Jóvenes en Occidente sin trabajo: ¡75 millones!

abril 2, 2014

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El Papa pensativo y preocupado por los jóvenes que no tienen trabajo

El Papa pensativo y preocupado por los jóvenes que no tienen trabajo

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Papa: Hay más de 75 millones de jóvenes sin trabajo en Occidente

Francisco alienta a los salesianos a acompañar a los jóvenes ante los grandes desafíos de hoy con el Evangelio y el carisma de Don Bosco

©MASSIMILIANO MIGLIORATO/CPP

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«Testimonios de la radicalidad evangélica», según el carisma de Don Bosco, afianzados en la oración y la ternura saliendo al encuentro de los jóvenes, en especial de los más necesitados y marginados.

Es la exhortación del Papa Francisco a la congregación salesiana, con el lema del fundador «Dame almas, llévate lo demás».

Y con el anhelo de que «el Espíritu Santo los ayude a percibir las expectativas y los desafíos de nuestro tiempo -en especial de la juventud- interpretándolos a la luz del Evangelio y de su carisma», el Obispo de Roma –al recibir este lunes a los participantes en el Capítulo General de la Sociedad Salesiana- hizo hincapié en que san Juan Bosco reforzó el programa de la Congregación que fundó «con otros dos elementos: el trabajo y la templanza», y después de bromear sobre la templanza, recordando que en el colegio donde estudió no dormían siesta, el Papa alentó a la templanza, al lado de los pobres, con una vida austera, trasparente y responsable en la gestión de los bienes:

«El trabajo y la templanza –decía– harán florecer la Congregación. Cuando se piensa en trabajar para el bien de las almas, se supera la tentación de la mundanidad espiritual, no se buscan otras cosas, sino sólo Dios y su Reino.

Además la templanza es tener sentido de la medida, conformarse, ser sencillos. Que la pobreza de Don Bosco y de su mamá Margarita inspire en cada salesiano y en cada comunidad suya una vida esencial y austera, cercanía a los pobres, transparencia y responsabilidad en la gestión de los bienes».

Señalando la importancia de superar «la mundanidad espiritual», el Papa destacó la necesidad de preparar a los jóvenes para trabajar según el Evangelio, «como constructores de justicia y de paz» y para «vivir como protagonistas de la Iglesia».

Y ello impulsando la profundización y actualización pedagógica y cultural, para responder a la actual emergencia educativa, siguiendo el «sistema preventivo».

«Ustedes utilizan la profundización y actualización pedagógica y cultural necesarias, para responder a la emergencia educativa actual. Que la experiencia de Don Bosco y de su ‘sistema Preventivo’ los sostenga siempre en el compromiso de vivir con los jóvenes”, auspició.

Y añadió: “Que su presencia en medio de ellos se caracterice por aquella ternura que Don Bosco llamó ‘cariño’, experimentando también nuevos lenguajes, pero sabiendo muy bien que el del corazón es el lenguaje fundamental para acercarse y hacerse amigo de ellos”.

Sin olvidar la dimensión vocacional, la vida consagrada, el Santo Padre puso de relieve que no se debe confundir con una opción de voluntariado, y destacó asimismo la importancia de la pastoral juvenil.

«El cuidado de las vocaciones requiere atenciones específicas: ante todo, la oración; luego actividades apropiadas, programas personalizados, el valor de la propuesta, el acompañamiento, la participación de las familias. La geografía vocacional ha cambiado y está cambiando, y eso significa que hay nuevas exigencias para la formación, la orientación y el discernimiento».

El Papa puso de relieve y reiteró la importancia del apostolado salesiano para la juventud, en particular ante la tremenda exclusión de los jóvenes, el desempleo y las dependencias. Para esta misión –enfatizó el Obispo de Roma- se debe enviar a los mejores.

«Trabajando con los jóvenes, ustedes encuentran el mundo de la exclusión juvenil. Y esto es tremendo ¿eh? ¡Hoy es tremendo pensar que hay más de 75 millones de jóvenes sin trabajo, aquí en Occidente!”, exclamó.

“Pensemos en la amplia realidad del desempleo, con tantas consecuencias negativas –reflexionó-. Pensemos en las dependencias, que por desgracia son múltiples, pero todas se derivan de la raíz común de la falta de amor verdadero”.

“Salir al encuentro de los jóvenes marginados requiere coraje, madurez y mucha oración. Y para este trabajo se debe enviar a los mejores, ¿eh? ¡A los mejores!”, animó.

“Se puede correr el riesgo de quedar atrapados por el entusiasmo, enviando a esas fronteras a personas de buena voluntad, pero que no son adecuadas. Por eso es necesario un cuidadoso discernimiento y un acompañamiento constante –dijo-.

El criterio es éste: ¡los mejores deben ser enviados allí! Y no pensar: necesito a este para que sea superior en tal lugar… o para que estudie teología… Si tienes esa misión, envíalo allí. ¡Los mejores!”.

Recordando que el apostolado de la juventud se afianza en la comunidad y fraternidad de la congregación fundada por san Juan Bosco, cuyo bicentenario de nacimiento se acerca, el Papa terminó su discurso encomendándolos al amparo de María Auxiliadora, asegurando sus oraciones por todos ellos y pidiéndoles que ellos también recen por él.

sources: News.va

 

http://www.aleteia.org/es/religion/contenido-agregado/papa-hay-mas-de-75-millones-de-jovenes-sin-trabajo-en-occidente-6410156447367168


Maná y Vivencias Cuaresmales (31)

abril 2, 2014

Miércoles de la 4ª semana de Cuaresma


Cerca está el Señor de los que lo invocan sinceramente



Antífona de entrada: Salmo 68, 14

Ahora, Señor, que estás dispuesto a escucharme, elevo a ti mi súplica: Respóndeme, Dios mío, según tu gran amor y tu fidelidad a las promesas.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que concedes a los justos el premio de sus méritos y a los pecadores que hacen penitencia les perdonas sus pecados, ten piedad de nosotros y danos, por la humilde confesión de nuestras culpas tu paz y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Isaías 49, 8-15

Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: “Salid”, a los que están en tinieblas: “Venid a la luz.”

Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin.

Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: “Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.”

¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.»


SALMO 144, 8-9.13cd-14.17-18

El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.

El Señor es Justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 11, 25-26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.


EVANGELIO: Juan 5, 17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

Jesús tomó la palabra y les dijo: «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro.

Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió.

Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.

Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.

Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Antífona de comunión: Juan 3, 17

Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.


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VIVENCIAS CUARESMALES (31)

Mi Padre sigue actuando y yo también actúo

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MIÉRCOLES

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

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Por si había alguna duda, el Señor viene en ayuda de nuestra fe porque a veces dudamos de su ternura y de los efectos de su salvación. El Señor pregunta: ¿Puede una madre olvidarse del niño que está criando, o dejar de querer al hijo de sus entrañas?

¿Cabe mayor condescendencia, mayor compasión, paciencia y magnanimidad del Creador para con su criatura? Oremos: Haz, Señor, que crea de todo corazón y perdona mi incredulidad.

Te cantaré, Señor, y no me cansaré de repetir para mí mismo y para los demás: “El Señor es clemente y misericordioso” (Salmo 144, 8-9-13-14-11-18). En la antífona de comunión, Juan 3, 17: Tanto nos ama el Padre que ha enviado a su Hijo al mundo para salvarlo, para que nadie dude más, no para condenar, sino para salvar.

Si crees en Cristo ya eres salvo, si no crees, nadie te condena, ni el Padre, ni el Hijo, sino tú mismo, porque te sales, te apartas de la familia divina a la que fuiste invitado. El Padre y el Hijo mutuamente se dan crédito, se dan confianza y amor en un mismo Espíritu Santo, y los tres quieren tu salvación.

¿Cabe mayor consideración y ternura hacia ti? ¿Podrá olvidarse una madre de la criatura de sus entrañas?

Tú eres criatura de Dios. Eternamente él ha pensado en ti. Dios ha pronunciado tu nombre, eres único para él: desde toda la eternidad. No te cabe en la cabeza pero él te lo asegura una y mil veces para que te lo creas, porque Dios sabe que eres de barro, voluble y olvidadizo.

Dios pide tu fe: es decir, que te comprendas a ti mismo desde la fe, desde el designio y proyecto que Dios tiene sobre tu vida, desde siempre. Él pensó en ti, estás proyectado por él y para él. ¡Nos hiciste, Señor, para ti!, exclamará san Agustín.

Por eso, cuando te olvidas de tus orígenes, pecas. Lo mismo que le sucedía al pueblo de Israel, al salir de Egipto y caminaba por el desierto: en vez de mirar adelante, hacia la tierra prometida, miraba hacia atrás, añorando la casa de la esclavitud, y pecaban. No te dejes arrebatar la memoria de Dios.

Seguramente alguna vez habrás considerado tu condición de hijo de Dios Padre y habrás meditado en su proyecto sobre ti. Ahora puedes recordarlo. Encuentras su plan sobre ti, resumido en Efesios 1, 13-14.

Nos llamó a ser sus hijos en su Único Hijo. El Padre ha acreditado a Jesucristo como su Palabra, no tiene otra: quien escuche a Jesús y lo siga, se salvará. Quien lo rechace, se condenará, se autoexcluirá.

Tratemos de descubrir este plan maravilloso de Dios Padre sobre nosotros, en el pasado de Israel, en el presente, en el futuro: él nos sacará de todas las esclavitudes, él nos hará volver de todos los destierros.

Por eso, “exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo, se compadece de los desamparados. Sión decía: ‘Me ha abandonado el Señor, mi dueño se ha olvidado’.

¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré, dice el Señor todopoderoso” (Is 49, 13-15).

Jesús ha realizado la salvación prometido por el Padre. Lo estamos viendo estos días en el evangelio de Juan: la curación del ciego de nacimiento, el domingo, ciclo A; el envío del Hijo al mundo para salvarlo, no para condenarlo, domingo, ciclo B; la curación del hijo del funcionario de Cafarnaún, el lunes; y la del paralítico de la piscina de Betsaida, el martes.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos revela su comunión con el Padre. Nos introduce en la vida trinitaria. ¡Gran confidencia! “Mi Padre sigue actuando y yo también actúo. Os lo aseguro: el Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn 5, 17-30).

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Del comentario de san Juan Fisher, obispo y mártir,
sobre los salmos

Si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre

Cristo Jesús es nuestro sumo sacerdote, y su precioso cuerpo, que inmoló en el ara de la cruz por la salvación de todos los hombres, es nuestro sacrificio. La sangre que se derramó para nuestra redención no fue la de los becerros y los machos cabríos (como en la ley antigua), sino la del inocentísimo Cordero, Cristo Jesús, nuestro salvador.

El templo en el que nuestro sumo sacerdote ofrecía el sacrificio no era hecho por manos de hombres, sino que había sido levantado por el solo poder de Dios; pues Cristo derramó su sangre a la vista del mundo: un templo ciertamente edificado por la sola mano de Dios. Y ese templo tiene dos partes: una es la tierra, que ahora nosotros habitamos; la otra nos es aún desconocida a nosotros, mortales.

Así, primero, ofreció su sacrificio aquí en la tierra, cuando sufrió la más acerba muerte. Luego, cuando revestido de la nueva vestidura de la inmortalidad entró por su propia sangre en el santuario, o sea, en el cielo, presentó ante el trono del Padre celestial aquella sangre de inmenso valor, que había derramado una vez para siempre en favor de todos los hombres, pecadores.

Este sacrificio resultó tan grato y aceptable a Dios, que así que lo hubo visto, compadecido inmediatamente de nosotros, no pudo menos que otorgar su perdón a todos los verdaderos penitentes.

Es además un sacrificio perenne, de forma que no sólo cada año (como entre los judíos se hacía), sino también cada día, y hasta cada hora y cada instante, sigue ofreciéndose para nuestro consuelo, para que no dejemos de tener la ayuda más imprescindible. Por lo que el Apóstol añade: Consiguiendo la liberación eterna.

De este santo y definitivo sacrificio se hacen partícipes todos aquellos que llegaron a tener verdadera contrición y aceptaron la penitencia por sus crímenes, aquellos que con firmeza decidieron no repetir en adelante sus maldades, sino que perseveran con constancia en el inicial propósito de las virtudes.

Sobre lo cual, san Juan se expresa en estos términos: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo.Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero(Salmo 129: opera omnia, edición, p. 1610).


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