Juan Pablo II, Juan XXIII: ¿Por qué y para qué son santos?

abril 25, 2014

 

Tapices de Juan Pablo II y Juan XXIII dispuestos en San Pedro para canonización

Tapices de Juan Pablo II y Juan XXIII dispuestos en la fachada de San Pedro para Canonización del domingo 27

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.Juan XXIII y Juan Pablo II, ¿por qué y para qué son santos?

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Este domingo 27 de abril, segundo domingo de Pascua y fiesta de la Divina Misericordia, toda la Iglesia católica y la humanidad de bien tienen una extraordinaria cita con la historia y con la gracia de Dios.

Por primera vez, desde que en el siglo XVII se homologaran y regularizaran los procesos de canonización, dos  Papas van a ser canonizados. Los dos, además, son muy recientes, muy conocidos y queridos por cientos de miles y de millones de personas, más allá incluso de sus credos religiosos.

El tiempo que dista entre sus muertes y sus canonizaciones es todo un signo de presencia y de don de Dios en medio de una de las complejas singladuras de la Iglesia en su historia dos veces milenaria.

Y es que con Juan XXIII y Juan Pablo II en los altares como santos, de los doce últimos Papas -dos todavía vivos: el emérito Benedicto XVI y el vigente Francisco-, tres son ya santos (los dos citados y Pío X), uno beato (Pío IX), dos venerables (Pío XII y Pablo II) y otro siervo de Dios (Juan Pablo I).

De los 264 Papas fallecidos hasta ahora, 80 han sido reconocidos oficialmente como santos. Están canonizados los 35 primeros Pontífices, desde San Pedro a San Julio I (337-352).

Después hay otro grupo de trece Papas santos en los siglos IV y V. Los últimos cinco papas canonizados son San Celestino V (1294, canonizado en 1313), San Pío V (1566-1572, canonizado en 1712), San Pío X (1903-1914, canonizado en 1954) y, desde el 27 de abril de 2014, San Juan XXIII (1958-1963) y San Juan Pablo II (1978-2005).

 

Pero, ¿por qué Juan XXIII y Juan Pablo II son santos? A ello (ver página 38) respondieron en Roma el martes 22 de abril los postuladores de ambas causas de canonización.

Son santos porque, con la ayuda e iniciativa de la gracia de Dios, supieron responder a los dones recibidos y los pusieron al servicio de los demás. Porque fueron hombres de fe, esperanza y caridad eminentes. Porque vivieron las virtudes cristianas de modo heroico y porque no ahorraron esfuerzos por dedicar y consagrar sus vidas a la misión encomendada.

La centralidad de Jesucristo, bien anclada y nutrida en la oración, en la Palabra de Dios y en el misterio de la cruz, es el denominador común de ambos. Desde Jesucristo, Juan XXIII y Juan Pablo II amaron y sirvieron apasionada y fecundamente a su Iglesia y a toda la humanidad.

Fueron y siguen siendo ejemplo luminosísimo de renovado ardor evangelizador (esta es la clave del Concilio Vaticano II, por ambos servido admirablemente), de testimonio de la primacía de Dios y de servicio a los hombres sus hermanos, singularmente a los más pobres, necesitados y débiles.

Apostaron por la paz, la justicia social, la libertad, el diálogo y los grandes valores por los que tanto anhela el corazón humano.

 

Y son santos para la gloria de Dios y el bien de los demás. Su canonización es una alabanza al Dios tres veces santo y fuente de la santidad. Es un reconocimiento al ejemplo de sus vidas.

Es un testimonio de que Dios, el Dios de los cristianos, existe y es amor, bondad, belleza y santidad. Es un testimonio de que hombres y mujeres, por gracia de Dios y por fidelidad a Él, han sabido transmitir en y con sus vidas rayos, reflejos y atisbos de la grandeza, de la belleza y de la bondad de Dios, quien así “nos ha dado pruebas evidentes de su amor”.

Y es un servicio, un servicio a la comunidad eclesial de todos los tiempos, y con ella a la entera humanidad, “para que, animados por su presencia alentadora, luchemos sin desfallecer en la carrera y alcancemos, como ellos, la corona de gloria que no se marchita”.

San Juan XXIII y San Juan Pablo II “nos estimulan con su ejemplo en el camino de la vida y nos ayudan con su intercesión”. Y, asimismo, nos interpelan para responder a la llamada universal a la santidad.

Ninguno de los dos “necesitaban” –entiéndase bien esta expresión…- de compañía para acceder a la celebración de sus canonizaciones. Pero así es mejor, es mucho mejor, porque, además, con su canonización, se evangeliza más y se sirve mejor a la comunión de la Iglesia y a la verdad de la santidad.

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http://www.revistaecclesia.com/juan-xxiii-y-juan-pablo-iipor-que-y-para-que-son-santos/

 


Maná y Vivencias Pascuales (6)

abril 25, 2014

Viernes de la Octava de Pascua

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Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis

Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis



ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 77, 53

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de esperanza, y a sus enemigos los sumergió en el mar. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 1-12 – “Fuera de Jesús no hay salvación”

En aquellos días, mientras hablaban al pueblo Pedro y Juan, se les presentaron los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran la resurrección de los muertos por el poder de Jesús. Les echaron mano y, como ya era tarde, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente.

Muchos de los que habían oído el discurso, unos cinco mil hombres, abrazaron la fe.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas; entre ellos el sumo sacerdote Anás, Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a Pedro y a Juan y los interrogaron: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso?»

Pedro, lleno de Espíritu Santo, respondió: «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos».

SALMO 117, 1-2.4.22-24.25-27a – “Este es el día en que actuó el Señor”.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Salmo 117, 24

Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 21, 1-14 – “Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio a sus discípulos, y también el pescado”.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar».
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No»

Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces.

Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua.

Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: «Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Juan 21, 12-13

Jesús dijo a sus discípulos: Vamos, comed. Y tomó el pan y se lo dio. Aleluya.

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Clave interpretativa y aplicación a nuestra vida

El texto refleja las vicisitudes de la comunidad cristiana primitiva que se siente enviada a la misión y a la evangelización de todos los pueblos.

Destaca la figura de Pedro y la colaboración de los demás discípulos, la experiencia de la ausencia de Jesús, “la noche”, el “mar” del mundo, la universalidad de la misión -153 pescados-, la presencia del Resucitado, y la Eucaristía.

Pedro, arropado por sus compañeros, vuelve a sus labores habituales. Está nostálgico de la relación amistosa con Jesús, triste por haberle negado, deseoso de algo, no sabe de qué… Porque ya no es el mismo de antes. No puede borrar a Jesús de su mente, de sus sentidos, de su corazón.

En esto, aparece un personaje extraño, a lo lejos, un fantasma, una señal de que Jesús está vivo… Le ayuda a descubrirlo el discípulo amado.

Pedro, no se lo piensa dos veces, se lanza al agua, nada casi desesperado, se siente atraído como por un imán hacia Jesús, nada hasta la orilla, hacia ese extraño que cree que le está mirando, le está atrayendo, seduciendo.

¡Era cierto, el Maestro estaba vivo, no podía ser de otra manera, era imposible que todo acabara en el sepulcro, no, era verdad, estaba vivo! Se arrojó a sus pies y los besó.

Quería estar a su lado, reencontrarlo, convencerse de que no estaba loco, de que era verdad lo que veía y sentía. Quería tenerlo cerca, besar sus llagas, llorar en su regazo, pedirle perdón de todo corazón, sentir su perdón, una y otra vez.

También tú y yo, queremos estrenar un corazón nuevo en esta Pascua, queremos dejarnos llevar de la corazonada de pensar, creer y sentir que Cristo está vivo, que ya no somos los mismos de antes, que la vida puede y deber ser de otra manera…

Queremos creer, queremos ir más allá del fantasma de la rutina, tocar las heridas de Jesús, pedir perdón, agradecer a Jesús que ha venido al mundo, que nos ha amado hasta el extremo, que ha sido fiel y paciente, que se ha dejado maltratar hasta morir en la cruz para que nosotros entendamos las Escrituras, los planes del Padre, el amor de la Trinidad santísima…

El amor del Padre que nos ha entregado a su propio Hijo; la humildad y sumisión del Hijo que nos ha amado hasta el extremo: ¿qué más podía hacer por nosotros?

Y la inspiración del Espíritu que nos testimonia la bondad del Padre y la solidaridad del Hijo, que nos reanima y consuela con la certeza de que nuestros pecados son perdonados, que nos llena de la santa unción de la alegría y del gozo en Dios.

Y todo esto porque a Dios le pareció bien, para alabanza de su gloria. Aleluya. El gozo en el Señor sea nuestra fortaleza. Aleluya.

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Comentario de Alessandro Pronzato

“Jesús se presenta por la mañana, en la playa. Es el alba de un nuevo día. Pero los discípulos, concentrados en su trabajo, encerrados en su esfuerzo, no le reconocieron.

Muchachos, ¿habéis pescado algo? La llamada interrumpe un trabajo infructuoso, les hace conscientes de su fracaso.

Si no queremos trabajar en vano, es necesario que Jesús nos enseñe continuamente el oficio. Los apóstoles estaban convencidos de que pescar era asunto suyo. Se consideraban expertos.

Pero a través del fracaso descubren que han de dejar que Jesús les indique el estilo y el modo: Echad la red al lado derecho de la barca y encontraréis algo”.

Dios nos libre de creernos que lo sabemos todo, que ya somos expertos. Que la humildad y la llamada constante del Señor nos mantenga siempre en la condición y en la actitud de aprendices.

No llevamos nosotros la parroquia, el colegio, la misión… sino que es Jesús quien lo lleva todo, y nosotros “colaboramos”, nada más. Él diálogo constante con él nos librará del activismo, de la ansiedad y de la rutina y la vaciedad.

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A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS QUE ÉL ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál puede ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué puedo mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién puedo estar lastimando en este día, a quién le estoy haciendo sufrir? ¿A quién puedo estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién puedo ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades?

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…”

5) ¿Cómo experimentar la infinita misericordia de Dios para poder irme a descansar en paz, abandonado en Dios, mi padre amoroso?

 


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