llevar: primero por la fe en tu mente, y después en tu seno, Virgen María. Aleluya.

.

María ha vivido la intimidad más delicada y tierna con el Hijo de Dios concebido en su seno por obra del Espíritu Santo.

Una experiencia inimaginable, que ni ojo puede ver, ni oído oír, ni puede venir a mente humana algo parecido.

El Hijo unigénito de Dios ha concedido a María -llena de gracia- la facilidad y el gozo de cumplir la voluntad del Padre creador, de una manera espontánea, querida de corazón, alegre y plena; por ello gratificante, pues colabora con el plan de Dios como si se tratara de algo soñado por ella misma.

Ninguna posibilidad de gracia venida del Padre ha sido despreciada o frustrada en María, gracias a la comunión que se le ha concedido experimentar con el que habita en el seno del Padre “comiendo” su voluntad, con el que es el Rostro de Dios, la Imagen del Padre.

En definitiva, con el que es su propio hijo. Un hijo al que la Virgen María da vida y conforma en su seno, pero a la vez, él conforma a su madre, la modela y perfecciona en una vida totalmente sumisa a la voluntad del Padre.

Por eso, ahora en el cielo, el Hijo de María corona a su Madre como Reina y Señora del universo, de cuanto fue creado y recreado en Cristo.

.

El Señor ha resucitado, según su palabra. Aleluya

HA RESUCITADO, SEGÚN SU PALABRA, ALELUYA

.

La Virgen María ha sido habitada por el Poder de Dios. El Espíritu de Dios ha venido sobre toda su persona, sobre todo su ser hasta hacer su morada en ella.

El Espíritu ha estado guiando sus pensamientos y acciones durante toda su existencia. Gracias al Espíritu María ha colaborado en la obra de la salvación como nadie.

Verdaderamente Dios, por su Espíritu, ha estado grande con ella: ha concebido al Hijo de Dios, y lo ha acompañado en toda la gesta de la salvación, pasando por su muerte y resurrección.

Ella, llena del Espíritu, ha mantenido la fe de los discípulos hasta el día de Pentecostés. Ella es Madre de la Iglesia. Y su misión continúa en el cielo intercediendo por los hijos de la Iglesia.

Así su maternidad llega a plenitud, según los designios de Dios; de un Dios que es comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu. María entra de lleno en la vida íntima de la Trinidad.

Por eso, en verdad, la Virgen María es honrada como Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, y Esposa del Espíritu Santo. ¡Dichosa tú que has creído!

.

RUEGA AL SEÑOR POR NOSOTROS, ALELUYA

– GOZA Y ALÉGRATE, VIRGEN MARÍA, ALELUYA

– PORQUE VERDADERAMENTE HA RESUCITADO EL SEÑOR, ALELUYA

.

OREMOS

Oh Dios, que mediante la resurrección de tu Hijo Jesucristo, te has dignado alegrar al mundo; concédenos, por la intercesión de la Virgen María, alcanzar los gozos de la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

.



A %d blogueros les gusta esto: